Archivo por meses: julio 2015

Los lunes de Vicente

Ha llovido desde que el entonces bachiller Vicente, un espigado chaval que ya tenía metido el fútbol en sus venas, esperaba ansioso el mediodía de los lunes para detenerse en el escaparate de ‘Calzados Antonio’ y observar al detalle las fotos del partido que la Unión Deportiva Salamanca había disputado la tarde antes en el viejo Calvario. En ‘Calzados Antonio’ exponía sus instantáneas en blanco y negro el fotógrafo Almaraz y allí, Vicente, durante largo rato, se fijaba con interés en todos los detalles de los jugadores que había aplaudido la tarde anterior y, por esas fechas, eran sus ídolos, como Cefe, José Manuel, Pollo, Pedraza o Huerta. Eran días del crudo invierno charro, cuando los hielos hacían candar al Tormes y el frío se metía en los huesos, coincidiendo con la época que Vicente atravesaba, siempre con garbosos andares, la ciudad desde su modesta casa del Barrio de Garrido y Bermejo hasta el otro extremo, en el que se encontraba el ‘masculino’, como se conocía al Fray Luis de León, en el que cursaba estudios, que por entonces estaba situado en el Barrio Antiguo, al lado de viejo Estudio Salmanticense.

Por entonces, Vicente del Bosque, tras pasar por distintos equipos de la capital comienza a destacar en el once del instituto, en el que se hace acreedor de las primeras admiraciones. Es un líder oculto y un hombre de marcada inteligencia natural, siempre prudente y callado, que brilla de tal manera que por la ciudad se empieza a correr la voz de que el hijo del señor Fermín y la señora Carmen iba para figura. Hasta los más apasionados decía que iba a superar a Abilio, que hasta que fichó por el Zaragoza de los ‘cinco magníficos’ era la estrella de ese Salamanca y cada domingo convertía el viejo Calvario en una fiesta con la magia de sus regates y sus goles. Vicente era distinto, pero gracias a su toque y calidad, como su olfato de gol comenzaba a contar con los primeros partidarios en el mundo del fútbol.

Era el germen de quien poco después se convertiría en el protagonista de los lunes con su magnífico fútbol, aún en tiempos de juveniles. De quien, más tarde, ya cuando jugaba en el Real Madrid acaparó tantas portadas con la grandeza de su juego académico. Del mismo que sembraba la besana de su futuro para convertirse en un técnico elegante marcado por la prudencia y el señorío. De ese, Vicente del Bosque, caballero y señor, que ya forma parte del Olimpo de los dioses del Fútbol, el lugar sagrado reservado para los más grandes y sobre el que enfocan todas las cámaras y flases. De un hombre sereno que mira con tranquilidad y la ilusión de cumplir el deber cuando iniciaba una nueva etapa y, siempre, acaba volviendo al abrazo de los lunes. Esa fecha de resaca que queda para conmemorar los grandes triunfos conseguidos sobre el césped y la que él era la diana de todos los elogios, abrazado a una humildad y una categoría humana que solamente tienen lo elegidos.

Aquel muchacho que hace 45 años disfrutaba cuando observaba las fotos que el viejo Almaraz exponía en ‘Calzados Antonio’ hoy es la estrella del país y su imagen acapara titulares en todos los medios gracias a esa sabiduría del fútbol, como también a ese líder oculto que lleva dentro con el que ha logrado ser el artífice de una selección de ensueño capaz de superar al maravilloso Brasil que capitaneó Pelé en la pasada década de los 70; a la extraordinaria Alemania de Beckenbauer o la grandiosa Holanda de Johan Cruyff.

Ese Vicente que un buen día, en el crudo escenario invernal de su Salamanca natal, comenzó a tener los primeros admiradores cuando florecía el runrún de que iba para figura.

Toñete, padre futbolístico de Del Bosque

El fútbol era para Toñete como el mismo aire que respiraba. Era su pasión, alegría y el motor que le daba fuerza e impulsos a cada movimiento. Lo tenía guardado todo en los almacenes de su memoria, desde tácticas hasta históricas alineaciones, sin olvidar instantes de partidos que presenció en su juventud y del que tenía archivado hasta el más mínimo detalle. Entrenador de fútbol, fue el primer técnico salmantino en obtener el título nacional, lo que facilitó que dirigiese a diferentes equipos, tanto de España como de Portugal, caso del Zamora, el Guarda, el Salmantino o el Ciudad Rodrigo, al que dedicó tanto, fruto del lo cual recientemente fue distinguido como presidente de honor. Sin embargo hubo un hecho en su vida que cambió su destino y fue cuando, en la década de los sesenta del pasado siglo, Miguel Malvo, que era el coordinador de la cantera del Real Madrid, lo contrató como ‘ojeador’ del club blanco. Entonces, primero a bordo de su Seat 600 y más tarde de un Renault-8, cada domingo hacía cientos de kilómetros para informar sobre los talentos del balón que se curtían en los campos de Castilla y León, Cantabria, Extremadura… O sobre futuros rivales del Real Madrid.

Fruto de esa labor a la mesa del señor Malvo llegaban cada lunes numerosos informes. Como la ocasión que fue requerido para ver a dos jugadores del Racing de Santander, el portero Corral y el extremo Aguilar, cuyos pasos eran seguidos desde hace tiempo por la secretaría técnica de Chamartín, aunque sus informes más contundentes fueron los de un delantero centro que remataba de manera espectacular de cabeza. Se trataba de Santillana, a quien avaló de tal forma que pocos después coincidiendo con un partido del club montañés en Alicante contra el Hércules, dado que don Santiago Bernabéu se encontraba en su casa marinera de Santa Pola y enterado del interés por el jugador acudió personalmente a presenciar el choque en el que determinó el fichaje de quien hizo historia como ‘9’ del Madrid.

Pero la gran obra de este charro ligrimo, la que alcanzó tintes históricos por la dimensión universal que logró fue cuando facilitó el fichaje de Vicente del Bosque al Real Madrid. Del Bosque, entonces juvenil que sobresalía como delantero centro en el Salmantino –filial de la Unión Deportiva Salamanca– recaló en el Madrid gracias al buen hacer profesional de Toñete. Y allí, tras pasar por distintos equipos de la casa, junto las cesiones al Castellón y la del Córdoba escribió su historia durante once años como jugador ejemplar del primer equipo y de la Selección Nacional que dirigía Kubala.

Su labor la reconoció Del Bosque como sello de gratitud a Toñete, quien a lo largo de su vida estuvo muy cerca de él en una relación que acabó siendo familiar. De hecho, el Seleccionador Nacional siempre halagó a aquel señor que fue el actor de facilitar el cambio de su vida. Y así lo dijo públicamente en cuantas veces se presentó la oportunidad, como el pasado mes de febrero cuando viajó a Ciudad Rodrigo para pregonar sus fiestas del Carnaval del Toro y dirigió unas palabras muy cariñosas para Toñete, ya gravemente enfermo por ese cáncer que roía sus entrañas, las mismas que levantaron al público para tributarle una ovación que hurgó en el sentimiento de quienes abarrotaban el Teatro Nuevo ‘Fernando Arrabal’.

Ahora Toñete deja a todos sus amigos huérfanos de su señorío y también de su sabiduría. Porque con él se va un hombre que tuvo en el fútbol el motor su vida. Algo así como el aire que respiraba. Pero sobre todo una persona buena y discreta que sembró de caballerosidad las sendas de su existencia.

  • Articulo publicado en ABC