La Unión de nuestros sueños

Vuelve al fútbol, el balón echó a rodar y duele el recuerdo de nuestra Unión Deportiva Salamanca. Son días de añorar la grandeza de nuestro club, sobre todo para los nostálgicos. Los días que quedaron grabados en el corazón de los unionistas.

Como los protagonizados por un portugués que lucía guantes negros, llamado Alves, que admiró al fútbol español con su talento e incluso hasta gracias a un gol suyo ganamos al Real Madrid en Chamartín (cuando lograr un modesto la victoria allí era poco menos que imposible). Los espectaculares paradones del mítico D’Alessandro, por quien los aficionados encendieron velas a Santa Teresa para que volviera a jugar al perder un riñón tras un choque con Dani en San Mamés. La contundencia de Ricardo Rezza, que era el central más elegante que vistió de blanquinegro. El gol de Sánchez Barrios que logró el ascenso a Primera División e hizo feliz a toda Salamanca. El amor propio de Huerta, el ‘capi’ y su colocación en los cortes. El incesante fuelle de Enrique, que era incombustible. La entrega de Julio Pedraza en la banda derecha. Los cigarrillos de García Traid en el banquillo. Las provocaciones de José María García en un partido contra el Atlético de Madrid a raíz de la grave lesión de Fraguas. Las retransmisiones de Vicente Herrero en la cadena Ser, con su inconfundible voz; la paz de don Isidro, el pater. La visión de juego de Robi, que marcaba diferencias. Las crónicas de Lorume en El Adelanto. Los prontos de Balta.

La clase goleadora de Pauleta, un portugués de oro, muchas veces gracias a un pase medido de su paisano César Brito, otro genio que defendió la camiseta unionista, o a un toque magistral de su también paisano Taira. Los partidos de casa en la época de Rojo como entrenador. La desolación de Vieri cuando marcó cuatro goles y no sirvieron para nada, porque el Salamanca metió cinco. Es espíritu y la garra de Sito. Las numerosas victorias al Barcelona, en una de ellas el ‘mago’ Helenio Herrera, que era entrenador culé quiso que se repitiera un partido. La visera del fondo norte cuando se la llevaba el viento. Los seis goles al Valencia. Las tardes que jugó Cruyff en el Helmántico. Cuando debutó Maradona y Enrique ‘el fari’ frenó todas sus intervenciones. Las ‘gambetas’ de Ito, quien iba para figura y fue traspasado al Real Madrid. Los gritos de ¡Hala Unión! que se escuchaban en media ciudad. Los partidos en los que se jugaba algún ascenso. Las tardes de frío soporífero. La calidad ‘sorda’ de Ángel, uno de los grandes que tuvo este club, ese Ángel de los Santos que fue traspasado al Real Madrid. El masajista Pepe Borrego con la toalla al hombro, el pantalón corto y sus gafas de pasta corriendo la banda para socorrer al lesionado. Lozano un portero que se ganó un sitio en el club. Un polémico partido de promoción de ascenso contra el Villareal en el que hubo hasta ¡8! Expulsados. El recibimiento que le hacía Silvestre Sánchez Sierra cuando jugaban contra los equipos de Barcelona.

La rivalidad contra el Real Valladolid convertida en vergonzosos insultos entre las dos aficiones. Las visitas de los equipos vascos que eran un día grande para la hostelería local. Las tardes deslumbrantes de Arconada cuando jugaba la Real Sociedad y con sus prodigiosas intervenciones imposibilitaba que se le pudiera ganar. La afición gritando a coro: “Peeeeepe, Peeeeeepe”, en honor del honrado canterazo que jugó tantos años en el primer equipo. Las visitas del Real Madrid en las que muchos salmantinos, chaqueteros ellos, desertaban de lo suyo para apoyar al rival, algo que también sucedió cuando llegaba el Barcelona. Antonio ‘el músico’, un portero que fue la foto habitual en el banquillo. La implicación en la compra de un partido en Málaga que tantos dolores de cabeza trajo al club. Gabino Sánchez, el eterno gerente con su habitual seriedad. Las excentricidades del doctor Alfonso Cabeza en un partido contra el Atlético de Madrid. Un peñarandino llamado Luis García que se hizo grande en este club. Los pases de medidos de Muñoz, a pesar de su obesidad. Aquel ‘once’ que se llamó Carlos Báez. Jorge Alonso, con magnífica visión de juego y que vivió en sus carnes la ingratitud de la directiva contra los de casa.

Los insultos a los árbitros cuando se confunden en contra de la UDS, que es casi siempre. En definitiva que la pelota ha comenzado a rodar y el corazón de todos los unionistas duele enlutado por la muerte de nuestra querida Unión.

 

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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