Archivo por meses: julio 2018

Julián Maestro merece una digna retirada

Julián Maestro, aquel Príncipe del Toreo que causó sensación a finales de los 70 y principios de los 80 formando una terna de luto y oro, de grandeza y llanto, junto a Lucío Sandín y El Yiyo está a punto de cortarse la coleta. Pronto llegará octubre y alcanzará el final del camino para colgar en la percha de los recuerdos el traje de luces después de toda una vida. Tan intensa que, siendo un chavalín fue la ilusión novilleril de su época y después de soñar en sus años de matador de toros; sin embargo al no alcanzar la meta de triunfar se convirtió en un brillantísimo torero de plata. Pero entonces los sueños de ir al frente de las cuadrillas seguían vivos y un día, en 2002, decidió volver a ser matador para emprender una incierta aventura en México en busca de su particular El Dorado. Entonces la llama de su ilusión no encontró respuesta y desistió del empeño para volver a actuar de banderillero, algo tan digno, tan torero que le dio un nombre importante entre los peones de brega de esa época. Porque Julián Maestro siempre ha sido torero, con todo lo que ello conlleva bajo el respeto y la dignificación de ese arte.

Desde entonces entrena con la misma ilusión que en los días de su infancia, cuando todo eran sueños de ser figura, lo que ha hecho que hoy mantenga el mismo porte torero de entonces, junto al poso de la veteranía y el añadido de esa amargura íntima de ver cómo la Fiesta, su mundo, ya no es el mismo que él conoció y está roto. Ya no se respeta ni la sagrada liturgia, ni los valores que la engrandecieron. Y mientras, para no prostituirse, ni prostituir a su mundo hace sus pinitos como extra de cine en diferentes series televisivas, un arte que le permite seguir comiendo y donde, además, para bendición de todos, se está descubriendo a un magnífico actor que ‘habla’ con las cámaras con la misma naturalidad y arte que lo hacía delante del toro en sus tiempos de Príncipe del Toreo.

Sin embargo, la realidad de todo es que vive envuelto en la tristeza íntima de no vestirse de torero, de no ve un pitón en el año de su adiós, cuando parece que de golpe han olvidado a quien ha sido un magnífico lidiador, con un capote sobrio y poderoso que ha sido una garantía para tantos matadores al ver las condiciones de los astados. Y además su manera de ver la vida, de sentir el torero y de dignificarla como hace este Julián Maestro que supo beber, ¡nada menos!, de leyendas de los hombres de plata, como El Boni viejo, Joselito de la Cal, Luis Parra… Quien además escuchó tantas veces habar de toros a Marcial, a Domingo Ortega, al Estudiante. A quien se crió a los pechos de Andrés Vázquez, Gregorio Sánchez, Antoñete… y vive con la liturgia del respeto que debe tener quien se viste de torero.

Me descubro ante él por su honradez, por descolgar el terno de luces solamente para dignificar el arte del toreo, las escasas veces que algún matador lo llama para contratarlo. Porque jamás traga con indecorosas proposiciones, pero sobre todo por ser un gran torero y siempre muy tío. No tiene que ser fácil ver pasar su última campaña en activo en casa o irse de extra en el cine, quien atesora tal grandeza y ve, con su mirada inquieta, cómo han destrozado su profesión quienes más deben velar por ella.

Ahora, ya en vísperas de agosto de 2018, queda lejana la leyenda de aquel Maestro que fue un Príncipe del toreo, terna de oro y luto. Terna de grandeza y llanto. Pero nos queda un maestro llamado Maestro, que es un toreo de verdad nacido para dignificar la Fiesta y que merece dictar sus últimas lecciones sobre el ruedo antes de que llegue octubre y se corte la coleta.

 

 

El bloqueo de Matilla a Talavante

Aquellos curas de la infancia, de sotana y sombrero de teja, decían que las llamas del invierno eran perpetuas, para la eternidad. Y que todo aquel pecador acabaría su vida abrasándose entre la humillación del diablo. Allá, en el brasero del descrédito acabará, ante los ojos de todos, este ‘sistema’ que tanto daño ha hecho al toreo. Aunque cierto es que a ‘sistema’ el descredito y la misma Fiesta lo trae al pairo, porque verdaderamente lo que le interesa es el dinero de las comisiones. Jamás el fomento de la Tauromaquia, la preocupación del aficionado, fomentar las novilladas, lidiar toros con emoción…

Ese ‘sistema’ que tiene a la Casa Matilla como una de las principales figuras de su escaparate no deja de seguir tambaleando al mundo del toreo, de provocar heridas por las que sangra su grandeza y por las que continúan desertando aficionados hartos de la falta de emoción y las injusticias. La última del ‘enmatillamiento’ se llama Alejandro Talavante, ni más ni menos que un grandioso torero. Una figura del toreo que está marcando una época, un torero que cautiva y llena, que además tiene ganado un sitio de postín en los mejores carteles. Se lo ha ganado con su arte, su creatividad y su esencia… Sin embargo la ruptura con la Casa Matilla lo ha convertido en un mártir. Mártir por la venganza al dejarlo relegado de gran parte de los ferias agosteñas y de la vendimia septiembrina, que ven excluido su nombre de los carteles, por imposición de Matilla.

Nada nuevo bajo el sol en estos taurinos charro que jamás fomentaron la Fiesta y sí su cartera, quienes han dejado tantas víctimas en las cunetas de su gestión y han arruinado tantas plazas por las pésimas programaciones. Aún así no faltan taurinos que los alaban y hasta manifiestan que son muy listos. Ya se sabe que en el toreo a quienes más daño hacen les suelen elogiar en sus filas y ponerle los simbólicos galones del peloteo. Pero los Matilla no han sido listos, por muchos que los alaben desde dentro. No lo han sido porque, aunque hayan ganado mucho dinero, comprado fincas y ganaderías –por cierto con el descaste de sus toros como bandera-, en su currículum quedará el tremendo daño que han hecho en la Tauromaquia.

Ocurre ahora con Talavante, quien es ahora mismo un ejemplo para dar fe de tantas injusticias como reinan en el toreo. Talavante, además, ha triunfado en todas las ferias y ganado por méritos propias la salida en hombros, entre ellas la de Madrid, donde el último San Isidro fue la única figura en alcanzar tal gesta. Y lo que han hecho con él no tiene nombre. ¿Se imaginan que un equipo campeón al año siguiente no disputa la competición por la mafia deportiva? Verdad que no, pues en los toros es al revés y más cuando está manipulado por unas formas tan semejantes a los bajos fondos. Y es que con este ‘sistema’ que maneja los hilos del toreo a la Fiesta no le hacen faltan enemigos, están dentro. En casa. De ahí quedan un montón de preguntas en el aire. ¿Porque hasta cuándo habrá que aguantar a demostrados antis sujetando la sartén del toreo? ¿Y la Fundación no interviene en casos tan humillantes? En fín…

 

Alejandro Mora, con argumentos para soñar

La dinastía torera Mora, la misma que fundase en tierras extremeñas de Plasencia, hace ya más de siete décadas, aquel sabio del toreo llamado José Gutiérrez ‘Mirabeleño’, crece en un nuevo eslabón con la llegada al mundo de las novilladas picadas de Alejandro Mora para seguir regando de grandeza ese nombre sagrado. El mismo que tiene en uno de sus componentes –el maestro Juan- alzado al pedestal de la leyenda.

Alejandro, rubiales y de planta espigada que atesora el don del mejor toreo, acaba de debutar con los del castoreño en la plaza francesa de Garlin y, como no podía ser menos, lo ha hecho a lo grande. No a lo grande por el número de orejas –que fueron tres-; lo hizo por su empaque, su torería, la innata elegancia y siempre sabiendo pisar los terrenos que separan la grandeza de la normalidad. El olé del oooooleeee. Ha sido el debut y acaba de llamar a la puerta de las importantes citas novilleriles de la temporada donde está su sitio, gracias a una frescura que será la ilusión de nuevos aficionados.

No ha sido fácil llegar a un debut que, en condiciones normales del mundo del toro, debió producirse hace un par de años, pero las circunstancias lo impidieron y ha llegado cuando debía, porque las cosas ocurren siempre por algo. Y ha sido en el mejor momento para dejar la grandeza de su interpretación, con sus elegantes maneras que le deben abrir paso en el arte del toreo.

Uno ha visto a Alejandro crecer y nacer para el toreo. Lo recuerdo hace varios años, bajo el escenario de una tarde primaveral, que acudimos a un tentadero a Herreros de Salvatierra, la finca propiedad de los hermanos Cambronell en las mismas faldas de la salmantina sierra de la Dueña. Ese día, el maestro Juan Mora era el invitado y se hartó a torear con la delicia de esas becerras de incansables embestidas, pasándoselo divinamente, tanto que al finalizar con la primera le dijo a su sobrino Alejandro, que lo acompañaba y aún era colegial, si quería torear. El chico aceptó y bajo el consejo de su tío dio sus primeros muletazos y desde entonces ya no tuvo otra idea que ser torero. Era la primera vez que se ponía delante, aunque siendo muy niño ya había recibido clases de toreo de salón de su abuelo Pepe ‘Mirabeleño’-

Al año siguiente llega a la escuela de Salamanca y ahí comienza a esponjarse, aunque realmente la base fue la influencia familiar heredada de su abuelo Pepe ‘El Mirabeleño’, un personaje de leyenda. Aquel Mirabeleño que organizó corridas en toda España, incluidas las ínsulas, ayudó a otro montón de toreros y disfrutó del orgullo de ver como su hijo Juanjo –Juan Mora en los carteles- se hacía figura. Ese Juan Mora que es el último lujo del toreo.

Hoy, el rubiales Alejandro Mora, ya ha debutado con caballos para entrar con el mejor pie en el nuevo escalafón. Y desde hoy, en los carteles menores, ya hay un nuevo nombre a tener en cuenta que llega avalado por el empaque y la torería.

————–FICHA DEL FESTEJO————

Cuatro novillos de El Tajo, uno de La Reina (3º) y un sobrero de Roland Durand (5º). Bien presentados aunque desiguales de hechuras. Destacaron por su juego superior 1º y 6º, siendo bueno el 3º. Ángel Jiménez, dos orejas y palmas tras aviso; Dorian Canton, palmas y dos orejas; y Alejandro Mora, oreja y dos orejas tras aviso.

 

 

Rodilla, el futbolista de la mirada bondadosa

A José María Sánchez Rodilla -Rodilla, en las alineaciones deportivas-, la historia futbolística le tiene guardado un sitio de honor, gracias a sus gestas logradas en el Valladolid y, sobre el conjunto castellano, en el Español de Barcelona. Charro y hombre de bien, es una referencia deportiva que llevó el nombre de su provincia salmantina y de su querido Fuentes de Béjar –el pueblo que lo vio nacer- a lo más alto. Ayer, como los viejos generales que lucen las condecoraciones de la victoria, ddejando atrás los pasos de su vida para reencontrarse con su infancia de Fuentes de Béjar y pregonar sus fiestas de verano. Allí, con su elegancia natural y su mirada bondadosa, desde el balcón del ayuntamiento, Rodilla dejó al descubierto sus recuerdos y, bajo la emoción, del momento, mientras desgranaba las vivencias, llegó al corazón de sus paisanos. De familiares llegados de todos los puntos del país y amigos, de chavales que habían escuchado a sus padres y abuelos hablar de la grandeza de Rodilla, de todo un pueblo que hizo piña para admirar y aplaudir a ese paisano que triunfó en el mundo del balón.

De quien subió a los altares del mejor Español tras protagonizar ocho temporadas para enmarcar, formando parte de la mítica delantera de ‘los delfines’ –integrada por Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María-, que tantas alegría llevó a los blanquiazules y aún, presos de añoranza, recitan de memoria sus hinchas. Con los periquitos, además, coincide su llegada con la de Alfredo Di Stéfano, la leyenda que abandona el Madrid para ir a disfrutar de su particular canto del cisne a ese Español que entrenaba –y a la vez apuraba su época de jugador- su íntimo Kubala. Desde entonces, el gran Rodilla, rinde perpetuo culto de admiración a la Saeta Rubia, “el mejor jugador de la historia”, afirma sin dudar a quien le pregunta. A ese Español había llegado del Valladolid tras vivir una época dorada del conjunto castellano al lograr la mejor clasificación de su historia y compartir vestuario con un ramillete de paisanos -el portero Justo, los defensas Miche y Quique, el delantero Morollón-. De Valladolid a Barcelona para escribir la historia de un grandioso futbolista salmantino que, gracias al fútbol, ya hizo para siempre suya a la Ciudad Condal –aunque muy orgulloso de su cuna charra- y en su Universidad Central finalizó los estudios de Derecho que le han llevado a ser un prestigioso abogado. En ese escenario, además, conoció a una mujer de bandera, hija de un prestigioso magistrado natural de Ronda, llamada Luisa, que pronto se convertiría en su esposa y que ha sido la perfecta compañera de la vida de este hombre que ha ido por la vida aireando la bandera del señorío.

Y entre recuerdos y emociones, los momentos de Fuentes de Béjar fueron para enmarcar, mientras caía la noche y una ligera brisa fresca que llegaba de la sierra era una caricia para aliviar los calores de la tarde. Allí, con el maravilloso mundo del fútbol presente, en medio de la amistad y el afecto de quien ha sido un caballero en todos los caminos de su vida se rindió un homenaje de admiración al gran José María Sánchez Rodilla -Rodilla en las alineaciones deportivas-, quien agradeció los detalles con esa mirada bondadosa de los hombres de bien.

 

David Salvador, a la conquista de Las Ventas

David Salvador ya vela armas para su presentación en Las Ventas. Para uno de los momentos más importantes de la carrera de un novillero como es la comparecencia en la llamada cátedra del toreo. Será el debut de un charro residente en La Fuente de San Esteban –aunque nacido en la aragonesa localidad Pina de Ebro- que llega a ese instante con la solvencia y la garantía de saber qué se trae entre manos. Atesorando un toreo exquisito y puro, siempre marcado por la sobriedad de la escuela castellana que supo beber de las fuentes de los maestros S. M. ‘El Viti’, del Niño de la Capea, de Julio Robles, con quien le une tantos nexos…; sin olvidar al toresano-vallisoletano Leandro, quien un día confió en él para formar uno de lo engranajes más serios y solventes que hay ahora mismo en el toreo, con la verdad y el hacer bajo el lema del pasito a pasito. Ambos siempre mirando adelante para reponerse rápido de tantas volteretas sufridas en los despachos al olvidarse triunfos. O no estar en ferias y si hacerlos otros chavales que se ven acartelados por la influencia económica de su familia.

David Salvador, que antes ha sabido ser yunque, siempre se mustra receptivo para crecer artísticamente y culturizándose mientras lee, incansablemente, biografías de viejos maestros o se impregnaba de otras épocas del toreo, llega a Madrid con su aspecto serio y las ideas brillantes, para dar un paso hacia arriba que lo lance a la élite novilleril, que es el lugar que merece por el don de su torería. Será una bonita noche donde la afición madrileña descubra a otro charro que llega con el aroma de los mejores, con la esencia y sabor sobrio de la vieja escuela castellana. Tendrá enfrente novillos de La Ventana del Puerto y de compañeros Alejandro Gardel y El Galo.

Que Dios reparta suerte y no se olviden de este nombre. De DAVID SALVADOR, a quien han aplaudido los públicos que lo descubren y al que Sevilla, hace ya tiempo, le dio todas las bendiciones por su arte en el ruedo. Mañana será Madrid.

Destino La Glorieta: La semilla del futuro

Las noches del jueves en La Glorieta tienen un sabor especial, con esencia y paladar taurino, convirtiéndose en el gran acontecimiento de la temporada charra. No hay nada más hermoso que ver de bote en bote los tendidos y las gradas por un público joven y entusiasta, de familias enteras, de aficionados, de profesionales… para disfrutar con los primeros pasos de los toreros del mañana. El certamen, conocido como Destino La Glorieta, fructificó gracias al talento y afición de Víctor Soria –quien enseguida encontró el sí de su casa, La 8 salmantina y, a continuación, el patrocinio otra entidades- para buscar nuevas alternativas en la Fiesta, lejos de la sota, el caballo y el rey, tan habituales como monótonos en las plazas. Hoy aquel sueño de un joven periodista –que además es un todoterreno y culto, que ha roto en un brillante profesional-, se ha convertido en un acontecimiento nacional. Porque hoy a nadie del todo pasa de largo esa promoción, nacida en la capital charra, para buscar nuevos valores y que ha superado todas las expectativas.

Vaya nuestra enhorabuena por sembrar una semilla que prenderá en los nuevos aficionados, quienes han encontrado su particular banderín de enganche en el encanto de estas noches salmantinas bautizadas con el sugestivo nombre de Destino La Glorieta.

‘Tauromaquias de Castilla’ alcanza su II edición

La vida también te regala sorpresas agradable cuando haces un trabajo con ilusión –que dicho sea de paso es obligado para todo aquel que desarrolla su actividad-. Cuando has dejado un montón de horas de trabajo, has hurgado en hemerotecas y hablado con numerosa gente para hllevar a las librerías una obra, en este caso ‘Tauromaquias de Castilla’, es un inmenso privilegio. Más aún al ver cómo cada mañana te llegan correos y llamadas de diferentes puntos del orbe taurino para solicitar el el envío de ejemplares, sin olvidar a colectivos que invitan para presentarlo en sus sedes o la facilidad que con la que se agotó la primera edición. Pero, sobre el resto, la mayor felicidad que existe es ver cómo llaman los protagonistas que salen en sus páginas para mostrar la gratitud, siempre con las formas humildes que les hicieron ser tan grandes toreros. Eso no tiene precio y ha sido la mayor alegría proporcionada por esta obra. Por una obra que deja el brillantísimo legado torero del siglo XX de nuestra Comunidad plasmado a través de sus grandes protagonistas.

Y es que ha sido un honor escribir un libro para dejar el vivo recuerdo de la grandeza de esta Castilla que tanta importancia ha tenido en la Tauromaquia y el mismo que ahora ya alcanza la II edición. Gracias.

El Viti, ochenta años de señorío y toros

Aún faltaban ocho meses para el final de la Guerra Civil cuando aquel dieciocho de julio de 1938 vino al mundo Santiago Martín. Aquel niño, nacido en Vitigudino, en el seno de una familia de trabajadores, de artesanos de la madera que construían carros, acabaría escribiendo una página de oro al convertirse en un símbolo de España, en un hombre admirado y aparador del máximo afecto donde se encontró. En España y toda la América taurina, en Francia o Portugal; o allá donde estuvo y se ganó a todos por el tesoro de la categoría humana.

Ahora, Santiago Martín, quien con tanto orgullo se hizo llamar El Viti –para gloria perpetua de su querido pueblo- alcanza sus primeros ochenta años de vida. Ocho décadas de señorío y toros protagonizado por un CABALLERO, que más allá de sus triunfos en todas las plazas del orbe taurino, de su majestuosidad en el ruedo y de su temple; de ser uno de los más grandes toreros de la historia, ha logrado ser un icono de admiración. Orgullo de un país y de una tierra, la castellana, adusta y dura, de la que supo ser un modelo, siempre aferrado a su pasión a la Tauromaquia, arte del que ha sido un eslabón y al que ha dado tanta grandeza, con la apostura de Belmonte, la solemnidad de Manolete y el temple de Domingo Ortega.

Ya inmersos en el 18 de julio, mandamos la felicitación al maestro, al señor, al amigo… a todo lo que encierra y significa su nombre. A quien es un ejemplo en el torero y en la vida en este momento especial del ochenta cumpleaños. FELICIDADES

 

¡Frenen la caída del Puerto!

La temporada avanza y se van conociendo carteles de las ferias venideras. La cartelería de los ciclos agosteños ya está colgada, mientras que de la septembrina ya se conoce mucho y, en la mayoría de los casos, más de los mismo, con los mismos nombres de toreros y ganaderías, en una clara falta de imaginación del empresariado. Y además, en numerosas ferias excluyendo la novillada, por lo que se corta la promoción de nuevos valores. De quienes en el mañana deben tirar del carro de la Fiesta.

Sin embargo, lo peor, es ver cómo algunas plazas, siguen su particular retroceso, caso del Puerto de Santa María, cuyas combinaciones para las corridas veraniegas de este año fueron conocidas hace unos días. Cierto es que el nuevo empresario ha visto limitados sus movimientos con la tardanza en la adjudicación, pero cierto es también que cuando se lucha por la gestión de una plaza es para trabajar y no buscar justificaciones. Es el caso del Puerto, que este año sigue la senda de los pasados en la pérdida de prestigio de su Plaza Real, de eliminar carteles y programar un mini ciclo de escaso interés, con el añadido que la todopoderosa Casa Matilla está detrás- ¡Otra vez Matilla!

Hoy miramos con suma preocupación el inmediato futuro de un histórico coso que merece un regeneración para recuperar tanta grandeza cómo atesoro. ¡Aquellas nocturnas de tanto prestigio! O más allá su ciclo de corridas veraniegas con todos los domingos anunciando festejos de postín y los tendidos llenos. Porque El Puerto abarca una zona muy poblada y de reconocida afición taurina, con numerosas toreros que han visto la luz en un rincón que vive la Fiesta con tanta pasión. Sin embargo ese particular jardín acabará secándose por falta de riego y atención, de no actuar con premura.

Hay que salvar la grandeza de esa plaza. La de esas tardes mágicas que enamoraban a los toreros y de la que Joselito ‘El Gallo’ dijo una frase que ya enarboló un prestigio para la eternidad: Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es un día toros. Son infinitas las página escritas por esa plaza de tanta solera, donde varias veces se dividió el coso en dos, dadas sus grandes medidas, para programar dos festejos a la par. La misma que ha vibrado con faenas inolvidables y hasta abrió definitivamente las puerta del sur a toreros castellanos. Ahí está el caso, por citar un ejemplo, del grandioso y siempre presente Julio Robles, quien allí se despidió de novillero y en su debut de matador –en una nocturna con Parada y Currillo-, en sus primeros años tras la alternativa, sorprendió por un quite del Bú, hoy tan de moda; sin embargo, entonces Robles, no tenía ‘cantores’. Pasaría una década cuando ya dejó impronta de su enorme torería en ese coso. Fue el dieciocho de agosto de 1985 y, cartelado Antoñete y Paula –enfrente toros santacolomeños de Joaquín Buendía- cortó cuatro orejas para entrar definitivamente en el corazón del Puerto. Más aún al repetir el veinticinco de agosto siguiente, ahora con Romero y Manzanares, logrando otras tres orejas a reses de Sayalero y Bandrés. Entonces las campanas del Puerto era de bronce, lejos de los tiempos actuales, donde suenan a latón.

Sirva este ejemplo -añorante y cercano-, para que los nuevos aficionados sepan la grandeza que aguarda la Plaza Real y su enorme significado. Para que alguien frena la caída libre de un coso cada vez más utilizado en la programación de conciertos y dejando de lado su verdadero fin. Para que lleguen alguien con talento y sentido innovador que la recupere de ese desplome al que tanto está colaborando la Casa Matilla. Otra más.

Observen la precaridad de los carteles de este año (¡de vergüenza!):

 

 

La barra libre de Emilio Muñoz

Emilio Muñoz, desde que la han quitado el bozal –y sobre todo desde que no está Antoñete- tiene su particular barra libre con el micrófono, se ha convertido en otro personaje funesto para la Fiesta. En verlo del color de su interés, siempre bajo una inquina total al aficionado, en quien ve todos los males del toreo, además de una tremenda falta de objetividad y engañar, incluso, ante algo que está viendo todo el mundo. Emilio Muñoz, desde ese puesto –sobre todo en os últimos años- aprovecha para echar agua al vino de la Fiesta, al insultar al aficionado, defender el monoencaste, el afeitado, busca el triunfalismo e incluso trata de confundir cuando dice que mató en todo lo alto y ha sido una estocada baja, en una actitud impropia de alguien como él, que ha sido gente en el toro.

Respeto –y mucho- el paso por la Fiesta de quien fue un niño prodigio con su interpretación barroca, la huella belmontina que bebió en las fuentes de su barrio de Triana y que le supo inspirar su progenitor –Leonardo Muñoz ‘El Nazareno’, al igual que sus grandes tardes en la etapa que llegaron tras la reaparición, aunque siempre quedó pendiente el lunar de Madrid. Madrid nunca casó con Emilio Muñoz y él pasaba un quinario cuando se veía anunciado en Las Ventas. De hecho sus casi cuarenta tardes las saldó con una exigua vuelta al ruedo en unas arenas que tanto sueño le quitaron y donde siempre tuvo sus más y menos con los aficionados serios de esa plaza.

Sin embargo ahora se ha desquitado, especialmente desde que no está Antoñete, porque esas burradas jamás las diría delante del viejo maestro del mechón. Hoy, desde su privilegiado puesto ataca continuamente al 7, engaña a la gente, desprecia a la autoridad y busca una Fiesta ‘clavelera’ y triunfalista que trata de imponer el sistema, la del toro vale, quitándole la grandeza que siempre tuvo la Tauromaquia. Y donde el triunfo era algo legítimo. Cuando una estocada era la suerte suprema, en la antípodas de la actual palabrería de Emilio Muñoz, con ese atentado a la pureza del toreo de intentar dar por buenos los bajonazos, las traseras o pescueceras. O justificar los avisos diciendo que no valen para nada, cuando lo cierto es que el aviso antes era la mayor vergüenza para un torero. Y que se den orejas por faenas mediocres.

Ahora ese Emilio Muñoz de la tele, el de la particular barra libre, sobre todo tras la marcha de Antoñete, quien jamás le hubiera permitido que insultase al público de Madrid. Pero una cosa debe quedar clara, el problema no es su eterno estado de cabreo, no. El problema es que engaña a la gente en su búsqueda de la Fiesta ‘ligt’, con el triunfalismo y el torito afeitado, esa que está echando a tanta gente de las plazas.