Isa, la Macina

No sé si conocen la historia de la vitigudinense Isa de la Cruz, una brava mujer, perteneciente a un conocido clan que apodaban como Los Macines y que pasó a la historia por ser la primera dama de esta provincia en dedicarse al oficio de camionera, lo que fue todo un acontecimiento en la Salamanca de los 50.

Cuentan que Isa la Macina era un mujer tan trabajadora que nunca llevaba reloj y mucho antes de que llegaran los tacógrafos para limitar las horas de la conducción ella se conocía, como las encalladas palmas de su manos, todas las carreteras de la provincia que transitaba al volante su llamativo Chevrolet. Porque bastante antes de salir el sol se levantaba para acondicionar el camión y después se echaba a la calle e iba, por ejemplo, a las minas ‘Feli’, que tenía en el paraje de Valicobo, muy cerca de Vega Terrón, en el término de La Fregeneda Higinio Severino y desde allí, cuando cargaba se dirigía a la que poseía en Barruecopardo, en los años de la eclosión económica y social del wólfram.

O luego por las tardes a la estación de ferrocarril de La Fuente de San Esteban, que era donde llegaba casi siempre el género que suministraba al comercio mejor surtido de La Gudina, el de Tomás González, al que ella realizaba casi todos los portes.

O a Lumbrales, a cargar material para las obras de los saltos cuando lo transportaban hasta allí en el tren de Barca D’Alba y para tenerlo todo ordenado, Iberduero acondicionó en el lugar unos muelles que aún existen. Precisamente, en el mismo lugar donde hace años, Sixto Miguel del Corral y Antonio Bartol, tienen ese lujo de delicias gastronómicas que es el restaurante El Apartadero. Allí Isa de la Cuesta,  de Los Macines, cargaba y después emprendía el camino al salto de Saucelle, un lugar en el que, si se terciaba, sacaba a relucir su casta charra, sobre todo cuando encontraba a algún inútil y entonces la llevaban los demonios. Tanto que se tiene constancia de coger a un hombre por la pechera y delante de sus compañeros tumbarlo de un puñetazo si la ocasión lo propiciaba por haberse mofado de su sexo.

Por eso, en Vitigudino y en la Ribera hay una página humana que tuvo como protagonista a esta brava mujer, tan trabajadora que no tenía día ni noche y cautivó por su particular profesión en la pasada década de los 50, cuando verla conducir su Chevrolet era todo un acontecimiento.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

2 comentarios en “Isa, la Macina

  1. Desde siempre tuve conocimiento de la existencia de esta señora, ya que forma parte de
    una de las muchas historias que mi madre me suele contar de vez en cuando ( sabe que
    me encantan las historias de antaño).

    Me dice, que recuerda que cuando era niña, era todo un acontecimiento para la «chavalería», la llegada al pueblo (Villaseco de los Gamitos), del camión de «La Isa»; siempre portaba novedades, y lo mismo traía que llevaba encargos, en el mismo viaje. Transportaba de todo, comestibles, herramientas, aperos, mobiliario,…lo que hiciera falta.

    La parada en el pueblo, era a la puerta de «El Cholo» , (la casa estaba en la misma carretera), y esa era la parada oficial, porque casi siempre traía o o llevaba algo para el Sr. Antonio. Tambien me dice que recuerda a una mujer grande ( igual es porque ella era pequeña), y fuerte, con carácter, incluso diciendo algún ´taco´si estaba enfadada, aunque no de habitual; con un camión con morro, con la caja de madera, y esta cubierta con una lona, y un letrero que ponía «Transportes De La Cruz».
    Pero sobre todo recuerda, que pasados unos años de acabada la guerra, comían «garrobas», y era La Isa, quien se ocupaba de traerlas.

    Todo esto, me lo contaba una vez más esta tarde, cuando le mostraba el artículo, que encontré ayer dando una vuelta por esta nueva web, y he de decir, que le ha encantado el encontrar por escrito, y tan bien contados, parte de los recuerdos que conserva tan vivos, después de tantos años.

    Gracias al autor, por hacernos pasar una buena tarde !!!

    1. Tia Isabel, es mi mismo nombre Isabel de la Cruz, como te queríamos, dia si y dia no, venias a Salamanca con el camión a recoger la mercancía. Jamas se olvidan esos recuerdos, cundo comíamos y luego te acostabas una siestecilla en mi cama. nos enseñaste muchas cosas buenas, pero sobre todo a trabajar, cosa que he hecho toda la vida, todo lo que he podido y he enseñado a las personas que he podido. Espero que no tardemos mucho a reunirnos. Que bonito era todo. habría tanto que contar, inolvidable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *