Archivo por meses: enero 2018

Valdemorillo, otra zancadilla al toreo

Valdemorillo acaba de tirar por la alcantarilla de los dislates el prestigio que gozó su Feria de San Blas y la Candelaria, la primera del año. La que dejó el recuerdo de tantas tardes imborrables y la que siempre tuvo en los modestos el trampolín para buscar un triunfo que le abriera las puertas de Las Ventas.

La han dejado agonizar, desprestigiada y con un futuro roto por hacer las cosas mal, por planteamientos nefastos y, de nuevo, la política jugando un sucio papel. La feria de Valdemorillo, en estas manos, no necesita enemigos, porque ellos solitos se la han cargado. Y lo triste, ahora que había programado una gran ciclo para recuperar su antañona categoría y han acabado jugando con la gente; con inmensos profesionales a quienes contrataron y a la hora de la verdad todo fue un engaño, como ha ocurrido con el maestro Juan Mora. O con toreros de la talla de Uceda Leal, de Miguel Abellán…. De atentar con ilusiones de novilleros, a quienes han ninguneado, caso de Alejandro Mora, que iba a debutar con picadores y otra serie de chavales que ya no torean. Mientras, en algún contenedor de papel estarán amontonados los primitivos carteles que tanta ilusión despertaron antes de ver la realidad con este mal sueño.

De todas formas, Valdemorillo ya venía cantando en los últimos años que algo no funcionaba. La moderna plaza de La Candelaria no acabó de captar la atención del aficionado, de ahí las escasas entradas que tenía en la mayoría de las veces que abría sus puertas –en ocasiones con atractivos carteles- en otra clara muestra de que en la Fiesta, muchas veces, la tradición va reñida con la modernidad.

A Valdemorillo, no lo olvidemos, la grandeza le llegó con la idiosincrasia de la portátil, la particular fusión de toros con las tardes de frío, con gorro, bufanda y la manta de tiras para abrigar las piernas, en esa lucha del aficionado contra el gélido clima de primeros de febrero en la sierra de Madrid. Aquella fue la primera identidad de ese pueblo; el otro las combinaciones de carteles con toreros modestos, junto a nombres de espadas que había perdido el tirón y buscaban su recuperación. De hecho miramos atrás y vemos gente de la categoría de Bernado, El Inclusero, Miguel Márquez, Juan José, Marismeño, Currillo, Sánchez Bejarano, Sánchez Puerto…, con otros más jóvenes y, sin estar arriba, luchaban por encontrar un sitio. Y al lado de las corridas novilladas, algunas de tanto tirón, como un año que hicieron doblete Finito de Córdoba y Jesulín con la plaza abarrotada y mucha gente en el callejón. Porque entonces Valdemorillo era un feria de reventón. Y ahí bajó su historia.

Ese ejemplo de Valdemorillo y la enorme decadencia que viene también es aplicable a Logroño. En la capital riojana, desde que cerró la vieja y torerísima plaza de La Manzanera para dar paso al actual tauródromo de La Ribera, se han perdido los enormes condicionantes que hicieron del San Mateo logroñés una feria de postín. La confusión del cambio trajo un nuevo modelo y, en el camino, quedó la exigencia del público riojano, junto a aquel toro serio y cuajado que identificó, hasta entonces, a esa plaza. Hoy Logroño es una clara feria desnortada, donde el coso de La Ribera en raras ocasiones supera la media entrada.

Y es que las plazas de toros deben tener su identidad, no globalizarlas. Por eso me dan tanto miedo las dichosas obras que se llevarán a cabo en Las Ventas para aprovechar el coso de la calle de Alcalá en otros espectáculos. Miedo, porque  va minando su función inicial para la que se construyó. De estos hablaremos otro día; ahora lo que se denuncia es el atropello cometido en Valdemorillo, que acaba de tirar por la alcantarilla de los dislates el prestigio que gozó su Feria de San Blas y la Candelaria con ese atentado contra importantes toreros, entre ellos el grandioso maestro Juan Mora, a quienes no han respetado. Y es que el respeto debe imperar sobre todas las cosas. Y si se pierde…

           

Palabra de maestro (un encuentro en Villalpando)

Llegamos a Villalpando en el escenario de una fría mañana dejando atrás los 114 kilómetros que lo separan de Salamanca. Allí, a la hora programada, nos habíamos citado con los hermanos Javier y Damián Castaño, en el hotel Helmántico, para disfrutar de una jornada de amenidad y toros al lado de la leyenda de Andrés Vázquez. Tras un viaje ameno y conversando sobre asuntos de la actualidad alcanzamos la villa terracampiña y, en el Mesón El Toreo, ya nos esperaba el maestro, quien hacía tiempo leyendo el semanario taurino Aplausos, recién llegado en esa mañana del martes. Saludos de bienvenida y enseguida, las numerosas fotografías del protagonista, atraen la mirada de los recién llegados, algunas espectaculares y en otras rodeado de compañeros. Las fotos y también la cabeza de ‘Irónico’, el toro de Benítez Cubero con el que Andrés Vázquez tomó la alternativa, lo desorejó y comenzó su idilio con Madrid –aunque realmente había comenzado ya en su etapa de novillero con las tres puertas grandes logradas el año anterior-.

Acomodados alrededor de una mesa, Andrés Vázquez, desde el simbólico trono de su silla, habla de forma pausada y voz baja, con mucha torería en sus frases y numerosas sentencias, “el toreo es suavidad, sin forzar jamás al animal” y lo acompaña moviendo las manos como si torease a dos manos. Javier lo mira fijamente y, el maestro le habla de tardes que se anunció con corridas de Miura, en unos instantes donde, frente a frente, estaban dos legítimos protagonistas de esta divisa que ha labrado las cinco letras de su nombre con el honor y la grandeza. El ayer de Andrés Vázquez y hoy de Javier Castaño. Ambos rememoran momentos vividos con Miura y Andrés le transmite a Javier el respeto y admiración que le guarda por tantas gestas con esos toros, desde la histórica encerrona de Nîmes, a muchas otras en Madrid, Sevilla…

Lugar aparte merece el recuerdo de ‘Baratero’, feliz acontecimiento ocurrido en la carrera del maestro que, a preguntas de Javier, surge en la conversación y significó su recuperación como torero de ferias, después de ver su nombre apartado ese año, además del primer zambombazo que supuso para Victorino y comenzó a alzarlo como figura de los ganaderos. El maestro de Villalpando rememora la suerte de varas –protagonizada de manera memorable por José Cáneba ‘El Rubio de Salamanca’-, donde en cada vara le ponía más lejos el toro y la plaza se ponía en pie fruto de tanta emoción. Fue un toro al que cortó las dos orejas y le pidieron el rabo tras darle exactamente ¡13 muletazos! Pendiente de las palabras del maestro y sin perder detalle, en ese momento llega Jaime Rubio, la persona de confianza de Andrés, mozo de espadas y quien se sienta para compartir tertulia, aunque pendiente de cualquier llamada de emergencia porque ese día está de guardia –es conductor de ambulancias-.

Inevitable que la conversación gire alrededor de Victorino Martín, una divisa también tan familiar para Javier Castaño, quien apenas parpadea, al escuchar la palabra del maestro, al igual que su hermano Damián, “conocía bien lo de Escudero Calvo y desde el primer momento supe que había comprado una gran ganadería y así fue. Mira el día de ‘Baratero’ estaba anunciado Antoñete y se cayó del cartel al no fiarse, en cuanto me dijeron a mi si quería dije sí a la empresa sin dudarlo y acerté. ¡Vaya si acerté!”, indica Andrés Vázquez.

Damián le recuerda al maestro un novillo que le brindó hace un par de años en un festival toreado en la sierra de Madrid y con Javier cambia más impresiones, muchas de ellas anécdotas relacionadas con esos años de las pasadas décadas de los 60 y 70 cuando el nombre de Andrés Vázquez dictó tantas lecciones de torería en todos los ruedos. Mientras habla de Santiago Martín ‘El Viti’ –a quien guarda máxima admiración y define como su torero, junto a Belmonte, Domingo Ortega y Antonio Bienvenida-; del catalán Joaquín Bernado, sacando a coacción la tarde que se anunció con seis toros de Miura en Barcelona y él no dudó en tomar el llamado ‘puente aéreo’ para ir a verlo; a Gregorio Sánchez, su padrino y a quien aún emociona al recordarlo; pero es el mencionado Bienvenida quien ocupa un sitio de honor, “esa forma de andar en la plaza, esos andares, su interpretación a dos manos; toreé mucho con él y era una maravilla; tras su muerte maté seis toros en Madrid para que se pudiera hacer su monumento, el que hay en las afueras de Las Ventas”. También de Antonio Ordóñez, tan vinculado a él; de un rabo que cortó en Lima y, sin embargo, se llevó el Escapulario Ordóñez que solo dio una vuelta al ruedo; de otro rabo en Pamplona y la salida en hombros con su banderillero Mario Coelho, surgiendo la comparación con Javier, al tener siempre en las cuadrillas grandes protagonistas del tercio de banderillas. No quedan al margen las cornadas, duro peaje de los toreros y, en especial, de una sufrida de Salamanca en una concurso que se anunció en Salamanca al lado de Paco Camino y Juan José, donde su primero –de Victorino Martín- lo hirió abriéndole la pierna derecha en canal y dejándole secuelas de por vida.

Aconseja a los dos hermanos toreros, a cada uno en su camino, sin ocultar la admiración que tiene por Javier, en quien se ve reflejado al haber andado tanto, aunque en distintas épocas, por los mismos caminos. Todo bajo el paraguas de un encuentro apropiado de estos días del invierno, donde el maestro dictó una lección de humanidad junto a Javier y Damián, los dos toreros que fueron felices al disfrutar de una horas al lado de una leyenda. De un maestro que disfrutó tirando del ovillo de su vida para desempolvar los recuerdos que contribuyeron a su grandeza.

 

 

Sergi, un valor al alza del fútbol salmantino

Nunca fue el corazón del Campo Charro un lugar prolífico en parir futbolistas de élite. Aunque muchos chavales destacasen en las categorías inferiores, ninguno acabó por consolidarse como la gran referencia de esa zona que abarca amplios contorno provinciales. Quien más alto llegó fue el mirobrigense Enrique, quien fue titular indiscutible durante la época dorada de la Unión Deportiva Salamanca en la máxima categoría; sin embargo lo que es propiamente el Campo Charro nadie ha alcanzado los galardones de la Primera División; si lo hizo alguno desde la emigración, pero en este caso ya son considerados del lugar que los vio nacer. Actualmente, quien sigue en activo y dejando impronta de su calidad es el lateral derecho Javier Carpio, veterano de la Segunda División –categoría en la que se ha forjado- y, actualmente, un pilar en ese Cádiz que apunta tan alto.

Lo que nunca han faltado son chavales apuntando maneras en los filiales con la meta puesta en dar el salto. En cada época ha habido varios nombres que despertaron interés, aunque las lluvias del tiempo acabaron por apagar las llamas de la ilusión. Ahora, una clara referencia de futuro es el juvenil Sergio Sánchez, ‘Sergi’ en las alineaciones deportivas, residente en La Fuente de San Esteban, quien destaca en el juvenil de Unionistas de Salamanca y ya entrena con el primer equipo, además de estar su nombre apuntado en las agendas de clubes con más nombre.

 

Sergi surgió de la cantera del Salmantino, “allí pasé cuatro años, desde cadete a juvenil, hasta este año que estoy en Unionistas. La verdad que, al final de la pasada temporada, tuve varias ofertas e incluso estuve haciendo la pretemporada con el Oporto, pero me decanté por venir a Unionistas por varios motivos; entre otros por ser más factible el salto a una categoría superior”, señala el joven jugador que es representado por Javier de la Cruz.

Sergi ya vivió desde siempre el ambiente futbolístico en su hogar; su padre –salmantino emigrado en la niñez a Cataluña- jugó de portero en las categorías juveniles del Barcelona –compartiendo muchas alineaciones con Calderé o Clos, entre otros-. Él fue una referencia para comenzar a jugar al fútbol desde que tiene uso de razón, recordando toda su infancia con un balón entre los pies.

Sergi, que habitualmente juega de central y, cada domingo, suele ser un nombre destacado en su equipo, se define con las siguientes virtudes, “mis fuertes son la contundencia y la velocidad, sin olvidar el juego aéreo; mi ídolos son Maldini y Sergio Ramos. Sobre el campo soy muy inconformista, siempre quiere más y casi nunca quedo satisfecho”.

En su carrera siempre valora a los entrenadores que le ayudaron a crecer, “nunca puedo olvidar a María, que el año pasado en el Salmantino me llamó varias veces para entrenar con el primer equipo, entonces en Preferente. Lo mismo me ocurre con Jorge, el actual, quien siempre busca lo mejor en cada jugador y sabe sacarle el máximo rendimiento; para mí Jorge es una persona fundamental. También es muy enriquecedor ver trabajar a Astu, primer técnico del Unionistas, quien también me ha llamado para entrenar con el primer equipo, de Tercera ”.

En su corta etapa aún, hay varios hitos que lo han marcado, “me encanta el Helmántico y jugar ahí siempre me colma; también el estadio de O’Dragao, de Oporto, donde viví una experiencias única y me dejó una enorme huella. Otro día que nunca olvido fue una invitación de don Luis Uranga, directivo de la Federación Española de Fútbol y dueño de la ganadería de Pedraza de Yeltes, para disfrutar de una jornada en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Fue una experiencia única y jamás olvidaré. Ahora seguiré creciendo y dándolo todo para ser futbolista, porque mi meta está en jugador en Primera División”, afirma Sergi.

Ferrera llena de torería la noche salmantina

Llegó Antonio Ferrera, en medio del acogedor ambiente que registraba el Café Torero, repartiendo saludos, sacándose ‘selfies’ y la afición charra le tributó toda su admiración. Venía a recoger el VII Premio ‘Glorieta Digital-Café Torero’ a la Excelencia del Toreo, alzando su nombre al de los gloriosos diestros que se han hecho acaparador de él. Lo hacía con su nombre reconocido con la categoría de maestro tras dejar el poso y el aroma en todas las ferias y deleitar con su arte. Con su categoría para que la propia Tauromaquia goce del prestigio que le han dado maestros de su talla.

Ferrera, siempre con su personalidad, escuchó las palabras de Carlos Mateos, certeras y sabiendo tocar las teclas del sentimiento, antes de visualizar un video para que los asistentes admirasen aún más a esta figura extremeña. A continuación fue Javier Castaño, grandioso torero salmantino, compañero de tantas tardes y unido en la ganar la batalla a la adversidad, quien le entregó el trofeo sellado en un emocionado abrazo. Ferrera agradeció a Castaño el detalle elogiando el orgullo de estar cerca de él por lo mucho que lo admira; inmediatamente Castaño hizo lo mismo con el homenajeado en sentidas palabras que llegaron al corazón de los presentes.

Antes de decir adiós llegó la última sorpresa. ¡Enorme sorpresa! Fueron unas palabras dirigidas por Juan Mora, el maestro tan cercano de Antonio Ferrera y tan llenas de sentimiento que, al escucharlas, le hizo aflorar la emoción para finalizar con un sentido ¡gracias, maestro! que tuvo su punto final en una larga ovación que le tributó por el público que abarrotaba el local. Entre ellos muchos toreros, desde Flores Blázquez, Juan José, Pascual Mezquita, Javier Castaño, Rubén de Dios, Alberto Durán, Miguel Ángel Sánchez, Alejandro Marcos… un ramillete de futuras glorias que se curten en la Escuela de Tauromaquia, cerca de otros profesionales que no perdieron detalle un evento que, a principios de año, llena a Salamanca de torería.

LAS FOTOS SON DEL DIARIO DIGITAL: SALAMANCARTVALDIA.ES

Y Guijuelo sacó pecho…

La Feria Internacional de Turismo –Fitur- se ha convertido en un inmenso escaparate. A lo largo de estos días, entre el sin parar de actividades, la Fiesta también tienen protagonismo. Bienvenido lo que sea estar al lado de la Fiesta fuera de los clásicos El jueves, el stand de Guijuelo, más allá de su exquisito jamón, presentó la tercera parte de su veraniega feria taurina –la suelen componer tres festejos-. Ya han corrido, la verdad, para dar a conocer, a bombo y platillo, lo que –para ellos- es un acontecimiento. Un sensacional, como rezan los carteles, mano/pata –que nombre más hortera, señor- entre Diego Ventura y El Juli -que repite-. O entre El Juli y Diego Ventura, que tanto monta, monta tanto.

Los de Guijuelo y adictos a la ‘nueva’ Fiesta estarán que no caben en sí de gozo. Sin embargo, la realidad es otra bien distinta a la que quieren contar con tan pompa como lo hicieron en la presentación. De momento, esa tarde se ha programado sin sensatez, ni sentido de la realidad, desconociendo dónde estamos, porque realmente esto no tiene más pinta que venir a hacer caja, al igual Ventura que El Juli. Venir a llevarse en crudo el dinero jamonero de Guijuelo y venderlo todo como si fuera muy bonito y el no va más. ¡Qué ingenuidad!

Para empezar Guijuelo, esa tarde, dará un paso atrás en el futuro y dejando sin posibilidad de torear a gente que podía aspirar a esa corrida y no lo hacen porque El Juli prefiere llevárselo todo un año más, sin dejar siquiera la calderilla para que otros espadas hubieran podido estar ahí en una plaza donde el cartel ideal lo debe conformar un veterano con gancho –ejemplos de Urdiales, Curro Díaz…- y dos de casa, como López Chaves, Javier Castaño, a Gallo, a Alejandro Marcos, a Damián… Así deben ser las dos corridas de la miniferia taurina que celebra Guijuelo en el ferragosto. Y por cierto, s

El Juli que toreé en las ferias, que allí tiene su sitio natural y el que debe defender. Que no venga a robarle un contrato a quien debe torear en ese tipo de carteles en un lugar al que no va más que a por el dinero. Y, por cierto, Guijuelo que siempre miró tanto el dinero en vez de tirarlo bastante más provecho tendría que pusiera en marcha algo distinto, junto a las corridas de agosto. ¿Imaginan un certamen de novilladas, tipo Arnedo, Algemesí, Arganda… con el nombre ‘El Jamón de Oro’?

La Fiesta no está para seguir tirando su prestigio al barranco de los despropósitos. Está para quererla y mimarla en estos tiempos tan difíciles. La pena es que quienes más daño son quienes más la deben defender. Como El Juli, que tan flaco favor hace con ese pata/mano donde viene a un lugar que no le corresponde. Qué pena pensar que  ellos mismos se han cargado ese segundo circuito donde siempre hubo tan grandes y dignos toreros.

Porque ese pecho que han sacado los de Guijuelo en Fitur pronto se desinflará y, como siempre, pagará la Tauromaquia. Y ejemplo de ellos abundan.

¡Otra vez juntos!

A Ramón Santiago Patino, en su muerte.

Me extrañó no verlo este año por la Feria de Salamanca, sin saber que ya estaba herido de muerte. Desde hacía un tiempo, el mal que roía sus entrañas mermaba su vitalidad y él preparaba su sereno adiós a la vida con la entereza de un toro bravo que se niega a cobardear. Sin venirse jamás abajo y con un montón de proyectos desde el faro de su afición taurina. Con sus ganas de vivir buscaba el sol de la tarde para salir de casa caminando por las calles de Lumbrales, al encuentro de algún amigo para hablar de toros y sentarse en una silla donde se supo ganar el respeto de los patriarcas.

Con Ramón, ¡gran amigo Ramón! se ha ido el mejor ‘roblista’ que conocí. El más fiel y también el más cabal. Una figura de los aficionados, que también las hay, como existen de los toreros, banderilleros o ganaderos. A quien nunca le hizo falta alzar la voz, porque solamente con su presencia, su mirada limpia y esa sonrisa, tan noble y picarona, se supo ganar el afecto de todos. Desde una tasca de los pueblos arribeños, hasta en las moqueta de los mejores hoteles, Ramón tenía guardado un sitio en las tertulias de quien sabe de toros, con conocimiento y sentido de la causa.

Lo recuerdo desde hace muchos años, con lealtad y nobleza a su afición, en la época que su querido Julio Robles ya había ascendido al olimpo de las figuras. Por los días de Santiago, en Santander; de San Isidro, en Madrid; de abril, en Sevilla y por medio el montón de viajes que hizo a Cáceres, a Plasencia, a Zamora, a Palencia, a Zaragoza… para seguir en primera línea el día a día de su afición y aplaudiendo a su querido torero, a quien vio crecer y disfrutó plenamente de su intensa carrera. La misma que, en su particular cuenta, se inició el Jueves de Ascensión de 1969, con la programación de un festival para arreglar el tejado de la iglesia de Lumbrales, en la que fue presentación en Lumbrales del espigado novillero de Ahigal. Desde entonces ya fue un fiel seguidor, admirador, amigo, confidente… del gran Julio Robles. De quien estuvo pendiente de todo y conocía su carrera al dedillo. Con las datos y  precisión de una computadora; con el sentimiento de quien fue vivo testigo de esa página gloriosa del toreo.

Por aquella época nació una amistad que solo se le llevó por delante los gélidos vientos de la muerte; los mismos que esta mañana de San Antón llamaron a su puerta para dejar toda una existencia en las despensas del recuerdo. Ahora, el volver a Lumbrales siempre estará viva la figura de esta gran personaje, de un líder que acaudillaba a una tropa de magníficos aficionados y sabía ser el mejor anfitrión del forastero, “pedid un vino que voy a casa a buscar un cacho y echamos la merienda”. Y Ramón era feliz invitando a sus amigos para hablar de toros, hasta lograr que sus ojos, pequeños y vivarachos, se humedecieran al rememorar aquella faena de Robles al Atanasio en San Isidro, “al que mejor toreó en Madrid”. O un día de mucho calor en Plasencia cuando logró que toda la plaza saliese toreando de salón tras cuajar un trasteo de hitos históricos. Y tantas más. Pero lo grande de Ramón es que siempre supo escuchar y dar sitio al contertulio o amigo en una existencia que abría más puertas. Porque guardó mucha admiración y máximo respeto por Antonio de Jesús –también íntimo suyo-, por El Viti –fue un extraordinario vitista-, por Juan José, por Juan Diego y ahora estos últimos años tuvo tanta debilidad por Alejandro Marcos que, cuando ya muy impedido, no podía viajar a verlo, a la caída de la tarde llamaba para ver cómo había estado.

Ahora quedamos huérfanos de este personaje de leyenda. De Ramón Santiago, quien fue la máxima referencia del ‘roblismo’ y pasó por los caminos de la vida con su saber estar, con respeto y la educación innata de los hombres curtido en los caminos de la palabra.

Coletilla final: Hace varios me regaló este poema que hoy preside un lugar de honor en mi despacho.

A PACO CAÑAMERO

                                                                       La Fuente de San Esteban

rica en toros y toreros.

Tiene también un periodista,

que es Paquito Cañamero.

 

Cronista reconocido,

escritor de talento,

aficionado de tronío.

Su punto ‘el de Cañamero’.

 

Rebelde en su cometido,

como lo fue su maestro.

Verdades dice en coloquios,

en tertulias y en periódicos.

 

Lleva el sello poderoso,

del cronista verdadero.

El que no es de servilismo,

el de objetivo y sincero.

 

Éxitos reconocidos,

tiene en su haber Cañamero.

Libros al Viti y a Robles.

San Sebastián gran certamen.

Biografía de Navalón,

de quien tanto aprendió y sabe.

 

Entrevistas con talento,

tienen sabor viejo y nuevo.

Donde existe el contrapunto,

y el punto de Cañamero.

Hijo de pueblo noble,

donde se hicieron toreros,

tres destacadas figuras:

Pallarés, Juan José y Robles.

 

Y con ese saber taurino,

con su pluma brinda al cielo,

dejando para la historia:

El arte y la torería.

De dos que ya están muertos.

 RAMÓN SANTIAGO

                                      (LUMBRALES)

 

 

Unos carteles de Carnaval para llorar

Andaba uno forastero, razón por la cual hasta este mediodía no tuvo conocimiento de los carteles de Ciudad Rodrigo. De los dos destacados acontecimientos taurinos del Carnaval del Toro, para el que faltan tan pocas fechas que deshojar en el calendario. La verdad que uno ya casi no presta atención a los rumores de las semanas previas, con el baile de nombres –muchas veces bajo el interés interesado de quien lo escribe- y prefirió esperar a ver los oficiales. Y hete que ya están aquí y uno no acababa de dar crédito. Por encima la novillada del martes, hasta pensaba que veía visiones, con un cartel que pide el pañuelo verde para ser devuelto a los corrales de los despropósitos.

Desconozco quién y cómo ha organizado los festejos del Carnaval de Ciudad Rodrigo. Pero salta de ojo que está confeccionado al calor interés para buscar algún beneficio propio u debido a una ignorancia supina del asunto taurino y desconocer la realidad; también el gusto y exigencia de la gente que deben tener esos festejos. Porque al del martes le han dado categoría de cloaca. Y hasta saldrá en las coplas de la rondalla III Columnas

En el del sábado falta Alejandro Marcos, el nuevo torero de la zona y con infinidad de alicientes y seguidores. Ni tan siquiera escuchó a Juan José, el apoderado de Marcos, el concejal encargado de ‘desaguisados’ carnavaleros en las numerosas ocasiones que acudió para hablar con él e intentar buscar un sitio en el cartel. Por otro lado aquí se debe hacer una puntualización. Y es que en ese festival debe torear siempre el triunfador del Bolsín y tener el muchacho un gran aliciente y un premio de verdad. En muchas ocasiones se hizo y debería ser habitual, porque ese debería ser el gran premio para quien se alce con el certamen.

 

Sin embargo lo espinoso llega el martes en una novillada huele a interés particular o a ignorancia de quien le dio luz verde. Y ambos casos es gravísimo, porque la Fiesta no está para que sigan en ellos quienes la mangonean para su interés, ni tampoco para que llegue un político y, desde su ignorancia, vaya de taurino y el resultado que al final cause este bochorno. Ciudad Rodrigo, que es capital de una amplia zona de la provincia, en la novillada del martes debería haber apostado por chicos de la zona. Está claro que debe esta Pérez Pinto, de la pedanía mirobrigense de Águeda, y los otros tres puestos deben ser para David Salvador –otra injusticia se comete contra este chaval que atesora el mejor toreo-, o incluso Alejandro Mora, hecho en esta tierra y que en unos días debuta con picadores. O acartelar a Manuel Diosleguarde, de máxima actualidad y que esa tarde fuera su debut, añadiendo otro aliciente al festejo.

Y es que ni adrede se puede hacer peor, ni con tanta facilidad pueden echarse encima a la gente y a quien es aficionado al toreo. Porque la novillada del martes ni queriendo hacer las cosas mal se hacen así.

Berkeley gafa al Salmantino

La vida no solamente es dinero, que es el ‘valor’ principal y que mueve a la australiana Berkeley desde que desembarcó en esta tierra para triturar una preciosa zona del Campo Charro. Para matar sus maravillas por la contaminación de sus actividades y la muerte que sembrará para los restos. Berkeley, además, ha conseguido mucha desunión en su política de ‘divide y vencerás’.

Sin embargo no siempre el dinero trae la felicidad, es más bastantes ocasiones ensucia y hasta trae mal ambiente como le ha ocurrido a esta multinacional de la muerte en varias de su actividades, a quien cada vez le salen peor los cuentas. Sin que sus objetivos tantas veces traen el efecto contrario al pretender comprarlo todo a golpe de talonario. Y aprovecharse de tanta necesidad como existe actualmente.

Ocurrió con el patrocinio al Salmantino, uno de los equipos de fútbol charros que luchan por recuperar añejas glorias. El Salmantino ascendió a Tercera División tras una brillante temporada y comenzó al año lanzado, líder desde del inicio. Sin embargo al mes y medio de la competición se tomó la decisión de apostar por Berkeley, la empresa que han dividido a la provincia, como patrocinador principal. Y justo, a partir de entonces, al imbatido Salmantino comenzó a tener los primeros problemas, a sumar las primeras derrotas y además en otro gravísimo error deciden cesar al entrenador María –una decisión que fue escandalosa-. Ya eran los tiempos de Berkeley, medida que trajo consigo la deserción de muchos aficionados que no casaron con la llegada de una empresa tan sucia para patrocinar a este club del fútbol.

Y lo peor es que en la camiseta de este Salmantina asoma el escudo de la extinta UDS. Aquel escudo de la encina y el balón –del himno de nuestra llorada UDS-. O sea que llega la enorme contradicción de pretender presumir del querido escudo de ‘la encina’ y luego los patrocina la empresa que ha arrancado miles de encinas en el paraíso del Campo Charro. La misma que ha gafado al Salmantino, que ya está tan lejos del liderato.

 

Coletilla final: Me fastidia porque en el Salmantino hay gente maja y muy válida para el fútbol. Desde varios jugadores que atesoran magníficas condiciones y proyección; sin olvidar al director deportivo, el gran Ángel Lozano, el histórico portero de nuestra UDS y sabio del fútbol; sin olvidar a otros, caso de Vicente García, otra leyenda del fútbol modesto local y gran tipo.

 

El manantial cristalino de Julio Robles

Enero pliega las fiestas navideñas y nos devuelve el recuerdo del maestro Julio Robles. Aunque, realmente, el grandioso torero charro está presente todo el año y, en cualquier momento, surge su figura para hurgar en las despensas de la memoria con alguna de sus inolvidables tardes. O su personalidad. Más que nunca es ahora, en enero, cuando el volcán del roblismo irrumpe con más fuerza al celebrarse el aniversario de su muerte y con él se abre el telón a numerosas actividades. Añorado por los veteranos aficionados y modelo para gran parte de los más jóvenes, su nombre es recibido con respeto y culto en cualquier conversación al tratarse de un símbolo que a nadie dejó indiferente.

Con su raíz de Ahigal de los Aceiteros, el gran maestro charro que ve la luz en Fontiveros, hasta que siendo un niño de cinco años se traslada con su familia a La Fuente de San Esteban, la villa que ve despertar su vocación taurina bajo la admiración a Paco Pallarés, quien será su maestro y encamina sus primeros pasos profesionales. Desde entonces, en ese lugar del Campo Charro, tan identificado con él, el nombre de Julio Robles se reverenciado.

Hoy, La Fuente, tiene encendida la mecha del toreo con un nuevo matador en su censo, Alejandro Marcos y un novillero con picadores, David Salvador. Dos chavales que luchan para abrirse camino en el toreo y, cada cual con sus circunstancias, tienen idealizada la figura de Julio Robles, del que ahora se cumplen diecisiete años de su fallecimiento. Con ellos viajamos a Ahigal de los Aceiteros para rememorar la leyenda del ídolo. Primero al camposanto donde duerme el sueño eterno; después a la plaza para admirar la preciosa escultura de Luis Sanguino donada por Victoriano Valencia, su fiel apoderado, al pueblo de Ahigal de lo Aceiteros.

La tarde aunque soleada es plenamente inverniza y los termómetros apenas superan los tres grados, cuando, inmersa la conversación con Alejandro y David alrededor de Robles, van quedando atrás los pueblos de Boada, Villares, Villavieja, Bogajo, Cerralbo y Lumbrales hasta aparcar a puerta del pequeño cementerio de Ahigal de los Aceiteros. Ahí la emoción se hace presente justo en el momento de ir al encuentro de una leyenda que, por edad, ninguno de ellos llegó a conocer, sin embargo las circunstancias de su vida profesional los condujo a que, Julio Robles, esté en su pedestal de su admiración.

Alejandro era muy niño en la primavera del año 2000. Entonces, La Fuente vivió un acontecimiento con la llegada del colosal torero para inaugurar el parque que lleva su nombre y, posteriormente, pregonar las fiestas del Corpus en una tarde de muchas emociones y de reencuentros. David, por su parte, aún no residía en esa localidad. Ni ambos en sus sueños infantiles de entonces pensaban en la senda torera. Faltaba aún mucho tiempo y bastante camino por recorrer.

Ese tiempo ha pasado y el destino ha querido que ambos se hayan abrazado a la leyenda de Julio Robles. Alejandro, en su curiosidad por conocer a glorias del ayer, en viejas crónicas ya amarillentas de papel, o en los videos de Youtube empezó a disfrutar con faenas de Robles y al ver ese estilo, elegancia, personalidad, esencia… sentía un cosquilleo en sus adentros. Y a medida que conocía más él iba observando más despacio los detalles para impregnarse de su aroma, con el añadido de empezar a saber que por las mismas calles de su pueblo, las que las él corría en su infancia, lo fueron de Julio Robles. De ahí empezó a darse cuenta de tantos nexos como, salvando las épocas, los unían muchas cosas: Los dos descubrieron el toreo en un escenario común, jugaron al fútbol con gemela ilusión o se bañaron en La Poza:

“A medida que pasaba el tiempo me impresiona más, también mucha gente me hablaba de él, especialmente los profesionales y empecé a idealizarlo e incluso ya hasta pensé en tributarle mi admiración en una plaza”, señala Alejandro. A su carrera llegaron tardes en Madrid, en Salamanca, en plazas importantes; pero esa muestra de reconocimiento al maestro ya tenía fijado un día especial: “El de mi alternativa, era la ocasión soñada y coincidieron muchas cosas. El maestro en sus últimos años triunfó en plazas relevantes con un terno azul y oro que me impresionaba al verlo en las fotos, como la de un lance en Santander, la plaza de la alternativa y donde él lo fue todo. Entonces, para esa ocasión, me hice un celeste con las mismas costuras y diseño. Luego, el momento más íntimo de recuerdo a Robles llegó en el afarolado de rodillas, que fue mi particular brindis a un genio del toreo que tanto me inspiro”.

David Salvador escucha atentamente. Su caso fue semejante al de Julio, porque también marchó a vivir a La Fuente a la edad de cinco años y ambos trabajaron de camareros. “Empezaba a torear y por el bar de mi madre venían muchos aficionados que me hablaban de Julio, incluso gente muy cercana que habían sido seguidores suyos. Eso te va creando una grata inquietud hacia el personaje, que aumenta a medida que vas conociendo más el mundo del toro. Después ya me apodera Leandro y me habla mucho de toros, con enorme pasión de Julio Robles y la influencia que tuvo para las generaciones posteriores, de los artista tan grande que fue y la personalidad que tuvo. Ahí pues te das cuenta ya tanta admiración como le guardas nada más escuchar pronunciar su nombre”, indica David Salvador.

La emoción se palpa en los dos toreros postrados, con el rostro serio, en el conjunto funerario. En esos instantes seguro que en sus adentros imaginan a aquel Robles que no conocieron, pero hoy su recuerdo viaja con ellos de sus vidas artísticas. Y tal vez lo imaginan por las calles de La Fuente jugando al toro, como hicieron ellos casi cincuenta años después. Es el sentimiento gemelo que tienen al observan la preciosa escultura de Luis Sanguino llena de vida, de movimiento, de luz, en un trincherazo interminable que nos hace volver a sentir al querido y añorado maestro. A aquel Julio Robles que es como ‘el rayo que no cesa’ de Miguel Hernández.

Juan del Álamo, ¿torero mirobrigense?

A Juan del Álamo, a quien uno siempre le desea lo mejor, se han empeñado en hacerlo mirobrigense con calzador y a la fuerza. Razo es el escrito, generalmente de la prensa charra, que no ahonda continuamente en ‘el torero de Ciudad Rodrigo’, ‘el mirobrigense’, ‘el farinato’… ¡Ay, si la gente supiera la verdad!

Ya sabemos que en esta vida hay un tremendo afán por apuntarse al triunfo y colocarse al sol que más calienta. Y hasta si llega el caso se barre para casa lo que, en su momento, se despreció. Sí, como suena. Porque sepan ustedes, amigos de esta web, que si ese chico no hubiese seguido los pasos toreros, ahora mismo nadie lo reclamaría como mirobrigense. Y si le digo nadie, que conozco el paño, es que nadie. En principio porque Juan del Álamo no tiene vinculación a Miróbriga, ni carece de lazos familiares y de raíz que lo una de ningún tipo. Nació y vivió durante un tiempos allí por fruto de las circunstancias de la vida familiar, al igual que pudo haberlo hecho en Peñaranda, en Talavera, en Vitigudino, o cualquier rincón de la geografía nacional. Todo comenzó al contar con cierto nombre en su base novilleril y, con los éxitos, empezaron a soplar los vientos del interés para pretender subirse al tren del éxito e insistir/aburrir con Ciudad Rodrigo, algo que choca. Porque la realidad es otra y bien distinta, siendo su verdadero sitio el de Salamanca capital.

Y en eso hay que ser claro y no manipular. Por ejemplo Miguel Báez Espuny, el viejo Litri, nació en Gandía o su hijo Miguel Báez Spinola, en Madrid. ¿Y alguien pone en duda que son onubenses? ¿Alguien dudaba del madrileñismo de José Cubero ‘El Yiyo’ y, realmente, nació en la francesa Burdeos? ¿O del salmantinismo de nuestro Julio Robles, aunque nació en Fontiveros? ¿A alguien se le ocurrió llamar andaluz al crítico Alfonso Navalón por ver la luz en Huelva? Y de esos ejemplos los tenemos a montones. Distinto es, y tampoco es el caso, que se trate de una familia que emigra y se haga en otro lugar, pero sin perder la raíz natal. Es el caso de Curro Vázquez, nacido en Linares, de donde es toda su familia y criado en Madrid; lo mismo que ocurrió a Ortega Cano… entre otros muchos.

Y es que resulta que ahora lees artículos sobre Juan del Álamo y aburren con su provocado ‘ciudad-rodriguismo’ al recordar en cada párrafo su procedencia. De Ciudad Rodrigo son José Luis Ramos, legítimo y también José Ramón Martín -quien aunque viese la primera luz en Donosti es mirobrigense por los cuatro costados-. Pero este abuso de intentar barrera para casa con los éxitos de Juan del Álamo por nacer allí -donde tanto ningunearon a su padre- es cuanto menos improcedente.

Las cosas son así y por su nombre hay que llamarlas.