Morenito debe estar en Burgos

Morenito de Aranda vuelve a quedar apeado de los carteles de Burgos. De la feria de su tierra en el mejor momento de su carrera. Él que es torero de aficionados y su inclusión es el sinónimo de la calidad y del arte que regala uno de los diestros más distinguidos del momento. El que hace elegante el toreo y jamás se abraza a la vulgaridad. El que ha enamorado a Madrid.

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Ahora, la empresa de la familia Zúñiga, lo ha vuelto de dejar fuera de una feria en la que debe ser la primera referencia en una reiterada decisión que ha traído una enorme polémica. No se trata de una ausencia al uso, porque encierra los desencuentros que provocaron, ya hace años, la ruptura de su apoderamiento con Carlos Zúñiga, el actual empresario de Burgos, quien desde entonces siempre ha prescindido del gran torero de Aranda de Duero en medio de la declarada guerra entre ambos que tanto ha perjudica a la afición en días que hacen faltas ideas y no batallas. En días de ilusionar y no pisotear a quien es capaz de enamorar con el clasicismo de su interpretación.

Burgos pierde y no entiendo cómo desde sus distintos foros taurinos no se reclama la presencia de Morenito y se exige en los carteles. Deben hacerlo desde las peñas y los medios de comunicación, porque es un grave traspiés para la propia Fiesta de esta ciudad. Si el torero y empresario no se llevan es su problema, pero lo que no debe trascender a otras esferas que son tan perjudicadas. Porque la Fiesta de ahora no está para belicismos, lo que necesita es cordura. Y la cordura de Burgos pasa renegando de algo tan triste como el rencor para alzar la bandera blanca de la paz. Algo que ya hizo recientemente Morenito de Aranda en Madrid al triunfar en la corrida que toreó en San Isidro. Los resentimientos jamás fueron buenos compañeros en la travesía de la vida.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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