Archivo por meses: agosto 2018

Julio Robles, medio siglo atrás

Medio siglo atrás –según las crónicas- amaneció despejado en los campos de Castilla y, a medida que el reloj avanzaba, el intenso calor se hizo dueño en aquel día de San Agustín, jornada festiva en numerosas localidades. Entre ellas la salmantina Villavieja de Yeltes, guardiana de las más puras tradiciones charras y cuna de prestigiosas ganaderías.

Esa tarde festiva, con el pueblo abarrotado de lugareños y forasteros, se anuncia un festejo que acartela a tres promesas del toreo: Antonio Luis, Julio Robles y Rafael Gómez, quienes darán cuenta de los erales encerrados de una divisa local. Los tres llegan deseosos de ofrecer lo mejor de su repertorio ante un público selecto, sabedores que en los gradas y balcones no faltarán nombres de postín. Entre otros los prestigiosos ganaderos Dionisio Rodríguez, junto a sus hijos Paco, Dioni y Andrés; los hermanos Paco y Salustiano Galache con su cuñado Habacuc Cobaleda; Manuel Santos Galache… junto a la nómina tan grande gentes de gentes de campos y magníficos aficionados que cuenta el censo de Villavieja.

Uno de los componentes de la terna actuante vive el día especial de ser la primera vez que viste de luces, después de haber tomado parte en varios festejos de corto. Se trata de Julio Robles, hijo del secretario judicial de la vecina villa de La Fuente de San Esteban y a quien ayuda el torero y paisano Paco Pallares, que contempla dar ese nuevo paso en la historia fecha del veintiocho de agosto de 1.968, justo veintiún años después de que ese día todas las portadas reflejasen la trágica muerte de Manolete, en Linares. En las fechas previas y con la inquietud del debut, Julio Robles acude a Madrid, junto a su fiel Paco Pallarés, para adquirir un vestido de luces de segunda mano. De esos momentos, el mismo Pallarés nos contaba, en su día, lo siguiente:

“Fuimos a casa de la maestra Nati, que era donde me vestía. Julio era la primera vez que viajaba a Madrid y no veas qué contento iba interesándose por todo. Me pidió que le enseñara la plaza de Las Ventas y casi se emociona al pisar la arena, la misma donde acabaría realizando algunas de sus mejores faenas. Era feliz allí; mientras, me decía que con todos esos tendidos llenos debía ser impresionante. Por la tarde fuimos a visitar el coso de Vista Alegre, la célebre ‘chata’ y también le entusiasmó; mientras, le contaba historias allí sucedidas, como las novilladas que encumbraron a El Viti, la famosa Oportunidad de Palomo Linares… Fueron dos días muy completos y también conoció los hoteles taurinos de Madrid, el Wellington y el Victoria. A la vuelta, al volver para acá, le decía que la próxima vez que fuéramos sería para hacerse un vestido nuevo. Pero lo importante era que, poco a poco, se sentía torero y comenzaba a sentir vocación por la profesión que había iniciado”.

Villavieja, con sus riberas regadas por el Yeltes, río de finas aguas, de las que beben, a lo largo y ancho de sus riberas, multitud de toros bravos, es el pueblo que ve debutar de luces a Julio, hace ahora cincuenta años. Ahí llegó el primer peldaño de una brillantísima carrera. Esa tarde, en el coso taurino levantado en la plaza de Isabel La Católica, el precioso ágora villaviejense con sus soportales y su enlosado de lonchas de granito, Julio gustó con una interpretación aún bisoña y que ya dejaba entrever todo o que vendía después. Al final los aficionados locales sacaran a hombros al torero en ciernes, quien más tarde recibió un montón de felicitaciones en la fonda de la familia Moro y de paso daban la enhorabuena a Paco Pallarés, tan conocido por esa comarca, donde contaba con numerosos admiradores que tanto lo habían aplaudido en su  reciente irrupción como novillero de postín.

Hoy de aquellos históricos episodios de la Fiesta hace ya medio siglo. De aquel día de San Agustín cuando Julio Robles escribía la primera página de su inmenso legado. Y para ello nada mejor que el escenario tan charro de Villavieja de Yeltes para quien fue un torero que supo representar tan bien los valores de Salamanca y de la esencia charra.

El Juli, otra vez…

Ya son muchas las ocasiones que El Juli pisotea la grandeza del toreo. Que ataca el arte que lo ha hecho rico, donde ha logrado hacerse con un nombre de figura. Aún estaba caliente su tarde en Guijuelo, donde escupió directamente al prestigio de esa localidad y de la afición charra con una indecente ‘becerrada’, cuando ahora ha vuelto por su fueros. En esta ocasión en Tomelloso, en plena Mancha, donde ha llegado con su hambre de hiena para morder la cada vez menos grandeza que le va a quedando a esta Fiesta, tan masacrada por gente como él. Él, que tanto la corrompe en los festejos de pueblos en incluso en ferias tras mandar, previamente, a sus veedores para que desmochen los toros y luego se presenta desvergonzado, mientras los muy escasos aficionados que van quedando huyen ante esos espectáculos que son una verdadera estafa. ¡Qué daño está haciendo El Juli!

La da igual ver cómo la Tauromaquia está herida, cuando cada vez da más la sensación de estar haciendo caja. De llevarse todo el dinero que puede, de buscar los pueblos y quitar puestos a toreros nuevos que deben acartelarse en esas corridas. Esa es la verdad y no hay otra, mientras que en las ferias, cada vez hay más cemento las tardes que se anuncia. Y ahí está el caso de Bilbao. O de otras muchas ferias donde ya no tiene tirón en la taquilla y por eso va a arramplar a los pueblos, aunque sea mordiendo el prestigio de la Tauromaquia, quien tiene en él a un activo antitaurino, que cada dos por tres enloquece a las masas con sus auténticos atracos de lidiar el torito mocho y sin presencia.

Un figura debe preocuparse y defender el arte que le ha dado nombre y dinero. Jamás pisotearlo de manera tan reiterada con esos toros que son un insulto a la grandeza de la Tauromaquia. ¡Qué gran favor a la Fiesta la marcha del Juli!

Bilbao y su cambio de paso

Tras el tsunami llega la reconstrucción. Pasada la riada viene el momento de ponerse manos a la obra para trabajar y recuperar la normalidad. Sin buscar justificaciones, paños calientes o burladeros para aferrarse al cargo quien desde hace tiempo debía estar fuera de toda gestión. Ha llegado la hora de escribir un nuevo capítulo, taurinamente, en Bilbao; de tratar de enderezar su rombo perdido antes de que sea demasiado tarde. Sería tremendo que esa plaza se sumase a las de Barcelona, Palma, La Coruña, Vitoria… y en este instante siendo objetivos y con las campanas de su prestigio, que siempre fueron de bronce, ahora fundidas en latón está bastante más cerca de ellas que de su pasado esplendor.

Es el momento de tomar decisiones y tratar de atajar la problemática que se ha devorado la inmensa categoría que gozó esa plaza, donde los triunfos de Roca Rey y Diego Urdiales no salvan el gran fracaso de una feria que ha visto como en los últimos años la afición la daba la espalda, hasta que la recién finalizada feria ya ha superado las más negativas previsiones. A nadie escapa que el público de Bilbao ha dado la espalda a los toros, una Fiesta que allí ha escrito muchas de las más grandes páginas de su historia. Y digo público, no aficionados, porque está especia está en vías de extinción y, en gran parte, cuando acude a los tendidos de Vista Alegre es tan distante de aquel aficionado de Bilbao que marcaba diferencias. Y eso que estamos ante una de las pocas capitales que mantiene actividad durante todo el año, con sus entidades taurinas tan vivas. Ahí está el modélico Club Cocherito, presidido por el insigne Antonio Fernández Casado, grandioso aficionado y escritor taurino, que abre sus puertas todos los días y cada semana acoge un coloquio o evento para que la Fiesta siga viva todo el año. O el Club Taurino de Bilbao o la peña La Campera, sin olvidar otros de las vecinas poblaciones de Llodio, Orduña…

Ahora mismo la principal solución es pasar el escobón sobre la Junta Administrativa y ‘jubilar’ a toda la directivos. Especialmente a Javier Aresti, buen aficionado, habitual en todas las ferias, pero que sin embargo no supo tocar la tecla para que el corazón taurino de Bilbao siguiese latiendo al buscar más las élites que la base y enterrando la grandeza que guarda esa plaza en su historia con las novilladas. Y si Aresti debe irse antes que él debe hacerlo Juan Manuel Delgado, taurinamente siniestro y siempre tan amigo del protagonismo, de ser entrevistado, de ir por los callejones de las ferias, de estar bajo los focos… aunque todos sean conocedores de su enorme incapacidad. Y la prueba ahí está, nada es inventado, solamente decir que de brujo no se ganará la vida, porque en marzo prometía en la entrevista concedida a un medio que en la edición de 2018 las ‘corridas generales’ tendrían unos ¡2.000 o 3.000 abonos nuevos!

Y si a Delgado lo vuelvo loco el protagonismo no digamos nada a quien ahora mismo es otro cáncer de esa plaza, al presidente Matías González, quien si hubiera dejado el cargo hace media docena de años lo habría hecho a lo grande. Pero le pudo el ego, ser diana de la noticia y desde ahora, cuando paseé por la calle, siempre lo mirarán como otro culpable del desprestigio adueñado de Vista Alegre, de ser un chaquetero y de bajarse los pantalones. Directamente ha sido así.

Después, una vez que la nueva Junta Administrativa funcione, hace falta buscar a alguien de garantías que gestione la plaza en el nuevo paso. Y ahí está el futuro de Bilbao, en elegir bien o mal. Si confían del ‘sistema’ que solamente piensa en hacer caja de manera rápida y olvidar que existe futuro, esa plaza puede tener los días contados. Me refiero a Matilla, Casas, Valencia… Lo mismo que si llega una UTE formada por las grandes empresas –o sea el ‘sistema’-, algo semejante a lo ocurrido en su día en Málaga y que acabó siendo catastrófico. Ojalá aquí no caigan en ese error.

La nueva empresa que se haga cargo tiene ante sí varios dilemas. Una mantener el prestigio y al seriedad del toro de Bilbao, que ha sido la baza de esa plaza y la que históricamente ha dado categoría a las llamadas ‘corridas generales’. Otra, importantísima, bajar el precio de las localidades de manera drástica, porque esas cifras que lo convierten junto a Sevilla, Salamanca, Ronda, San Sebastián… en las más caras, no se puede pagar en todos los festejos. Y aquí llega otro dilema al costar lo mismo una corridas de figuras, que el cartel de una integrada por tres modestos, otro punto que necesita un cambio ya. Y es que las localidades tengan un precio razonable, porque eso ha sido otra de las causas de las deserción.

Y por otro lado, visto lo visto, hay que rebajar el número de festejos, al menos en los años venideros hasta ver qué ocurre y qué pide realmente esa plaza. Bilbao, que hasta hace una década era una feria de llenazo y reventa en muchos de sus carteles, ya no soporta una semana entera y es penoso ver dominado el graderío por ese azul que es el color de la ruina. De esa ruina que en esta última edición de la Aste Nagusia ha producido un auténtico tsumani y haya hay que ponerse manos a la obra de la reconstrucción. Porque perder Bilbao sería gravísimo para el futuro de una Fiesta herida.

Matías se baja los pantalones

La caída a las cascadas taurinas del infierno que vive la Feria de Bilbao ha traído el nerviosismo generalizado a la vera de la ría del Nervión. Y con él la sucesión de equivocaciones a la hora de tomar el camino correcto, que han llegado a cargo, principalmente, de personajes aferrados al cargo – Matías González, Juan Manuel Delgado, Javier Aresti…- causantes de la actual deriva. Hoy la diana de las críticas es Matías González, el eterno presidente. Si algo marcó su labor en el palco de Vista Alegre ha sido la firmeza para mantener la seriedad de la plaza. Siempre con decisión firme que contribuyó a mantener el prestigio de esa plaza con la bandera de la seriedad del toro y la valoración de las faenas, premiándose úncamente con la puerta grande a quien de verdad lo mereciera y dándole todo el valor que merece la llamada suerte suprema. El ejemplo lo tenemos en las importantes faenas que quedaron sin el doble trofeo, necesario para salir en volandas, por acabar con un pinchazo previo a la estocada o no estar en lo alto. Y Matías nunca dudó,  soportando hasta fuertes broncas, al igual que supo aguantar presiones para mantener la presentación del toro en esa plaza, el llamado ‘toro de Bilbao’, serio, bien presentado, astifino y con las puntas íntegras. Un prestigio que hace tiempo pasó a la historia y ya casi nada es parecido con la actual caída en picado de la siempre seria feria de Bilbao, las llamadas ‘corridas generales’, pilar del verano taurino y un núcleo que mantenía viva esa seriedad que jamás se debió perder.

Aquella época de grandeza ya es historia por varios factores. Uno desde que ese presidente que llevó autoridad y mantuvo en tal alta categoría la seriedad de las ‘corridas generales’ se cambió de bando, en una gran bajada de pantalones, para ponerse al servicio del taurineo y convertirse en un principal causante del desprestigio que vive la que era gran feria del verano. Matías ya un taurinillo más que hasta increpa a los aficionados de verdad como hizo recientemente en un sorteo en una actitud lamantable, además de aprovechar su cargo para hacer dejarse ver en callejones y otras ferias, muchas veces al lado de otro sempiterno de collera, Juan Manuel Delgado, también destacada ficha de todo lo malo que ocurre en Bilbao.

La actitud de Matías González ya no tiene nombre y dentro de las aguas revueltas de la confusión ha hecho lo peor que se podía en estos momentos, como es poner esa plaza al servicio del triunfalismo. Del torito con cada vez menor presencia y a modo que sale de toriles con las vergonzosas bolitas –que es un afeitado-, junto las puertas grandes baratas y las orejas de saldo en un escaparate en los antípodas de aquel ejemplar comportamiento que mantuvo durante años. Cuando tras grandiosas faenas negó la segunda oreja por existir un pinchazo previo, o la espada no estaba en lo alto. Eso que hemos presenciado en numerosas ocasiones sirvió para mantener al moderno coso de Vista Alegre en el pedestal de la seriedad. Hasta ahora, que sitiado por la deserción del público y el nerviosismo unánime de la Junta -des-Administrativa y demás sectores taurinos de la capital vizcaína se ha cambiado de bando con la consiguiente bajada de pantalones. Aunque realmente su cambio llegó hace ya tiempo, pero ahora con el descaro de los traidores que pretenden aferrarse al cargo a cualquier precio. Aunque sea tirando por tierra su propio prestigio para seguir chupando cámara y ponerse al cargo del taurineo, dejando lidiar toros impensables en las ‘corridas generales’, abriendo de par en par la puerta grande y echando a la ría el prestigio logrado en tantas décadas de esplendor.

 

 

El sorteo de Madrid: novedad y…

Encendidas las alarmas en el necesario cambio de rumbo que necesita la Tauromaquia, ahora todos se aferran con ilusión al sorteo que prepara Simón Casas en Madrid. Hasta le han llovido bendiciones a este astuto francés que ha firmado tan polémica gestión al frente de Las Ventas y ahora ha buscado una jugada de calado popular y con efectos en los medios para acallar tanta polémico como rodea a su gestión. De momento, como por arte de magia, se han olvidado de las novilladas con las que ha estrellado tantas ilusiones de chavales en Madrid, de ridículos como acartelar en una novillada a Javier Velázquez, quien a sus ¡37 años! y como era era de esperar dio un señor petardo. Del mal trato que reciben la mayoría de los toreros modestos. O de cerrar la plaza durante los domingos del verano para perder la tremenda tradición que atesoró Las Ventas durante las tardes dominicales del estío.

La decepción contra Simón Casas es evidente en todos los sectores de la afición madrileña y en numerosos profesionales quienes ya están hartos de su verborrea de promesas incumplidas que han llevado a Las Ventas a una situación complicada. Por que se une la nefasta labor de la Comunidad de Madrid, quien lleva tiempo sin saberla dignificar. Y más ahora con esas obras que la adecuarán para otros espectáculos –algo que conducirá a que los toros, el cometido para la que se construyó, cada día tengan menos protagonismo-.

Ahora con el sorteo se han olvidado la infinidad de chanchullos de quien es el peor empresario que gestionó esa plaza. Y ojo, las cosas como son, el sorteo está muy bien siempre que no sea solamente de uan manera puntual, porque debe seguir para San Isidro. Ese sorteo dignificará la Fiesta y acabará con las figuras que llegan con sus toritos a las ferias, trayendo además una necesaria criba en el escalafón. Me parece perfecto y lo apoyo, aunque con las reservas propias al ser Simón Casas quien lo pone en escena, porque este hombre guarda más que enseña y genera tantas dudas en su hacer. Y no olvidemos, por ejemplo, que a Talavante le costó un mundo entrar y cuando le decía que no -apoyado por Matilla y Ramón Valencia-, un artículo desde esta web abrió los ojos para entrar en razones la empresa y despertar al toreo de su letargo.

 Esperemos que sea digno, sin bolas calientes y el inicio para hacerlo en todos los ciclos con la finalidad de dignificar la Fiesta en parte para que despejen el camino tantos toreros que han hecho de ella su caldo de cultivo. De esa manera, siempre que le toque en sorteo, para 2019 podemos imaginar al Juli matando, por ejemplo, una corrida de Alonso Moreno en San Isidro; a Enrique Ponce, imaginen, la de Miura; a Morante, pongamos por casa, con La Quinta. ¿Creen que en esa situación alargarían mucho sus carreras? Un día las matan o dos también porque atesoran sobradas condiciones para ello, pero sorteando toda la temporada…

 Y ahora con el sorteo ya convertido realidad le damos la bienvenida, aunque sin olvidar las mencionadas reservas; no tampoco el desastre de gestión que ha llevado a cabo Simón Casas en Las Ventas, que es un atentico atropello a la grandeza y categoría de la que siempre fue la cátedra del toreo.

Cuando se pierde el norte

Decía Ortega y Gasset que quien quiera conocer el estado de la sociedad española no tiene más que asomarse a una plaza de toros. Y en estos tiempos tan confusos, dentro de la grandeza de ese espectáculo, ahí está el mejor espejo para conocer a España. Hoy en los cosos se contempla un mundo confuso, con demasiado desinterés, falta de emoción y un desorden adueñado de sus estancias. Y con unos pocos -gran empresa y las tres figuras- haciéndose ricos mientras se desploma el espectáculo.

La Fiesta se desploma a pasos agigantados. Lo llevamos escribiendo desde hace tiempo y por ello hemos tenido que aguantar improperios, descalificativos y hasta amenazas de un ‘sistema’ que no admite críticas y sí pesebreros. Ahora mismo se cae como la fruta madura de un árbol y se antoja harto complicado una reacción inmediata que lo saque de la UCI. Abundan los toreros rematadamente vistos que acaparan las ferias -con la excepción del limeño Roca Rey, el único que goza de tirón-, precios excesivos y la ausencia de emoción en la práctica totalidad de las corridas, el lastre en la cabaña ganadera que ha llevado a la casi desaparición de varios encastes, el alocado triunfalismo, un ‘sistema’ que la rige tan arcaico como caduco que ha provocado la deserción de aficionados. Las ferias vascas son ahora mismo la prueba de una Tauromaquia que necesita ya mismo una regeneración en todas sus estructuras o, irremediablemente, está condenada a morir mucho más pronto que tarde. No es nuevo lo que ocurre y era algo que se veía venir y llevábamos tiempo denunciando. Porque la Tauromaquia es el único sector que jamás se ha preocupado del cliente, ni ha cultivado el futuro en el fomento y protección de las becerradas y novilladas –especialmente las picadas-. Y con ello hemos llegado a un escalafón tan caduco y envejecido donde los principales nombres superan las dos décadas de alternativa.

Ha sido el norte y sus otroras grandes ferias, con la excepción de San Fermín, las que han puesto a casi todos de acuerdo -excepto a algunos pesebreros y quienes laboran en el ‘sistema’ que se aferran interesadamente a ocultar la realidad- en que esto ha reventado y se actúa ya o estamos en la cuenta atrás del final de la Tauromaquia. La mejor muestra es ver cada tarde el estado de los tendidos de la bilbaína Vista Alegre, dominados por el azul de sus butacas vacías. Y eso ocurre en una feria que hasta hace una década era la más importante de la temporada, tras Madrid y Sevilla. El gran puerto de primera del verano, con su enorme prestigio donde se lidiaba el toro y se acartelaban los mejores espadas, llenando cada tarde los tendidos de la plaza y con la reventa funcionando sin parar desde la mañana. Los triunfos de Bilbao marcaban a un torero e incluso entre los modestos servían para reivindicarse. Y ahí recuerdo un año a Tomás Campuzano que quedó fuera de las ferias y fue localizado por Manolo Chopera en un pueblo de Extremadura, donde había toreado un festival y aún no había móviles, para que emprendiera viaje a Bilbao a sustituir a Manili -herido en las vísperas en Almería- en la corrida de Miura. Aquel día Tomás triunfó a lo grande tras cortar tres orejas y ya entró en las ferias nada que había un sustitución –hasta Salamanca, donde sufre una grave cornada inferida por un toro de Guardiola-. Entonces Bilbao era una feria postinera, la que cita de los mejores aficionados, con un intensa actividad alrededor de su hoteles Ercilla y Carlton, juntos a sus afamados clubes taurinos, llenándose cada tarde  Vista Alegre. La misma que, durante el resto de temporada, ofertaba novilladas que fueron el primer trampolín para muchos toreros, entre ellos el Niño de la Capea, que ha sido santo y seña durante una época en esa tierra.

La añoranza de un ayer inolvidable se adueña de uno al escribir esta crónica y ver cómo las campanas taurinas del norte ya suenan a latón. Sus tañidos ya no son de bronce para marcar el devenir del verano y si el triste toque solitario y melancólico de una funeral. Del funeral taurino de los toros en el País Vasco que ha enterrado a Vitoria y ahora, si nadie frena ya el desamparo con medidas urgentes, prepara las honras de San Sebastián y Bilbao. De esa Victoria que cometió el gravísimo error de tirar su vieja plaza, ¡aquellas ferias de La Blanca!, donde ya no hay toros y gran parte llegó al construir el nuevo tauródromo sin sabor, ni torería; si más apropiado para una competición deportiva, jamás para un espectáculo como el taurino. Y al hilo de Vitoria no podemos olvidar a Logroño, donde la llegada de la moderna plaza de La Ribera ha significado un enorme bajón en la prestigio que atesoró durante décadas. Logroño, que también empieza a entrar en una situación preocupante, jamás debió permitir que se derribase La Manzanera, de tanto sabor. El antiguo coso de la capital riojana únicamente necesitaba un lavado de cara, adecentar baños, junto a los servicios interiores y, si acaso, colocar, un cubierta como la de Zaragoza, que es la única plaza de las cubiertas que conserva íntegra su solera y torería. Jamás se debió llegar a la tremenda torpeza de tirarla y ver ahora cómo la Feria de San Mateo pierde cada año interés, hasta dejar ya de ser una feria seria y de carácter torista.

Y si tan difícil es recuperar algo, luego que fácil es destrozarlo frutó de la desidia. Ahí está el ejemplo de San Sebastián, donde costó un tremendo esfuerzo devolver la Fiesta y gente como Gregorio Ordóñez, Paco Apaolaza, Miguel Tellería…no pararon hasta ver hecho realidad un proyecto que trataba de sustituir la grandeza del Chofre y encontró en el gran Manolo Chopera el artífice de ese milagro. Después, esa plaza donostiarra de Ilumbe, que tuvo unos inicios de lujo, con aquel certamen internacional de novilleros que dio tanto brillo y significó el trampolín para –Javier Castaño, Sebastián Castella, César Jiménez, Javier Valverde, Salvador Vega, Leandro…-. Sin embargo, después empezó a naufragar ese proyecto que llevó tanta luz y torería al invierno donostiarra. Desde entonces se redujo a la Semana Grande, con los precios carísimos y la repetición de carteles, razón por la que el desinterés se hizo evidente y la plaza acabó naufragando hasta que llegó Bildu al Ayuntamiento de San Sebastián y la cerró. Después, recuperado un gobierno cabal que devolvió los toros ya nada fue igual, porque los precios eran mismos –de caros-, los carteles de escaso interés y la conclusión llegó en esta pasada feria con la caída en picado de Illumbe, donde la mayoría de los días eran penoso ver el graderío dominado por el azul de los asientos vacío.

Aún así nadie fue capaz de decir nada, únicamente la escasa prensa independiente -que es mínima-, los demás únicamente se dedicaron a tapar lo que era un fracaso en toda regla e implica a más partes que la meramente empresarial. Porque en la caída taurina de San Sebastián hay muchos más culpables. Al igual que ocurre ahora en Bilbao, que taurinamente ha perdido su rumbo y se actúa o muy pronto esa plaza sigue el camino de Barcelona.

COLETILLA FINAL: Mucho hemos criticado a Simón Casas, un personaje con quien no compartimos nada. Sin embargo hoy vierto tinta para alabar el bombo que pone en practica en la Feria de Otoño. Lo alabo siempre y cuando lo lleve también adelante en la Feria de San Isidro y en el resto de los ciclos comience a ser una realidad. Porque es una forma de la necesaria limpia que hace falta en el escalafón y un nuevo paso de la gran regeneración que necesita la Fiesta en todas sus estructuras.

El Juli escupe sobre la grandeza de la Fiesta

Entrada la noche, El Juli se marchaba de Guijuelo con sesenta y cinco mil euros en el bolsillo, además de catorce jamones en el maletero de su coche y sin ninguna vergüenza; mientras, los poquitos aficionados serios que sobreviven a esta Fiesta de cartón piedra, de triunfalismo, del billete gordo, del toro abecerrado y afeitado… mostraban su indignación por el abuso de quien siempre pide respeto para la Fiesta desde su altar de figura del toro. Al igual ocurría con las redes sociales, que le han dado opinión al aficionado llano para mostrar su rechazo, porque la casi totalidad de la prensa de ahora se dedica a engañar y vive de espaldas a la dura realidad del mundo taurino, sin denunciar jamás tantos males y sí ponerse como propagandistas al servicio del taurineo vendidos por un pase. Y es que no puede pasar de largo, ni cubrir con un tupido velo cómo El Juli volvió a dar una puñalada trapera al prestigio de la Tauromaquia en el momento que tan dañado esta ese arte. Y tan cuestionado socialmente. Cuando los de dentro, hoy más que nunca, deben hacen las cosas bien para recuperar el prestigio perdido, llegó el torero madrileño a Guijuelo con tres babosas bajo el brazo, ausentes de pitones por la mano fraudulenta de sus asesores de confianza. Y ahí el primer gran fracaso fue no lograr poner el ‘no hay billetes’, mientras que la segunda gran humillación fue que lo sacasen en volandas después de haberse reído literamente de toda la plaza. Y de la propia Fiesta.

De siempre las gentes de Guijuelo destacaron por su olfato para los negocios y fueron capaces de convertir un pequeño pueblo en una potencia económica. Gente disciplinada que se levantaba antes de las primeras claras, hábiles en el trato y muy trabajadores que luchaban por ganar hasta la última peseta sin escatimar esfuerzo; ni mucho menos ningún osado fue capaz de engañar a nadie de Guijuelo, desde industriales o comerciantes, porque eran listos como el hambre y de esa manera hicieron sus fortunas. A ninguno de ellos se fue un duro entre las manos hasta lograr ser un ejemplo económico e industrial con su jamón ibérico alzado al máximo prestigio. Por eso duele, que esa raza tan especial de gentes trabajadoras se hayan dejado pisotear por un torero que presume de ser máxima figura y haya escupido en el prestigio de su plaza, de la propia Fiesta y de la seriedad de las gentes de Guijuelo. Lo ha hecho quien en provincias tanto ha prostituido la Tauromaquia, sin escrúpulos para hacer caja, aunque sea dando una patada falsa a la Fiesta, de la que se ha hecho rico. ¿Se imaginan la que armarían los de Guijuelo si alguien actúa contra sus negocios como hace El Juli con el toreo?

No nos coge de sorpresa lo que ha ocurrido, porque llevamos tiempo denunciando todo lo que ocurre y los abusos del Juli –al igual que otras figuras-. De hecho el pasado mes de febrero, al presentarse el cartel ya escribimos este artículo -https://www.glorietadigital.es/2018/01/19/y-guijuelo-saco-pecho/- afirmando lo que iba a ocurrir al prestarse Guijuelo a ser el escaparate de esta nueva Fiesta del triunfalismo.

Una pena y me imagino que si hay seriedad ya se habrán mandado las astas a analizar. Porque ese es el camino para frenar tantas tropelías que se están cargando la grandeza e la Tauromaquia. Como las protagonizadas por este bandolero del toreo llamado Julián López ‘El Juli’, quien tanto pisotea la Tauromaquia con el toro mocho y abecerrado. Pero a él le da igual, porque ser marchó de Guijuelo con sesenta y cinco mil euros en el bolsillo, además de catorce jamones en el maletero del coche y la dignidad no existe en su diccionario.

Angelete ya lancea al toro de la eternidad

Eugenio Fernández ‘Angelete’, el decano de los toreros, era un señor. De las mejores personas que conocí. Un hombre que tenía la bondad en su mirada y un hablar pausado, con mucho temple en las palabras justas y apropiadas con su acento extremeño que siempre fue otra identidad de este gran torero nacido hace noventa y cinco en Baños de Montemayor, precioso pueblo del norte de Extremadura, ya rayando con Salamanca, famoso por sus termas.

Allí, Eugenio pronto se entusiasmó del toreo al ver su tío, el primer Angelete, que tomase la alternativa en Salamanca, de manos de Joselito, en 1917 y toros de Coquilla. Aquel Angelete enseguida encauzó sus pasos para convertirse en su apoderado y dirigir toda su carrera. Desde la brillantísima etapa novilleril de Eugenio Fernández, donde estaba llamado a ser figura gracias a la exquisitez de su interpretación formando pareja con Manolo Escudero, hasta su alternativa, que recibió en Barcelona. En aquella Barcelona que era la capital taurina nada menos que de Manolete –en el que Barcelona conoció como ‘año de Manolete’, el día de la Hispanidad de 1943-. Antes, las plazas de Sevilla, Valencia, Bilbao, Valladolid, Salamanca o Madrid se había enamorado de este muchacho extremeño que fue un prodigio con el capote, gracias esa verónica a mano baja que causó admiración. De ella quedaron numerosos recuerdos y un montón de elogiosas crónicas, como la de K-Hito titulada –¡Lances para un marco de cristal!-, con motivo de su presentación en Las Ventas.

Tras la alternativa confirmó en Madrid, se presentó en Sevilla; viajó a la América taurina –la primera vez en el mismo barco que su padrino y amigo Manolete, el ‘Marqués de Comillas’- y dejó esencia en muchas plazas, trayéndose prestigiosos trofeos, entre ellos la ‘oreja de oro’. Durante las siete campañas que permanece en activo comparte cartel con los más grandes de esa época y hace amistad con todos ellos, más que con ninguno con Manolo Escudero, su íntimo amigo, sin que a nadie pasase inadvertida la calidad de su toreo, ni la elegancia de su capote en ese periodo donde su peón de confianza era el gran Faroles, magnífico peón de brega. Sin embargo, por entonces, una discusión de su tío y apoderado con Eduardo Pages, tras una corrida que toreó en Cáceres con Manolete, perjudicó mucho a Angelete, que se vio desde entonces fuera de las ferias.

Gran señor, una vez retirado se instaló en su querido Baños de Montemayor. Allí regentó una carnicería y fue alcalde durante casi treinta años, dejando un montón de obras que quedan perpetuadas para siempre y siendo quien impulsó el moderno Baños de la actualidad. Junto a sus dedicaciones, la Fiesta siempre la tuvo presente y fue empresario de varias plazas, entre ellas Guijuelo, Béjar y varias más. De entonces, entre las gentes de la zona surgió el dicho de ‘mandas más que Angelete en Baños’ , algo que no correspondía con las formas de este caballero, que siempre dio sitio a todo el mundo. Mientras su salud se lo permitió nunca fallaba a las ferias extremeñas, ni tampoco algún día a Sevilla, Madrid o a su querida Salamanca, en la que fue uno más y contó con infinidad de amigos, entre ellos la familia de Aníbal Sánchez, cuyo padre siempre estuvo tan cerca de Angelete; o Adolfo Lafuente, donde también su progenitor –el señor Primi- fuera muy cercano. Fruto de tanta relación, la capital del Tormes, lo agasajó varias veces, ocasión que siempre aprovechaba para saludar a los amigos e ir a comer al Restaurante Valencia, ese templo gastronómico de alma taurina donde aún colgaban fotos suyas.

Allá en Baños recibía a sus amigos, a aficionados, a toreros, a periodistas y a todos cuantos se acercaron. Porque Angelete, quien fue decano de los toreros y ahijado de Manolete, tenía abiertas las puertas de su corazón y las de la generosidad, siempre con la bondad en su mirada dentro de un hablar pausado, con mucho temple en las palabras justas y apropiadas.

 

Adiós a Juan Antonio ‘el del Sierro’, un maestro de mayorales

Las vísperas del ferragosto, con España convertida en un inmenso ruedo y los coches de cuadrillas devorando kilómetros, se llevaron a Juan Antonio Marcos García, quien durante tantos años fuera mayoral de la ganadería del Sierro y hombre de máxima confianza de don Luis Sánchez-Urbina. Ayer lo despedían sus familiares y amigos en Martín de Yeltes, ese pueblo del corazón del Campo Charro, al que muchos aún siguen llamando Martín del Río y ha sido una verdadera universidad de mayorales y hombres de campo. De gente que escribía historia al timón de emblemáticas ganaderías y donde Juan Antonio ‘el del Sierro’ ha sido el penúltimo eslabón de un legado. Porque después de aquellas gloriosas hornadas de mayorales los chavales empezaron a buscar una vida más cómoda en la Guardia Civil y la Policía dejando huérfano al campo de estos profesionales.

Ahora, con la marcha de Juan Antonio ‘el del Sierro’ –así era conocido- se va un señor. Un caballero castellano que se distinguió como mayoral callado y prudente, que sabía escuchar y siempre con talante y mano izquierda, con el don del señorío que ganó a todos para ser tan querido como respetado. Con la discreción de bandera. El mismo que durante tantos años por estas fechas agosteñas se montaba en el asiento del copiloto del camión de Mosquete, del de Quesero, de Marce… para llevar a los toros del Sierro –los de su casa- por esas plazas del mundo. Y allí en los corrales estar pendiente de ellos, de defenderlos en los reconocimientos previos si andaba por allí una mano negra. Después, durante la lidia, con su naturalidad y formas prudentes disfrutaba del juego de los toros en el burladero de mayorales, se emocionaba con las arrancadas al caballo o si llegaba el premio de la ovación en el arrastre o la vuelta al ruedo. Y disfrutó plenamente de grandes éxitos en Barcelona, en Madrid, en Francia… en numerosas plazas de la geografía nacional y en otras del norte de los Pirineos envuelto en su forma cabal y discreta.

Junto a don Luis Sánchez-Urbina formó un inseparable tándem de amor al toro.

Qué pena da escribir de hombres de leyenda que se van y de páginas que se van cerrando. Páginas grandiosas y que contribuyeron a escribir a escribir muchos de los mejores capítulos de nuestro Campo Charro ganadero. Como los protagonizados por Juan Antonio ‘el del Sierro’, quien un buen día al finalizar el servicio militar, en 1964, llegó a Sepúlveda para trabajar en El Sierro con don Luis Sánchez-Urbina -otro personaje que ha escrito una inmensa página de señorío, además de eminente médico- y convertirse en un extraordinario conocedor del toro a medida que don Luis le iba enseñando los misterios que rodean a este bello animal. Y empezó a viajar con las primeras corridas, a estar pendientes en los tentaderos de la reacciones de los animales, de los herraderos, desahijados, saneamientos… de ir cada mañana a ver los toros para ver si había novedad. De familiarizarse con los calores del verano o los fríos del inviernos, cuando se candaban las charcas con el carámbano y había que romper el hielo cada mañana para que los animales pudiera beber. Y jubilado cada mañana acudía desde su casa de Martín del Río para dar una vuelta y estar al tanto, plenamente en contacto cotidiano con don Luis. O acompañar a algún grupo si quería ver los toros o conocer la finca, sin faltar a ningún tentadero, donde los toreros lo saludaban con ese respeto y educación que se supo ganar en vida este Juan Antonio, quien fue un maestro de los mayorales y un hombre de bien que tanto amó al toro bravo y al campo en su casa del Sierro.

Que la tierra te sea leve, admirado y querido Juan Antonio, que fuiste un maestro de mayorales y sobre todo un hombre de bien.

Fue conocedor de todos los misterios de la cría del toro bravo.

 

Curro Vázquez y su adiós a Las Ventas

Plaza1, la empresa adjudicataria de Las Ventas, con Simón Casas al frente, sigue naufragando en la gestión de Madrid y ahora intenta buscar un golpe de efecto con la implantación de un sorteo para la Feria de Otoño, hecho que entraña tantas dudas, más aún conociendo a este Casas que es todo palabrería. Ese sorteo que sería lo ideal y necesario en condiciones normales, siempre y cuando entrasen dentro de él todas las figuras. Porque el pretendido ahora ¡ es una tapadera para ocultar la nefasta gestión del francés y su socio, la ‘viajera’ Nautalia, al frente de la plaza y además las figuras, fieles a la línea de los últimos años, huyen de dar la cara en Madrid.

A nadie escapa que, a medida que transcurre el tiempo, las dudas sobre los haceres de esta empresa que está tirando por tierra el prestigio y la seriedad de Las Ventas; además, según fuentes próximas a la empresa de Madrid, desde hace tiempo saltan chispas entre el responsable de la ‘viajera’ y Simón Casas, quienes van por caminos separados, con pensamientos opuestos y han comenzado las primeras deserciones.

De momento, el primero en salir por la puerta ha sido Curro Vázquez, tan importante en el staff, quien ha desembarcado de esa empresa. Hace unos días, en unas escuetas declaraciones afirmó no sentirse cómodo. De hecho hace tiempo no era feliz, prueba de ello es que en la confección de los carteles de San Isidro se quitó del medio ante la avalancha de llamadas que recibía para encajar a este u aquel torero. Muchas eran de amigos vinculados en su etapa de torero, de gente que jamás le tendría que decir que no y ahora lo llamaban para buscar un sitio en los carteles. Abrumado y sin poder dar respuesta a quien jamás le podía decir que no, abandonó esa responsabilidad para dedicarse con exclusividad a la función que figuraba en el pliego.

Sin embargo, Curro Vázquez, un torero que basó su carrera en Las Ventas y conoce mejor que nadie esa plaza y su afición, hace tiempo que dejó de compartir los planteamientos de Simón Casas. Curro, un hombre prudente, no podía estar cómodo entre la palabrería del francés. Y eso que se conocían desde chavales, coincidieron en los ruedos de novilleros ya a finales de la lejana década de los sesenta e incluso el gabacho lo apoderó en alguna etapa, junto a Roberto Espinosa, lo que derivó en una buena relación. De hecho los toreros de Curro Vázquez siempre estaban perfectamente colocados en las plazas de Casas. Sin embargo, ahora, las cosas no marchaban, con muchos planteamientos e ideas que no encajaban en la forma de pensar de Curro.

Curro Vázquez, que conoce tan bien Las Ventas, no podía permitir tantos atropellos.

Seguramente no le hizo ninguna gracia formar parte del staff de la empresa que se cargaba la temporada madrileña con su inmenso legado de rica historia, al cerrar a cal y canto las puertas de Las Ventas durante los domingo veraniegos. Y eso a alguien que toreó tanto en esos domingos y vio emerger a muchos compañeros que llegaron a figuras –Ojeda, Palomar, Ortega Cano…- bajo la canícula del estío madrileño, no le debía hacer gracia alguna. Más al ver cómo tantos toreros de ahora y con posibilidades pierden nuevas bazas de relanzar su carrera por la nefasta gestión de una empresa de la él formaba parte. Y entre eso, las liquidaciones a los matadores modestos y otros desórdenes que jamás deberían producirse en Las Ventas han provocado el primer desembarco de una marea que ahora pretende distraer la atención con la novedad del sorteo para la Feria de Otoño.

Además, Simón Casas, con tanta fama de palabrero y vendehúmos, desde hace tiempo tiene en Roberto Piles, el taurino francés, en su mano derecha. Piles, con despacho en Las Ventas, es un hombre fuerte del organigrama y quien cada vez con más fuerza dentro de las aguas revueltas de esa empresa que naufraga llamada Plaza1.