Chacón y Aguado, dos toreros

Sigo las Fallas de Valencia a través de la televisión –instalada la aplicación del sonido ambiente para evitar contagiarme de chorradas- y comprobando en esa primera feria de postín que muchas de las cosas malas del toreo siguen ahí, fruto de ese dichoso ‘sistema’ que tantas puertas ha tapado. Entre el lodazal hay dos toreros que merecen estar en tierra firme. Ambos de distinto corte e interpretación, pero con mucho que aportar y un sitio ganado en esas ferias donde tantos años llevan los mismos nombres.

Uno es Octavio Chacón, más allá de su valor se ha ganado un sitio. Merece mayor vuelo este gaditano, a quien tanto está costando que le echen cuentas. Y encima, su gran tarde de Madrid del pasado Otoño quedó relegada por la colosal faena de Diego Urdiales, robándole todos los titulares. Le pasó un poco parecido como a su paisano, el gran maestro Rafael Ortega, que en su mejor tarde de Las Ventas, frente a un toro de Higuero, quedó apeado de la atención general por el escándalo de Curro Romero al negarse a matar un toro en aquel San Isidro de 1966. Ahora, en Valencia, se la ha jugado otra vez para decir que quiere ir un sitio en las ferias. Ojo a este Octavio Chacón que, si hubiera justicia, tiene recorrido más allá de las duras.

La otra enorme sorpresa ha sido Pablo Aguado, aunque Aguado desde novillero ya cantó la grandeza que atesora. Han sido muchas las tardes las que ha dejado patente de corso de sus excelentes condiciones y su sentido artístico. Ahora, en estas Fallas, nos ha sorprendido aún más al ver a un torero tan nuevo –lleva escaso año y medio de alternativa, la tomó en el sevillano ciclo de San Miguel de 2017-, con poso y sin las prisas tan habituales en los nuevos espadas. A Aguado, además de un magnífico concepto, todo ella con mucha torería natural tiene la enorme virtud de rubricar faenas cortas, como en Valencia, algo que es tan necesario después de estos tiempos dominados por las interminables –y en la mayoría de los casos- aburridísimos trasteos de muleta. Un lujazo, este Pablo Aguado, al que merece la pena seguir.