Una loa para Antonio Ferrera

Antonio Ferrera lleva vivido un largo calvario al que nunca parece llegar el final. Casi dos años sumido en un túnel del dolor donde nunca parece llegar la luz que abra otra vez los horizontes y el colorido de los ruedos. De su mundo. Una lesión de huesos de esas que tanto temen los toreros lo ha llevado al dique seco. Ya lo decía el maestro Antoñete, “prefiero una cornada grave a una fractura ósea”.

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Ahora parece que clarean los horizontes de 2017 para él y volver a descolgar el taje de luces para regresar su nombre a los carteles. Porque el extremeño ha sido un ejemplo y a nadie ha dejado indiferente en una larga carrera marcada por la entrega, el pundonor y también esas gotas de pellizco. Ahora, en la paz del campo extremeño, ya se prepara para sacar la cabeza de nuevo y devolver su nombre a las ferias.

Gustará más o menos su interpretación, pero es un torero antes el que debemos descubrirnos, porque siempre ha dado la cara y ha ido de frente para saber estar a las duras y a las maduras, conviviendo con la cara y la cruz. Con esa cruz que llega en forma de cornadas y él la conoce mejor que nadie, porque son nada menos que ¡36! las cicatrices que trepan por su cuerpo. ¡36! las medallas que luces ganadas sobre las arenas para honra y grandeza del toreo. Todas con una historia, pero quizás la más amarga sea la actual, con un peso que carga desde hace casi dos años tras sufrir una grave lesión cuando su nombre era referente en las ferias y Ferrera era un símbolo de respeto y honor a la Tauromaquia.

Se le espera como esa agua de primavera que deja el campo hecha una postal, porque él volverá para seguir enriqueciendo su leyenda de respeto y de culto al toreo.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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