Archivo por meses: abril 2018

La coz traidora de Berkeley

Ahora, tras las declaraciones efectuadas el martes por Juan Vicente Herrera, el presidente de la Junta de Castilla y León, donde ha venido a decir que ese proyecto NO seguirá adelante, uno de los mandamases de Berkeley Minera, el tal Bellón –con b de burrada, de bestialidad, de basura…- lanza sus traicioneras coces de perdedor, fiel a su modo de golpe de talonario, intentando mentir a quien aún no ha abierto los ojos a la realidad, que cada vez son menos.

Ahora lanza su coz, propia al de las mulas falsas, contra Jorge Rodríguez, el alcalde de Villavieja de Yeltes, quien desde hace tiempo se ha convertido en su particular látigo y quien ha despertado a tantas gentes para demostrar que Berkeley y sus minas asesinas no son más que miseria y muerte del Campo Charro. Va contra él porque Jorge se cerró a su tómbola para mirar por el bien común de su pueblo. Y el del Campo Charro. Bellón, con actitudes que en ocasiones recuerdan a los charlatanes de las feria, va cómo se cae castillo de arena gracias a gente luchadora que no se ha dejado mangonear por sus fantasías que esconden ruina y muerte.

Dentro de poco, Berkeley, se irá de estos campos cargando en sus hombres la mochila de sus mentiras; sin embargo, lo más triste es que quedará su legado en varios pueblos destruidos socialmente y con las gentes divididas, además del tremendo delito ecológico por las miles de encinas taladas cuando aún no estaban los permisos en regla. Esa es la herencia quien dejan quienes vinieron a asesinar una de las comarcas naturales más hermosas de la vieja Iberia.

COLETILLA FINAL: Con Berkeley a punto de desaparecer, este movimiento social que defendió al Campo Charro debe seguir vivo. Esa comarca necesita un importante plan de dinamización. Todo el enorme encinar del Yeltes, acogido a la Red Natura 2000 que Berkeley se pasó por el forro de sus…, debe ser declarado Parque Natural y dentro de él canalizar el turismo con zonas de senderismo; de turismo rural, tan en boga hoy… para que esos pueblos vuelven a soñar con el futuro. Y jamás olviden la pesadilla de esa minera asesina y de las caducas derechas agrarias que tanto daño han hecho históricamente a esa comarca.

Lazos negros en La Maestranza

Finalizada la Feria de Abril y ya embalaba la temporada hacía su cita con Madrid y San Isidro, su santo patrón, llegan las primeras consideraciones de un año taurino que debía ser definitivo para el inmediato futuro de la Tauromaquia y, sin embargo, deja tantas preguntas en el aire. Y lo peor de todo, infinidad de dudas.

Sevilla ya nada tiene que ver con la esencia que le sirvió para marcar su propio prestigio e identidad para convertirse en templo que fue santo y señor del toreo. Han amaestrado al público,  dando por buena la desaparición de la suerte de varas, para venderse al llamado ‘sistema’, que continúa empeñado en bajar la presencia del toro, del toro comercial que gusta a las figuras y nada tiene que ver con el que se lidiaba sobre su albero. Toro distinto al de Madrid y más ‘cómodo’, pero a distancia del actual, impropio de tradición en La Real Maestranza. De momento ha habido varias corridas que, en otra época, provocarían un altercado de orden público, entre ellas la de Matilla –poderosa familia que es culpable de la mayoría de los males del toreo-, o de Juan Pedro Domecq, en su enésimo petardo en una plaza donde tanto ha mangoneado. Como premio y lo mal que se hacen las cosas, Matilla volverá a lidiar en San Miguel y Juan Pedro no faltará en las próximas ferias. Así funciona la Fiesta actual, de pena.

Por otro lado, La Real Maestranza, cada año pierde más esencia, al igual que esa personalidad que la dominó con sus silencios, con los grandes aficionados que llenaban los tendidos, con su sabor y saber de tanta distinción. Hoy han muerto los silencios que se interrumpen por voces espontáneas y el público –que no afición- se ha vendido a ese triunfalismo que se impone -en los carteles ya se no pone ‘se lidiarán seis bravos toros’ y pronto se añadirá ‘al final del festejo la terna actuante saldrá en hombros’, ¡al tiempo!-.

Entre los males el más gravísimo ha sido nombrar presidente al jurista José Miguel Luque Teruel e hijo del banderillero y apoderado Andrés Luque Gago, tantos años en las filas de Luis Miguel. Luque Teruel, que se pone en manos de los taurinos, nunca ha ocultado su afán por el triunfalismo y de hecho ha llegado a manifestar que “en La Maestranza ya es hora que se corte otro rabo”. Grave error pretender dar ese premio de cualquier manera, cuando han sido poquísimos los logrados ahí y siempre con obras colosales y perpetuas. Si algún día se vuelve a cortar un rabo en Sevilla debe ser por algo majestuoso. Y los indultos si de verdad se dan todos los condicionantes, como ocurrió con aquel toro de Victorino llamado ‘Cobradiezmos’, que fue lidiado hace tres años.

El indultado este año fue un gran toro –por cierto esa ganadería lidió el pasado año en San Isidro un encierro de soñar-, el deseado para un matador en el escenario ideal, colaborador -que dicen ahora en el desprestigio que vive la jerga taurina, tan rica en expresiones que se van perdiendo-, pero le faltó la casta necesaria para ganarse la vida, que es algo muy serio y debía ser reglado ya. Un toro que, en cualquier otra época sería premiado con una vuelta al ruedo, que es un inmenso honor. Y por cierto, al día siguiente de indulto, se lidió un Núñez del Cuvillo de tanta clase como al que se perdonó la vida, pero en esta ocasión había otro presidente y la vara de medir ya no era la misma.

Lo dicho, La Real Maestranza, que siempre ha sido santo y seña del toreo, ya comienza a lucir crespones negros.

COLETILLA FINAL: Por cierto no puede cerrar esta artículo sin descubrirme ante Pepe Moral, un torerazo que supo beber de las fuentes del gran Manolo Cortés y nos cautivó en la ‘miurada’. Moral se ganó un billete para todas las ferias, porque hacen falta toreros jóvenes con su raza y ambición, pero sobre todo con el fiel concepto de su torería.

Juan Manuel Criado, un charro lígrimo (DEP)

Juan Manuel Criado, desde hace tiempo, vivía un sereno adiós a la vida. Desde que Auxilio Holgado, su esposa y quien lo era todo para él, ya no podía ser su guía, confidente y compañera en cada nuevo paso. Desde entonces, cada vez con más achaques, ya no era aquel hombre que se comía la vida y era capaz de lograr todo aquello que se propusiese, desde ser empresario de éxito en el sector de las gasolineras, cebaderos, granjas de cochinos –donde fue el rey-, hasta cumplir el sueño de ser ganadero de postín y ver su nombre acartelado en las grandes ferias.

Esta tarde encapotada de este abril que es un paraíso para las gentes del campo y cuando los cochinos alcanzan cotas jamás imaginadas en los mercados, ha dicho adiós a su existencia para ver los toros desde la barrera celestial. Ahora que llega Sevilla y él, mientras estuvo bien su Auxilio –detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer-, nunca faltó y todo el mundo le dio sitio de figura. Allí, en su barrera en La Real Maestranza, disfrutó con grandes faenas de sus amigos, los toreros; después, se lo rifaban para invitarlo a las mejores casetas ferial; e incluso, con solo decir quien era, tenía mesa reservada en ‘El Burladero’, en el ‘José Luis’, el ‘Las Piletas’, en ‘El Cairo’… o en cualquiera de los mejores restoranes béticos. Lo mismo en Madrid, en Santander, en Bilbao, en Salamanca… en el verano taurino andaluz, que tanto le gustaba y aprovechaba las estancias en su casa de Sanlúcar para ir por las tardes a los toros. Esa era su ilusión y a ella invirtió no pocos esfuerzos para hacer del Coto Mayor de Vera una de las mejores explotaciones de bravo que existen. Y en la que atendió a todo aquel que llamó a sus puertas, gracias a ese corazón de oro que lo distinguió como hombre generoso y con tantos amigos -siempre con el verdadero concepto de la amistad-. Por eso, Juan Manuel –Juanma para todos- ha sido un hombre tan querido, ameno y también con el temperamento propio y necesario para salir adelante frente a las zancadillas.

Ha pasado mucho tiempo desde que Juanma abriera de par en par las puertas de su existencia a la afición taurina. Fue desde muy chaval, cuando vivía en La Fuente de San Esteban, donde pronto destacó como aficionado ejemplar. Eran tiempos en los que comienza una íntima amistad con Jumillano y más tarde con Paco Pallarés, a quien sigue por todas las plazas. Y también, cuando veía la mirada vivaracha de un muchacho que se escapaba de la escuela para ir a los tentaderos, enseguida pronosticó que sería un torero grande y no se confundió. Porque aquel muchacho andando el tiempo sería Julio Robles, siempre tan unido a Juanma. 

Pero, como se escribió previamente, la vida de Juanma cambia desde que ya  triunfador en el mundo de los negocios y comienza a adquirir ganaderías -antes incluso había sido transportista de toros-. Como la comprada a Pepe Raboso, la santacolomeña del hierro de la interrogación, que anuncia a nombre de su esposa, Auxilio Holgado y con la que vive momentos para el recuerdo, alguno de ellos ha quedado escrito en la historia de la Tauromaquia

El de más impacto el ocurrido aquel 30 de mayo de 1990 en Madrid, día de San Fernando, que marca un antes y un después en la historia de Juanma como ganadero. Esa tarde dos jovencitos, Caballero y Cristo González salen en hombros de Las Ventas tras desorejar a la sensacional novillada que lidia, mientras que Juan Pedro Galán, que toreó como los ángeles, resulta herido. Esa novillada de tan grata recuerdo sirve además a Juanma para iniciar una relación afectiva y familiar con Manuel Caballero, a quien siempre apoya y vive con gran emoción sus grandes triunfos. Desde entonces los nombres de Juanma y Caballero caminan parejos.

Fruto de su generosidad, Juan Manuel Criado siempre abrió las puertas a quien lo llamó e incluso a quien más lo necesitaba para seguir sembrando en el futuro y ser feliz en esa faceta de ganadero, donde vio cumplido el gran sueño de su vida.

Ahora, cuando acaba de decir adiós, después de un sereno adiós a la vida, vaya nuestro recuerdo a este charro auténtico y siempre amigo. DEP

Rodeado de sus hijos y nietos en un acontecimiento familiar.

‘Tauromaquias de Castilla’, un siglo del toreo

‘Tauromaquias de Castilla’ es mi nuevo libro. El décimo de la particular bibliografía taurina y el vigésimo sexto de toda la obra escrita, que abarca diferentes géneros –excepto la poseía-. Se trata de una obra fundamental para conocer el siglo XX a través de los toreros más destacados que parió Castilla y León, desde figuras consagradas a otros más modestos que también tuvieron su importancia. La obra recoge las semblanzas de cincuenta matadores de toros, todos con el denominador común de haber confirmado la alternativa en Madrid. Se hace una excepción con el medinense Manolo Blázquez, capotero de lujo con mucho cartel en Palma y Barcelona, que no llegó a confirmar a pesar de haber estado anunciado hasta dos veces y no poder comparecer al sufrir previos percances.

A lo largo de sus 300 páginas afloran infinidad de anécdotas, muchas de ellas desconocidas e incluso hechos llamativos que conforman la brillante historia del siglo XX en la vieja Castilla. No busque el lector que sea un libro de números o estadísticas –algo que en el toreo ni pega ni encaja-, si trata de rememorar de la manera más amena una época gloriosa, donde desde luego que cualquier tiempo pasado fue mejor al actual. Para poder llevarlo a cabo se ha hurgado en archivos, en crónicas, se han recogido confidencias de testigos y se ha hablado con los protagonistas vivos, quien han contado su vida y cedido fotos para la obra. Quien se negó, solamente un caso, se ha respetado su decisión y se ha tratado con la mayor objetividad para recoger su paso por los ruedos. De todos se ha sacado la parte más brillante, junto al esfuerzo necesario para alcanzar sus metas. En él hay episodios de la Guerra Civil, cruel para todos y una verdadera zancadilla para varios protagonistas, caso de Belmonteño o Félix Rodríguez II, quienes marcharon a América y allí cimentaron sus carreras, junto al definitivo frenazo que supuso para Pepe Amorós o Fernando Domínguez; también para Victoriano de la Serna, que ingresó en el llamado Ejército Nacional como médico militar y después, recuperada la paz, ya no alcanzó el techo de los años previos a la contienda.

Por cierto al escribirlo surge la desazón al ver cómo antes existían tantas plataformas para los novilleros, caso de la madrileña Vista Alegre, o la bilbaína, también llamada Vista Alegre, donde hoy ya no se programan festejos menores. Tampoco olvidar la vital importancia de Barcelona y la Cataluña taurina, existiendo varios toreros que allí escribieron las páginas más frondosas de su biografía.

Lleva un prólogo escrito por José Luis Lera, decano de los críticos taurinos de Valladolid y una pluma tan prestigiada como respetada en el ámbito taurino. Tras el prólogo hay una larga introducción que analiza la escuela castellana y sus consecuencias. Y al final se añade un apéndice con un artículo que narra las vivencias de Manolete en el Campo Charro, algo que pasó de largo en los fastos y celebraciones proyectadas el pasado año en toda España y América con motivo de su centenario y setenta aniversario de su muerte en Linares.

Se presenta el 18 de mayo en el aula Antonio Bienvenida, de la madrileña plaza de Las Ventas, en un acto que se celebra a partir de las 12.30. Posteriormente también será presentado en Salamanca y en otros puntos del país, de los que oportunamente se darán a conocer.

Los toreros referenciados, por orden de antigüedad, en la obra son los siguientes:

  •  1 Julián Casas (1847) *
  •  2 Pacomio Peribáñez (24 de septiembre de 1911).
  •  3 Eladio Amorós (13 de octubre de 1928)
  •  4 Pepe Amorós (30 de abril de 1931).
  •  5 Victoriano de la Serna (29 de octubre de 1931).
  •  6 Félix Rodríguez II (9 de septiembre de 1932)
  •  7 Fernando Domínguez. (18 de marzo de 1933).
  •  8 Juan Mari Pérez Tabernero (12 de septiembre de 1942)
  •  9 Lorenzo Pascual Belmonteño. (12 de septiembre de 1946)
  • 10 Emilio Ortuño Jumillano (10 de agosto de 1952).
  • 11 Victoriano Posada (23 de mayo de 1954).
  • 12 Marcos de Celis. (18 de marzo de 1956).
  • 13 Rafael Pedrosa (23 de junio de 1957).
  • 14 Manolo Martín (26 de septiembre de 1959).
  • 15 Antonio de Jesús (30 de abril de 1961).
  • 16 Santiago Martín El Viti. (13 de mayo de 1961).
  • 17 Manolo Blázquez (23 de julio de 1961).
  • 18 Andrés Vázquez (19 de mayo de 1962).
  • 19 Andrés Hernando (1 de julio de 1962).
  • 20 José Luis Barrero (13 de septiembre de 1963).
  • 21 Santiago Castro Luguillano (2 de agosto de 1964).
  • 22 Paco Pallarés (14 de septiembre de 1965).
  • 23 Flores Blázquez (9 de abril de 1967).
  • 24 Agapito Sánchez Bejarano (24 de mayo de 1967).
  • 25 Víctor Manuel Martín (29 de junio de 1967).
  • 26 Juan José (11 de agosto de 1968).
  • 27 Sebastián Martín Chanito (20 de julio de 1969).
  • 28 Pascual Mezquita (1 de junio de 1972).
  • 29 Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea. (19 de junio de 1972).
  • 30 Julio Robles. (9 de julio de 1972).
  • 31 Roberto Domínguez. (20 de julio de 1972)
  • 32 Félix López El Regio (2 de septiembre de 1973)
  • 33 Avelino de la Fuente (22 de junio de 1975)
  • 34 José Ibáñez (29 de junio de 1975)
  • 35 José Luis Palomar (8 de marzo de 1978).
  • 36 Pedro Giraldo (2 de septiembre de 1978).
  • 37 José Mari Martín El Salamanca (21 de diciembre de 1979)
  • 38 Nicasio Pérez Cesterito (24 de junio de 1984).
  • 39 Jorge Manrique (17 de septiembre de 1985)
  • 40 Luis Miguel Calvo (29 de junio de 1987)
  • 41 Román Lucero (15 de julio de 1988).
  • 42 José Luis Ramos (14 de septiembre de 1988).
  • 43 Julio Norte (5 de agosto de 1989).
  • 44 Rodolfo Pascual (12 de octubre de 1989).
  • 45 David Luguillano (13 de mayo de 1990).
  • 46 Manolo Sánchez (22 de septiembre de 1992)
  • 47 Óscar Roberto El Millonario (5 de septiembre de 1993)
  • 48 José Ignacio Ramos (15 de mayo de 1993)
  • 49 Andrés Sánchez (13 de septiembre de 1993)
  • 50 José Ignacio Sánchez (29 de julio de 1994)

* Julián Casas es el único torero que no pertenece al siglo XX, es del anterior, pero su presencia es fundamental al ser un pilar de sus sucesores.

 

Juan Mora, 35 años de torería

Treinta y cinco años atrás, Sevilla, vivía un luminoso Domingo de Resurrección. La corrida de la tarde, desde hacía unos pocos de años, ya era el gran lujo de la temporada hispalense. Cartel de marcada sevillanía en ese escenario perfumado por el azahar de los naranjos en primavera, de los soles que abren el definitivo telón al buen tiempo y adornan de gala al acontecimiento. Esencia de Manolo Vázquez, embrujo de Curro Romero y la bienvenida de Juan Mora para tomar la alternativa y recibir el testigo artístico del que viene avalado.

Juan Mora, placentino y emigrado a Sevilla por mor de los negocios taurinos de su padre –el gran Pepe ‘Mirabeleño’-, desde muy niño respira los aires taurinos de esa bendita tierra. Y ya no quiso ser otra más que torero, tanto que incluso la primera rivalidad la tiene mucho antes de debutar de corto en La Algaba. Fue en los Salesianos de Triana, en la etapa de escolar, cuando su compañero de pupitre lo miraba de soslayo. Poco después aquel compañero –Emilio Muñoz, en los carteles- fue un torero grande, con esencia belmontistas y sabor barroco, muchas veces compañero de cartel y, sobre todo, amigo fiel.

El hijo de Mirabeleño llegaba hecho y con amplio rodaje a ese momento tan especial. Con cientos de novilladas y dejando esa esencia de arte que tanto comentaban aficionados y profesionales. Atrás quedan los entrenamientos en la placita del Canelo, de Santiponce, en la misma que presenció cómo Paco Camino se preparaba para su reaparición; también las veces que acudió a La Maestranza y vio triunfar a S. M ‘el Viti’, ya en el final de su carrera – a ese Viti que conoció de niño la vez que acompañó a su padre a la finca del maestro para compararle una corrida-; el arte de Manolo Cortés, la tarde que puso abajo La Maestranza con el capote; los consejos de Rafael Ortega, quien toreó con más pureza que nadie y fue un as de espadas; las charlas en el complejo ‘Piscina Sevilla’, donde escuchaba a los grandes peones de la capital hispalense; la admiración por su padrino Manolo Vázquez… todo en medio de una larga carrera novilleril donde sembró todo lo que vendría después.

Aquel tres de abril de 1983 llegó al patio de cuadrillas Juan Mora, de reluciente blanco y oro, con la sonrisa de sus veinte años, de novillero figura. Como padrino Manolo Vázquez, el maestro del sevillano barrio de San Bernardo que vivía una reaparición soñada y ¡por fin! su tierra se le había entregado para darle su verdadero sitio y quitarle el antiguo sambenito de “el hermano de Pepe Luis”. Y testigo Curro Romero, palabras mayores, ya en su alianza íntima con esa fecha tan taurina en La Real Maestranza. En los corrales toros de Carlos Núñez y ‘Arriadito’ es el de la ceremonia, frente al que dejó la semilla de su sabor artístico el nuevo matador.

Fue el inicio de la grandiosa carrera de un artista que supo beber de las aguas más cristalinas del toreo. De quien acabó siendo una referencia y, herrado con el sello de maestro, goza de la distinción de ser el último lujo de este arte. De un hombre que se vistió de luces para dignificar y hasta un año mató entera la camada de Victorino tras cuajar a la perfección a un toro de ese divisa en Valladolid.

Son treinta y cinco años. ¡Casi nada! Tres décadas y media de un espejo que interpretó tantas veces como todos sueñan. De un hombre noble que ha sabido cultivarse en los caminos de la vida. De quien una tarde lluviosa de la feria de Jaén nos puso en corazón en un puño tras sufrir un cornalón que estuvo a punto de apagar la llama de su vida. De Juan Mora, torero y señor, que tantas veces nos ha apasionado con la magia de su arte. De quien hace grande a la Tauromaquia y, justamente hoy, hace treinta y cinco años recibía la alternativa. FELICIDADES.

 

Paco María, en la senda de los grandes

Salamanca, tierra de grandes picadores, no deja de parir profesionales de lujo. Junto a los históricos nombres que llevaron a esa tierra a lo más alto, hoy continúan sumando esa leyenda otro conjunto de chavales para dejar la historia de los picadores charros en lo más alto. Al tan aplaudido Tito Sandoval, protagonista de infinidad de momentos para el recuerdo, se suman los Ángel Rivas (hijo), los hermanos Manuel José y Óscar Bernal, Alberto Sandoval (sobrino de Tito) y también el dinástico Paquito María, el hijo de Paco María Cenizo, otro hombre grande entre los toreros a caballo. Paquito María, que desde hace dos años disfruta de la grandeza de ir con José María Manzanares en el grupo especial, de una primera figura, que es el sueño de todos los profesionales, lleva su nombre al camino de ser una referencia. A gozar la máxima consideración y respeto.

Ahora acaba de disfrutar de una página gloriosa en la corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla. Esa tarde, el joven Paquito María, protagonizó un espectacular tercio de varias que puso en pie a La Maestranza y entre los más mayores revivió las leyendas de Martín Toro, del viejo Barroso, del gran Juan Mari García, del antiguo Atienza, de Epifanio ‘El Mozo’, de Ambrosio Martín, de Sanlúcar, de Salitas… o de tantos otros que llevaron tanta grandeza al arte de picar y sobre el amarillo albero de La Real Maestranza escribieron sus mejores páginas.

Hoy nos queda el sensacional tercio de varias de este muchacho de San Muñoz enrolado en la cuadrilla de Manzanares, del hijo de Paco María Cenizo, del que ya esbozamos que fue otro excelente picador y nieto de otra leyenda de los caballistas del Campo Charo, como fue el señor Paco ‘el de Rodasviejas’, toda la vida de vaquero y hombre de confianza en casa de don Ernesto Castaño.

Brindo por Paquito María por seguir haciendo grande el arte de picar y continuar con la tradición de esta familia que ha dado excelentes varilargueros. Gente de campo, noble y aireando la bandera de la sencillez a los vientos de la vida y donde el último bastión escribió una página de oro nada menos que en Sevilla. ¡Y el Domingo de Resurrección!