Esos valles de lágrimas

Hoy entre una amplia baraja de toreros se ha puesto de moda verter lágrimas de emoción, sobre todo en la finalizada temporada que acabó convirtiendo muchos ruedos en un particular valle de lágrimas. De un tiempo a esta parte, los coletas lloran cuando cortan las orejas, también si pinchan faenas de premio o por las más variopintas causas, como si se han inspirado. Desde aquel memorable día que Julio Aparicio inmortalizó al toro ‘Cañego’ de Alcurrucén también dio la bienvenida a las lágrimas y a los lloros, que ya se han hecho habituales. Pero este año han traspasado los límites.

Ahora mismo en el toreo se llora más que en una reunión de plañideras, por cualquier hecho afloran lágrimas que permiten los públicos de ahora, cada día más santos. Se puede entender y se justifica una acción especial y determinada, como un retirada o el brindis al cielo a ser querido, como ha ocurrido siempre y es algo que se justifica. Si, pero lo que ya salta todas las normas es la actual moda, algo impensable en otras épocas. Primero porque los sentimientos cuando uno está vestido de torero no se exteriorizan y, si llega la ocasión, se llora por dentro, sin tratar de vender el momento. Por otro lado hasta hace poco tiempo el público no hubiera permitido tanta lástima sobre las arenas. Porque alguna voz hiriente hubiera saltado desde el tendido para acabar con esa moda.

Esta temporada han sobrado muchas lágrimas y se las debían haber guardado los matadores, aunque también es cierto que hay algunos que le han sacado mucho rédito, como Rafaelillo. Reconozco el gran mérito de Rafaelillo y su valor espartano. Sus ganas de dejar de ser un diestra regional para acartelarse en las ferias, que es donde está el dinero y el glamour, pero le sobra vender sus heroicas faenas con las lágrimas. Eso sobra, aunque cierto es que los públicos actuales son más sensibles que los de otras épocas y se dejan llevar por todo. Además Rafaelillo –y ojo que lo valoro, pero estos detalles debe corregirlos- es protagonista habitual de otro horrible hecho que daña la Fiesta, como despojarse la chaquetilla cada vez que sufre una voltereta, pero de eso hablaremos en otra ocasión.

El toreo es grandeza. Por las lágrimas y los lloros deben dejarse en la habitación del hotel, sobre todo cuando uno está vestido de luces. Que eso es algo grandioso y se debe respetar con toda la liturgia que lleva dentro.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

5 comentarios en “Esos valles de lágrimas

  1. Paco el llora va en el sentimiento de las personas
    Sea cual sea su profesion no te entiendo por que un torero no pueda acerlo. Tu puedes ser critoco pero esto no procede o tu no tienes lagrimas …..

  2. Soy un antiguo matador de toros. Estoy retirado desde 1995 y quiero manifestar mi acuerdo con Cañamero. Todos nos hemos emocionado en la plaza, pero las lágrimas nos las aguantamos o como bien dices se quedan en el hotel. Lo que ocurre ahora no es normal. Pronto iba a llorar Luis Miguel, Ordóñez, Camino, o el Viti, o Luis Miguel o cualquiera de los grandes. Además antes a quien se le ocurriera llorar lo sacrificaban los públicos o incluso la crítica. Me parece muy acertado, como casi todo lo que escribe Cañamero.

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