Deseando que llegue mayo…

Para sentir la pasión del toro-toro coincidiendo con los días isidriles que vuelven los toros a Madrid. Atrás queda el azahar que por abril perfuma Sevilla o el olor a pólvora que envuelve a Valencia en Fallas. Pero Madrid es Madrid y el toro de Las Ventas el mejor calibre para baremar. Por eso ya desea uno abrazarse al mes de las flores, al del Santo Labrador y esperar a que, cada tarde, a partir de las 19 horas se abra el portón de las glorias.

Madrid me encanta y hasta las interminables corridas en las que se te hace de noche sentado sobre la piedra guardan un misterio rodeado de belleza. Que me esperen por allí, al igual que cada sanisidro y nadie me busque en el ‘ozú mi arma’ de Jerez al encuentro del torito fácil y, seguramente, mocho en el triunfalismo que se anuncian.

San Isidro está ahí con su caja cargada de sorpresas que traen la particular ‘pol’ al toreo. O el que descifra los ‘top’ de la Fiesta, aunque también es cierto de unos años para acá hay toreros en las ferias, año sí y otro también, a lo que no le hace falta triunfar en sobre las arenas de Madrid –recuerden a Rivera Ordóñez, al Cordobés actual, al Fandi, a Padilla…-.

Hoy está casi rematado el ciclo y con las figuras contratadas el viejo zorro plateado de José Antonio Chopera, que se las sabe todas y a su edad va muy por delante del resto de empresarios- ya ha regresado a sus aposentos donostiarras a la espera que sus lacayos rematen el segundo nivel, rejones y novilladas para volver en breve a Las Ventas para presentar el ciclo isidril-2016.

La pena que la empresa madrileña olvide a ese Juan Mora que es el último lujo del toreo y que debería estar allí para disfrutar con su torería, que son siempre lecciones para las nuevas generaciones de toreros y aficionados. Ojalá alguien pudiera arreglar ese entuerto para paladear la pureza maestro de Plasencia y acartelarlo con el mejor plantel del que solamente se confirma la ausencia de Morante, tan genial y paralelamente incordio en tonterías para llamar la atención y miren que para él el más gravísimo problema que tiene ahora mismo el toreo es la bamba de Las Ventas. ¡Anda, jódete!

Madrid será otra vez más el Wall Strett del toreo que siempre nos regala una novedad que no contaba inicialmente para salir revalorizada camino de todas las ferias, algo ocurrido el pasado año con López Simón. Y también con ese torerazo llamado Morenito de Aranda, aunque al de Burgos no han acabado de hacerle caso los que manejan la batuta del sistema siendo uno de los mejores intérpretes de la actualidad.

HoForos

Este año seguro que será igual y tras arrastrarse el último toro, casi siempre en la torista corrida de Victorino y los jurados voten a los triunfadores a buen seguro que existirá e nombre de alguien que antes apenas era conocido lejos de su ámbito profesional. Lo verán. Nunca me gustó jugar a adivino, ni predecir el futuro, aunque en muchas ocasiones se produjeron cosas que escribí con anterioridad. Por eso este San Isidro tengo anotado en mi quinielas a un torerazo que puede y debe ser la sorpresa del ciclo después de verlo impactar el pasado año. Se trata del francés Juan Leal, que atesora un concepto sorprendente y con capacidad propia para emocionar al tendido.

Al hilo de él hace unas semanas coincidía en este mismo planteamiento con el maestro Pedro Martínez ‘Pedrés’, quien se ha convertido en otro acérrimo partidario de Juan Leal tras verlo este verano en una corrida de su divisa lidiada en Bayona. Y Pedrés, viajo catador del buen toreo, nunca se equivocó. Ni antes, ni ahora. Y al decir antes ahí está el ejemplo de Dámaso González o el de un torero tan distinto como es El Soro. U otro tan contrario a ambos llamado Julio Robles, porque Pedrés, que residía en Ciudad Rodrigo, cerca de sus prósperos negocios en Fuentes de Oñoro y su finca de Los Labraos intimó con Robles, tanto que en un momento que las dudas rodeaban a Julio, el propio Pedrés confiaba tanto en él que llamó a los Cámara, socios suyos en la gestión de Valencia, con la intención que lo apoderasen, algo que hicieron en una etapa que duró dos años en la que Julio Robles se creyó a sí mismo que podía y debía ser figura. Por esa razón la mano santa de Pedrés es otro extraordinario avalista de las virtudes artísticas de Juan Leal. De ese torerazo francés que, con su frescura y novedad, tiene todos las monedas en su mano para salir lanzado de Madrid.

Por esas razones y por el convencimiento propio tras disfrutar con su excelsa calidad, la próxima Feria de Madrid debe tener en Juan Leal una feliz sorpresa. Apunten su nombre y para mayo hablamos, justos en los días isidriles de sentir la pasión del toro-toro de Madrid.

Leal

 

 

El pasado verano brinda en Bayona un toro al maestro Pedrés.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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