Un borrón negro en Santander

Santander siempre fue una plaza abierta a las oportunidades y justa con quien se ganó volver a torear sobre sus oscuras arenas. La cálida feria cántabra es el perfecto equilibrio antes de iniciar la locura taurina de agosto que convierte al país en un inmenso ruedo. Allí, en su reluciente plaza de Cuatro Caminos y bajo su apasionada afición la Fiesta ha vivido días gloriosos desde que, a mediados de la pasada de los 80, aquel alcalde llamado Juan Hormaechea echó el resto para recuperar y fomentar su feria taurina, entonces decaída y además recuperó la plaza, sentenciada para construir pisos sobre su solar.

Aquel Hormaechea, con la confianza del empresario Paco Gil en la gerencia, supo que tras la caída de San Sebastián, que perdió su Semana Grande al derribar el Chofre, el turismo de playa y toros tendría en Santander el mejor de los lugares. Y apostó para ello hasta lograr que la Feria de Santiago fuera el gran lujo del mes de julio. Con todas las figuras rivalizando con los toreros que de verdad se ganaban el puesto.

Por eso esta mañana al leer los carteles de la nueva feria y comprobar con la ilusión la alternativa de Alejandro Marcos, el torero paisano que de matador va a lucir mucho más con su interpretación clásica, nos encontramos la cruz negra de la injusta ausencia del madrileño Gonzalo Caballero. Injusta porque el año pasado Gonzalo emocionó a esa plaza y todo Santander, esa noche, no hablaba más que de este pequeño gran torero que acababa de conquistar a la tierruca. Y ese día en todas las tertulias le dijeron “te has ganado un sitio para muchos años en esta feria”. Todo porque aquella tarde de julio, su contundente actuación le valió los más gloriosos titulares gracias a esa fusión de valor y torería que convierte a Gonzalo Caballero en un diestro de distinción. De esa distinción con la que ganó Santander y ahora han olvidado unos ‘matailusiones’ excluyéndolo del ciclo ferial en una de las mayores injusticias vividas en los últimos tiempos. La que priva a Santander y a su afición de ver al torero que los emocionó el pasado año.

Ojalá el 29 en Madrid, con un nuevo triunfo venteño, haga que se tiren los pelos quienes juegan a empresarios en Santander. Esos fardantes que carecen de sentimiento y juegan con la ilusión de la gente. Y también con la vida. Porque Caballero se la jugó con su valor y torería para ganarse un sitio en los carteles. Y eso son palabras mayores que quizás nunca comprendan estos ‘matailusiones’ que son más dañinos que Podemos y todos los antis juntos.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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