Toñete, padre futbolístico de Del Bosque

El fútbol era para Toñete como el mismo aire que respiraba. Era su pasión, alegría y el motor que le daba fuerza e impulsos a cada movimiento. Lo tenía guardado todo en los almacenes de su memoria, desde tácticas hasta históricas alineaciones, sin olvidar instantes de partidos que presenció en su juventud y del que tenía archivado hasta el más mínimo detalle. Entrenador de fútbol, fue el primer técnico salmantino en obtener el título nacional, lo que facilitó que dirigiese a diferentes equipos, tanto de España como de Portugal, caso del Zamora, el Guarda, el Salmantino o el Ciudad Rodrigo, al que dedicó tanto, fruto del lo cual recientemente fue distinguido como presidente de honor. Sin embargo hubo un hecho en su vida que cambió su destino y fue cuando, en la década de los sesenta del pasado siglo, Miguel Malvo, que era el coordinador de la cantera del Real Madrid, lo contrató como ‘ojeador’ del club blanco. Entonces, primero a bordo de su Seat 600 y más tarde de un Renault-8, cada domingo hacía cientos de kilómetros para informar sobre los talentos del balón que se curtían en los campos de Castilla y León, Cantabria, Extremadura… O sobre futuros rivales del Real Madrid.

Fruto de esa labor a la mesa del señor Malvo llegaban cada lunes numerosos informes. Como la ocasión que fue requerido para ver a dos jugadores del Racing de Santander, el portero Corral y el extremo Aguilar, cuyos pasos eran seguidos desde hace tiempo por la secretaría técnica de Chamartín, aunque sus informes más contundentes fueron los de un delantero centro que remataba de manera espectacular de cabeza. Se trataba de Santillana, a quien avaló de tal forma que pocos después coincidiendo con un partido del club montañés en Alicante contra el Hércules, dado que don Santiago Bernabéu se encontraba en su casa marinera de Santa Pola y enterado del interés por el jugador acudió personalmente a presenciar el choque en el que determinó el fichaje de quien hizo historia como ‘9’ del Madrid.

Pero la gran obra de este charro ligrimo, la que alcanzó tintes históricos por la dimensión universal que logró fue cuando facilitó el fichaje de Vicente del Bosque al Real Madrid. Del Bosque, entonces juvenil que sobresalía como delantero centro en el Salmantino –filial de la Unión Deportiva Salamanca– recaló en el Madrid gracias al buen hacer profesional de Toñete. Y allí, tras pasar por distintos equipos de la casa, junto las cesiones al Castellón y la del Córdoba escribió su historia durante once años como jugador ejemplar del primer equipo y de la Selección Nacional que dirigía Kubala.

Su labor la reconoció Del Bosque como sello de gratitud a Toñete, quien a lo largo de su vida estuvo muy cerca de él en una relación que acabó siendo familiar. De hecho, el Seleccionador Nacional siempre halagó a aquel señor que fue el actor de facilitar el cambio de su vida. Y así lo dijo públicamente en cuantas veces se presentó la oportunidad, como el pasado mes de febrero cuando viajó a Ciudad Rodrigo para pregonar sus fiestas del Carnaval del Toro y dirigió unas palabras muy cariñosas para Toñete, ya gravemente enfermo por ese cáncer que roía sus entrañas, las mismas que levantaron al público para tributarle una ovación que hurgó en el sentimiento de quienes abarrotaban el Teatro Nuevo ‘Fernando Arrabal’.

Ahora Toñete deja a todos sus amigos huérfanos de su señorío y también de su sabiduría. Porque con él se va un hombre que tuvo en el fútbol el motor su vida. Algo así como el aire que respiraba. Pero sobre todo una persona buena y discreta que sembró de caballerosidad las sendas de su existencia.

  • Articulo publicado en ABC

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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