El gol de Sánchez Barrios

Han transcurrido casi cuatro décadas desde que la temporada 1973-1974 llegase a su final cuando en el penúltimo partido del campeonato, nuestra UDS, que se encontraba en Segunda División y había completado una sorprendente campaña, se juega todas sus bazas en el penúltimo encuentra con la visita estelar del Real Betis, que llegaba plagado de figuras, como Esnaola o Cardeñosa y ya estaba matemáticamente en Primera División, honor que compartiría con la Unión se si alzaba triunfador de ese choque. Y esa noche, en el magnífico y flamante estadio Helmántico, que se encontraba abarrotado, ya muy avanzada la segunda mitad del choque y con los nervios a flor de piel de toda la hinchada, llegó el ansiado gol de Sánchez Barrios que hizo vibrar de felicidad a toda Salamanca. Por primera vez, el equipo de nuestra capital se aupaba a lo más alto, a la Primera División, utopía durante tantos años y que ahora era una realidad.

Aquel día, con el gol de Sánchez Barrios, Salamanca vivió uno de los días más felices de su historia y se tiño de blanquinegra para abrir la puerta a la que sería la etapa más grande y fructífera de este club, la que escribiría páginas memorables en las venideras temporadas, algunas también inolvidables, como el triunfo en el Santiago Bernabéu, con otro gol para hacer hurgar en el alma unionista de los nostálgicos, como fue el genial Alves.

Desde el gol del Betis, que cambió la historia deportiva charra, aquel extremo rápido, con olfato de gol y una tremenda calidad que se llamó Sánchez Barrios se convirtió en un ídolo de nuestra tierra y en una de las referencias de la mejor Unión Deportiva Salamanca de siempre. Al que añoran los viejos aficionados locales cuando rememoran las páginas más gloriosas de nuestra querida Unión. El que ha pasado a la historia como ‘el gol de Sánchez Barrios’ y solamente con rememorarlo ilumina el alma blanquinegra de todos los aficionados charros que soñaron despiertos aquella cálida noche de primavera en el Helmántico.

Ahora, otra vez en el escenario de la Segunda División y ya al final del campeonato, todos los sueños e ilusiones de nuestra tierra se vuelven a jugar contra el Betis, aunque en tiempos y situaciones muy distintas, pero que guardan ciertos matices a los que hace casi 35 años trajeron tanta felicidad. Y es que ganarle el domingo al conjunto sevillano es otro sueño, pero no de gloria, sino de esperanza para mantenerse en la categoría de plata del fútbol español y evitar un descenso que, con seguridad, podría traer consigo el definitivo final del fútbol en la elite en nuestra querida Salamanca.

Ahora vuelven los verdiblancos del histriónico Lopera, con la idea de asegurarse el ascenso en el Estadio Helmántico a diferencia de aquella nostálgica del gol de Sánchez Barrios, cuando ya llegaron con los deberes hechos. Y los recibe la Unión con la necesidad imperiosa de ganar para evitar un suicidio colectivo y mantener viva la llama de la esperanza. Esta Unión que de la mano del gran Jorge D’Alessandro ha vuelto a soñar y a ilusionar desde que el mítico portero, convertido a entrenador, se hizo cargo de un equipo que se caía por el precipicio y al que está a punto de lograr el tremendo éxito de asentarlo, un año más, en la Segunda División, aspiración que parecía impensable hace unos meses. Todo gracias a ese genio de Jorge D’Alessandro, quien llegó a Salamanca la temporada siguiente del gol de Sánchez Barrios, cuando ya nuestro club debutaba en la máxima categoría y para afrontar la nueva meta con garantías fichó a dos argentinos de leyenda, a Ricardo Rezza y, especialmente al ‘gordo’ D’Alessandro, hoy protagonista, quien bajo los tres palos marcó una época y, tantos años después ha sido capaz de evitar una desgracia para hacer posible que la afición local continúe con el sueño vivo de recuperar algún día la máxima categoría.

Aunque sea ganando el domingo al Betis para que la próxima temporada se pueda repetir la gesto que dejó para siempre grabado en letras de oro el nombre de Sánchez Barrios como uno de los mitos deportivos de nuestra tierra gracias aquel gol que, hoy todavía, hacer hurgar de felicidad a los viejos aficionados unionistas.

  • Este artículo se escribió con motivo de la última visita del Betis a Salamanca.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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