¡Fuera Berkeley del Campo Charro!

Berkeley continúa humillando a una comarca pobre, al Campo Charro. Tirando de ‘chequera’ para comprar voluntades y ‘negociando’ con el hambre y la necesidad de un rincón azotado por la emigración. Con su rosario de mentiras intentan justificar sus tropelías para destrozar un rincón idílico, mientras arruina el mejor y más próspero negocio del Campo Charro, el balneario de Retortillo, del que huirá la clientela que busca paz en lado de esos hermosos parajes regados por el Yeltes que hoy destruyen en un delito medioambiental sin procedentes. En algo impropio de esta sociedad, donde la fuerza del dinero arrastra a la razón. ¡Paremos esa blasfemia social! ¡Echemos a Berkeley de aquí con su comportamiento seudo-mafioso! A ellos y a esa gentuza que desgobierna desde las instituciones y permite el siniestro. De gente sin talento y vacío de contenido a quienes sus descendientes escupirán sobre sus tumbas por permitir destrozar los amplios parajes de Retortillo para traer veneno, cáncer, miseria para el mañana y muerte.

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La humillación no descansa. Día a día se escriben nuevos capítulos con la tinta de la mentira. Y con la chequera por delante para comprar voluntades y callar a quien les puede poner espinas en su camino. O lo que es igual, regalando sus mendrugos de pan para allanar el camino de las minas asesinas. Porque Berkeley a esas avaras gentes, vacías de contenido y desconocedores que habrá un mañana, las han comprado ¡qué triste! en una especie de regreso de ‘bienvenido Mister Marsal’ que recuerdan a la leche en polvo que mandaban los americanos y obsequiaban en el colegio.

Ellos, a cuyo timón tiene personajes patéticos que son una especie de yihadismo para el medio ambiente y el futuro del Campo Charro. Así de claro y así de real es la locura de las minas de uranio de Retortillo, las únicas de Europa y las que matarán lo que ha sido un lugar que enamoraba. Nos asiste la razón contra la barbarie, ellos solamente tienen dinero para comprar voluntad, pero nunca la dignidad de una comarca que están matando. Por esos motivos luchemos hasta el final para salvar nuestros tesoros.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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