El don de la torería

Llegó el festejo de los triunfadores del Bolsín que siempre es uno de los platos fuertes del domingo gordo de Carnaval. Tarde de premio para recoger el esfuerzo y sin embargo, otra vez, se volvió a fallar en lo elemental, en el toro. Fallo total de la comisión taurina al no reseñar en los campos bravos una becerrada a modo para la ocasión. Porque la que se lidió de José Juan Pérez-Tabernero lo que menos pareció es un premio al carecer de presencia y también de fuerzas.

Sin embargo los chavales supieron estar por encima y ofrecer una interesante tarde, con mucho interés toda ella. Pena de verdad que David Salvador no dispusiera de un novillo en condiciones y con adecuada presencia para que su interpretación y buen hacer tuviera más calado. Aún así sorprendió gratamente para ganar el fervor de ese público y el respeto de los profesionales que estaban en los tablados. Tras ser devuelto su inválido salió a las arenas otro de la misma divisa, también muy justo de todo, al que recibió con tres bellas verónicas y una elegante media, que repicó a pies juntos Alejandro Mora. Ya, pañosa en mano, del toreo de David Salvador sobresalieron sus naturales, lentos y ralentizados, que parecían fundidos en bronce con un fenomenal cambio de mano en su primera serie. Ahí surgió el mejor David Salvador, que supo darle distancia a su novillo y dejarlo reposar para continuar por naturales largos y profundos, de mucho sabor, a lo que puso epílogo con dos trincherillas y a continuación dos ayudados por alto. Parecía ya el final de su trasteo pero alargó con unas ‘bernadinas’ que ya sobraban. Mató de pinchazo y estocada para pasear dos orejas. Premio que ‘compartió’ con Marcos Pérez, el niño de Ciudad Rodrigo -hijo de aquel ilusionante novillero llamado Vicente Pérez y que posteriormente se hizo peón y se malogró para el toreo a raíz de una cogida ocurrida en el festival a beneficio de Julio Robles- alumno de la escuela taurina charra que el pasado septiembre conmovió a las redes en un impulso para la Tauromaquia al torear una becerra en la exhibición de alumnos celebrada en La Glorieta capitalina.

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Muy bien Alejandro Mora, el plasentino que respira aires charros, quien saludó con gusto a la verónica en lances a compás abierto. Por delante tenía otro flojo oponente al que cuidó en los inicios sin bajarle la mano, para que no se derrumbara y a continuación tomar la muleta directamente sobre la izquierda para torear de lujo por naturales, con ese ritmo, sentimiento y arte que lleva herrado a fuego lento la distinción de su apellido. Si sus naturales fueron una maravilla más aún los remates de pecho, abrochados al hombro contrario que fueron carteles de toros por su esencia. Remató con unos molinetes y mató de media para cortar una oreja.

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De Madrid llegó el espigado Jaime Casas, clasificado en tercer lugar y sobrino del periodista taurino David Casas. Se mostró vistoso con la capa, al que quitó David Salvador con un quite por tafalleras. El matador brinda a sus compañeros de la tarde y enseguida acude a los medios para torear con buen estilo, aunque algo frío también por la escasa transmisión de su novillo, además del molesto calamocheo con el que entraba a las telas. Pero lo mejor fue su actitud y también la verticalidad de la que hizo gala para torear muy ‘amanoletado’. Mató de pinchazo y estocada para cortar una oreja.

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Todo ocurrido en en el escenario de la gélida tarde del domingo gordo, en la que se vivió con sorpresa el nacimiento artístico de la pareja Salvador-Mora, compañeros de la escuela taurina charra que tienen el don de la torería y pueden y deben ser un revulsivo novilleril en breve tiempo. Por eso si los ven anunciados corran a verlos, que disfrutarán con el don de su torería.

                                FICHA DEL FESTEJO

Ambiente: Con plaza casi llena y tarde muy fría, se celebró la novillada de los triunfadores del Bolsín Taurino.

Ganadería: Se lidiaron reses de José Juan Pérez Tabernero, sin presencia alguna y sin fuerzas, aunque con fondo de nobleza, excepto el tercero, que tenía un molesto calamocheo. El primero, inválido, fue devuelto por otro de la misma ganadería.

David Salvador: Dos orejas.

Alejandro Mora: Una oreja.

Jaime Casas: Una oreja.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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