Los toros ‘corniausentes’ del Juli

La presencia del Juli en el tercer festejo de la temporada grande de La México ha traído otra tormenta, porque ha sido una nueva tomadura de pelo a una afición cada vez más calva. Una manera de demostrar que él es más antitaurino que nadie cuando únicamente va a por el dinero y utiliza su fuerza de presunta figura para abusar y que no sea televisada una corrida ‘corniausente’. Lo hizo el mismo que hace varias semana, con motivo del Pilar de Zaragoza,  se hizo tatuar en el brazo el adjetivo ‘respeto’, al que evidencia  lo hace de cara a la galería, sin importarle la seriedad que debe tener quien se viste de luces y comparece ante el público.

 No hablamos de las dos protestadísimas orejas, que a fín de cuentas esos son despojos, ni de la humillante manera de matar que prostituye la grandeza de la suerte suprema. No, eso queda aparte y es secundario con la ridícula corrida que llevó a México, a todas luces impresentable y como escribimos antes ‘corniausente’.

Y este que pide respeto, a quien tanto jalean y dice ser primera figura (de sus toros, eso sí), pero adornado con tantos abusos hace un gravísimo daño a la integridad de la Fiesta, como ha ocurrido en la herida plaza de México DF en la tercera corrida. La que se negó a que la televisasen para tratar de seguir engañando a la afición y manipulando quien falsamente predica ‘respeto’. Y es que en estos momentos de dureza, ya definitivamente hay que frenar a los manipuladores, como ha hecho El Juli en el ‘embudo de Insurgentes’. Porque la Fiesta es algo más serio para seguir arañando dinero bajo el paraguas del escándalo, mucho más cuando se ha demostrado que no se deje televisar porque en su condición de figura reseñó una corrida insignificante. ¡So pena de figura! Qué daño hace…

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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