Archivo por meses: junio 2016

Volver a Zamora por San Pedro


Volvimos a Zamora el día de San Pedro siguiendo la bonita tradición que se remonta a un montón de años atrás, porque esa fecha siempre estuvo señalada con tinta roja en el calendario. Mucho antes de que allí residiéramos en dos años inolvidables, la Feria de Zamora era fija. Porque, entre muchas cosas, guarda el encanto de la vieja tradición agrícola de homenajear a sus exquisitos ajos del valle de la Guareña y a los botijos que salen de sus arcillas, algo que era el previo a las labores de la recogida del cereal que estos días tiñe de rubios a los campos de Castilla.

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Los recuerdos taurinos de Zamora se pierden en los tiempos que íbamos a ver a Julio Robles, ¡que de ahora es! y antes de acudir a la plaza nunca faltaba la cita a comprar los ajos en Las Tres Cruces, visitar la feria de la cerámica y también aquella del vino y el queso, que son dos delicias gastronómicas de la tierra y en la que había que medir para no pasarse a la hora de beber tantas ‘pruebas’. Y eso sí, por medio un montón de cañas en esa ciudad de tanto encanto y que echa la casa por la ventana con la llegada de estos días del patrón. Entonces siempre estaba aquel brilló que resplandecía en esas tardes de toros que completaban los tres cuartos largos y, muchas veces, se rozaba el lleno. Con corridas cuajadas y palcos serios que daban las orejas si de verdad se merecían. Como aquel año que a Espartaco le tocó en suerte un astifino toro de Antonio Pérez y se jugó la vida en una faena colosal, mientras su padre daba saltos por el callejón gritando “¡aquí ni una más!”. Espartaco le cortó, creo, que el rabo y al año siguiente volvió, ya en los tiempos que su progenitor no dejaba un pitón sano en las fincas; pero en Zamora no tragaron con las amenazas de irse a la hora del sorteo, ni en esa ocasión, ni en ninguna, porque había un rigor y una seriedad. Y por más que en los años de su máxima fuerza taquillera intentaron que cedieran a las exigencias lo cierto es que Espartaco fue un fijo en San Pedro y hasta ofreció otra inolvidable actuación junto a su hermano, Espartaco Chico, en la que al final la plaza se llenó de aficionados y de chavales en la multitudinaria salida en hombros.

Y entre Espartaco y el esplendor de su gran figura, el villalpandino Andrés Vázquez, junto a El Viti, que tantas tardes toreó en San Pedro y también la feria de septiembre –que tuvo su postín y desde hace años está en la papelera del olvido-, sin olvidar a Camino, El Cordobés… por medio estuvo otra gloriosa época en la que en numerosas ocasiones torearon El Niño de la Capea y Julio Robles, quienes llenaban de charros la vecina ciudad; porque además los dos contaron con muchos seguidores en esa tierra. En la que ofrecieron faenas para el recuerdo, siempre con ese toro serio e integro que se lidiaba; un poco por encima del de Salamanca y Valladolid. Era época de Juan Gutiérrez Puerta, que llegó tras estar una larga época de empresario González Vera, junto a su cuñado Felicísimo Tejedor, con los que Zamora vive su particular edad de oro en el toreo.

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Entre añoranzas uno se pierde y olvida que cada 29 de junio el calendario nos devuelva a San Pedro y regresa la Feria a Zamora para vivir el encuentro anual con la ciudad y con sus gentes, entre ellos numerosos amigos. Sin embargo, la Zamora taurina ha cambiado para dejar de ser un ciclo marcado por el toro serio. Ahora ha abierto de par en par las puertas a la moda del triunfalismo impuesto en la Fiesta actual en la que la salida en hombros predomina en el espectáculo y es lo que buscan a cualquier precio los protagonistas. Los protagonistas de esta Fiesta a la que deben cambiar el nombre de los espectáculos y llamarlo ‘corrida de toreros’, que en vista de cómo está la situación es más acorde que el de ‘corrida de toros’.

Yo me pregunto, ¿ha servido de algo cambiar el sino de esa plaza que tuvo rigor y sentido torista al actual de triunfalista? Los resultados ahí están y no son otros que, de año en año, se pierde gente. Si, gente, que ahora va menos que hace tres o cuatro ferias, en los que aún se lidiaba el toro de verdad. Y me refiero a público, porque aficionados desgraciadamente ya quedan muy pocos. Pero en Zamora y en cualquier lugar. Y es que el toro de ahora, tan justo de fuerza, sin peligro alguno, sin existir la suerte de varas más que en forma de un simulacro y al que les cortan las orejas las mal llamadas figuras gracias a un público –que no aficionados- amaestrado e ignorante que acude a las plazas ya convenido de que deben pedir las orejas.

Por eso la Zamora taurina de ahora con tantas orejas y con sus habituales salidas en hombros nada tiene que ver con la de su añejo encanto. Recuerdo que, como dije antes, de chaval y mocete ví varias veces a Julio Robles en esa plaza y creo que ninguna salió en volandas, pero de todas quedó algo que se perdura en los almacenes del recuerdo. Un quite, unos naturales, unos ayudaos por bajo que después de tantos años siguen frescos en la retina. Al igual que el arrimón de Espartaco el año del rabo. O el posterior que se picó con su hermano. O alguna mas de entonces. Sin embargo, ¿qué recordaremos de este ciclo en el futuro? Nada, como suena. Pero alguna puede referirse a la faena de Ponce y le diré que el maestro valenciano está en un magnífico momento, de los mejores, pero ese cuarto toro que desorejó es más propio de un festival.

Porque una corrida de toros es una cosa muy seria. Y como no se busque un toro que lleve emoción al tendido no nos llamemos a engaño, que de esta forma se está echando a la gente de las plazas y eso no se puede ignorar. Aunque la foto sea una salida en hombros.

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LAS FOTOS SON DEL AMIGO LUIS FALCÓN, TODAS ELLAS PUBLICADAS EN NOTICIAS CASTILLA Y LEÓN

Puedes irte orgulloso, Vicente

Se perdió el partido de octavos contra Italia y sonó el silbato del regreso con el sueño roto de alcanzar la tercera corona continental consecutiva. Adiós con lágrimas a poder revalidar la hegemonía europea el próximo diez de julio en París y ahora que ya todo es historia queda la gratitud a una Selección que nos dio infinidad de alegrías y ha sido acaparadora de tanta admiración.

Pero más allá de finalizar la Eurocopa y quedarnos con la miel en los labios, la noticia sentimental de esta tarde ha sido la posible despedida de Vicente del Bosque a una carrera cargada de honores, digna de la máxima admiración y coronada con la fusión de crear belleza entre el balón y la caballerosidad. Hoy, si no hay nada extraño en los próximos días -él mismo manifestó que a final de la Eurocopa ponía fin a su periplo con la ‘roja’-, ha dirigido su ultimo partido quien ha sido el señor del fútbol y responsable de lograr que España soñara de felicidad cuando más lo necesitaba.

Pocos como él merecen salir ahora mismo a los medios del ruedo de la vida para recoger la ovación unánime en la hora de rubricar su magistral hoja de servicios. De cortarse la coleta para buscar la paz en su familia, porque Del Bosque ha sido un ejemplo, un espejo para mirarnos. Un sabio del fútbol que supo aupar a la Selección Nacional a ese pedestal que tantas veces soñamos y parecía imposible de alcanzar.

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Escribo estas líneas mojando la pluma en la tinta de la admiración hacía este ejemplar deportista; a quien nos hizo enamorar de ese maravilloso fútbol con el que manejó  la batuta de sus jugadores para que surgieran las mejores notas sobre el césped. Porque jamás hubo nadie en nuestro balompié que atesorase sus virtudes, las mismas que quedan en el frondoso árbol de su vida. Desde aspirante a futbolista en las calles del barrio salmantino de Bermejo y Garrido al paso por los primeros equipos modestos; la llegada al Salmantino –y aquel amistoso con la Unión en Guarda en el que ganó sus primeras cincuenta pesetas-; la época de meritorio al Real Madrid; las cesiones al Córdoba y la doble al Castellón, hasta alcanzar el primer equipo blanco. Y ahí, en aquel Real Madrid dejar la impronta de su clase en esa década que discurre desde el final del Madrid ‘ye yé’, que había ganado la sexta Copa de Europa, hasta la puesta de largo de la Quinta del Buitre en el que su toque y calidad fueron un pilar del conjunto merengue. Y también fino centrocampista de la Selección que, entonces, dirigía Kubala.

Hasta que un día, ya retirado de la pomada y de los focos, abre la puerta a la etapa de técnico con la responsabilidad al frente en esa cantera madridista que fue una mina a la hora de sacar magníficos jugadores. Y en aquel Vicente del Bosque, de rostro serio y mirada pausada, que cada mañana se desplazaba a su despacho de la antigua Ciudad Deportiva del Madrid se estaba cociendo el mejor entrenador de la historia del fútbol español tras imprimir de humildad al deporte del gol. Y el más laureado.

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Hoy, en el momento histórico de su posible adiós, rebobino la agenda de mi vida laboral para recordar una fresca mañana de finales de 1994 en la que acudí a la vieja Ciudad Deportiva del Real Madrid para entrevistarlo, ocasión en la que crucé las primeras palabras con él. Entonces, apagada una década antes la estrella del grandioso jugador que fue y aún faltándole varios años para abrazar el éxito en los banquillos, era un ciudadano alejado ya de la anterior fama de jugador que trabajaba para el club en la coordinación de la labores de cantera. Gracias a aquella entrevista que le hacía un jovencito periodista de provincias para publicarla en un diario de su tierra natal, Salamanca, que por esos días acababa de ver la luz, prendió la llama de la admiración a su persona y hoy, con las estanterías de su vida repletas de galardones y ya nadando para ganar la orilla del merecido descanso, queda el enorme afecto y respeto que guardo a quien es un caballero y un deportista ejemplar. Una admiración que ya nunca dejo de resplandecer y me dio la oportunidad de aprender las veces que estuve con él, con Vicente del Bosque, cuya amistad ha sido uno de los mejores regalos de mi carrera profesional.

Ahora se va y queda el legado de su ejemplo. Se marcha con todos los honores ganados a ley y de ellos nadie lo despojará, a pesar de tanta envidia y mala leche como la que intentaron ningunearlo en alguna ocasión, pero se estrelló contra el muro de su grandeza.

Me descubro ante él en este momento de tanta emoción y allá en los caminos de la vida cuando lo encuentre lo volveré a abrazarlo con el orgullo y gratitud de haber podido conocer a tan significado caballero. El que acaparó tanta admiración y grandeza. Porque España necesita de muchos ‘vicentesdelbosques’ para triunfar en todas las esferas de su vida.

Por ti, Vicente. Muy larga vida pletórica de salud y felicidad.
Del Bosque, Maier

En sus años de brillantísimo jugador del Real Madrid, frente a un partido contra el Bayerm, remata ante Maier superando a Beckembauer.

La peor ‘cornada’ de David Mora

No me gustaría estar en el pellejo de David Mora. Ni me imagino las bilis que debe andar tragando el diestro madrileño afincado en Borox ante este injusto destino que ha sido su peor cornada. Porque duelen más las cornadas del despacho y la sinrazón de la mentira, que las de verdad, que son gloria y grandeza. Y no porque su faenón de Madrid, frente a al magnífico ‘Malagueño’ de Alcurrucén, apenas lo hayan distinguido entre los jurados y el premio de la feria ha ido a manos de quien no toreó en el ciclo de San Isidro –no olvidemos que la histórica faena de Manzanares fue en la Beneficencia, no en las fechas del santo labrador-. No, todo por la horrible decisión de ponerse en manos de Simón Casas para buscar contratos y la realidad sea que además de no tener contratos las comisiones del palabrero francés le llevan hasta el último céntimo en corridas que ya tenía hechas de antes. Porque ni siquiera lo anuncia en sus plazas –ahí está el caso de Alicante- tras el colosal triunfo madrileño en el colmo de la injusticia. De otra más a cargo de un ‘sistema’ que tanto daño hace a la Fiesta y tiene en esta francés a uno de los ‘jeques’. Porque con gente como Casas no hacen falta los de Podemos para mellar el toreo. Ni los antitaurinos. Ahí está el caso el ejemplo de Mora, con quien se está cometiendo una injusticia rayana con la canallada. Por cierto, me gustaría saber qué opina de todo esto Antonio Tejero, su apoderado y quien luchó tanto a su lado sin abandonarlo en los interminables meses de la recuperación. Porque Tejero es un hombre sensato.

David Mora –y quien lo aconsejó- cometió el gravísimo error de irse con Simón Casas alegremente y sin saber que el francés no tiene apenas credibilidad y su trabajada palabrería, en tantas ocasiones, se le lleva el viento. Lo hizo sin preguntar a los toreros que, con anterioridad, fueron estrellados por este personaje que no tiene palabra mala ni hecho bueno. Este fabulador que semeja ser un charlatán de feria y ha dejado en las cunetas a un montón de toreros. ¡Que pregunten a Finito de Córdoba por su liquidación!

Ahora, David Mora alejado de muchas ferias, ha visto fracasado su revulsivo con el francés, que ha sido la peor cornada que ha sufrido. Y lo peor es tanto dinero y contratos como va a perder justo en el año que debía redondear su cuentas y llevar esplendor a su carrera tras tantos meses de interrogantes. Porque merece estar en todos los sitios más allá de su sufrimientos tras el cornalón que lo tuvo casi dos años en el dique seco. Pero por buen torero y la elegancia frente al toro, algo demostrado en San Isidro y que puso a todos de acuerdo.

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Berkeley: ¡¡Todos somos José Ramón y Jesús!!

Con mi solidaridad a la plataforma Stop Uranio y a los compañeros José Ramón Barrueco y Jesús Cruz, coaccionados por Berkeley, que los ha llevado a los Tribunales.

La poderosa Berkeley sigue amedrantando a quienes plantan cara a las minas asesinas con las que quieren matar el precioso rincón del Campo Charro bañado por el Yeltes que estás situado en los municipios de Retortillo y Villavieja. Han conseguido desunir una comarca y sembrar el odio entre quienes han comprado con su dinero amargo amparándose en la grave crisis económica. Afortunadamente cada vez es más la gente que se da cuenta de este atropello de Berkeley y se suman a sus trincheras contrarias para tratar de frenar lo que es un atentado en toda regla -ecológico, cultural, social…-. Que son las trincheras de la razón y de la verdad, de la sensatez para defender unos de los rincones naturales más hermosos de la Península, los mismos que pretenden destruir.

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En su política han declarado la guerra a quien les planta cara para decir que su proyecto es de ruina y de muerte. Ha ocurrido ahora con la plataforma Stop Uranio, que desde el primer día se puso frente a ellos con la razón por delante. Y con las ‘armas’ de la razón –que la potente Berkeley ignora porque piensa solamente en dinero y destrucción- han llevado a los tribunales a dos caballeros, a José Ramón Barrueco -secretario de Stop Uranio- y Jesús Cruz –quien siempre ha luchado contra esa aberración-. Esta mañana fueron a declarar a los juzgados de Ciudad Rodrigo, con decenas de apoyos en los exteriores de gente que rechaza el proyecto de la mina. Por esa razón alzo a través de estas líneas la bandera blanca de la solidaridad hacía ellos, porque hoy todos somos José Ramón y Jesús, a quienes quieren silenciar para sacar adelante la que es una tropelía.

 Y no lo lograrán, porque el Campo Charro ya espabila y no parará hasta verse liberado de la ruina y la muerte que trae Berkeley.

 

Álvaro de la Calle merece dignidad

Se apagaban los ecos el domingo y aún clareaba el crepúsculo casi a las veintitrés horas gracias a una luna llena que era un primor cuando recibo la llamada de un aficionado de Palma que acaba de presenciaar la corrida celebrada en Muro para referirse a la completísima actuación del salmantino Álvaro de la Calle en el que puede ser uno de los últimos festejos taurinos que acoja la isla bermellona. Si es que antes no llega alguna mente lúcida para frenar tantos atropellos de los enemigos de España a la libertad.

Álvaro de la Calle, torero maduro y abandonado por las empresas, ha cuajado una tarde memorable para poner el sello de su reivindicación mucho tiempo después de que su nombre no apareciera como ‘titular’ en un cartel –si lo ha hecho en infinidad de ocasiones de sobresaliente-. Y ahí está de triunfador de una corrida a la que llegó en silencio para marcharse en hombros con todas las bendiciones y la sorpresa generalizada de quienes no lo conocía y no dejaban de preguntar por él. Por quien fue capaz de protagonizar tanto entusiasmo sobre el albero.

Álvaro, que es un chaval educado y vive lejos siempre de fanfarronadas, nunca abandonó su sueño y vivió con el lema de estar preparado para aprovechar el momento y que no te sorprendiera. De hecho las veces que tuvo oportunidad lo hizo con categoría para solventar la situación. Sin embargo al día siguiente era volver a empezar de nuevo, porque injustamente no acababan de echarle cuentas. De hecho la última vez que toreó en Madrid completó una interesante actuación y sin embargo nunca más volvió; ni tampoco a Salamanca en la que estuvo tan brillante con una corrida de Miura que mató con mucho oficio y dignidad. Lo mismo que le pasó en otros lugares, en los que ni fue respetado y tantas veces tuvo que tragar las bilis de la injusticia.

Con su nombre borrado, las grandes empresas únicamente se acordaban de él para ir de sobresaliente en corrida de un único torero o en manos a mano. Y a ellas se aferró porque tenía una casa que mantener en la que siempre le esperaba su pequeña hija, que es la ilusión de su vida. De sobresaliente estuvo hace dos años a Gijón a un mano a mano entre Ferrera y Castaño frente a una corrida de La Quinta y le tocó matar un toro porque los dos matadores del cartel habían sido cogidos y a ambos los estaban operando en la enfermería. Y frente a ese toro Álvaro, sabedor de que era su momento, dio una enorme dimensión de capacidad y también de torería dejando abierta a puerta de la esperanza, porque se había reivindicado en una feria ganándose de sobra una oportunidad para el siguiente ciclo. Sin embargo, fiel a su destino, la empresa también se acordó de él, pero de nuevo en labores de sobresaliente. Y es que en la hermética Fiesta de ahora ya no sabe ver y lanzar a estos toreros con veteranía y poso que tanto podrían aportar. Incluso ser incapaces de confiar en alguien que ha roto una tarde de sobresaliente. Porque el actual ‘sistema’ desconoce una historia en la que, incluso, uno de los más grandes de siempre, el toledano Domingo Ortega, salió disparado tras un quite que hizo una tarde, anunciado de sobresaliente, en una mano a mano celebrado en Aranjuez entre Manolo Bienvenida y Marcial Lalanda.

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Sin embargo a Álvaro de la Calle nunca acabaron de dale el sitio que merecido de varias corridas continuadas y de regresar a Madrid para tener un margen de confianza que han dado a otros muchos toreros. Lo merece, prueba de ello es que ayer estuvo a un alto nivel junto a dos toreros de ferias. Porque aunque fuera la mallorquina de Muro no podemos olvidar que la historia del toreo tiene páginas escrita por toreros que salieron del bache o se reencontraron tras una faena en una plaza menor. Le ocurrió a Ortega Cano que llegó desahuciado a Zarautz –pocas semanas después de fracasar en Las Ventas con aquel ‘Velador’ de Victorino que fue indultado- y reencontrarse con un toro de Clairac que lo sacó del pozo para dar nuevas alas a su carrera que le posibilitaron volver poco después a Las Ventas en una corrida celebrada en la canícula de agosto y lograr una oreja que le dio alas para acabar lanzándolo a las ferias.

Álvaro merece que le den una oportunidad. Lo merece este muchacho que es hijo de Vicente de la Calle, un luchador de todos los caminos del toro para quien no había reloj. Chófer de José Antonio y Javier Chopera en tiempos de aquella sociedad familiar conocida por los Choperitas; también chófer del Niño de la Capea, en la pasada década de los 70 en noches interminables cruzando España de norte a sur; mozo de espadas de varios toreros y de vivir una terrible pesadilla la madrugada que José Falcón murió en sus brazos en Barcelona tras sufrir horas antes la cornada mortal de ‘Cuchareto’. De un hombre que ha hecho de todo en la Fiesta y que ojalá pudiera ver la realidad de ver a su hijo en una situación justa. Porque Álvaro merece una atención que se ha ganado con creces en el ruedo gracias a su brillantez.

La que lo ha devuelto a la pomada en la noche clara de este domingo de luna llena.

 

Ponce, ¡tú no eres de disfraces!

Tu eres un torero muy serio, con el clasicismo por bandera y la virtud de la torería. Con la seriedad para respetar la profesión en un caso de longevidad como no lo ha habido nunca y siempre con la máxima categoría.

Dueño de faenas para el recuerdo, de temporadas para enmarcar y de dar la cara de Castellón a Zaragoza para emprender a continuación rumbo a América, desde Lima, a Cali, a Manizales, a México… en las que te hicieron ídolo. Al igual que ocurrió con las hoy clausuradas de Quito y Bogotá, porque has sido un ejemplo para la profesión y, a diferencia de casi todas las figuras, eres un señor con compañeros y empresas. Defiendes lo tuyo en el despacho y en la plaza, pero te sientes solidario si hay medio aforo. Quizás en las temporadas más señeras te sobraron corridas y por eso en ocasiones abusaste de perfil y de sacarte los toros para fuera. Pero nadie puede negar otro montón de tardes redondas, siempre con el espejo de la torería que te ha hecho en uno de los toreros más inteligentes de la historia.

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Pero a quien se ha hecho dueño de tanto respeto ahora hay que reprochar un acto que jamás debió hacer, ni llamar la atención de la manera que lo hiciste ayer en Istres (Francia) en una corrida en solitario que ya habías dejado impronta de quién eres. Porque jamás pensé que tu también seguirías el camino de los disfraces en el ruedo y de ningunear el traje de luces, que se ha hecho glorioso a través de los siglos teñido de sangre y gloria. Santo y seña de quien es torero y al que jamás se puede arrinconar en una falta de respeto-.

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Vístete de esmoquin para ir a la ópera, Ponce. O aquel día que te hicieron académico de Bellas Artes en Córdoba. Pero no degrades tu profesión con experimentos, que la Fiesta no está para eso; ni el esmoquin para torear y encimar salir en hombros con él lleno de sangre. Vístete de luces, Enrique, que ahí eres de los mejores y jamás necesitas llamar la atención de otra manera. Que ahí está tu sitio y en el que te ganaste con orgullo, como este pasado San Isidro al cuajar con tanta plenitud y torería el toro del Puerto de San Lorenzo frente al que hiciste que te admiraremos mucho más lo que significas. Ese eras tú, el Ponce que queremos ver, el que sueña la afición y el de la leyenda. Jamás el de los disfraces y menos de esmoquin, que has ridiculizado a esa señorial prenda. Porque yo no veo a Plácido Domingo cantar vestido de torero. Ni por supuesto a un torero de esmoquin, aunque hoy los repipis te canten, porque lo que has hecho es tirar por tierra la grandeza de la torería.

 

Santander, ¿una feria autosuficiente?

Soplan vientos revueltos por Santander debido a los avatares políticos generados en su Feria de Santiago a raíz de eliminar la subvención de 100.000 euros inyectada desde el consistorio. La decisión ha caído tan mal en los ambientes taurinos que, incluso, llena de interrogantes el futuro taurino de la capital de La Montaña.

En poco más de un mes volverán los toros a Santander y el precioso coso de Cuatro Caminos acogerá una atractiva feria que imanta gente de toda España y Francia por las connotaciones tan positivas que atesora. Porque Santander supo heredar el vacío de San Sebastián años después de derribar el viejo Chofre para atraer el turismo de playa, gastronomía y toros que perdía Donostia.

Eran los primeros años de la pasada década de los 80 y Santander estaba sumida en el caos taurino. Apenas se programaba una corrida, con cartel de medio pelo, más la Beneficencia, con lo cual el futuro de esa tierra se antojaba tan negro que sobre la propia plaza voló la sombra negra del derribo para construir pisos sobre su solar.

La ciudad daba la espalda a los toros y los más insignes aficionados cántabros acudían a la vecina Bilbao, a Valladolid, Salamanca, Madrid… Entonces, cuando ya parecía que, taurinamente, era irreversible el sagaz Juan Hormaechea, a la sazón alcalde centrista de la ciudad y quien siempre tuvo una enorme visión de futuro decide apostar y recuperar la feria. Y entonces contrata a Paco Gil en labores de gestor y con una importante inversión económica de la noche a la mañana, Santander, presenta una feria de cinco días con las figuras de la época presentes –Curro Romero, Antoñete, Manzanares, Capea, Robles, Dámaso, Curro Vázquez…-. Fue un boom acogido de forma muy receptiva, pero lo importante era que se sembraba la semilla que prendió con tanta fuerza en el futuro.

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El esfuerzo fue muy cuantioso y el propio Hormaechea era sabedor que necesitaba varios años para presentar cuentas con números azules, por lo que siguió afín a seguir adelante con una gran feria que, cada año, contaba con más público y aficionados, sin necesidad ya de regalar entradas a instituciones para que estuviesen ocupados los tendidos. Además, Paco Gil encontró la horma de su zapato con un torero al que apoderó de novillero y dirigió hasta el segundo año de la alternativa. Se trata de Julio Robles, quien cayó de pie en Santander y fue el predilecto de esa plaza, con el que primero contaba la empresa para los mejores carteles. Porque Robles se hizo el torero más querido en esa tierra, en la que repetía los triunfos un año sí y otro también. Hasta que una cruel tarde de verano en Beziers se rompieron para siempre tantas cosas…

Consolidada la feria y ya sin Hormaechea de alcalde, sus sucesores siguen apostando y un día Paco Gil también se marcha de Santander. Dio paso a José Antonio Chopera, quien permaneció en el cargo unos años antes de llegar sus parientes, Pablo y Óscar Chopera. Era la gran feria de julio, antes del fulgor agosteño y allí no faltaba figura alguna, a la par que hoteles y casas de comidas colgaban durante esos días el ‘no hay billetes’, mientras que por las mañanas en la playa del Sardinero decenas de aficionados chapoteaban sobre las olas antes de ir a almorzar a las afamadas casas de comidas para degustar las exquisiteces del Cantábrico.

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La plaza siempre acicalada y limpia, junto a la celebración de coloquios en la mayoría de los hoteles y un ambiente de lujo presidió Santander durante tres décadas, época en la que fue un ejemplo para copiar, mientras nadie se cansaba de alabar lo bien que se hicieron las cosas y, sobre todo, su visión de futuro. Porque se apostó fuerte por la Fiesta y gracias a ella, la ciudad tuvo un inmenso escaparate para mostrar su belleza.

Pero claro, dentro del buen camino también hubo chinas y de ahí llegamos a la realidad que he generado la polémica de eliminar la subvención. Primero si la feria ha sido tan esplendorosa –que lo era-, los llenos casi habituales –ahí están- y todos los demás tan positivo y rentable, ¿cómo es que aún se inyecta dinero desde el Ayuntamiento? Aquí de nuevo volvemos a encontrarnos con un gravísimos problema y es que la Fiesta debe reajustarse económicamente para no depender de nadie. Por ejemplo, si un festejo genera ‘100’ sobre esa cantidad debe completarse el presupuesto. Pero lo que no se puede es que haya figuras que se han malacostumbrado y utilizan su fuerza en la contratación para la feria de Santander cobrando dinerales sabiendo que se trata de dinero es público que, ni de lejos, generan. Y ahí está el punto negro de la subvención y algún día debería estallar.

Ahora la propia realidad pide un cambio de rumbo para que se hagan las cosas bien y se reajustan los balances de ingresos y gastos, que de hacerlo correctamente la subvención de Santander no sería ningún problema –porque no se necesita- y el ciclo es autosuficiente. Pero lo que no se puede pagar a una figura es mucho más de lo que afora la plaza. Y a partir de ahí llegan todo lo demás, pero lo principal es que la Fiesta debe aprender a vivir por sí sola, más en estos tiempos en los que está situada desde tantas trincheras enemigas.

La bella sinfonía de la ‘roja’

Este lunes 13 de junio, día de Antonio de Pádua, ha quedado escrito en las páginas gloriosas de nuestra Selección Nacional. De esa ‘roja’ que llega a la Eurocopa de Francia para seguir creciendo su leyenda en busca de la tercera corona continental y también para vengar aquel gol de Platini que nos despojó del éxito en 1984 y lanzó a Francia al estrellato.

En este estreno contra la República Checa ha vuelto a resurgir la furia española, sumada a la garra y el arte de sus estrellas fundiendo el querer y el poder para devolver la ilusión a un país necesitado de tantas alegrías. Esta sobremesa de lunes ha regresado el mejor fútbol, el del toque y la colocación, el del desmarque y el que ha hecho sonar las mejores notas de esta magistral orquesta de la ‘roja’ que dirige Vicente del Bosque; sí, el técnico que ha obrado el milagro de volver a armar un equipo campeón y con todas las papeletas para renovar laureles. Ahí con ese arte de Nolito, el talento de Morata, la clase de Sergio, la elegancia de Silva, el infatigable tesón de Juanfran, el olfato de gol de Aduriz, la contundencia defensiva de Piqué y de Ramos, la destreza de Jordi Alba, la agilidad felina de De Gea, la frescura del chicharrero Pedrito… y por encima de todos la magia y el talento de Iniesta, un jugadorazo para la leyenda capaz de poner el balón en el sitio más difícil y que se ha marcado un partido para enmarcar.

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Hoy ha sido un placer disfrutar con estos muchachos que han podido golear y han dejado tan positivas vibraciones. De esa España que nos ha vuelto a emocionar al ser capaz de superar a la sólida defensa checa, en ocasiones semejante a un búnker que protegía el marco de ese porterazo llamado Cesc.

Felices con esta victoria que rompe históricos inicios, el de hoy en el estadio municipal de Toulousse ha sido muy ilusionante para hacer recobrar las ilusiones y seguir haciendo historia. Siempre gracias a ese caballero llamado Vicente del Bosque, quien con esta renovación ha callado bocas para demostrar que es un verdadero genio, un orgullo para el fútbol y un modelo para la sociedad. Pero sobre todo el mejor director para afinar las cuerdas de ese generador de magia que es la ‘roja’. Nuestra Selección Nacional que este lunes 13 de junio, San Antonio de Pádua, ha vuelto a sembrar la ilusión.

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Almería, un lugar para volver

Almería es una tierra alejada de Salamanca. 752 kilómetros separan a las dos capitales. Una andaluza y otra castellana, pero ambas con numerosas afinidades taurinas derivadas, en gran parte, por haber contado con la misma empresa taurina durante el último medio siglo, la Casa Chopera –aunque en la capital charra alternando durante muchos años con sus parientes, los Choperitas-. Por eso en sus ciclos se lidiaba el mismo tipo de toro y también las figuras que venían a La Virgen del Mar después lo hacían a La Virgen de la Vega –o de San Mateo, que era su denominación en otra época- contratadas por Manolo Chopera y antes por su padre, don Pablo, o actualmente su hijo Óscar, que es quien lleva la voz cantante de la familia en ese ciclo. Eso imprimió personalidad semejante a las dos capitales dentro del ámbito taurino, con el hecho añadido del gran cartel que tuvieron en Almería las tres máximas de Salamanca. Primero El Viti, con tardes memorables en el coso de la avenida Vilches, al igual que El Niño de la Capea, pero sobre todo el llorado Julio Robles, al que se le guarda culto e incluso ganó en dos ocasiones -1984 y 1985- el preciado capote de La Virgen del Mar con el que se premia al triunfador del ciclo.

La huella de Julio Robles en Almería quedó perpetuada con una plaza pública dedicada a su memoria y que está situada al lado de las arenas en las que tantas veces lo aplaudieron. La plaza ‘Torero Julio Robles’ hoy nos emociona pisar a quien fuimos ‘roblistas’ para convertirse en una visita obligada en los viajes a esa salerosa ciudad, de gentes nobles, agradables y con el Mediterráneo que le da vida más allá de ser una puerta abierta a África.

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Hacía ya casi una decena de años que no viajaba a Almería y ahora lo hice para hablar de toros en el Foro Cultural ‘3 Taurinos 3’, asociación integrada por magníficos aficionados que mantienen vivo el pulso de la Fiesta durante todo el año. A su frente se encuentra Juan Aguilera, apasionado de la Tauromaquia y autor de varios libros que son de lectura obligada para todo aquel que quiera conocer la cultura taurina de la tierra, al igual que la historia de diferentes cosos de la provincia. Aguilera, que heredó al afición de su padre, un caballero que hasta hizo sus pinitos de empresario, posee además una impresionante colección de carteles, libros taurinos, vestidos, cabezas de toros… digna del mejor museo. Del Foro Cultural ‘3 Taurinos 3’ también es socio Marco Rubio, un caballero que fue presidente de la plaza de toros de Almería y dejó el listón en la máxima altura de prestigio y seriedad. Porque Marco, de aspecto distinguido con aires de intelectual, es un aficionado íntegro y de verdad que habla de toros sin mirar a los lados, ni dejarse llevar por las corrientes ‘istas’.

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La conferencia que llevó por título ‘Los toros más allá de una pasión’ se celebró en el Museo de la Guitarra, un lugar digno de descubrir y que es visita obligada a la ciudad, al igual que su Catedral, el ‘cable inglés’, su paseo marítimo, sus playas o también la opción de irse de vinos por su casco viejo y perderse entre los encantos de Casa Puga o El Quinto Toro, dos bares de sabor taurino y en los que se degustan exquisitas tapas. Presentado por Ana Álvarez, jurista y presidenta de la plaza de toros de Granada, pero sobre todo una extraordinaria aficionada que ha dado categoría y respeto al palco de la capital de La Alhambra, se habló de la actualidad y del pasado. Del futuro y de los avances de la Fiesta, sin dejar a un lado la realidad y los ataques que sufre el arte del toreo. Tras la disertación se abrió un coloquio en el que la afición almeriense preguntó sobre sus inquietudes. Todo en el escenario de una tarde muy agradable, de las que dejan poso y buen sabor.

Previo al acto otro honor fue conocer a un joven letrado que hace sus pinitos en labores de crítico taurino con excelente porvenir. Se trata de Jorge Ponce, autor de un magnífico libro que lleva por título ‘Del reloj al romero’ y no debe faltar en la biblioteca de ningún aficionado. Además con Jorge nos une la misma persona, la sevillana Inmaculada Linares Ponce, que es prima de Jorge y amiga de servidor desde 1997. También entre los asistentes, con importante presencia de jóvenes fue otro placer encontrar a un paisano. Se trata de Álvaro, natural de Ledesma que ha sido teniente coronel de la Legión y ya se encuentra retirado, que es un hombre campechano con el que fue un honor departir largo rato parar mientras recordábamos  a gentes y a lugares de su pueblo natal.

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En ese ambiente no faltó Ruiz Manuel, uno de los toreros de la tierra, por el que tantas veces apostamos y al que vimos en Madrid varias veces a punto de tocar la gloria. Hoy Ruiz Manuel, que también goza de mucho cartel en México, es gerente de la empresa Chopera, dirige la escuela taurina local y aún no pierde la opción de aprovechar una oportunidad para relanzar su carrera y volver a entusiasmar gracias a su poso y buen concepto.

Con todos ellos nos dieron las tantas hablando de todos y de la vida por los bares y terrazas que se encuentran en el hermoso dédalo de las calles de la capital y propiciaron un viaje del que se recordará con añoranza. Porque Almería es un sitio en el que merece la pena perderse y este año la pintan calva con la posibilidad de regresar en agosto y disfrutar de su feria en honor a la Virgen del Mar para volver a abrazar ese magnífico ambiente taurino que se respira en la capital más oriental de Andalucía. Y del que ha sido un privilegio formar parte, gracias al Foro Taurino ‘3 Taurinos 3’ que dirige Juan Aguilera y es una peña identificada con el señorío y respeto a la Tauromaquia. Por eso, en la mañana del viernes al regresar y cuando el Talgo que nos llevaba a Madrid hizo sonar el claxon para comenzar la marcha, las hermosas sensaciones vividas ya era historia. Pero historia de la que siempre uno sentirá orgullo y gratitud.

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David Salvador, a cocción lenta

David Salvador es un joven charro que se cuece a fuego lento en el puchero de la pureza y clasicismo. Perteneciente a la Escuela de Tauromaquia de Salamanca y apoderado por Leandro -ese torerazo que nos regaló tanta esencia y fue protagonista de varias de las mejores faenas de lo últimos años- está próximo a debutar con caballos.

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Domiciliado en La Fuente de San Esteban, un pueblo de tanto sabor, allí se hace para el toreo y en su Plaza Mayor, convertida en coso taurino durante los días de sus fiestas grandes en honor al Corpus, toreó de corto en el cierre de esas jornadas logrando un memorable éxito. Se trató de una clase practica que resultó con mucho sabor y alto contenido artístico.

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Sin duda un día para enmarcar en la aún breva carrera de David Salvador, quien ya atesorará en su palmarés haber toreado en su pueblo durante los días de Corpus. Al igual que lo fue para todo aquel que pisó sus arenas, que han sido muchos. Entre ellos dos mitos, que pusieron la primera y la última piedra de sus laureadas carreras; uno nuestro querido Julio Robles -que en ella mató el primer novillo de su vida, en 1967- y lo recordó emocionado el año que vino a pregonar las fiestas del Corpus ya poco antes de su muerte. Otro el maestro Jumillano- tan vinculado a la localidad-, que toreó en ese ágora su último toro en 1966, animado por un grupo de amigos y una decena de años después de rubricar su brillantísima carrera.

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David ha sido el último en poner una piedra de solera en la que no faltan los otros matadores de La Fuente de San Esteban, caso del inolvidable Paco Pallarés, junto a Juan José y Emilio Charro. Por esa razón a medida que la trayectoria de David Salvador avance ese día será para él pleno de emoción y añoranza, correspondida por haber regalado a sus paisanos, que abarrotaron la plaza, el sentido tan puro del toreo que atesora. Además ese es el primer paso de querer a su pueblo de residencia, de identificarse con él y sis gentes, de salvaguardar sus tradiciones y de escribir la historia. ¡Enhorabuena! Y que el guiso que se cuece en el puchero de la Tauromaquia se refrende en el futuro cercano cuando ya espoleen sus brillantísimas condiciones.

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Las fotos son de otro fenómeno de La Fuente de San Esteban, de Sergio Sánchez José, quien tiene un precioso blog llamado Fotografía Taurina Sergio Sánchez. 

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