Archivo por meses: octubre 2015

Las llagas de Santiago López al toreo

No hay peor ciego que el que no quiere ver. De nuevo la realidad, triste en este caso, vuelve a asomar en la Fiesta contra uno de los personajes más nefastos de la actualidad. Contra el taurino Santiago López, uno de los ‘destrozatoreros’ más grandes de los últimos años. Quien ha dejado en la cuneta a gente como Rubén Pinar, a Román o ahora a Varea, sin olvidar a otros anteriores, caso de Diego Urdiales, que acabó harto de él.  Y en épocas anteriores coletas importantes, El Fandi o José Tomás, quienes también desertaron de seguir en manos de un taurino tan malo.

Sin embargo, para el neófito y para aquel que no conoce la verdad realidad del sistema, Santiago López da una falsa imagen de credibilidad. Sobre todo por su facilidad para saber venderse. O para hablar en los medios de comunicación que le dan sitio, como los capitaneados por Molés, quien siempre apostó por este ‘destrozatoreros’ que ahora ha escrito el último capítulo de su nefasto hacer tras acabar con el novillero Varea.

No me gustaría estar en el pellejo de Varea, sobre todo si observamos en el transcurrir de la temporada que hasta hubo un conato de cortar por el estado de desesperación que lo tenía sumido quien debe velar por su carrera. El mismo que ahora dice que estuvo presente en 31 novilladas de las 33 que toreó, en otra nueva manera de faltar a la verdad. Ya se sabe que Santiago López es un vendedor de humo y no falla cuando hay cámaras o periodistas de postín… Lo ha hecho siempre y el mejor ejemplo fue con Urdiales, sin embargo con el de Arnedo no le valió y el día que llegó a Bilbao después de semanas sin saber de él Diego le mandó al tendido. No lo quería ver ni de cerca después de no estar presente en varias corridas -aunque si cobró la comisión-.

Este es Santiago López, el ‘destrozatoreros’ más grande de esta época, el que tiene tantas víctimas en su gestión y ahora se le suma el castellonense Varea en otra triste página.

 

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Andrés Vázquez, un maestro con grandeza

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Lo absurdo y lo patético siempre se dan la mano y conviven bajo el falso abrazo. Duele que un grupúsculo ande buscando tres pies al gato para desprestigiar la leyenda del grandioso torero Andrés Vázquez en su pueblo. Pero lo triste es que a esos personajillos que lo integran –minúsculo, pero hace ruido- dominados por el mal nacional de la envidia se le hace tan cuesta arriba reconocer quién ha sido como figura este villalpandino universal que llevó el nombre de su querido pueblo por todos los ruedos de España, Francia, Portugal y América. E incluso en importantes foros de Estocolmo, París o Roma cuando fue invitado a disertar por su condición de torero grande y de un símbolo de la España que le tocó vivir.

Es triste que el Ayuntamiento de su pueblo lo haya ninguneado al no darle los honores que se supo ganar con su arte, valor y carisma. Siempre abrazado su éxito al de su villa natal en tiempos que el genial Matías Prats repetía en la televisión en blanco y negro de la época “el gran torero de Villalpando”. Hoy, paradojas y realidades, ha tenido que ser el grupo socialista del Ayuntamiento quien hace lo posible para reivindicar al ilustre hijo lo que le corresponde, después de que el PP siempre diera de lado al prestigio y categoría de Andrés Vázquez. Que es suya y nadie se la regaló.

Y hasta (¡que atrevida es la ignorancia!) se atrevan a decir solemnes barbaridades como “no hizo nada por su pueblo”. ¿No es hacer nada ser el gran embajador, quien logro que esa villa conocida en todo el orbe taurino?

Lo triste es ser olvidadizo y por eso conviene refrescar la memoria más allá de sus doces puertas grandes de matador, que son las reales aunque algunas estadísticas indiquen que once. Gracias a Andrés Vázquez y a su esplendor Villalpando recibió numerosas visitas de personalidades que se acercaban y se acercan a su leyenda. Allí, en tiempos que aún era un pueblo de barro y labranza llegó en una ocasión nada menos que Orson Welles, el cineasta más grande de la historia –tras dirigir Ciudadano Kane- cautivado por la grandeza de Andrés. El gran Orson Welles pateó esas calles, habló con las gentes, disfrutó de un cocido hecho en la chimenea por la madre del maestro y admiró esa España profunda de los 60 que comenzaba a abrir los ojos tras tantos años de penuria.

Andrés llevaba a la gente con naturalidad, presumiendo siempre de ser de ese rincón de la Tierra de Campos. Como cuando invitó a comer otro cocido nada menos que a don Santiago Bernabéu, el mejor dirigente que ha habido en el mundo del fútbol y español de máxima relevancia. Bernabéu quería a Andrés como al hijo que nunca tuvo y por eso un buen día se acercó a conocer la raíz de sus orígenes. Como hizo mucha más gente, famosa y anónima. Desde futbolistas de élite, como Gento; ciclistas que triunfaron, caso de Bahamontes, o a aquel genial boxeador llamado Pedro Carrasco que también paseó por la plaza el dédado de Villalpando de la mano de Andrés. Del gran Andrés Vázquez. Y no digamos de numerosos toreros que estuvieron con él en su pueblo, entre ellos la leyenda de Antonio Ordóñez, sin olvidar a Santiago Martín ‘El Viti’, a Jaime Ostos, a su padrino Gregorio Sánchez, a Mario Coelho –que además fue banderillero suyo en época gloriosa- y otros muchos.

Me llevan los demonios que se intente ningunear a tan excelso artista. A un zamorano ilustre y villalpandino de corazón y orgullo. Que se busquen argumentos falsos para esconden su grandeza entre la maleza humana o intenten argumentar con algo que no hace más ridiculizar sus planteamientos. Y lo notorio es que esa postura ha tenido que salir del PSOE, porque el PP de Villalpando ha estado dormido y mirando para otro lugar en vez de ver la realidad de Andrés Vázquez como un torero de leyenda. Como un maestro que ha escrito una historia mucho más importante aún que sus numerosas puertas grandes de Madrid.

De un artista castellano por quien siempre alzaremos la voz para reivindicar lo que es suyo y nadie le puede ningunear. Porque ningunear a este grandioso maestro es caciquear.

 

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Honores para El Viti, maestro y señor

Hay actos que nunca quieren que se acaben. Que se perpetúen en el tiempo para beber de su sabiduría como el alumno que aprende la mejor lección. Así fue el vivido ayer en Valladolid en el que una leyenda viva del toreo, como es el maestro Santiago Martín ‘El Viti’, recogió el I Premio de Tauromaquia de Castilla y León. Fue todo tan emocionante, tan sincero, tan cabal, tan de verdad, que se pasó en suspiro y todos no quedamos con ganas de más. De seguir bebiendo de las fuentes de torería y señorío de El Viti, del gran maestro y del excelso hombre que es un ejemplo para asomarnos cada mañana a la ventana de su humanidad.

El Viti lo fue todo en el toreo, lo fue su temple, técnica y majestuosidad para protagonizar una página de oro en la historia de la Tauromaquia. Un página en la que él siempre tributa con orgullo para ayudar a ese arte que tanto le dio. Pero mucho más en esta época de tantos vaivenes en la que su sabia palabra es una lección para aprender. Para reflexionar y ver el camino que tenemos delante. Por todo ello, el jurado que le concedió el galardón, no tuvo dudas en quién votar.

Y fruto de aquella votación ayer en la sala San Pío de la Consejería de Cultura, en el vallisoletano palacio de Nuestra Señora del Prado, el maestro de Vitigudino hizo su irrupción acompañado de Juan Vicente Herrera, presidente de la Junta de CYL; de Rosa Valdeón, vicepresidenta y de Josefa García Cirac, consejera de Cultura. Entonces se escucharon los aplausos con tanta fuerza como aquellas tardes de antaño cuando El Viti triunfaba en el coso del Paseo de Zorilla.

resized__D755771 editTodo a cargo de  un público agradecido a quien tanto dio por la Tauromaquia. Un público formado por gente por su familia –con Carmen, su esposa y sus tres hijos, Guadalupe, Luisa y Francisco, junto a su hermano Ernesto-. Personalidades políticas, como los citados y el alcalde de Vitigudino, Germán Vicente. Del arte, como Venancio Blanco, otro salmantino universal autor de la escultura con la fue galardonado El Viti. Todos cerca de toreros de la tierra, como el maestro Andrés Vázquez, tantas veces compañero de El Viti; también Santiago Castro ‘Luguillano’, Jorge Manrique, Manolo Sánchez, Juan Diego, Leandro, López Simón, convaleciente aún de su cornada y para quien el galardonado tuvo bellas palabras, Alberto Durán… también subalternos –Javier Gómez Pascual, Fernando Galindo, Pedro Iturralde-, ganaderos. Entre estos últimos Juan Ignacio Pérez Tabernero, Antonio Bañuelos, Antonio Palla, Julio Pérez-Tabernero; periodistas como José Luis Lera,  Carlos M. Santoyo –al frente de parte de su competente equipo-, Eva Peña, Lorena Sancho que presentó el acto, Jesús López Garañeda, Santos García Catalán, Roberto Jiménez. Sin olvidar a mucha gente vinculada al mundo del toro, entre ellos José Martín, de la Federación de Peñas de Salamanca; Justo Berrocal, de la Federación Taurina Vallisoletana, el empresario Ángel Corral, el hostelero de Vitigudino Afrodisio Vicente…

Todos sintieron la emoción del homenaje al maestro, a quienes admiraron en un precioso reportaje realizado con Ángel Marcos y a quien escucharon su palabra, santo y seña de respeto en el toreo, en medio de un acto de los que nunca quieren que se acaben que cerró, con mucha brillantez y precisión de datos, junto a la defensa a ultranza de la Tauromaquia realizada por Juan Vicente Barrera, presidente de la Junta de Castilla y León.

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López Simón ya es general del toreo

Los toreros son los últimos héroes de esta sociedad. Los únicos que se dejan matar al servicio de un arte más vocacional que el sacerdocio. Del arte del toreo. Hoy ha sido López Simón quien ha escrito una épica teñida con el color rojo de su sangre. Pero épica de hombre macho y de torero que rompe moldes para ser el número uno. El primero de todo.

  • Cuando un tío se juega así la vida y literalmente se escapa de la enfermería para redondear un triunfo merece todos los honores. Porque así se engrandece el toreo y lo hicieron casi todos los que fueron ‘gente’ en esto. Pero muchos más alcanzaron el liderazgo de una época, como lo va a ser este López Simón, que acaba de alcanzar el fajín de generalato del toreo.

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Temblarán las acomodadas figuras y la afición ya tiene un particular banderín de enganche con ese torero natural del pueblo de Barajas que acaba de demostrar que se va a comer el mundo. Todo en una tarde que se enredó con su percance y que también se vivió con la pena que Madrid no acabó de darle el sitio que merece un torerazo como Urdiales tras jugársela en el tercero, frente al que estuvo hecho un tío de verdad entre la fría indiferencia de la llamada cátedra madrileña.

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El Suso, una figura de plata

Cuando observas a un peón bregar ante un toro difícil descubres la verdadera importancia de estos hombres y todo su valor. Las auténticas garantías que ofrecen a un matador contar con una cuadrilla que sepa solucionar problemas y lidiar correctamente de manera casi inadvertida, lejos de mantazos y capeas que se suelen organizar cuando la cuadrilla no cumple los deberes.

Entre los nuevos nombres de plata que está llamado a ser una referencia en los próximos años está Jesús González ‘El Suso’, un muchacho del pueblo vallisoletano de Nava del Rey que es un portento con el capote y dotado de un valor y capacidad evidentes para poderle con su capote a los toros más difíciles

Lo demostró, entre muchas otras tardes, en la novillada inaugural de la feria de Otoño -a las órdenes de Alejandro Marcos- con un sobrero mansón de Dolores Rufino, que buscaba la finca desde que salió a la plaza, carecía de fijeza y él con su capote poderoso lo lidió de manera sensacional. Fue uno de los momentos más importantes de la tarde.

Es una pena que ahora la nueva prensa no cante el valor y la torería de estos grandes profesiones que visten de plata, pero con un talento de oro. Desde siempre cuando brilla un peón merece protagonismo y la historia está llena de hechos. Lo que ocurre es que en cada época había quien sabía catar el caviar de una gran lidia. Desde un Corrochano, un Cabañate, un Navalón, un Vidal o un Zabala (Pórtoles) para saber plasmar que cuando un peón rompía moldes merecía todo el protagonismo.

Como ocurrió con nombres sagrados entre los peones, de los que hay ejemplos de protagonizar un momento en el que arranca su leyenda. Como el gran Rafael Corbelle, que una tarde cuando aún era casi un desconocido e iba en la cuadrilla de Andrés Hernando lidió de manera magistral a un toro de Lisardo Sánchez y esa tarde salió de La Maestranza como figura. O Martín Recio antes de ir con Joselito cuando toreaba tantos domingo en Madrid, junto a otros muchos que un día se ganaron todos los honores cuando marcaron la diferencia con el resto.

Como ocurrió con El Suso en la novillada de Madrid, a quien le faltó alguien que lo cantara. Pero lo cierto es que estamos ante un torero que puede llegar muy alto. Ante una figura de los hombres de plata.