Archivo por meses: noviembre 2017

Adiós a Marivi Mazas, señora de Valdefresno

Enfilada la última semana de noviembre, casi en vísperas de San Andrés y con las primeras heladas tiñendo de blanco las madrugadas del Campo Charro, este lunes se ha ido a la eternidad Marivi Mazas, dama y señora de Valdefresno, viuda del inolvidable Nicolás Fraile, fallecido hace casi cuatro años y madre de José Enrique y Nicolás, sucesores en la obra de sus progenitores en la cría del toro bravo. Hoy, otra vez más, a esa casa ganadera charra habitada por gentes buenas y generosas regresa el luto y el llanto para despedir a un ser querido. Ahora, a Marivi, la matriarca que era todo bondad y simpatía, señora de excelente trato.

A Marivi le tocó sufrir hace veintitrés años el drama de perder a su hijo mayor, Juan Luis y desde entonces nunca volvió a ser la misma. Juan Luis –era novillero y días antes se había presentado en Madrid- perdió la vida en un accidente de tráfico y el dolor de esas heridas ya nunca cicatrizaron y con su recuerdo lentamente se fue apagando la llama de su vida.

Hoy, por campos de Tabera, los toros de Valdefreno turrean con dolor por al ama fallecida y las garrochas de lo vaqueros lucen un simbólico lazo negro en señal de luto por la marcha de Marivi Maza, la señora de Valdefresno que siempre vivió abrazada a esa bondad que es el blasón de esta casa ganadera.

El funeral por Marivi Mazas será mañana, martes 28, a las 11.30 en la iglesia de Sancti Spíritus, de la capital. El velatorio está instalado en el tanatorio de San Carlos, sala 6, en Salamanca.

El patíbulo del Campo Charro

La tropelía contra el Campo Charro por parte de la mafiosa y dañina Berkeley tiene los días contados. Los tiene si esta sociedad abre los ojos de verdad y se une para echar el freno ante tamaña barbaridad. Con la unión del pueblo –de todos los colores políticos- llegará la victoria, que es la única realidad y la que temen los políticos, más ahora que se empiezan a avecinar tiempos de elecciones. No olvidemos que Berkeley tiene el dinero –sucio si, pero compran voluntades- y el resto tenemos la dignidad en este particular pulso entre el bien y el mal. Y sí, su dinero, que es sucio, maloliente y vomitivo, lo utilizan para comprar voluntades y crear un falso paraíso de prosperidad ante los ojos que desconocen la realidad e ignoran que esa multinacional mafiosa no trae más que daño, ruina y muerte. Porque además de destrozar el paisaje decenas de estudios objetivos y no intoxicados al interés de Berkeley ponen sobre el tapete todas las maldades que nos vendrán encima si ganan la batalla y abren esa mina asesina que será el patíbulo de nuestra tierra.

Berkeley es lo peor que ha ocurrido al Campo Charro desde la invasión francesa, hace ya más de dos siglos. Los gabachos saquearon los tesoros y valores, violaron a las mujeres, asesinaron a quien les plantó cara e incendiaron montes, iglesias, archivos… Hasta que llegó un vaquero valiente de Muñoz llamado Julián Sánchez y pasó a los libros de historia con el nombre de El Charro echándose al monte junto a otro aguerrido grupo para defender el orgullo de esta tierra y salvarla de sus garras en ese campo de batalla que fue el Campo Charro hasta hacer doblar al mismo Napoleón, el más poderoso y victorioso de los generales, quien se vio rendido ante un grupo de paisanos capitaneados por Julián Sánchez para escribir la página más orgullosa de nuestra historia. Por cierto, aquí la historia se repite de nuevo, porque entonces también hubo un grupo de traidores de la patria, los denominados ‘afrancesados’ quienes pensaban que bailando al agua de Napoleón les llenaría las manos de monedas de oro, títulos y beneplácitos, sin embargo al final murieron en la miseria y con el deshonor. Es el mismo caso de quien ahora tiende las manos en la rebatiña de Berkeley.

Hoy ese espíritu de don Julián debe revivir para echar de una santa vez a esa mafia con mayúsculas que ha llegado comprando voluntades para destrozar uno de los más bellos parajes de la Península Ibérica. Para dejarla sembrada de muerte y desolación con el beneplácito de gente, poca pero ruidosa, que actúa con pensar más que en sus bolsillos.

Frenemos a esta mafia. ¡Echémosla de nuestra tierra! Demostremos ese espíritu charro con la sangre de nobleza que corre por las venas de tanta gente de bien. Apartemos a quien han puesto la mano para recibir ese dinero tan venenoso. Y no faltemos el domingo a la gran manifestación de Salamanca para decir salvar al Campo Charro al grito de ¡Berkeley, fuera del aquí!

El honor de llamarse Armillita

Maldito 2017. Mal nacido año para las gentes del toreo. El peor que se recuerda en mucho tiempo, que de un plumazo se ha llevado a la luchadora Angela, al artista Manolo Cortés, al aguerrido Palomo Linares, al poderoso Gregorio Sánchez, a la ilusión de Iván Fandiño, al temple de Dámaso González y ahora a Miguel, el pequeño de los Armillita, sin olvidar también la leyenda de Victorino Martín, el mejor ganadero del último medio siglo. Todos, excepto el maestro Gregorio y Victorino, jóvenes y con mucha vida por delante.

Ahora se nos ha ido Miguel Espinosa ‘Armillita Chico’, el último gran artista que parió México, con trato y consideración de maestro -de verdad, no esa absurda moda actual de llamar maestro a todo aquel que viste de luces-, el hijo pequeño de aquel señor de los ruedos y colosal torero llamado Fermín Espinosa ‘Armillita Chico’, el llamado Joselito mexicano, que fue el torero más completo que parió el querido país de ultramar, el que triunfó a lo grande en todas las plazas de España y no fue más por el dichoso convenio que, cada dos por tres, se rompía y los aztecas debían regresar a su tierra. Sin embargo, el viejo Armillita Chico dejó en España el poso de un intérprete genial con máximo prestigio mantenido en el tiempo, además de padre de tres toreros. De Manolo, fallecido el pasado diciembre; de Fermín –compadre del gran Pedro ‘El Niño de la Capea’ y de Miguel, quien más alto llegó y fue dueño de unas asombrosas condiciones artísticas cuando la ocasión le vino propicia.

Con Miguel nos quedamos con un ramillete de faenas para el recuerdo, aunque con la cruz de no acabar de hacer el esfuerzo en España donde cuando debió acelerar ya tenía el riñón cubierto –su defecto era su conformismo- para haber sido una figura de época. Aquí protagonizó brillantes tardes de novillero y después, con esporádicas apariciones, no fue hasta septiembre de 1.990 cuando deja el sello de su calidad en la feria de Salamanca al cuajar a ‘Chafaroto’, un gran toro de Dionisio Rodríguez. Ese día, el gran Armilla, bordó el toreo al natural en una inmensa lección de clasicismo, de gusto y de torería, aunque parte del público y mucha prensa –con la excepciones del querido Don Lance en un diario local- no cantó aquella maravilla. Una maravilla que dejó para siempre una página de arte en La Glorieta.

Sin embargo el destino no quiso que ese lujo de trasteo quedase entre las telarañas del olvido y dos años más tarde, en octubre de 1992, Miguel Espinosa ‘Armillita’ regresa a España para torear en el festival homenaje a su amigo Julio Robles en Madrid y firmar un inspirado, hermoso y elegante trasteo a un toro de Juan Pedro Domecq cortando dos orejas y además televisado por la ‘1’. Esa tarde-noche, con la conmoción de su gran faena todo el mundo habla de Armillita y, por arte de magia, resurgen sus gloriosos naturales de Salamanca.

El triunfo de Madrid le dio alas para volver a hacer campaña española y, apoderado por el peculiar Bojilla, regresa para torear en varias ferias, aunque sin llegar ese esperado triunfo necesario para volar a los mejores carteles. De nuevo llegan idas y vueltas hasta que en San Isidro de 1995 sufre un gravísimo percance en Madrid al clavársele el palo de una banderilla en el cuello y estar a punto de perder la vida. Volvió en 1997 para matar la corrida de Miura –junto al Litri y Ponce- que conmemoraba en Linares el cincuentenario de la muerte de la Manolete y, a partir de entonces, apenas se le volvió a ver en ruedos españoles. Precisamente una de las últimas tardes que toreó fue en Salamanca, ahora de corto en el festival a beneficio de Las Hermanitas de los Pobres donde se lidiaban novillos de su amigo Julio Robles, quien lo invitó a torear, para hacer el paseíllo junto a varios amigos más: Manzanares, Dámaso González, Curro Vázquez, en tarde abierta por el rejoneador mirobrigense Perita y cerrada por el novillero José Manuel Sánchez, que deleitó con sus naturales.

Fiel a España eran varias las veces que viajaba cada año, sin perderse jamás la Feria de San Isidro. En ella era esperado por sus muchos amigos, entre ellos los toreros, quienes adoraban a Miguel, porque además de ser un diestro exquisito atesoró el don de la humanidad y supo llevar tan a gala y defender el prestigio del apodo ‘Armillita’. De este Miguel que acaba de marcharse a la eternidad en medio de este 2017 que queda herrado como el año mandito para los toreros.

Mitificamos a los golfos

Rara avis es la gente del toro. No tiene parangón con la protagonistas de otras artes. El taurino, por regla general es diferente y sigue abrazado a vicios incorregibles. Pero sobre todo esquiva la urgente necesidad de mirar adelante para cambiar los esquemas de la Fiesta en pos de una necesaria modernización de sus estructuras, amén de defenderla de tantos zarpazos sociales y políticos como recibe en los últimos tiempos, mientras que sus gentes siguen agazapadas siguiendo adelante entre tantas embestidas y sin buscar otras cosas que llenar el bolsillo incomprensiblemente ausentes de dar la cara en la legítima defensa del arte del toreo.

muy bonita

Es gravísimo que con todo lo que ocurre las élites y el ‘sistema’ miran para otro lado, nunca para el sitio donde está la diana desde la que apuntan. Grave la situación cuando hay que soltar tanta lastre que limpie el interior organizativo de la Fiesta. Pero será tan difícil como complicado y aun tardará mucho tiempo en tener una normalidad. Hoy todos saben quien son los nombres del sistema que más daño han hecho a los esquemas del negocio taurino. Quienes son la metástasis de un cáncer que debería estar curado, pero sigue vivo. Todos tienen nombre y apellidos. Desde los españoles, el francés o los que llegaron de México como redentores y no han hecho más que seguir echando sal a las heridas.

Pero sin embargo el resto de profesionales, desde importantes gentes de la empresa hasta los de ‘medio pelo’ le gusta presumir de ‘ser muy amigos de…’. Y ese ‘de’ casi siempre es uno de los personaje con menos escrúpulos que hay en el toreo. “Yo llamo a…”. Les encanta mitificar a los más golfos y de ello presumen en todos sus círculos. Es lo mismo que si los militantes de un partido político le hacen la ola a quienes están imputados por corrupción.

No se entienden esas lastras tan habituales y que tanto daño han hecho a la evolución de la Tauromaquia. La de mitificar a los golfos y de ello hay mayor prueba que habla usted con cualquier taurino y enseguida le gusta presumir que es amigo de los ‘próceres del sistema’.  Aunque sepan que le están robando. Pero así de real es muchas veces este mundo, con estas cosas tan incomprensibles.