La huella salmantina de Joselito

La celebración del año Joselito se ahoga en las enfangadas aguas del Covid-19. Las numerosas ponencias, conferencias, ciclos programados alrededor del torero más grande tendrán que esperar para conocer nuevos detalles de  la vida de un genio. Del más grande. De José Gómez Ortega, quien compartió la llamada Edad de Oro del toreo con Juan Belmonte, que hace más de un siglo dividió a España entre gallistas y belmontistas y ambos siguen en la pomada. A Joselito, a José, a Gallito, revolucionario del toreo, innovador de la Fiesta con la promoción de Monumentales y su influencia en las ganaderías, este 2020, taurinamente, volvía a estar herrado con su nombre en el centenario de su trágica muerte en Talavera de la Reina tras ser corneado por Bailaor, de la Viuda de Ortega. 

Fue en Talavera, el dieciséis de mayo de 1920, al día siguiente de una actuación triste en Madrid, compartida con Juan Belmonte y su cuñado Sánchez Ignacio, a la que llegaron con el público tan encrespado recibió al grito de ¡ladrones, estafadores! Esa situación, provoca que el mismo José le dijese a su compañero, Oye, Juan. Hace tiempo que quería comentártelo. La gente está mal con nosotros y va a llegar un día que no podamos ni salir al ruedo. Lo mejor es que dejemos de torear en Madrid una temporada larga. Que vengan otros toreros y a lo mejor así podemos volver en mejores condiciones en un tiempo. 

La tarde de Talavera, con antelación, la tenía comprometida en Madrid y días antes desistió de ir, para hacerle además un favor a Gregorio Corrochano, el más relevante crítico, tras un tiempo de tiranteces. Además, en el momento que la afición madrileña supo que no iría, a pesar de la promesa de anunciar que volvería más veces a esa plaza para limar las rencillas, provoca tan tremendo malestar que, incluso esa tarde del quince, al abandonar la plaza, dicen que una gitana la gritó desde el tendido, que mañana te maté un toro en Talavera.

Se muerte fue una conmoción para España, Francia, Porugal y América, porque en Talavera un toro había matado a Joselito. A aquel Joselito, a quien Paco Aguado, el gran periodista madrileño, le dedicó el magistral libro El Rey de los Toreros, la obra cumbre para entender y saber quién fue el genio de Gelves y del que en pocas semanas se espera una nueva reedición.

La conmoción -y grande- también lo fue para aquella Salamanca ganadera que había cimentado su futuro gracias a los consejos de José, quien aconsejó siempre en la elección. Es el ejemplo de Jabato, el semental que hizo la ganadería de Paco Coquilla y fue tentado a campo por el propio José; incluso la llegada de Contreras a varias divisas del Campo Charro fue por consejo de Joselito, ejemplo de Juan Terrones.

El de Gelves frecuenta en varias ocasiones el Campo Charro para gozar de la amistad de varios ganaderos. Tan íntima fue la mantenida con don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón que siempre tenía dos caballos en la finca de Matilla para poder practicar el acoso y derribo, algo que le fascinaba y allí llevó a cabo en numerosas ocasiones. Gracias a su vinculación con don Alipio toreó dos veces el festival de la romería del Cueto, porque en esos años los protagonistas era las figuras que hibernaban en las fincas del contorno, ejemplo del mencionado don Alipio y su hermano, el famoso don Graciliano. Durante sus compromisos en la feria salmantina de septiembre, José se desplaza cada mañana hasta Matilla –con los rudimentarios medios de la época y debiendo hacer una parte del trayecto a lomos de caballería- para tentar, haciéndolo en numerosas ocasiones con vacas de retienta. También frecuentó otras ganaderías de la tierra, la de Juan Terrores, la de Angoso o la de Lorenzo Rodríguez, a quien siempre pedía vacas de retienta. En esta última casa especialmente en septiembre de 1918, año que no toreo en La Glorieta y sí lo hace en la vecina Zamora. Durante sus estancias invernales en el campo de Salamanca reside en las fincas, aprovechando su pasión al toro y al caballo, sin desplazarse jamás a la capital.

En la capital lo hace las veces que fue vino a torear, siempre rodeado de máxima expectación y tan dividida la afición entre gallistas y belmontistas que hasta los propios partidarios se pegaban a tortazo limpio –entonces era habitual- para defender los intereses de su admirado. En aquella época, hasta los mejores y acaudalados aficionados de la provincia se desplazaban a Salamanca para no perderse el acontecimiento, llenándose fondas, cosas de comidas… para regresar en el tren. Porque la Compañía de los Ferrocarriles del Oeste de España –una de las antecesoras de Renfe– fletaba servicios, llamados por la  gente el tren de los toros, a Zamora, Medina del Campo, Peñaranda y Ciudad Rodrigo. En esta tierra, junto a su equipo, se incorporaba un ayuda que había querido ser torero y andaba establecido por Ciudad Rodrigo, Arturo Peirea García, que era marmolista tuerto y después, hasta muy mayor fue habitual en las capeas.

El coloso de Gelves debuta en Salamanca de matador de toros el trece de septiembre de 1913, con una corrida de Carreros, que alterna con Machaquito y Vicente Pastor. No comparece en 1914, mientras que al siguiente hizo tres paseíllos, enfrentándose a las ganaderías de Moreno Santamaría, Contreras y Angoso. Otros tres fueron en 1916, con reses de Saltillo, en esta ocasión en solitario, con la Glorieta vibrando ante la magistral lección que regaló; las siguientes fueron de Miura y Alipio Pérez-Tabernero. De nuevo firma tres en 1918, frente a toros de Veragua, Alipio Pérez-Tabernero y, al igual que al año anterior, de Miura. No comparecen 1918 y si lo hace en la vecina Zamora, siendo muchos los salmantinos que acuden a verlo en el tren especial fletado, situación que indigna a la empresa de La Glorieta. Dos tardes firma en 1919, una con reses de Santa Coloma y otra de Carmen de Federico, dándose la circunstancia que el último toro del segundo día y a la postre en la plaza de Salamanca, lo brinda a su íntimo amigo Alipio Pérez-Tabernero Sánchez. Nadie imaginaba que aquel grandioso torero iba a caer justo ocho meses después sobre las astas de aquel  Bailaor, de la viuda de Ortega.

Aquella tarde en Talavera caía el coloso de Gelves, el rey de los toreros y nacía la leyenda del más grande.

El autor del reportaje en el precioso monumento realizado por Mariano Benlliure para acoger los restos de Joselito en el cementerio sevillano de San Fernando

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

5 comentarios en “La huella salmantina de Joselito

  1. Torero y Maestro inolvidable, su tauromaquia y su gran talento engrandeció y engrandece la tauromaquia.
    Gracias Paco Cañamero por enriquecernos culturalmente con tus extraordinarios textos.

  2. Como siempre… Excelente Paco. Espero que cuando pase esta desagradable y nefasta crisis, vengas Avila para ofrecernos una Conferencia sobre Joselito.

  3. Teniamos comprometida una conferencia el dia 22 en El Casino precisamente con Paco y que si Dios quiere la haremos en cuanto podamos.

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