El paso cambiado de José Ignacio Ramos

El mundo está cambiado. Los dioses quieren ser ángeles y los ángeles dioses. Ya decía Ortega y Gasset que quien quiera conocer el estado de la sociedad española no tiene más que asomarse a una plaza de toros. Y en estos tiempos tan confusos, dentro de la grandeza de ese espectáculo está el mejor espejo para conocer a España. Hoy el toreo es un pozo sin fondo si se quiere escarbar en tanta confusión como se ha adueñado de sus estancias.

Nada es igual y hasta los apoderados juegan a toreros, en vez de defender el papel que desempeñan. Entiendo que se puede celebrar una efeméride y además de debe, pero en ese momento deben primar los intereses que se representan. Es el caso de José Ignacio Ramos, quien fue un dignísimo y valiente torero que le tocó pechar con lo más duro que pastaba en los campos españoles, además de espectacular banderillero y magnífico estoqueador. Ramos rubricó una seria y respetada carrera, la misma que alcanza sus veinticinco años de matador. Y so le parece oportuno que la celebre, pero no puenteando su labor actual de apoderado y dejando en casa a Juan del Álamo, matador por cuya carrera vela –al alimón con Mariano Jiménez-. Ahora la labor de José Ignacio Ramos es buscar contratos, no ocupar él un puesto que debería ser para quien está en activo. Y aquí ya llueve sobre mojado. No es nuevo, No olvidemos que hace unos años en la feria de Sevilla ‘reapareció’ por un día Dávila Miura apuntándose a matar una corrida de su casa, la legendaria de Miura. Gran gesto sí, pero él también era apoderado y lo que hizo fue puentear el torero que, entonces, era habitual con ese hierro y en esa ocasión no le quedó más remedio que ver los toros de paisano.

Por esas razones no me gusta este detalle de José Ignacio Ramos, a quien respeto, pero si su labor actual es la de apoderado y por la que debe velar. Y si está retirado es con todas las consecuencias, que para eso están los festivales. Que así hacían siempre las figuras para conmemorar sus celebraciones.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “El paso cambiado de José Ignacio Ramos

  1. Paco tienes toda la razón, pero el matador q lleva le tenía q decir hasta aquí, pero se tapan y aquí es lo que tenemos, una vergüenza

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