El Juli, otra vez…

Ya son muchas las ocasiones que El Juli pisotea la grandeza del toreo. Que ataca el arte que lo ha hecho rico, donde ha logrado hacerse con un nombre de figura. Aún estaba caliente su tarde en Guijuelo, donde escupió directamente al prestigio de esa localidad y de la afición charra con una indecente ‘becerrada’, cuando ahora ha vuelto por su fueros. En esta ocasión en Tomelloso, en plena Mancha, donde ha llegado con su hambre de hiena para morder la cada vez menos grandeza que le va a quedando a esta Fiesta, tan masacrada por gente como él. Él, que tanto la corrompe en los festejos de pueblos en incluso en ferias tras mandar, previamente, a sus veedores para que desmochen los toros y luego se presenta desvergonzado, mientras los muy escasos aficionados que van quedando huyen ante esos espectáculos que son una verdadera estafa. ¡Qué daño está haciendo El Juli!

La da igual ver cómo la Tauromaquia está herida, cuando cada vez da más la sensación de estar haciendo caja. De llevarse todo el dinero que puede, de buscar los pueblos y quitar puestos a toreros nuevos que deben acartelarse en esas corridas. Esa es la verdad y no hay otra, mientras que en las ferias, cada vez hay más cemento las tardes que se anuncia. Y ahí está el caso de Bilbao. O de otras muchas ferias donde ya no tiene tirón en la taquilla y por eso va a arramplar a los pueblos, aunque sea mordiendo el prestigio de la Tauromaquia, quien tiene en él a un activo antitaurino, que cada dos por tres enloquece a las masas con sus auténticos atracos de lidiar el torito mocho y sin presencia.

Un figura debe preocuparse y defender el arte que le ha dado nombre y dinero. Jamás pisotearlo de manera tan reiterada con esos toros que son un insulto a la grandeza de la Tauromaquia. ¡Qué gran favor a la Fiesta la marcha del Juli!

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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