Adiós a los olés por Morante

Al filo de la medianoche, ya en las puertas del domingo para el lunes, sonaron las alarmas y los teléfonos echaban humo. De manera repentina Morante se iba –primicia ofrecida por Cuadernos de Tauromaquia-, cortaba la temporada y “aburrido” decía adiós a los ruedos “por un tiempo indefinido”. Temblaban los empresarios y entre la gente de la Fiesta se atizaban las comidillas porque el inesperado retiro va a pesar mucho, mientras en la modernidad de las redes sociales se hacían apostillas sobre la realidad de unos motivos que solamente conocía el protagonista. Porque nadie en su sano juicio tragó con la justificación que se marchaba aburrido, harto de presidentes y veterinarios. ¿Harto? Él que tuvo el privilegio de elegir los toros a su gusto, tan a su gusto que incluso en ocasiones fue abroncado por los públicos cansados de las ‘gatadas’ que lidió. ¿Aburrido? Esto tal vez pueda ser y por otras causas.

Morante se ha ido y queda el embrujo de sus verónicas. Ha dicho adiós y hoy las campanas del toreo suenan a latón. Porque Morante es la fuente más pura que recoge las aguas de los mejores toreros de siempre, con su genialidad, creación, arte, inspiración, empaque y torería que lo convirtieron en un genio. Y solamente los genios pueden emocionarnos con su grandeza, como ha sido su caso, fuente de la pureza, crisol de la torería. Sin embargo con su marcha quedan un montón de interrogantes por descubrir. Cierto es que hace tiempo se le observaba abúlico, quejándose de todo y buscando culpables a su alrededor cuando a lo mejor era necesario haber estudiado profundamente esos ‘porqués’.

A Morante ya le costaba un mundo disfrutar y por eso era incapaz de transmitir a quien desde el tendido estaba deseoso de jalear la magia de sus verónicas. En estos tiempos ya todos tenían la culpa de la que apenas abriera el cofre de su magia y recurriera a extremos inauditos o llamativos. Como exigir la eliminación del peralte de Las Ventas para torear en esa plaza, cuando a ninguna de las grandes figuras jamás molestó algo ideado décadas atrás con la finalidad que ese inmenso ruedo venteño no se ‘comiera’ a los toros. Ahí, igual que con casi todas sus exigencias, la empresa tragó y la esperada comparecencia de Morante en esas arenas se tradujo en tarde gris zaina. Al igual que en otras plazas, porque hubo algo que siempre pesó al genio de La Puebla del Río y ahí estuvo el quid para demostrar que sus apoderados nunca supieron explotar su torrente.

En estos años –excepto en muy pocos cosos- era incapaz de llenar los tendidos, a la par que la alargada sombra de José Tomás tantas veces quitaba el sueño. Se acartelaba José Tomas en sus escasas comparecencias y llegaba una revolución total; lo hacía Morante y en la taquilla quedaban talonarios enteros sin vender. Y esta es una realidad que ha debido ser determinante para alguien nacido con las bolitas del arte y que nunca tuvo más tirón, por ejemplo, que El Juli, siendo infinitamente peor torero que él. Ni tampoco llevó más gente a las plazas que Manzanares o Talavante y eso que la torería artística de Morante, cuando llegaba la inspiración, superaba todas las barreras. Por ejemplo no debería ser fácil de digerir para quien era un genio observar tantas localidades libres en sus corridas y ahí está el caso de San Sebastián en su penúltima tarde con escasos tres cuartos en el cartel estrella del ciclo. Y si no se llena tampoco se pueden cobrar los altos honorarios pretendidos. Lo mismo ocurrió en la definitiva tarde dominguera del Puerto de Santa María, también con escasos tres cuartos cubiertos de la Plaza Real, junto a un Julián López ‘El Juli’ insaciable y hambriento en un mano a mano que fue literalmente a comérselo. Y lo logró, siendo la última gota que colmó el vaso del fatal planteamiento de sus apoderados, quienes dejaron a Morante frente a las afiladas garras de león del Juli.

Ahora nos deja huérfanos de su grandeza artística y las empresas, inquietas y nerviosas, tratando de resolver el particular crucigrama de sus carteles para tapar de la mejor forma posible el agujero de su ausencia. ¡Qué bien quedaría Juan Mora en sus corridas! Se le echará de menos y en algunas plazas pesará más que en otras, como Bilbao, donde era la estrella de las ‘corridas generales’. Sin embargo lo mejor ha sido irse si ya no se disfruta vestido de luces. Y ahora a esperar, aunque lo lógico es que en unos meses espante sus fantasmas y esté de nuevo activo. Apuesto que en ese momento lo hará con alguien que aporte frescura y vele por unas temporadas cortas, ‘estudiando’ cada corrida para darle categoría de acontecimiento y sentar finalmente a Morante en un trono que tantas veces acarició y siempre acabó siendo de otros. Ojalá vuelva,  la Fiesta lo agradecerá y supere esta amarga marcha que trata de buscar buscando culpables y no mirándose en sus espejo para reconocer lo que hizo mal.

COLETILLA FINAL: Algo que también debe haber mellado a Morante de la Puebla es Sevilla, su Sevilla, que nunca acabó de entregarse. Y eso que él con nació para ser el nuevo rey del toreo y, sin embargo, ni de cerca goza entre sus paisanos la admiración que le tributaron a Curro Romero. Y por último, él que es tan estudioso de la historia del torero y en los últimos años se ha empapado de Joselito ‘El Gallo’ lo ideal sería ampliar conocimientos y adentrarse en la mítica  figura de Manuel Jiménez ‘Chicuelo’, el genio de La Alameda de Hércules y muy olvidado cuando ha sido uno de los artistas más excelsos de la historia. Ojalá Morante descubra la leyenda de ese tesoro que tanto le va a aportar. Y

Por último insisto, ahora mismo hay un maestro llamado Juan Mora para llenar el vacío de esos carteles con arte y torería. 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

3 comentarios en “Adiós a los olés por Morante

  1. “Por último insisto, ahora mismo hay un maestro llamado Juan Mora para llenar el vacío de esos carteles con arte y torería.”. No le quito el merito a Mora, pero si Morante no llenaba, incluso acompañado de figuras, si colocamos a Mora, las devoluciones de entradas serian masivas y la ruina del empresario. No voy a extenderme, nuestros gustos como aficionados tienen un coste y la pregunta es ¿quien lo va a pagar?.

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