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El ostes salmantino

Mientras las hojas del calendario caen de manera incesante y el paso de los años es testigo de la agonía que vive la provincia, con muchos de sus pueblos a punto de desaparecer, donde ya sólo queda una población de la que se ha adueñado la vejez, el resto del año no es más que la muestra de una muerte, lenta y eficaz, a la que sin duda contribuye el abandono al que están sumidos por quien debe velar por su futuro. Porque a nuestros dirigentes, de los jubilados y los moradores de zonas abandonadas sólo les interesan los votos.

Así se pudo comprobar hace unos días, cuando estuvimos por tierras de Lumbrales, que es un pueblo alegre y con fundamento, donde de vez en cuando conviene perderse para disfrutar de la nobleza y gentileza de sus gentes y también saborear sus exquisitos manjares, donde cobra especial relevancia el queso de oveja que fabrican en esa zona y es uno de los mejores del país o sus finas carnes de ternera, que son un lujo para el paladar y en varios establecimientos las preparan de ensueño.

En Lumbrales hay que darse una vuelta por sus numerosos bares y tabernas, dejar de lado las prisas y saludar a no pocos amigos. Tanto que hubo que variar la ruta y los planes, pues la excursión, en un principio estaba prevista hasta La Fregeneda y de paso visitar los restos de su antigua estación de ferrocarril, que es una reliquia y desgraciadamente ya forma parte del ayer.

En el fondo da pena volver a esos entrañables pueblos del oeste salmantino, donde tantas vivencias acumula uno en su currículum y comprobar cómo sus infraestructuras son impropias del siglo XXI. Así se comprobó el otro día, cuando desde Lumbrales, ya con la tarde rota nos fuimos hasta la cercana villa de Ahigal de los Aceiteros a visitar en su pequeño cementerio la tumba de Julio Robles, el amigo muerto. Pero para llegar hasta allí hubo que jugarse la vida por una carretera impropia, indigna de una civilización que acaba de dar la bienvenida al nuevo milenio. Tanto que si el genial Luis Buñuel volviera a nacer y viera la estrecha y serpenteante carretera de Ahigal se vendría a estos lares a rodar una nueva ‘Tierra sin pan’. No es para menos.

Tránsito (Viuda de Florentino Díaz Flores)

(Entrevista publicada el 27 de enero de 2007)

Tránsito González era la esposa de Florentino Díaz Flores, una leyenda, un apoderado de época. A su lado estuvo siempre esta mujer que también observa desde su privilegiada barrera una importante página en la Fiesta y mantiene todas las virtudes que atesoró, convirtiéndola en el perfecto ejemplo de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer.

¿Le gustaban los toros antes de conocer a su marido?

Entonces apenas conocía la Fiesta, aunque sí recuerdo que en Zamora, había mucho el ambiente de toros.

¿Cuándo va por primera vez a una plaza?

En el verano de 1945, el día que fue nuestra pedida en la plaza de Zamora. Era una novillada que toreaba Pedrucho de Canarias, quien después marcha para Venezuela y acaba siendo muy amigo de Flores. Luego, tras la boda mi vida ya estuvo inmersa en los toros hasta hoy.

¿Dónde conoce a Flores?

En el salmantino Café Novelty, en Ferias de 1944.

¿Qué hacía usted en Salamanca siendo de Zamora?

Al fútbol.

¿Al fútbol?

Sí, al fútbol. Ese día  jugaba el Zamora contra el Salamanca en El Calvario y vine junto a unos amigos en el tren. Era la primera vez que venía a Salamanca y al entrar en ese café, Florentino le dijo a Almería, su mozo de espadas, que era un andaluz muy gracioso: «Mira qué cara de gitana tiene esa mujer, con ella me casaba yo mañana». Total, que el mozo de espadas le dijo: «Pues al toro, niño, al toro». Y así empezamos.

¡Y se casó con un torero!

Sí, pero lo dejó enseguida. Desde entonces ya no quise que él torease en pueblos y mientras la corrida, tener que andar yo rifando caramelos, como hacía la mujer de Teodoro El Zamorano.

Ya casada con Flores su vida gira en torno al toreo, ¿no?

Sí, pero hubo que luchar mucho. Al principio vivíamos en Zamora, pero pronto nos vinimos a Salamanca. Primero pusimos una frutería y después una tienda llamada Saldos Flores. Mientras, Flores, en temporada organizaba festejos en muchos pueblos, como Peñaranda o Alba, junto a otros en diferentes provincias.

Después llega la época de apoderamiento de toreros, ¿no?

Sí, el primero fue Victorino Posada, que entonces trabajaba en el bar El Corzo, que era propiedad de Alfonso Coquilla. Victoriano Posada era un torero de grandes condiciones, que luego se casó con la hija de un ministro de Ecuador.

Y mantienen una gran vinculación, ¿verdad?

Sí, de de familia. Cuando viene a Salamanca en septiembre nos vemos y en la plaza de toros estamos al lado.

¿En su barrera del 6?

Sí, tenemos esa barrera desde hace 58 años, él está justo detrás.

Luego, después de apoderar a otros toreros, llega El Viti, con él empieza otra vida, ¿no?

Sí, pero hubo que luchar mucho en los inicios y después sufrir la incertidumbre de una grave lesión en el brazo. Se curó y fue hacia arriba; claro que la época de El Viti fue muy importante en todos los aspectos.

¿Qué momentos guarda con más nostalgia?

Muchos, muchísimos. Fíjate, ahora recuerdo el día de la alternativa, que fue el día 13 de mayo de 1961, que encima era martes y el número del toro, de Alipio Pérez-Tabernero, se llamaba Guapito era el 13.

¡Si llega a ser supersticioso!

No, está claro que no lo era.

¿La vio en directo, en la plaza?

No, ésa fue la única que vez que me quedé en Salamanca, además la televisaban, que era casi cuando empezaba TVE. Aquel día, al llegar la hora me marché de la tienda al Novelty, que era de los pocos con televisión en la ciudad y estaba lleno. Allí presencié yo la alternativa de Santiago.

¿Fue un día muy especial?

Te puedes imaginar, se cumplían un montón de objetivos y aquel triunfo era el fruto de tanta lucha. Cuando lo sacaron a hombros fue muy emocionante.

¿A partir de ahí arranca la carrera de El Viti como figura?

Sí, se puede decir que sí, aunque antes, de novillero tuvo ya goza de mucho cartel en Madrid y sale varias tardes a hombros.

¿Después, lo ve mucho?

Sí, en todas las plazas de España.

¿Y de América?

También fui un año. Volé desde Madrid hasta Caracas y en el aeropuerto me esperaban mi marido y Santiago. Después fuimos a Lima, más tarde a Bogotá, a continuación a México. Fueron 30 días muy bonitos los que pasé en América.

¿Le gustó aquella tierra?

Claro que sí. Fíjate, al pasear por Lima me recordó muchas veces a Salamanca, es una ciudad muy bonita y sus calles muy semejantes a las nuestras.

¿En lo taurino, qué le llamó más la atención?

La Plaza de México me impresionó. Es enorme, mirabas hacia arriba y nunca se acababan los tendidos. Además, no veas cuando salen los toreros a hacer el paseíllo el gesto de exclamación de todo el público, eso llega al alma. Aquella corrida la presencié al lado de Frasquito, que era de Toledo y de novillero, tras una actuación en La Maestranza, revolucionó el toreo e incluso hasta dijeron que Manolete había resucitado. Después su estrella se apaga y marcha a México, donde tenía un restaurante muy bueno, frecuentado por los taurinos.

¿Recuerda el cartel de esa corrida en La México?

Sí, Santiago toreó con Fermín Rivera y con Alfredo Leal. Fermín Rivera también era muy amigo nuestro y estaba casado con una bilbaína, hermana del torero Martín Agüero, aquel del famoso pasodoble y que mataba tan bien.

Las temporadas de América no eran como las actuales, ¿verdad?

No tenían nada que ver. Los toreros se marchaban al acabar la Feria del Pilar, de Zaragoza y no regresaban hasta las vísperas de Fallas. Se tiraban casi cinco meses en América. Ahora, con tantos avances y la rapidez de los aviones van, torean y se vuelven.

(En la casa que tiene doña Tránsito en la calle Alfonso de Castro hay numerosos recuerdos de América, platos, figuras y otros elementos decorativos).

Aparte de lo que ha significado El Viti, ¿ha sido su ídolo taurino?

Sí, ha sido el que más me ha gustado. También me encantó Pepe Luis Vázquez, Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez y en tiempos más recientes, nuestro paisano Julio Robles, un torero muy completo y de mucha calidad.

¿Y Curro Romero?

No, nunca fui currista. Lo tuve que ver por lo menos 40 veces, para presenciar de una tarde buena.

¿Y su paisano Andrés Vázquez?

Tuvo mucho mérito, al torear siempre las corridas duras. Además mataba muy bien y como hubiera cuajado un toro, no se le iba el triunfo por fallar a espadas.

De los toreros actuales, ¿por cuáles sale corriendo?

Por Morante de la Puebla, cuando está bien y quiere. También una vez, aquí en Salamanca, vi torear magistralmente a Julito Aparicio.

Me ha hablado de toreros, de aficionados, de América, de anécdotas, Pero ¿cuál es su ganadería preferida?

Ahora mismo en Salamanca, los hermanos Fraile. Luego, me da mucha pena ver cómo ha caído la ganadería de Atanasio, con lo que fue.

Usted es una de las personas que más conoce la carrera de El Viti y seguramente la que más sepa de él, pero, ¿cuál fue la tarde donde mejor vio a Santiago?

Muchas, aunque sobre el resto una en El Pilar, de Zaragoza. Fue el año que tomó la alternativa y toreó un toro de Antonio Pérez de manera sensacional. Era un toro castaño, cornalón y estuvo magistral, lo que aprovechó Flores para hacer una propaganda muy impactante.

¿Y alguna distinta?

En Madrid, un año en San Isidro frente a toros de Paco Galache, que fueron muy flojos y se caían continuamente. Entonces, la gente no dejaba de protestar y la plaza se llenó de almohadillas. En ese momento, Santiago, con su particular gesto salió al tercio y con las manos pidió calma y después mandó a los peones quitar las almohadillas. Estaba seguro de su éxito y triunfó a lo grande, al final lo sacaron a hombros por la puerta grande y Antonio Díaz-Cañabate tituló su crónica  El Viti torea hasta los toros de Guisando.

¿Algún éxito más?

¡Tantos y tantos! Otro, un día de Corpus, en Toledo, donde le cortó las orejas a un toro condenado a banderillas negras. ¡Cómo estuvo también ese día!

Entre tanto dechado de virtudes, ¿cuál fue la más importante que atesoró El Viti?

Que en la plaza nunca tuvo prisa, dejó las cosas llegar a su momento.

¿Y su marido al lado?

Sí, pero fíjate cómo eran antes las cosas que estuvieron juntos 18 años y únicamente tuvieron contrato los tres primeros. Había una confianza total entre las dos partes.

Entonces, la figura del apoderado eran tan distinta, ¿verdad?

Claro, una de las cosas buenas del toreo, es que el ganadero era ganadero; el torero, torero; el empresario, empresario… y así todo.

¡Igualito que ahora con los monopolios!

Era mucho más de verdad antes. Ahora, el empresario tiene plaza, toreros, ganaderías.

¡Qué apoderados más buenos había entonces!

Sí, estaba Camará, González Vera, aunque éste llevaba plazas, mi Flores, Gago… todos ellos independientes.

¿Dígame una virtud que debe tener un buen apoderado?

Primero conocer y querer a la persona. Después defender al torero, su cotización, la ganadería, el cartel… Además de estar pendiente de lo que sucede en la plaza, de tal forma que con una mirada entre ambos no hagan falta las palabras.

¿Y sobre todas?

La honradez y la honestidad, ésas son la bases de la confianza, de la amistad, la tranquilidad. Y Flores fue un hombre íntegro,  buena persona y por eso la gente lo quería tanto.

Tendrá muchas anécdotas junto a su marido, en lo referente a la hora de defender el interés de su torero. ¿Nos puede contar alguna?

Hay muchas, por ejemplo en el año 1964, en la Feria de San Isidro, Antonio Ordóñez estaba contratado en un millón de pesetas y Camino, Puerta… en trescientas mil pesetas. Entonces, Ordóñez causa baja por una cornada y Livinio Stuick, con toda la preocupación queda a comer con Flores para ofrecerle el puesto de Ordóñez. Yo estuve en la comida y a la hora de hablar de números le pide el mismo dinero que cobraba Ordóñez. Livinio Stuick le dijo que era una barbaridad y no se lo podía dar de ninguna manera, aunque al final después de muchos tiras y aflojas acepta. Fíjate, por entonces, todo lo que se podía comprar con ese dineral…

En San Isidro de 1968, El Viti tampoco fue contratado al no llegar a un acuerdo económico. ¿Cómo fue aquel episodio?

Lo recuerdo perfectamente. Flores pide un dinero y la empresa lo rechaza. Entonces no alcanzan un acuerdo y Santiago, que era el torero de más cartel, queda fuera de San Isidro. Esa circunstancia la aprovechan los Dominguín, que eran empresarios de Vista Alegre y muy amigos nuestros para contratar a Santiago y ofrecerle el dinero que le rechazó la empresa de Madrid. Entonces hicieron el llamado ‘San Isidro paralelo’, junto a otros matadores  excluidos de San Isidro. El resultado fue un éxito total y las dos tardes se puso el no hay billetes.

¿Y pasó algo más?

Claro, Florentino aprovechó para hacer una publicidad muy importante. En ella decía que cómo era posible que en Las Ventas con más de 20.000 espectadores y en pleno San Isidro no le quisieron pagar ese dinero y sin embargo, en Vista Alegre, con 9.000 sí se lo pagaron.

Su casa está  llena de recuerdos de Florentino. Parece que sigue aquí.

Está la casa igual que la dejó y así va a seguir, con los cuadros de los pintores amigos -Saavedra, Palacios…-, también los que le regaló Victoriano Posada y otro de Perelétegui, el crítico taurino de El Adelanto, por nuestras bodas de oro, además de otras todas las cosas de mi Flores.

¿Perelétegui era muy amigo de ustedes?

Sí, mi marido lo quería mucho. No veas qué pena me dio de su muerte. Era muy buena persona y un gran crítico, al que estuvimos muy vinculados.

¿Cómo vivió su esposo sus últimos años? 

Muy felices, rodeado del cariño de su familia, de muchos amigos y  disfrutando con momentos muy felices, especialmente los acontecimientos familiares.

Antes pasaban los inviernos en Benidorm, ¿ya no acude usted?

No, date cuenta que nuestro piso está en una planta 21. Y si pasa algo y llamo al vecino habla en inglés, el otro, en alemán. Por eso prefiero estar aquí, en Salamanca, al lado de los míos.

¿Y qué hace?

Pues procuro estar distraída, haciendo algo. Por ejemplo, llevo directamente los negocios que tenía mi marido, como los locales que tenemos en alquiler, algo que me viene muy bien estar entretenida y con la cabeza puesta en esas cosas.

¡A su edad!

Sí, es una terapia magnífica. Si me siento en el sillón y me dejó llevar estoy expuesta a depresiones o cosas poco buenas para los años que tengo.

Ahora que la Fiesta está sumida en un debate político, ¿cómo ve su futuro?

A la Fiesta la veo un poco alicaída, además en las plazas se ve poca juventud y sí mucha gente mayor. No se ha renovado la afición y eso no es bueno.

¿Cuál es su público preferido?

El sevillano, con esa plaza tan bonita y los silencios que llegan tan dentro.

¿Y el que menos le gusta?

El de Madrid. En cuanto sale el toro ya lo están protestando, sin esperar para ver si tiene un calambre y se le pasa. Recuerdo una vez que a El Viti le cambiaron el tercio de varas y él mismo, por su cuenta, mandó al picador que se diera la vuelta y darle otro puyazo. Ese día, Diego Puerta, como director de lidia intentó que el caballo fuera para el patio, pero Santiago, al ver a su compañero, con su voz seca dijo: «Diegoooo» y éste claro, lo dejó.

Doña Tránsito, muchas gracias por todo y que Dios la guarde muchos años.

Y tú que lo veas.

PD: ESTA ENTEVISTA FUE REALIZADA EL 27 DE ENERO DE 2007 EN SU DOMICILIO DE LA CALLA ALFONSO DE CASTRO.