¡Es descabello político a la Fiesta!

El Covid-19 ha dejado al aire las entretelas de la Fiesta. Desde hace años se venía denunciando que, la Tauromaquia se mojaba bajo su paraguas. Todo por culpa de una sistema empresarial muy bueno para el interés de su propia cartera, pero malo para quien no lo cobijaba, desde público, toreros más modestos, ganaderos, novilladas… Ignoraron la realidad y demandas, mientras faltaba fomento general, con una estructura dedicada a la protección del grupo de figuras que defendían su conveniencia. Los demás a malvivir, en una lucha donde casi nunca se encontraba una batalla para salir triunfante y diese moral para buscar la victoria. 

La propia Tauromaquia fue incapaz de dar un puñetazo a la mesa de la reivindicación, ni de poner medios cuando ya venían las cosas mal rodadas. No se protestó, ni se hizo escuchar en los tiempos que el gobierno de Rodríguez Zapatero miró para otro lado y la Tauromaquia era asaltada desde independentismos afines. Antes, unas cuantas figuras desfilado por despachos ministeriales para hacerse oír en algo más semejante a Pasarela Cibeles que una reivindicación. Como era obvio apenas le hicieron caso al ver que buscaban reforzar su situación más que la defensa del colectivo representado, teóricamente, por ellos. En esa época de ZP es cuando de verdad se atacó desde las alturas y los frentes antis aprovecharon para armarse; aunque también es cierto que, en el anterior gobierno de José María Aznar, tampoco se hizo nada; ni el posterior de Mariano Rajoy se comprometió, ni escuchó al sector, aunque al menos no ponía cristales en su camino.

Ahora, con el bipartito de La Moncloa es cuando de verdad ha llegado el juicio final, el que podían haber evitado si hace alrededor de quince o veinte años, en el momento que las cosas empezaban a ir a peor se hubieran trazado los comienzos del futuro. Sin embargo nadie hizo nada al ver  a un público que comenzaba a desertar ante la falta de encastes, o la falta de rivalidad de unas figuras adictas al monoencaste y hasta a dominar todo el mercando, incluso el del pequeñas localidades que siempre fue para otros toreros necesitados de dar el salto e interesantes; sumado al agravante de comenzar a venderse el triunfalismo, uno de los peores males del toreo en los últimos años. Con la llegada del triunfalismo ya no interesaba el toro, ni la torería, ni el pellizco, ni el poder, ni el aroma… solamente todo se basaba en la salida final en hombros, en una enorme torpeza de planteamientos avalada por el llamado sistema que ha hundido a la Tauromaquia.

Hoy, con el actual Gobierno atado por Podemos, un partido claramente antitaurino y desde sus distintas vertientes ha proclamado su intención de acabar con la Tauromaquia, las cosas se ponen feas. Esta nueva izquierda radical, ignorante de la historia y encantada de perturbar el orden social, desconoce que el toreo siempre estuvo muy cercano a partidos de esa ideología. Incluso, en los difíciles tiempos de la clandestinidad venidos con la dictadura franquista, a sus homónimos del Partido Comunista les llegó bastante dinero a través de Domingo y Pepe Dominguín, comunistas ambos y hermanos de la gloriosa leyenda de Luis Miguel Dominguín, quien cazaba con Franco. E ignoran que el cineasta comunista Juan Antonio Bardém fue un excelente aficionado; lo mismo que su compañero Luis Buñuel, pendiente siempre del toreo en su exilio mexicano. Al igual que el genial Rafael Alberti –diputado en el PCE en las Constituyentes-, quien hasta una tarde se vistió de banderillero en Pontevedra para salir en la cuadrilla de su amigo Ignacio Sánchez Mejías. O el universal Pablo Picasso, habitual en las barreras de las plazas francesas. Y tantos otros, por no recordar relevantes figuras mundiales de las artes. Pero esto los de Podemos lo desconocen e ignoran. Lo suyo es perturbar y destruir.

Y con esta lacra del Covid-19 que tanto daño ha traído y ha vuelto a vestir de luto a España, los socios del Gobierno han aprovechado para demonizar la Fiesta y tratan de estrangularla. De asfixiarla. Lo demuestran con el abandono mostrado al mundo ganadero, donde cada día se sacrifican decenas de toros en los mataderos al no poder lidiarse; a los miembros de las cuadrillas, hoy trabajadores totalmente desamparados, a las empresas auxiliares que existen alrededor de la Tauromaquia -transportes, sastres, cuadras de caballo…-. Sin olvidar, con tristeza, que si hay un recuerdo para la Tauromaquia no es más que para desestabilizar, ejemplo de esa ley absurda para aquellos cosos que abran acojan un espectador cada nueve metros cuadrados.

Mientras pasan los día y no llegan soluciones, ojalá el personal taurino se fije en otros colectivos y la forma de defenderse ante medidas tan perjudiciales que se les plantean. Sin ir más lejos, ahí tienen el sector hostelero, ahora mismo plantado en pie de guerra para tratar de salvarse de la ruina que ha sido condenado por el Gobierno de Madrid. Porque siempre es un buen espejo para mirarse quien es reivindicativo y sabe defender su pan, o lucha para ello. Y en ese espejo debe mirarse el toreo, arte que ya lleva muchos años en su una situación extremadamente conformista y en parte hoy se está pagando por culpa del sistema que lo ha regido, al llegar una situación inesperada y los ha sorprendido viviendo del legado de su grandeza y de unas rentas que ya tenían demasiados números rojos. Y es que ahora, ante el amenazante descabello de Podemos ha llegado el momento de defenderse para coser las entretelas de la Fiesta.

PD. Me fastidia que el vendehúmos y oportunista de Simón Casas, uno de quienes contribuyeron a la caída libre del espectáculo, del que solamente apostó por figuras, por el torito a modo del monoencaste, ninguneó a modestos, olvidó las novilladas, fomentó el triunfaismo y encareció las entradas, ahora quiera ir de salvador. Y con su verborrea y palabrería diga que hace falta una restructuración, cuando él se negó, porque con aquella Fiesta que se destruía, él seguía llenando sus bolsillos. 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

5 comentarios en “¡Es descabello político a la Fiesta!

    1. Pocos empresarios favorecieron los intereses de la Tauromaquia. Más bien se la cargaron, se cargaron la afición que es la que siempre era fiel, por dale el pelotazo con jesulines, cordobeses, padilla, etc. Pasaron de moda los del pelotazo y ahora solo quedan los aficionados que también se han hartado de ellos.

  1. Con este gobierno y estas medidas el final de los toros y muchas mas cosas q los toros,como lo han hecho y todos callados,nos daremos cuenta cuando no tenga solucion

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