Archivo por meses: mayo 2016

¡Vamos a quitarle el rocío al toro!

Salió César del Puerto a aquel toro decimonónico de Saltillo que hizo quinto y le ‘quitó el rocío’ entre la admiración del nuevo público de Madrid que no había vuelto a ver parar un toro a un peón, ni muchos sabían que eso era algo habitual. Porque hacía años que el torero de plata encargado de la lidia no paraba el toro. No salía a ‘quitarle el rocío’, expresión de la jerga utilizada en los antiguos, hasta que ayer en Madrid lo hizo César del Puerto en la que ya queda bautizada como la corrida ‘del terror’, que semejaban a aquellos toros del XIX de inciertas embestidas y malas ideas a los que se les podía a base de piernas. Pero la corrida también fue de honor para tres toreros y sus cuadrillas que la mataron con tanta dignidad. Y es que esa terna que merece ver su nombre acartelado de nuevo en Las Ventas con un encierro digno.

La brega de César del Puerto estaba arrinconada en un rincón del particular cuarto de ‘objetos perdidos’ de la Tauromaquia. Únicamente en casos de toreros muy mermados físicamente, como era Curro Romero o Paula, dejaban en manos de sus peones el peso de la lidia, pero eso que hoy es extraordinario era muy habitual hasta los años sesenta del pasado siglo. Porque la mayoría de los toreros echaban por delante al peón de confianza para que ‘alegrase’ al toro. Eran tiempos de Alfredo David con Manolete, de Joaquinillo con Pepín y con Pepe Luis; de Gabriel González con Antoñete; pero con otros muchos antes o después como José de la Cal, Almensilla, El Vito, Michelín, Faroles, Chaves Flores, Madrileñito, Guillermo Marín, Alfonso Ordóñez… que frenaban el ímpetu de aquellos toracos para que el matador lo tuvieron en el punto justo para lucirse a la verónica. Y es que en estos años, desde los sesenta para acá, eso sería impensable. Ni tampoco habría matador que se le ocurriese decirle al lidiador “quítale el rocío”, hasta que de manera excepcional, porque además en las nuevas generaciones hasta se ha perdido esa forma de hablar. Y también de conocer la lidia.

Por esa razón me descubro ante César del Puerto, que estuvo magistral ante eso toro de malas ideas y en la antípodas del prototipo actual que debe salir a una plaza. Porque incluso me recordó una lejana tarde de la presentación novilleril de Julio Aparicio en Madrid. Aquel día, Manolo Chopera le organizó un mano a mano mixto con Curro Vázquez y a Curro ‘el rubio de Linares’ le tocó uno que se lo paró, siempre con su buen hacer, aquel extraordinario peón dinástico que fue Pali ‘Pirri’. Aunque el toro era distinto, pero en ocasiones me recordaron las formas. Porque ayer en Las Ventas volvió aquello de vamos a ‘quitarle el rocío’ al toro gracias a un brillante peón llamado César del Puerto, quien desempolvó la torería de los viejos lidiadores que estaba arrinconada en un rincón del particular cuarto de ‘objetos perdidoso de la Tauromaquia.

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Los abusos de las figuras (crónica de Ledesma)

Os paso el enlace de la crónica de la corrida de ayer en Ledesma publicada en el Salamanca al Día:  http://salamancartvaldia.es/not/117633/un-festin-de-monotonia/

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Miraba la gente a los cielos antes de comenzar y se apostillaban sobre la posibilidad de que se produjera la suspensión si finalmente caía un chubasco, sobre todo teniendo en cuenta que a los protagonistas los espera Madrid. Sin embargo las amenazadoras nubes negras respetaron el festejo, aunque no el frío y en ocasiones el viento, convirtiendo lo que era una corrida de ‘feria’ en algo tedioso. Para ello también colaboraron en exceso el resto de la componenda, es decir quienes llevaron un corrida tan desigual, falta de casta, ayuna de emoción y con los pitones seriamente sospechosos, festín al que se sumó un pesadísimo Sebastián Castella y en ocasiones López Simón, al que regalaron la segunda oreja del sexto, quizás por aquello del paisanaje, en este caso porque en ese pueblo tormesino tiene la raíz familiar de un abuelo. Por eso, ya al final la gente comentaba que cuánto mejor si hubiera descargado el nublado para liberarnos de aquel aburrimiento que nos sirvieron en bandeja. De un tedio en toda regla y que únicamente se salvó del náufrago la faena al sexto toro de López Simón.

Ahora el toreo moderno (con honrosas excepciones) se basa en dar pases, muchos pases buscando la estética y hasta en muchas ocasiones llegan los avisos antes de entrar a matar. Le ocurrió a Sebastián Castella, que es un prototipo del llamado toreo moderno, o sea de este época en la que los ineptos dicen la barbaridad que se torea mejor que nunca y la realidad es bien distinta, porque falta la esencia, que es la emoción y la faena de verdad siempre tuvo quince muletazos y una estocada. No los doscientos de la actualidad dándose el caso que cuando montan la espada ya está muy pasado de faena el toro. Esa es la razón por la que tantas veces estos exponentes del toreo moderno, que tiene a Castella en uno de sus adalid, en la mayoría de las veces aburren a los mismos toros en la colección de pases que les dan. Por delante y detrás, porque también hacen furor las ‘culerinas’ y las ‘espaldinas’, sin olvidar ese cambio con el que empieza la mayoría de las faenas –hoy tan de absurda moda- y que también regaló en Ledesma. Se puso tan pesado que hasta le pitaron al concluir el tercera de sus trasteos ante un inválido que no se tenía en pie y él ‘erre que erre’. Y no hay peor cosa que un torero pesado y si encima la emoción, que es el motor de un espectáculo taurino, está ausente, la definición de esta corrida sobra por sí sola. Porque la gente no puede estar en un tendido bostezando, mirando el reloj y wasapeando con los amigos, que realmente era lo que más hacían y pueden comprobar en las fotos de ambiente. En la plaza hay que vivir y sentir las faenas por la emoción que traiga el toro y esa misma emoción debe llegar con una sensación de peligro y que no parezca el espada un enfermero rehabilitador que además da la sensación de que aquello lo puede hacer cualquiera, algo que daba a entender Sebastián Castella, quien en este 2016 y a expensas de su última tarde en Madrid no parece ni la sombra de ese torero fresco y gozalón del pasado año.

López Simón tampoco se despeinó en los dos primeros toros. En su primero lo mejor fue su faena sobre la diestra en el que hubo gusto y que concluyó con un arrimón final; por encima del soso cuarto su labor fue de entrega; pero lo más importante lo consiguió en el ‘anovillado’ que cerró plaza. Al salir ese torito a la arena ya se llevaba, pásmense, ¡casi dos horas y media de corrida! y ya había gente que incluso había desertado del frío y la monotonía de las figuras, junto a la sosería del ganado. Pero ahí regaló una tanda de naturales que levantaron los olés y a continuación otra serie sobre la diestra que fue lo mejor de la tarde frente al animal que mejor embistió y frente al que, en parte, trató de recuperar una tarde que fue arrastrada por las mulillas del tedio y el aburrimiento que la dominaron.

                                    Ficha del festejo

Ganadería: Se lidiaron toros de El Pilar (con el hierro titular y el de Moisés Fraile, de la misma casa ganadera), muy desiguales de presencia, varios de ellos con los pitones sospechosos y en generas desrazados. El sexto, anovillado, fue el de más clase. El tercero se lastimó una mano y fue sustituido por otro de la ganadería titular.

Sebastián Castella (azul y oro): Ovación con saludos, silencio tras dos avisos y ovación con saludos tras aviso.

López Simón (lila y oro): Oreja, Plamas tras dos avisos y dos orejas.

Gente de plata: Domingo Siro se desmontar por dos grandes pares al segundo, al igual que Chacón –de la cuadrilla de Castella-, que lo hizo tras parear con exposición al tercero.

Palco: Presidió Aureliano Grande Cubino, aprobado y sin más nota por ser muy fácil para cambiar el tercio de varas con un picotazo y también ligero para premiar con la segunda del sexto a López Simón. Con una iba bien, que además con la anterior ya podía salir por la puerta grande.

Ambiente: Tres cuartos de plaza en tarde fría y amenazando lluvia.

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¡Atlético de Madrid, una pasión!

Hoy es un día especial. De vivir cada instante y sentir las emociones que se avecinan. De intensidad y alto voltaje, con el alma en San Siro y apoyando a ese Atlético de Madrid para seguir escribiendo su propia historia bajo las letras del orgullo y la pasión. Es el momento de este equipo de sentimiento tan taurino y que disputará la final bajo el lema ‘no hay triunfo sin sufrimiento’.

Vamos, Atlético de Madrid, que ha llegado el momento de alzar la ‘orejona’.

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Morenito debe estar en Burgos

Morenito de Aranda vuelve a quedar apeado de los carteles de Burgos. De la feria de su tierra en el mejor momento de su carrera. Él que es torero de aficionados y su inclusión es el sinónimo de la calidad y del arte que regala uno de los diestros más distinguidos del momento. El que hace elegante el toreo y jamás se abraza a la vulgaridad. El que ha enamorado a Madrid.

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Ahora, la empresa de la familia Zúñiga, lo ha vuelto de dejar fuera de una feria en la que debe ser la primera referencia en una reiterada decisión que ha traído una enorme polémica. No se trata de una ausencia al uso, porque encierra los desencuentros que provocaron, ya hace años, la ruptura de su apoderamiento con Carlos Zúñiga, el actual empresario de Burgos, quien desde entonces siempre ha prescindido del gran torero de Aranda de Duero en medio de la declarada guerra entre ambos que tanto ha perjudica a la afición en días que hacen faltas ideas y no batallas. En días de ilusionar y no pisotear a quien es capaz de enamorar con el clasicismo de su interpretación.

Burgos pierde y no entiendo cómo desde sus distintos foros taurinos no se reclama la presencia de Morenito y se exige en los carteles. Deben hacerlo desde las peñas y los medios de comunicación, porque es un grave traspiés para la propia Fiesta de esta ciudad. Si el torero y empresario no se llevan es su problema, pero lo que no debe trascender a otras esferas que son tan perjudicadas. Porque la Fiesta de ahora no está para belicismos, lo que necesita es cordura. Y la cordura de Burgos pasa renegando de algo tan triste como el rencor para alzar la bandera blanca de la paz. Algo que ya hizo recientemente Morenito de Aranda en Madrid al triunfar en la corrida que toreó en San Isidro. Los resentimientos jamás fueron buenos compañeros en la travesía de la vida.

Roca Rey, un Diego Puerta del siglo XXI

MIS LECTORES SABEN QUE DETESTO LAS COMPARACIONES, PERO EL CASO DE HOY ES UNA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA.

El triunfo de Roca Rey es el éxito de las ganas y del querer. De sobreponerse para ser un caso admirable y llenar de sangre nueva el escalafón, porque este muchacho de Lima está gozalón y con la hierba en la boca gracias a una ambición sin límites. Sin remilgos o cuento alguno, mirando de frente y con la verdad entre la media luna que los pitones que trae la gloria o la sangre. El fracaso o la grandeza que llega al ‘meterse’ entre esa guadaña en la que él ha apostado a ganador. Por eso, esta tarde mientras se jugaba la vida de verdad, con toda la entrega, me ha recordado en ocasiones a aquel grandioso Diego Puerta, al que llamaban Diego ‘valor’. Por momentos -evidentemente es otra época, distintas formas y físicamente tan opuestos- había en Roca Rey algo de aquel Diego Puerta que fue un ejemplo de honradez profesional. Y el que ahora tiene un espejo en este Roca Rey que ha venido a la Fiesta para sentarse en el trono a base de valor y una ambición sin límites gracias a esas ganas de arrollar y de querer seguir figura desde el primer minuto.

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Escribo estas líneas aún bajo la emoción que ha llevado a la plaza y también con ese sabor anterior de Alejandro Talavante –torerazo que marca el listón y la diferencia entre uno de tropa y una figura- pero con la sangre hervida de tantas palpitaciones llegadas gracias a este el mozo de Perú que hoy ha salido de Madrid herrado con el sello de figura. Porque cuando un tío sale así a una plaza hay que romperse con él. Y más en su caso, ya con madurez y sin dejarse llevar por absurdas novedades de hoy, sobre todo esas horrible modas de las lágrimas facilones tan repetidas entre los toreros que triunfan en Las Ventas.

Brindo por Roca Rey, una especie de Diego Puerta en versión siglo XXI, que lo ha confeccionado a medida José Antonio Campuzano, el maestro de Gerena con un olfato especial para descubrir figuras. Me alegra este triunfo también por Campuzano, que ha llevado sus dotes de maestro a sus discípulos. Antes a Castella y ahora a este Roca Rey que ha venido para lucir los galones de general y nos ha emocionado tanto esta tarde que ha estrenado su estatus de figura.

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Ureña, un torero de Madrid

Paco Ureña tardó en alcanzar la gloria casi en el límite, porque cuando parecía que ya quedaba lejos el tren del toreo se detuvo en su andén para deleitar con la pureza y verdad. Ya son varios los golpes de atención los protagonizados por este murciano apoderado por la Casa Chopera que ha sido capaz de enamorar a Madrid para hacerlo su torero. Porque Ureña ya está herrado, a golpes de arte y pasión, con el sello de ‘torero de Madrid’, que es un signo de distinción.

Hoy nos queda el recuerdo de un ramillete de faenas purísimas marcadas por su particular sello. Faenas para deleitar, con gusto, con esencia y todas con tanta pureza como la que atesora. Me encanta este Paco Ureña que forma parte del exclusivo club de grandiosos toreros a los que nos gustaría ver más, porque están alejados del circuito de las grandes ferias. Ese club de elegidos formado por nombres como Juan Mora, Curro Díaz, Diego Urdiales, Morenito de Aranda, El Payo… y que son un verdadero deleite.

Ayer puso el sello de la esencia en este San Isidro marcado por la lluvia en el que su nombre cotiza más al alza en la bolsa del toreo y sobre todo que ya tiene el hierro de ‘torero de Madrid’, que esos son palabras mayores.

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‘Si el tiempo no lo impide’

Llovía a mares sobre Madrid y con buen criterio las partes implicadas suspendieron la correspondiente corrida de San Isidro. No es nuevo, ni lo será, que un festejo dependa de las inclemencias del tiempo, porque incluso hasta en la cartelera siempre se anunciaba ‘si el tiempo no lo impide’.

La historia de la feria del Santo Patrón madrileño está protagonizada por numerosas suspensiones que traen las tardes pasadas por agua, lo que es un revés para las ternas de toreros necesitados. Como la de esta tarde en la que Eugenio de Mora, Juan Bautista y el Payo necesitan triunfar. Bautista para refrendar su interesante faena del domingo, mientras que Eugenio de Mora y El Payo para sumar nuevos contratos, porque esa única actuación contratada en San Isidro era fundamental para el inmediato futuro de ambos. Por eso es de suponer que la empresa los tendrá en cuenta para una corrida de junio. Lo merecen y además los tres son muy buenos toreros y interés para el aficionado (para los pocos que van quedando).

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Pero también he visto ocasiones en las que, contra viento y marea, han tirado para adelante. Una semejante a la ayer en la feria de 1994 en la que Curro Vázquez decía adiós a Madrid en tarde marcada por el diluvio. Sus compañeros, sobre todo Paco Ojeda, pretendieron suspenderla e incluso un peón, El Jaro, sacó su alma de viejo sindicalista para decir “los banderilleros no nos podemos jugar la vida así por 70.000 pesetas”. Pero ‘el rubio de Linares’, que era director de lidia tiró para adelante bajo su responsabilidad y, bajo el diluvio, cuajó en Madrid un Valdefresno de lujo. Curro ralentizó el toreo en un trasteo marcado por el empaque y su gusto, con remates torerísimos y un toreo que subió a los cielos artísticos esa feria en la que fue, junto a Julio Aparicio y su histórica faena a ‘Mañego’ de Alcurrucén, fue el protagonista total.

Más allá en el tiempo, en la edición de 1988, se registró una polémica suspensión en corrida de postín con Manzanares, Robles y Domínguez, quienes estaban anunciados con un encierro de Benavides. Fue el año que Manili salió de Madrid convertido en héroe del pueblo tras triunfar apoteósicamente con las corridas del Puerto de San Lorenzo y de Miura, en ambas con multitudinaria puerta grande. Pero la polémica llegó el veinticuatro cuando la terna decide hacer el paseíllo bajo el aguacero para lidiar tres toros, en los que no dejó de caer agua hasta la lidia del tercero. En ese momento escampó, empezó a lucir un hermoso sol que era una delicia y los espectadores regresaron a sus tendidos hasta que al momento, incrédulos, escucharon por megafonía que “la corrida se suspendía por determinación de los espadas”. Nadie daba crédito y en la plaza estuvo a punto de organizarse un verdadero altercado, mientras la gente lanzaba las almohadillas al ruedo y otros literalmente las desplumaban, sobre todo en el momento que la terna abandonaba la plaza entre fuertes medidas de seguridad y bajo los escudos de la Policía Nacional. La prensa se cebó con las tres figuras a quienes le dijeron de todo e incluso el presidente del festejo, Juan Lamarca derivó toda la responsabilidad en los toreros de quienes dijo que, por su actitud, no eran dignos de esa plaza

La vida continuó y quien más caro lo pagó fue Julio Robles, quien al día siguiente esta de nuevo anunciado junto a Ortega Cano y Joselito, en una corrida de Aldeanueva. En esa ocasión desde que llegó hasta que se fue, a Robles, no dejaron de afearle su actitud e incluso nadie le dio importancia a lo que hizo en el ruedo. Y eso que  cuajó un Raboso de Aldeanueva, que ha sido de los toros que mejor ha toreado en Madrid, entre la indiferencia de la gente, lo que provocó incluso que al final hubiera tensión e insultos entre el 9 y el 10, que apoyaban al torero, junto al resto de la plaza que lo abucheó sin piedad. Volvió aquel San Isidro una tercera ocasión y, aunque las protestas menguaron, hubo quien todavía no lo perdonó y como bien dijo el propio Julio con sarcasmo a los micrófonos de TVE, que retransmitía el festejo, “es que hay gente que aún no se ha secado”.

Ayer, sin embargo la terna se fue con la angustia de ver otro tren que pasó por culpa del agua. Y eso es lo que más duele, porque la peor corrida es la que no se torea y ese dicho de ‘si el tiempo no lo pide se convierte en protagonista’.

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José Tomás, el torero de los ricos

José Tomás arrasó como un vendaval en su paso por Jerez y se llevó un montón de casquería a su esportón para delirio de quien abarrotaba la plaza. Para delirio de esa gente que únicamente se mueve para verlo a él a golpe de cartera en sus escasas comparecencias. Siempre con el medio toro y todo hecho a su favor. Con gente predispuesta a aplaudirle todo y que enronquecen en sus trasteos en los que, incluso, son capaces de aplaudir hasta un desarme, algo que ha ocurrido en otras ocasiones.

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José Tomás es el adalid de la Fiesta nueva que quiere imponer un sistema que, bajo su nefasta gestión, mata y deja agonizar a un montón de plazas. Es el abanderado del futuro que ya está ahí de torear unas cuantas corridas, selectas y a las que únicamente pueden acceder los más ricos, que ya son quienes van a los toros, porque la figura del aficionado muere. ¡Ay si Joselito levantara la cabeza! Ay si volviera el que fue el rey de los toreros que inspiró las monumentales para que todas las clases sociales pudieran ir a los toros y ver que su políticas, gracias a las que vivió la Fiesta su mejores épocas, la han enterrado.

El ejemplo fue ayer en Jerez, plaza a la que únicamente pudieron entrar los ricos de verdad. Los adinerados que van en procesión detrás de las veces que torea José Tomás, a quien le ha faltado de responsabilidad de dar la cara en las grandes ferias, en Madrid, en Bilbao, en Sevilla… Las que de verdad lo necesitan. No discuto su interpretación y formas, es más siempre fui muy seguidor suyo. Sobre todo en los años 1997, 1998 y 1999 antes que llegasen los de la cartera llena y lo seguí por muchas plazas entusiasmado de su pureza, de su valor, de su torería en la que fue todo entrega y no faltó en ninguna feria. Era muy distinto al actual, al de sus grandes ocasiones que son el escaparate de una Fiesta muy enferma reflejada en este San Isidro en el que se han perdido medio millar de abonos y cada tarde nos despierta con escasos tres cuartos –sí llegarán varios ‘no hay billetes’ en tardes del clavel-. Que no nos engañen, que la Tauromaquia necesita de otros impulsos que la hagan latir con renovados bríos. Y esos impulsos quien de verdad los podría dar ahora era este torero para acabar con ese ‘sistema’ tan dañino. No favorecerse de él, que realmente es lo que hace el de Galapagar.

Porque en esta última época, José Tomás está en las antípodas de ser el torero que recupere los aficionados. El que cargue sobre sus espaldas con el peso de la Fiesta para tratar de revitalizarla. No lo que hace, reducirla a unas cuantas plazas a las que únicamente van los ricos que no pisan jamás un festejo promoción, ni van a una novillada, ni a un cartel que anuncian tres valores, porque esos de la cartera llena solamente van a verlo a él y después desaparecen. Porque para la mayoría de ellos lo que de verdad vale es decir allí estuve en esta Tauromaquia que se tambalea para dejar de ser un espectáculo del pueblo y ser solo de los pudientes.

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Casi nadie al aparato

Solo los valientes que se libran de un asedio se abrazan emocionados al alcanzar la victoria lograda tras sudar sangre. Únicamente quienes son capaces de sobrevivir ante el incesante ataque rival son dignos de alcanzar la consagración. Porque los  soldados que más avanzan para alcanzar los objetivos son lo que tienen el mejor capitán, quien los espolea y sabe que sus hombres jamás se rendirán, ni cobardemente mirarán el reloj, ni doblaran la rodilla ante la avalancha enemiga, ni buscarán resguardo para esconderse. Por eso el Atlético de Madrid se alzó la eliminatoria frente al Bayer de Münich para volver a vivir la gloria de una nueva final de la Champions. Porque el verdadero triunfo para un club es alzar la ‘orejana’, aunque para el conjunto colchonero es la ‘deseada’, porque dos veces la acaricio y se escapó como el agua entre los dedos.

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Ahora esa ‘deseada’ está más cerca que nunca en la época que los rojiblancos ya están en la élite mundial. Sentados en las mesas que miraban desde lejos y parecían inalcanzables cuando se convivía con la derrota e incluso sufrió las llamas del infierno después de vivir con la fama de ‘El Pupas’. Hoy, gracias al ‘Cholo’ Simeone ha cambiado la historia para ser un adicto del triunfo. Ya queda lejos la época de ser despreciados y de  un fácil rival para convertirse en el coco de los grandes equipos que lo superan el dinero y trofeos, pero no en ganas y afán de triunfo. Porque este Atlético de Madrid ha sabido revitalizarse por su espíritu guerrero para alzarse con los laureles del éxito sudaos en sangre tras superar asedios. Al igual que ocurrió a aquellos legionarios que encaramados en un búnker soportaron un intenso ataque y en el momento que los contrarios les decían “¿Pero quiénes sois vosotros? Rendiros de una vez, que os vamos a freír”. Y entonces alguien de ellos contestó a voces: “La III de la Legión, ¡casi nadie al aparato!”.

Y así ocurre al Atlético de Madrid, club que con su entrega se ha convertido en un ejemplo que siempre tiene presente a su símbolo de Luis Aragonés, con ese “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”, que forma parte de su personalidad. Y es que este equipo ejemplo se merece ya de una vez que la ‘deseada’ llegue a sus vitrinas, que además es un homenaje que le debe a Luis Aragonés todo por la fuerza y espíritu que ha sabido imprimir el ‘Cholo’ Simeone, quien nos quitó la fama de ‘Pupa’ para alzarnos a la exclusivo élite de los mejores.

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Escribo este artículo horas antes de la semifinal del Real Madrid contra el Manchester. Me gustaría una nueva final madrileña y que, sobre todo, fuera un ejemplo deportivo. Porque ahora que media Europa se ríe y desprecia a España, que se ha convertido en un país sin rumbo, ese partido –de producirse- debe marcar el camino del cambio para volver a ser una nación respetada. index