El nuevo eslabón de la dinastía Mora

Alejandro Mora lleva el toreo en su sangre. Lo mamó desde que tiene uso de razón y en su casa placentina pronto tuvo claro que su vida también estaría en ese mundo. En ese arte del que su abuelo –Pepe ‘Mirabeleño’- y su tío Juan Mora son dos auténticas personalidades. Él ahora camina tras sus pasos en la Escuela de Tauromaquia de Salamanca y en el reciente Bolsín Taurino de Ciudad Rodrigo acaba de dejar impronta de su arte quedando segundo clasificado.

– Alejandro, enhorabuena por su estupendo Bolsín. Cuéntenos cómo han sido las distintas eliminatorias. ¿Han sido muy complicadas?

– Desde el primer días salí mentalizado para ganarlo. Ya había estado el año anterior y la verdad que me eliminaron en la segunda prueba, porque no estuve bien. Esta vez acudí todos los días con ilusión y desde el inicio marchó todo perfecto. En la segunda prueba me mostré más flojo, pero ya en la tercera ronda y con vacas de Montalvo me quité la espina.

– Y de ahí a más, ¿no?

– Si, después llegó la tienta de Sánchez Herrero y en esta decidieron dejar a todos ante la poca fuerzas de las vacas, que impidió ver a los actuantes. Después en la final me tocó precisamente un novillo de Sánchez Herrero que tuvo calidad, aunque acusó un poco la plaza, pero se dejó hacer con la suavidad que pedía y traté de dárselo. Ahí fue consciente que mi sentimiento llegaba al público.

– Y ahora a recoger el premio en forma de una actuación. ¿Qué espera del domingo?

– Todo. Es una alegría enorme matar un novillo, una oportunidad que te vean y un estupendo escaparate. Se trata del Carnaval de Toro y todo lo que significa por eso mi motivación es grandísima. Llegar aquí es un triunfo y lo que venga después es un añadido muy bienvenido.

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– Forma parte de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, ¿qué le aporta?

– Hasta ahora todo y lo digo con orgullo. Mucho y muy positivo. Los consejos de los maestros José Ignacio Sánchez y José Ramón Martín, que están tanto tiempo con nosotros, al igual que Javier Martín Olmedo. Hacemos mucho campo, entrenamos y ellos son una base muy importante en la evolución. Venir a esta Escuela ha sido de un acierto.

– La temporada pasada fue noticia por varias cosas. Una por su evolución, la otra por dos cornadas sucesivas, la segunda de ellas gravísima, ¿qué consecuencias saca de ellas?

– Ha sido mejor de lo que yo esperaba y no ha quedado secuela alguna, ni físicas, ni síquicas. La primera no me afectó, pero la segunda tan seguida y fuerte te hace pensar y te crea dudas. Recuerdo al empezar a torear de salón que me preocupaba cómo podría estar delante de la cara del toro, pero me pudo la ilusión y fue lo mismo que empezar de nuevo porque deseaba ponerme delante. Pero mi lectura ha sido muy grande al ver ese resultado tan positivo que tenido después de tanto esfuerzo.

(Alejandro Mora sufrió una grave cornada en Hinojosa de Duero inferida por un novillo de Francisco Madrazo y pocas semanas más tarde otra, esta gravísima, en Alba de Tormes por una res del Puerto de San Lorenzo, que lo tuvo varias semanas hospitalizado).

– Inmersos en 2016, ¿cómo se le presenta la temporada?

– La verdad que hasta ahora gracias al Bolsín no he parado en estas últimas semanas. Después voy a Francia, al certamen de novilleros de La Fragua, el que organiza Juan Leal. Mi idea es que sea un año bonito, pero para ello hay que buscarlo en forma de apretar y entrenar.

– ¿Sigue estudiando?

– Si, en un módulo de edificaciones, lo que antes era delineante. En el Rodríguez Fabrés.

 – Forma la tercera generación de una familia que ha dado mucho brillo a la Tauromaquia en distintas facetas, ¿qué le decía su abuelo Pepe ‘Mirabeleño’? ¿Llegó a recibir consejos de él?

Si. En mi niñez no estaba más que deseando llegase el fin de semana para irme con él al campo. La verdad es que desde muy chico ya despertó en mí la afición al vivir en ese ambiente tan taurino. Él siempre ha estado ahí y me iba enseñando, además de darme muchos consejos. Yo trataba de asimilar lo que me decía y lo recuerdo todo muy bonito, en una etapa de mi vida muy feliz. No olvido que me hacia correr para atrás, un entrenamiento que hacían antes los toreros e incluso toreábamos de salón y me enseñó a entrar a matar en el carretón. Luego al morir, inmerso en tanta tristeza, estuve dos años con dudas y sin saber qué hacer.

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– ¿Y cuándo volvió a florecer?

– En el San Fermín de 2011 viendo torear en Pamplona a mi tío Juan Mora. Esa tarde que toreó divinamente y sufrió una grave cornada viví tanta emociones que ya no quise ser otra cosa que torero.

– ¿Entonces ya torea por primera vez?

– La primera vez que toreo fue un poco después. Llegó un día que me lleva mi tío Juan a un tentadero a la ganadería de Cambronell Hermanos, que está en la provincia de Salamanca. Concretamente fue el 29 de mayo de 2012, una tarde de San Isidro que coincidió con el día que Julio Aparicio se corta la coleta en Las Ventas.

– ¿Qué le dice su tío, el maestro Juan Mora?

– Él me habla más de sentimiento que de cosas técnicas. Cuando hemos toreado juntos me dice cosas que debo hacer. Como ocurrió en los tentaderos de Torrejón de Ardoz o en Talavera de la Reina, que fui con él. La verdad que solo verlo expresarse al torear es una lección.

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– En el reciente tentadero benéfico de Talavera formó un lío gordo y después usted debía continuar esa obra. ¡Vaya responsabilidad que le dejó!

-Sí, pero eso es el toreo. En Talavera salí después de la que había formado, con la plaza transformada de felicidad por el acontecimiento y salí con intención de arreglar aquello y me encontré muy bien. Hice lo que pude, pero con buenas vibraciones dentro de mí al finalizar.

– Alejandro, que tenga toda la suerte del mundo y continúe engrandeciendo la leyenda de su sangre

– Muchas gracias.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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