Berkeley: ¡¡Todos somos José Ramón y Jesús!!

Con mi solidaridad a la plataforma Stop Uranio y a los compañeros José Ramón Barrueco y Jesús Cruz, coaccionados por Berkeley, que los ha llevado a los Tribunales.

La poderosa Berkeley sigue amedrantando a quienes plantan cara a las minas asesinas con las que quieren matar el precioso rincón del Campo Charro bañado por el Yeltes que estás situado en los municipios de Retortillo y Villavieja. Han conseguido desunir una comarca y sembrar el odio entre quienes han comprado con su dinero amargo amparándose en la grave crisis económica. Afortunadamente cada vez es más la gente que se da cuenta de este atropello de Berkeley y se suman a sus trincheras contrarias para tratar de frenar lo que es un atentado en toda regla -ecológico, cultural, social…-. Que son las trincheras de la razón y de la verdad, de la sensatez para defender unos de los rincones naturales más hermosos de la Península, los mismos que pretenden destruir.

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En su política han declarado la guerra a quien les planta cara para decir que su proyecto es de ruina y de muerte. Ha ocurrido ahora con la plataforma Stop Uranio, que desde el primer día se puso frente a ellos con la razón por delante. Y con las ‘armas’ de la razón –que la potente Berkeley ignora porque piensa solamente en dinero y destrucción- han llevado a los tribunales a dos caballeros, a José Ramón Barrueco -secretario de Stop Uranio- y Jesús Cruz –quien siempre ha luchado contra esa aberración-. Esta mañana fueron a declarar a los juzgados de Ciudad Rodrigo, con decenas de apoyos en los exteriores de gente que rechaza el proyecto de la mina. Por esa razón alzo a través de estas líneas la bandera blanca de la solidaridad hacía ellos, porque hoy todos somos José Ramón y Jesús, a quienes quieren silenciar para sacar adelante la que es una tropelía.

 Y no lo lograrán, porque el Campo Charro ya espabila y no parará hasta verse liberado de la ruina y la muerte que trae Berkeley.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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