Julio Robles, siempre en el recuerdo

Abre los horizontes un nuevo año y rápido nos inunda el recuerdo, siempre nostálgico, de Julio Robles, excelso artista cuya fama y leyenda sigue firme en el espejo de la torería más allá de los 15 años transcurridos de su muerte. O los 26 de la terrible cogida que mató al torero para descubrir a un hombre merecedor de todas las bendiciones.

Ahora vuelve a brillar su estrella, aunque resplandece de forma perenne en la nostalgia de tantos como seguimos huérfanos de su torería. Porque el sentimiento de Julio Robles anida en el corazón de miles de aficionados que recurren a su legando para seguir aferrados a la Tauromaquia gracias a esas felices décadas de los 70 y 80 donde tanto creció el frondoso árbol de su torería.

De nuevo Salamanca vuelve a recordarlo con un acto público alrededor de la preciosa escultura de Salvador Amaya estrenada en 2002, al año siguiente de su muerte. Precisamente a raíz de inauguración del precioso bronce surgió la ofrenda floral de carácter anual para reunir una vez al año al toreo en el recuerdo al malogrado maestro. Se trata de una ofrenda que no surge por idea de la Federación de Peñas ‘Helmántica’, pese a la insistencia de poner ‘organizado por’. Ni mucho menos, porque en esa época no daba más de sí. Lo que sí hizo la Federación fue aprovecharse de ello cuando ya se habían dado todo hecho.

Conviene aclarar ideas y poner las cosas en su sitio, sobre todo en un mundo tal interesadamente olvidadizo como el actual. Por eso recuerdo que la idea de hacer una ofrenda floral con carácter anual para rememorar el legado de Julio Robles fue obra de este servidor. Si, se forjó en las páginas taurinas del viejo Tribuna dando la idea de cómo debía ser y poniendo el ejemplo de Valencia con Manolo Granero junto a la de otros diestros desaparecidos de la ‘terreta’. Se añadía que, en cada edición, sería justo que además de su familia estuviera presente alguien vinculado a Robles, bien miembros de su cuadrilla o compañeros del ruedo, algo llevado a cabo el año de la inauguración y también en alguna ocasión posterior vino Victoriano Valencia, su apoderado. Y las cosas son así, además escritas en las hemerotecas que como el algodón no engañan. Aunque ahora la Federación venda otra historia, pero la cierta y real está publicado.

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También durante aquellos años iniciales solía leerse un escrito dedicado a Julio Robles -que se regalaba ilustrado con algún momento del maestro- a cargo de algún personaje relevante, pero aquello se perdió. Por cierto la idea lanzada en las páginas del desaparecido Tribuna también evitó que la escultura se colocase en la llamada ‘Glorieta Julio Robles’–, situada al lado de las piscinas de Garrido y el parque Würzburg-. En los aledaños del coso taurino ya estaba la escultura del Viti y se ideó colocar a un lado la de Robles y en el otro jardín que quedaba libre la del Niño de la Capea, que poco después también fue una realidad dejando la explanada de La Glorieta como uno de los monumentos taurinos más bello del mundo. O el que más, al menos para mi gusto.

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De esa forma evitamos que no se colocase en el barrio de Garrido y Bermejo, porque su sitio era La Glorieta demostrándose, con ética y cordura,  que aquel era el lugar natural, el de un torero que en ese recinto protagonizó tantas tardes gloriosas. Y ahí fue cosa nuestra –no de la Federación ‘Helmántica’, que no movió un dedo-, aunque lógico es darle el merecido honor a Julián Lanzarote –junto a su fiel Luis Felipe Delgado de Castro-, quien captó rápidamente la idea para hacer presente el recuerdo anual a Robles y devolver la grandeza del genial torero.

Porque las cosas son como son y aquí la Federación de Peñas ‘Helmántica’ no hizo más que ponerle cara a algo que le dieron hecho. Y de eso el verdadero promotor fue Julián Lanzarote, quien dejó vivo todo el protagonismo para gloria del querido maestro.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

2 comentarios en “Julio Robles, siempre en el recuerdo

  1. Como abonado de las Ventas desde comienzos de los 80, fuí testigo de los éxitos importantes de Robles en Madrid. Un escalón por debajo de Antoñete, quizás junto con Curro Vázquez fue el torero de culto del público madrileño en esos años. Los que hacían sonar el runrún. Estrictamente como torero Se han dicho muchas cosas de Robles en estos años. Yo quiero hablar algo que no se ha destacado suficientemente de su Tauromaquia, y que seguramente entre los nuevos aficionados chocaría por ser algo poco habitual incluso mal visto en la actualidad: su magnífico toreo con la muleta a media altura. Su empaque y majestuosidad hacía que el público lo disfrutara en lugar de censursarlo, y le permitía cuajar muchos toros en una época en que la poca fuerza se hizo habitual. Hoy la finalidad del torero es arrastrar la muleta hasta la exageración. No me parece mal per se, lo que añoro es la variedad de Tauromaquias y personalidades que existió en aquellos años. Saludos

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