Te sueño y te siento, ¡mi Salamanca!

Quiero volver a verte, a acariciarte con mi mirada mientras paseo tus calles. Impregnarme de ti, de tu alto soto de torres que también enamoró a Miguel de Unamuno, aquel sabio bilbaíno que ya para siempre quiso vivir a tu lado, entre tu belleza y la sabiduría que regalas desde hace más de ocho siglos gracias a tu Viejo Estudio, faro cultural de España y América.

Siento ya el momento de volver a respirar tus aires para abrazarte con emoción y perderme entre la magia de tu Plaza Mayor, de cautivarme de nuevo en tu ágora, el más artístico del mundo. De sentarme a ver pasar la vida desde el Novelty y saludar a don Gonzalo Torrente Ballester, con sus gozos y sombras, quien desde este rincón disfrutó tantos momentos de la vida, siempre con su fiel cigarrillo y el vermú de Reus. Desde allí a Los Escudos, a la casa de Arcadio a degustar un plato de jamón, el exquisito manjar de nuestra tierra, regado por un buen tinto antes de perderse en el embrujo del Barrio Antiguo.

En el Corrillo, la plazuela que despide a la Plaza Mayor, invita al recuerdo de Adares, quien tantas veces observó cada detalle con su mirada bondadosa, los andares jorobados y una larga barba blanca que delataba la sabiduría de aquel humilde poeta cantor de la paz, para adentrarnos en la calle Menéndez y al final, ligeramente a la izquierda, sentir el impulso del corazón ante la aparición de La Casa de Las Conchas y enfrente, cual vigilante celosa de tanta guapura, las dos torres de La Clerecía. Es la Salamanca que regala lo maravillosa que puede ser y que hay que descubrirla, paso a paso, con la misma lentitud que se besa a la mujer soñada. 

Por esas calles, con el inmenso legado de su historia, en cualquier momento sientes la impresión de darte de bruces con don Miguel de Unamuno o a aquel Fray Luis con su decíamos ayer, para volver a detenerte ante el tesoro de la fachada plateresca de la Universidad y explicarle a algún despistado turista dónde está la rana. Pronto volveremos a ver el Patio de Escuelas abarrotado de turistas deseosos de sentir una ciudad única, que ha escrito tantas páginas en el libro de la historia, bajo la grandeza de su monumentalidad. Y a caminar por Libreros al encuentro de las Catedrales y emocionarnos ante rincones que inspiraron a tantos genios de las letras, antes de acariciar simbólicamente la Torre de la Catedral Nueva, con envidia a Ángel El Mariquelo por mimar esas piedras que desde ese privilegiado mirador, guardián del Tormes, antes de llegar a la ciudad y al despedirse de ella; de los encinares del Campo Charro con su autovía que une a la hermana Portugal, de las llanuras de La Armuña. Y al otro lado, los fondos salpicados por esas sierras que esconden tantos tesoros e invitan a disfrutarlas. Porque ese escenario también se puede disfrutar desde la joya de Ieronimus para tener la sensación que Salamanca es una ciudad que acaricia el cielo de la belleza.

Te sueño y te siento, mi querida Salamanca. Deseo volver a encontrarte con la misma pasión que lo haría el soldado que regresa, tanto tiempo después, al encuentro de su amada; e invitar a los peregrinos que, fascinador, te atraviesan su corazón por el viejo camino que lleva al encuentro del Jubileo en Compostela. Porque esta lacra del Covid nos ha distanciado, pero nunca separado de ese lugar para vivir y soñar, para maravillarse. Toda tú eres una postal para disfrutarla en un marco de cristal. Y esos tesoros gastronómicos con el aperitivo de una tapa de jeta a La Viga, unas sardinas en La Fresa junto a la amenidad de José Ángel; un pincho de barbada al Berysa, de champiñón en Las Cubas antes de ir a comer Casa Paca, santuario de la gastronomía que da la bienvenida con el abrazo amigo de Germán. 

Desde allí de nuevo a la Plaza Mayor, porque a cualquier hora y sin maquillar te regala lo mejor, para ennoblecerse en paz, con los soles primaverales iluminantes del rostro, en una distendida tertulia dentro de una ambiente cosmopolita. Y desde la Plaza cualquier rincón te vuelve a obsequiar con la grandeza de esa Salamanca, escrito gracias al legado de sus grandes hombres, al igual que el de sus piedras. Esa Salamanca que nunca muere y, con el paso de los años, muchas veces se mantiene con esos entre visillos, el título de la obra que lanzó a la fama a Carmen Martín Gaite tras esa infancia y juventud inspirada en su casa de Los Bandos. Y muy cerca, en la plaza del Liceo, el último charro universal, Vicente del Bosque, esculpido en bronce, para rememorar a quien hizo feliz a nuestra España en un momento tan necesitado de alegrías. Ese Vicente, ha sido un espejo y ahora, esta sociedad, ya pide otro Del Bosque ante la época tan dura que se avecina.

Es Salamanca, la ciudad más bonita de España, hermosa y sobria como los encinares de su Campo Charro y ya espera para volver a abrir, orgullosa, las puertas de su tesoro; la que se emociona al añorar los olés tributados a Santiago Martín El Viti, señor de los ruedos; a aquel Pedrito de Chamberí anunciado como El Niño de la Capea y fue un grandioso torero y al llorado Julio Robles, que tantas veces hizo vibrar a sus paisanos con su arte.  

Ahora quiero volverte a verte, a acariciarte lentamente con mi mirada mientras paseo tus calles, porque te sueño y te siento, ¡mi Salamanca!

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

22 comentarios en “Te sueño y te siento, ¡mi Salamanca!

  1. En breve volveremos a pasear por sus calle, buscando la sombra de sus monumentos. Volveremos a tomar nuestros vinos, con sus pinchos en esos bares, que Salamanca solo tiene.

  2. Dilecto maestro; tu pluma se ha ido a las calles y plazas y los intelectos que grabaron su sabiduría entre las piedras y el viento de la dama charra. Amores y amorīos romanceros tu escrito. Magnifico, maestro
    Desde Leganès aislado con el covid 19 en el cuerpo. Saludos afectuosos

  3. Muy emotivo. Me has hecho recorrer Salamanca con la imaginación, pero sintiéndola muy próxima. Ojalá esto pase pronto y podamos pasearla y disfrutarla como se merece la ciudad más bonita del mundo.

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