Matías se baja los pantalones

La caída a las cascadas taurinas del infierno que vive la Feria de Bilbao ha traído el nerviosismo generalizado a la vera de la ría del Nervión. Y con él la sucesión de equivocaciones a la hora de tomar el camino correcto, que han llegado a cargo, principalmente, de personajes aferrados al cargo – Matías González, Juan Manuel Delgado, Javier Aresti…- causantes de la actual deriva. Hoy la diana de las críticas es Matías González, el eterno presidente. Si algo marcó su labor en el palco de Vista Alegre ha sido la firmeza para mantener la seriedad de la plaza. Siempre con decisión firme que contribuyó a mantener el prestigio de esa plaza con la bandera de la seriedad del toro y la valoración de las faenas, premiándose úncamente con la puerta grande a quien de verdad lo mereciera y dándole todo el valor que merece la llamada suerte suprema. El ejemplo lo tenemos en las importantes faenas que quedaron sin el doble trofeo, necesario para salir en volandas, por acabar con un pinchazo previo a la estocada o no estar en lo alto. Y Matías nunca dudó,  soportando hasta fuertes broncas, al igual que supo aguantar presiones para mantener la presentación del toro en esa plaza, el llamado ‘toro de Bilbao’, serio, bien presentado, astifino y con las puntas íntegras. Un prestigio que hace tiempo pasó a la historia y ya casi nada es parecido con la actual caída en picado de la siempre seria feria de Bilbao, las llamadas ‘corridas generales’, pilar del verano taurino y un núcleo que mantenía viva esa seriedad que jamás se debió perder.

Aquella época de grandeza ya es historia por varios factores. Uno desde que ese presidente que llevó autoridad y mantuvo en tal alta categoría la seriedad de las ‘corridas generales’ se cambió de bando, en una gran bajada de pantalones, para ponerse al servicio del taurineo y convertirse en un principal causante del desprestigio que vive la que era gran feria del verano. Matías ya un taurinillo más que hasta increpa a los aficionados de verdad como hizo recientemente en un sorteo en una actitud lamantable, además de aprovechar su cargo para hacer dejarse ver en callejones y otras ferias, muchas veces al lado de otro sempiterno de collera, Juan Manuel Delgado, también destacada ficha de todo lo malo que ocurre en Bilbao.

La actitud de Matías González ya no tiene nombre y dentro de las aguas revueltas de la confusión ha hecho lo peor que se podía en estos momentos, como es poner esa plaza al servicio del triunfalismo. Del torito con cada vez menor presencia y a modo que sale de toriles con las vergonzosas bolitas –que es un afeitado-, junto las puertas grandes baratas y las orejas de saldo en un escaparate en los antípodas de aquel ejemplar comportamiento que mantuvo durante años. Cuando tras grandiosas faenas negó la segunda oreja por existir un pinchazo previo, o la espada no estaba en lo alto. Eso que hemos presenciado en numerosas ocasiones sirvió para mantener al moderno coso de Vista Alegre en el pedestal de la seriedad. Hasta ahora, que sitiado por la deserción del público y el nerviosismo unánime de la Junta -des-Administrativa y demás sectores taurinos de la capital vizcaína se ha cambiado de bando con la consiguiente bajada de pantalones. Aunque realmente su cambio llegó hace ya tiempo, pero ahora con el descaro de los traidores que pretenden aferrarse al cargo a cualquier precio. Aunque sea tirando por tierra su propio prestigio para seguir chupando cámara y ponerse al cargo del taurineo, dejando lidiar toros impensables en las ‘corridas generales’, abriendo de par en par la puerta grande y echando a la ría el prestigio logrado en tantas décadas de esplendor.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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