Aquellos veranos de Madrid

Da pena ver cómo Taurodelta ha dejado la plaza de Las Ventas convertida en un solar desde que se arrastra el último toro de San Isidro. Sin ideas, ni criterio, ni orden alguno programan espectáculos de saldo, por cumplimiento del contrato. Pero sin ilusionar a la afición. Ni buscar toreros que pueden tener su verdadera oportunidad en la plaza de Madrid. Nada tiene que ver el antiguo verano de Madrid con el de ahora.

El verano taurino de Madrid tenía historia y una carga de grandeza que ayudó a convertir a esa plaza de Las Ventas en la cátedra del toreo. Desde la vieja empresa de Jardón y Stuick, hasta tiempos de Manolo Chopera, desde que comenzaba la temporada siempre programaba tardes de interés. Y no digamos al finalizar la feria del Santo Patrón y con los meses de verano tener siempre acuartelados toreros con proyección o recuperables.

Recuerdo cuando la plaza estaba bajo Manolo Chopera y el donostiarra obligaba a muchas de las figuras que contrataba para San Isidro a torear en días fuera de abono y llenaba la plaza en ese mes de julio. Como el cartel de la foto, día que la reventa ganó un dineral y eso que los termómetros de la calle de Alcalá marcaban casi 40 grados.

De de las corridas de Madrid fuera de feria salieron muchos toreros. Algunos de la llamada canícula del estío, como Ortega Cano y Paco Ojeda. Pero numerosas tardes torearon Julio Robles (que logró las primeras salidas en hombros en el mes de julio), Roberto Domínguez, Curro Vázquez… Vamos igualito que ahora.

El verano de Madrid se dejó de mimar en los tiempos de los Lozano, pero ha sido con la llegada de Taurodelta cuando lo ha dejado abandonado, sin ilusión por programar algo con interés o anunciando, en la mayoría de los casos nombres por compromiso.

Y es que a la afición hay que ilusionarla y desde luego trabajar en ofrecer buenos carteles. En ilusionar a la Fiesta para que Madrid nunca pierda su sello de plaza de temporada. Porque con la programación actual lo único que hacen es matarla al no preocuparse más que de la Feria de San Isidro y Otoño.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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