Archivo por meses: septiembre 2018

El toreo es Justo

Me alegro muchísimo por el triunfo de Emilio de Justo. Por este éxito otoñal que le ha permitido acariciar los cielos taurinos y que llevó el nombre de su padre, muerto hace unos días. En Las Ventas, en esa feria de Otoño que vuelve a regalarnos una feliz sorpresa en estos días que maduran los membrillos. ¡Qué bonito volver a ver a otro cacereño en volandas en etas fecha! ¡Cómo hace unos años le ocurrió a Juan Mora! Ambos con tantos nexos en común, como su torero hondo y puro, macizo y majestuoso, que es una brisa de aire fresco en tiempos de tanta mediocridad. Y por eso, ahora cuando sacaban por la puerta grande Emilio de Justo –también de verde y oro- rememoré aquel triunfo de Juan Mora, que en muchos instantes volvía a correr por las fuentes de mi recuerdo.

Me encanta la frescura que ha traído Emilio de Justo, el elegante torero de Torrejoncillo que está camino de ser figura y, cual Ave Fénix, fue capaz de resurgir de sus cenizas para regresar con su pureza, su verdad y esa torería que lo aupa a la élite. Y digo con verdad, porque detrás deja en el camino decenas de tardes con corridas de Victorino, de Adolfo…, hasta que hoy se ha encumbrado con dos buenos toros del Puerto de San Lorenzo, otra ganadería que honra la grandeza de criar toros bravos y ayer coronó a otro torero en Las Ventas. Y es que ahí está el sitio de Emilio de Justo, en corridas de verdad, con su pureza; lejos de las llamadas figuras con el torito de colorín y afeitado, que tanto daño han hecho con sus abusos a las estructuras de la Fiesta.

Se venía barruntando que en cualquier momento iba a llegar la explosión a la cima, a nadie pasaron inadvertidos sus éxitos en las plazas francesas de los últimos años. Ni su grandiosa ‘reentreé’ en España, donde pronto se convirtió en unas de las revelaciones gracias a la pureza y verdad. Y sobre todo a esa espada que lo convierte, ahora mismo, en el más puro matador, haciendo la suerte con todos los cánones de pureza y tan necesario era alguien que hiciera así a suerte suprema para que las nuevas generaciones sepan la grandeza de la estocada –que no estoconazo-.

Y ahora lo importante es que sepan cuidarlo. Que el torero no se deje llevar por tantos cantos de sirena –aunque tiene madurez y no es ningún niño-, ni los ofrecimientos de las grandes casas, porque tiene ante sí volver a ilusionar a una afición dormida y que está desertando. Y para ello, como hasta ahora, lo debe hacer con el toro de verdad, el que trae emoción. Eso lo primero, después el resto.

Y ahora a disfrutar del éxito otoñal de este torrejoncillano que ha acaiciado los cielos taurinos, quien ha triunfado poniendo a todos de acuerdo. ¡Enhorabuena!

 

 

‘Tauromaquias…’, viento en popa

De buen nacidos es ser agradecidos. Hace ya varias semanas que salió a la calle la segunda edición de Tauromaquias de Castilla (ochocientos nuevos ejemplares) y ya está a punto de agotarse. Una edición mejorada, con respecto a la primera y ampliada –entre ambas llegó la muerte de Marcos de Celis y en la obra se recoge, más datos de Santiago Castro ‘Luguillano’ y otras aportaciones-.

En breve la presentaremos en diferentes lugares de la geografía nacional, tales como Barcelona –Casa de Madrid en la Ciudad Condal-, ciclo cultural de la peña El Espontáneo, de Segovia; Alba de Tormes -asociación cultural ’15 de octubre’, Palencia -Peña Taurina Palencia-, Valladolid -gracias ese apoderado de lujo llamado Santos García Catalán-, Aranda de Duero, Cáceres, Logroño, Pontevedra, Almería, Medina del Campo, Íscar, Ciudad Rodrigo, Valencia, las francesas Nîmes y Bayona… en un otoño viento en popa y a toda vela.

Un honor poder rescatar tantos parajes de nuestra Tauromaquia castellana en un trabajo de investigación que fue una maravilla escribir, junto a la gratitud a cuantos han valorado el libro, entre ellos los personajes que forman parte y son los verdaderos protagonistas de la obra. También a colectivos taurinos, peñas, clubes y entidades que nos han invitado a presentarlo en sus sedes; al igual que a los aficionados que cada jornada llaman y mandan correos solictando un ejemplar. Gracias a ellos ha sido posible que este trabajo brille y pronto calienten máquinas para la tercera edición.

A todos gracias.

Bienvenido a casa, don Vicente

Parafraseando a Carlos Gardel con ‘volver’, nuestro Vicente del Bosque regresa a su Salamanca para quedarse. Para ser un orgullo eterno de esta tierra y un icono que triunfó por el mundo hasta convertirse en el mejor embajador. Vuelve inmortalizado en bronce para perpetuar su recuerdo de salmantino ejemplar y de triunfador en esa Plaza del Liceo donde bombean los latidos de la ciudad.

En esa Plaza del Liceo, siempre en sus recuerdos, donde se encontraba el cine del mismo nombre que proyectó durante tantos años aquellas películas del ‘spaghetti wentern’ rodadas en el desierto del Almería, los almacenes de confección de don Primitivo Muñoz –después Cortefiel-, al lado de Nuevas Galerías –con el último grito de la moda- y ya un poco más adelante, en plena calle Toro, la heladería de Los Italianos, que él atravesaba todos los días camino del Fray Luis, del instituto donde cursaba bachiller y entre sus compañeros también se ganó la unánime admiración por su toque de balón y contundencia goleadora. Ese ágora que desde mañana acogerá su escultura era su lugar de paso durante esos años, siempre con su paso firme, la mirada seria, el pelo rebelde, cuando ni echándose soñar imaginaría que allí quedaría para siempre fundida su imagen en bronce, cuando ya en todos los continentes y, hasta en el último pueblo de España, le han tributado su admiración como grandioso deportista y él además podrá disfrutar plenamente de un reconocimiento unánime.

Y ahora Fernando Mayoral, ese escultor de las manos de oro que es otro charro universal, lo ha recreado con ese aspecto que tenía aquel día de julio de 2010 que hizo feliz a toda España. Cuando sus maneras de entender el fútbol y dirigir a un grupo enamoraron más allá de quieres era seguidores del balompié. Porque Vicente del Bosque ha ido un icono para todas las clases, una reverencia, un espejo a imitar. Un señor de alma noble y corazón honrado en todos los actos de su vida.

Allí quedará y además va a ser el punto de encuentro al que acudirá toda la gente para inmortalizarse, sacarse un selfie… Porque desde mañana se va a convertir en uno de los lugares más buscados de Salamanca y los chavales cuando visiten la ciudad en sus excursiones, o los estudiantes de los Cursos Internacionales de Verano, o los turistas nada más llegar preguntarán por la escultura de Del Bosque y a ella se dirigirán para dejar recuerdo gráfico y, enseguida, mandarla a sus familiares para decirle –al igual que en los antiguos telegramas: “llegamos bien, Salamanca preciosa”. Y la subirán a las redes sociales mostrando a ese Vicente del Bosque que un orgullo, un símbolo al que tanto hemos aplaudido y en el que todos nos hemos mirado.

Ese hermoso lugar, tan céntrico, dentro de poco hasta se llamará el ‘de la estatua de Del Bosque’ y en su paseo a la Plaza Mayor no faltarán los antiguos vecinos del Barrio de Garrido y Bermejo que, con la emoción del momento, detendrán sus pasos para observarla y decir, “¡si la señora Carmen y el señor Fermín lo vieran!”. Al igual que aquella gente con la compartió estudios en la escuela del barrio, o jugaron con él al fútbol en las explanadas situadas al lado de los viejos depósitos de la Campsa, donde ya apuntaba maneras de grandioso jugador.

Y es que Vicente, el gran Del Bosque o don Vicente –un don ganado de verdad- regresa a casa con todos los honores y el loor de los triunfadores para ser aclamado tras triunfar con un botón charro pendido de su corazón.

Tres maneras de sentir (crónica de Tamames)

Tres formas de sentir, tres maneras de interpretar, tres estilos. Como los tres banderilleros en el redondel de Gabriela Ortega, la parienta de los Gallos que alcanzó reconocimiento mundial como recitadora. La verdad que Tamames vivió una importante tarde en su martes de fiestas, el día tradicional de los festejos taurinos que siempre llevan a tanta gente y más, en esta ocasión, con una terna de la zona que abarrotó la plaza. Con un perfecto cartel rematado por su alcalde –Carlos Navarro Oltra-, junto a la empresa Servicios Taurinos del Duero. Un cartel que de haber intención para apostar por los nuevos valores de la tierra merece estar en más lugares. En más plazas para que la gente siga apostando por estos chavales que han devuelto tanta ilusión y ya tienen un montón de partidarios. Luego, como las sandias al calarlas, el resultado final nunca se sabe, pero la semilla de Salvador, Grande y Diosleguarde ha prendido.

A David Salvador le tocó pagar abrir cartel y mientras lanceó con enjundia y mucho talento en la verónica a su primero, apenas se dio cuenta la gente. Lo mismo que en un posterior quite por chicuelinas, citando de frente y con perfecto embroque, pero únicamente fue paladeado por los entendidos. Fue lo mejor de su hacer frente a un torete poco enrazado y al que le costaba embestir, donde el matador también anduvo frío, hasta el epílogo de unas manoletinas que tuvieron el bello colofón de dos muletazos con la mano muy baja que encandiló al personal. Luego con la espada todo se diluyó. Brindó el segundo de su lote a Antonio Grande y frente a él brilló en dos series de naturales con su toreo puro, adelantando el engaño para traerlo toreado con mucha verdad. Ahí fue el mejor David Salvador, el del torero de aficionados, pero se atascó al final, apagándose al igual que fuego con el agua y otra vez volvió a estar mal con los aceros.

Antonio Grande, con su reciente triunfo en la feria charra, llegó por la vía de la sustitución, rodeado de su partidarios a quienes entusiasmó. Y también a quien lo veían por primera vez encontraron a un torero macizo, completo, con dominio, personalidad y también con temple. Su primera faena fue rotunda, sabiendo sobreponerse a las dificultades de su novillo para interpretar el natural con aroma, al igual que con la diestra, muy de verdad y sin dejar nadie indiferente. También firmó otro trasteo superior en su segundo, con empaque, torería y gusto en otro paso firme del toreo de San Muñoz. Y donde por cierto tras rodar los dos novillos sobró el exceso de mendicidad en su cuadrilla.

Diosleguarde volvió a aporrear en la meza de la reivindicación con otro aldabonazo. Muy noble su primero, al que Salvador realizó un bello quite por saltilleras, se le vio hambriento de triunfo y haciendo llegar al tendido esa ambición. Completo en su faena de muleta, donde no faltaron pases de todas las marcas y además se mostró muy seguro con la espada, sirviéndole para desorejarlo. En el que cerró plaza, un torete, se lució con la capa, momentos antes de que Alberto Sandoval diera un señor puyazo, que remendó tras marrar con el primero-. Decidido y embalado toreó sobre la diestra en series largas y muy templadas que llegaron enseguida a la gente para despertar los olés. Sobre esa mano basó su faena, porque cuando lo intentó torear sobre la izquierda le protestó. Una pena con que la estocada defectuosa tardase el rodar y le hizo perder la segunda oreja. Pero la gente loca con él.

Espectadores apasionados y rivalidad. Campos del Yeltes, La Huebra y el corazón de la charrería en un corto radio de menos de 30 kilómetros rivalizando para devolver la ilusión novilleril en una bonita tarde. Y es que Tamames otro vez más ha sido la gran referencia taurina de la provincia.

-FICHA DEL FESTEJO-

Ganadería: Se lidiaron novillos de Castillejo de Huebra, con cuajo, kilos y presencia, el sexto con hechuras de toro; bajo su presentación con los pitones. Y en general de comportamiento noble. El tercero, de mucha clase e inscrito con el nombre ‘Hilandero’ fue premiado con la vuelta al ruedo. Los demás aplaudidos en el arrastre.

David Salvador: Silencio tras aviso y ovación con saludos tras aviso .

Antonio Grande: Oreja y oreja.

Manuel Diosleguarde: Dos orejas y oreja tras aviso.

Ambiente: Lleno en tarde de mucho calor.

 

José Luis Palomar, el maestro de Soria

No conocía personalmente a José Luis Palomar hasta que, a principios de año, me dirigí a él con la finalidad de recabar dator sobre su vida artística para la obra Tauromaquias de Castilla. Si lo había visto torear varias veces en aquellas magníficas temporadas que protagonizó tras sus éxitos madrileños y canté muchas veces su profesionalidad, al igual que su buen oficio, también esa pureza de la que hizo gala en la suerte suprema.

Tras su retirada su nombre prácticamente dejó de brillar en la luz de la pomada; únicamente de vez en cuando surgía alguna noticia referente a este gran torero, entre ellas la ocasión que regresó a las arenas para tomar parte en una goyesca celebrada un domingo de calderas en su querida Soria. También por su vinculación política, al formar parte el consistorio de Agreda tras encabezar la lista de Ciudadanos, hecho que da fe de su compromiso social. Sin embargo fue durante la pasada campaña cuando, invitado por Manolo Moles, en las retransmisiones de TauroCast volvió a la pomada. Entonces, para la inmensa mayoría, escuchar a Palomar fue una corriente de aire fresco; su conocimiento de la lidia y el saber contarlo a nadie dejó indiferente. Su respeto por la Fiesta y su significado fue apreciado por quien se asomó a aquella plataforma digital donde Palomar dictó verdaderas lecciones. Y para las nuevas generaciones constituyó una enorme sorpresa descubrir a quien además de un excelente profesional se había convertido, por sorpresa, en uno de los mejores comunicadores del mundo del toro.

Gracias a Tauromaquias de Castilla pude llegar a él y tratarlo, llegando enseguida a la conclusión de estar ante un hombre muy necesario en la Fiesta actual. Publicada la obra viajé a Soria a presentarla, gracias al buen hacer de José Luis Chaín, con Palomar como protagonista. Eran vísperas de las feria de Soria y estuvimos juntos en esa bella ciudad machadiana donde resultó una inmensa satisfacción conversar con un hombre de tan rica conversación, de ideas fluidas y con el que coincidí plenamente sobre los caminos que debe tomar el mundo del toro para seguir siendo una referencia artística de España. Aquel día, en la tertulia que llegó tras la cena, el soriano sacó a relucir en numerosas ocasiones a Santiago Martín El Viti, por la enorme admiración que le guarda. Ese maestro de Vitigudino, con el que llegó a coincidir en los ruedos y que le hubiera gustado tratar más, es una referencia suya y del que ha dejado guardadas como un tesoro en los almacenes de su recuerdo las veces que charló con él. Precisamente lo trató personalmente gracias a Epifanio Rubio El Mozo, leyenda de los picadores que brilló en la cuadrilla del Viti y, muchos años después, colgó el castoreño a las órdenes de Palomar.

Junto a Santiago Martín ‘El Viti’, por quien muestra toda su admiración y respeto.

Y es que, Palomar, es una fuente inagotable de vivencias y de saber transmitirlas. También de respeto a la Tauromaquia y a tantos compañeros en esa travesía donde compartió cartel y afectos. Caso de Julio Robles, con quien uno de los muchos carteles que alternó con él fue en Almazán, en una terna completada por Roberto Domínguez. Esa tarde, Palomar cuajó su lote y además lo mató con su reconocida maestría para cortar las cuatro orejas; Robles, por su parte, también dejó su esencia y gusto, pero la espada se cruzó en su camino despojándolo de trofeos. Tras despenar a su segundo y regresar al callejón se dirigió a Palomar, la da la enhorabuena y le dice: “José Luis, ojalá yo supiera matar a los toros como los haces tú”. Y Palomar, con toda la humildad le dijo: “Y ojalá, maestro, yo torease como lo hace usted”.

Ahora el diestro soriano va a conmemorar los cuarenta años de su alternativa y en su honor se celebrará un grandioso festival en La Chata soriana, donde los beneficios irán a parar a la fundación Aspace. Será el siete de octubre, domingo, lidiándose un novillo de Fermín Bohórquez, para rejones y cinco de las monjas, para Fermín Bohórquez, Frascuelo, Pepe Luis Vázquez, Víctor Mendes, El Fundi y el novillero Manolo Vázquez.

Allí esteramos para contarlo y volver a mostrar al admiración a José Luis Palomar, el gran torero soriano, que ha vuelto a la pomada.

El Mingo y Montoliu

Reapareció El Niño de la Capea en 1991 y fichó para su cuadrilla al jovencísimo Domingo Siro ‘El Mingo’, quien también era de su mismo barrio de Chamberí, donde se crío bajo la admiración al maestro. El Mingo había formado parte de la escuela ‘La Capea’ que tenía en la vecina villa de Tejares el señor Paco Prado –y de ahí pasó a la creada entonces por la Diputación- siempre con el Niño de la Capea en los horizontes de su ilusión. Toreó bastantes novilladas por la provincia y alrededores, hasta el momento de debutar con picadores y, desde entonces, con las dificultades existentes en una época de muchos ponedores llegó el tapón de las escasas oportunidades. Por esa razón optó por hacerse banderillero y, como hombre de plata, disfrutar de un reconocimiento y color al toreo que no encontró de matador. Prueba de ello es lo eficaz y completo peón que se ha hecho, tanto con la capa como con los palos, sin que su baja estatura le haya quitado brillo.

Con un buen bagaje y muy joven vio cómo su admirado El Niño de la Capea lo llamó para formar parte de su cuadrilla en su reaparición, toda una lotería al tocar la gloria con las manos y estar en las ferias con un figurón del toreo. Allí vivió la dureza del tremendo cornalón sufrido por El Niño de la Capea en su segunda corrida, por un ‘cebadagago’ en plena Feria de Abril, que tanto le afectó a lo largo de esa temporada.

A las órdenes de su paisano, El Mingo no pasó inadvertido y se hizo con un sitio, conociendo mucho más la profesión para lograr un respetado nombre. También fue protagonista del más difícil momento, el de ver morir a un compañero en la plaza. Y al Mingo le tocó en la tarde del dos mayo de 1992, cuando ‘Cubatisto’ , un ‘atanasio’ cornalón y de mucha presencia corneó mortalmente a Manolo Montoliu, la máxima figura de los hombres de plata, al poner un par de banderillas. Montoliu, tras caer desmadejado y ya sin vida al suelo fue recogido por sus compañeros, siendo El Mingo el primero que llegó a él.

El Mingo recogiendo a Manolo Montoliu tras el percance que acabó con su vida.

Aquella muerte, televisada en directo, causó un hondo pesar en el toreo. Sin embargo la vida siguió y el peón charro completó la última época del Niño de la Capea en activo y después estuvo enrolado con otros toreros, sin faltarle jamás buenas colocaciones. Uno de ellos es Antonio Ferrera, quien el pasado jueves enamoró con su torería a Salamanca en la histórica faena a ‘Liricoso’, un toro superior para la muleta. Con Ferrera venía El Mingo en labores de lidiador, siendo el otro lidiador el valenciano José Manuel Montoliu, hijo torero del inolvidable Manolo Montoliu, con buena compenetración entre ambos toda la tarde. Y en ese momento mi recuerdo voló a aquel día de la Feria de Abril de 1992 y también al propio destino, donde veintiséis años después los nombres de Montoliu y El Mingo volvían a unirse. Ahora con el hijo del malogrado banderillero, al formar parte de la misma cuadrilla, después de haber coincidido tantas veces en las plazas. Y es que, con sus pros y sus contras, la vida y el toreo siguen uniendo a las gentes y fortificando los lazos de amistad y respeto. Y en definitiva engrandeciéndola.

El ejemplo de Juventud Taurina

La gran sorpresa de esta feria charra, a falta de su clausura -con el postre ecuestre del viernes- ha sido ver en La Glorieta a casi mil chavales cada tarde. De muchachos que antes les era imposible asistir a la plaza, ahora, y gracias a ese abono joven que ha sido un éxito, han visto sus puertas abiertas, porque de otra forma, con los prohibitivos precios existentes en Salamanca, sería impensable.

Es un vivero de nueva afición que se antojaba necesario para Salamanca, tan necesitada de un aire fresco. De gente que viniera atrás dispuesta a ser la infantería que, desde primera línea de fuego en la trinchera de le reivindicación, defendiese el honor del toro bravo y la verdad de esta Fiesta, tan apaleada y masacrada. Porque la gran sorpresa es que no ha sido una juventud contemplativa, que acude al tendido dejándose llevar por el colorido o contagiándose de aplausos fáciles. Ni mucho menos y ahí vimos su ejemplaridad al pitar al palco cuando don Ramón se liaba a regalar orejas a lo loco. O en el exagerado indulto del toro de Montalvo –que no era más que de vuelta al ruedo-, donde fue el sector de la plaza que más se indignó. O en muchos momentos cuando salían toros indecorosos y ellos lo recibían con la justa pitada que merecían. Al igual que aplaudir detalles que pasaban inadvertidos para el público bullanguero y esos chavales le daban le categoría que merecían.

Brindo por ellos, porque me han recordado en muchas ocasiones a aquel tendido ‘5’ de Salamanca, que durante años era el más inquieto, el más protestón, el que liaba broncas al ver salir a toros afeitados o cuando se concedían orejas de saldo a las figuras. El testigo de aquel ‘5’, que pronto desapareció y trajo largos años de sequía, ha sido tomado por estos muchachos de la Juventud Taurina, un feliz descubrimiento de esta feria. Porque en ellos está el vivero del mañana.

El sol que vino de Perú

 

Roca Rey, que tiene cara de ser el más listo de la clase, ha puesto firmes a las llamadas figuras con su rebelión. Tras José Tomás no había nadie tan capaz de movilizar a las masas, de tener en vilo a la afición y de volver a llenar las plazas. De despertar a las gentes ante un torero de otra galaxia, que se arrima y logra emocionar, pero que además tiene una interpretación cada día más pura, con mucha verdad, mano baja y citando con la panza de la muleta. Casi en las antípodas de las figuras de ayer, que llegaron con el mando a distancia, el torito a modo y los pitones sospechosos, el ventajismo por norma, con el ‘julipie’ y encima sin dejar que desde el tendido increpasen sus abusos, sobre todo Ponce. Dos figuras que ven perdido su trono de comodidad porque desde Lima, el imperio de los incas, ha llegado un nuevo sol para alumbrar la oscuridad que se cernía sobre la Tauromaquia, la falta de luz con gente tan caduca que a nadie sorprende ya –y ojo que han sido grandiosos toreros- y desde hace tiempo su carta de presentación es más de los mismo. Por eso, es de agradecer que este limeño haya llegado con la escoba para renovar el toreo, aunque también hay que exigirle, porque ya es la máxima figura exigir toros con más trapío y las defensas limpias, él que puede, que ahora está gozalón y con la hierba en la boca.

Por eso le ha quitado los aplausos a Ponce y el Juli, también el dinero es para él, que es quien llena y además emociona. No hay más que ver cómo devolvió a la plaza el brillo de añejas tardes que ya parecían olvidadas cuando por estos días, todo el mundo del toro miraba a Salamanca.

Y la diferencia fue abismal. Entre el pasado y el futuro que rivalizaron sobre las arenas de La Glorieta dando paso a la claridad del mañana. Ponce que encabezó el cartel no ha debido llevarse un buen recuerdo de este día, porque ha sido el del cambio de una época, el de un terremoto taurino con epicentro a la vera del Tormes que ha comenzado a escribir otro capítulo de la Tauromaquia. Por eso, ante el panorama que se vislumbraba él tampoco parecía muy eufórico a tenor de sus reproches contra el público que le censuraba alguna laguna en su hacer, en actitud negativa de quien ha sido un modelo para el toreo y olvida que quien paga –además de los prohibitivos precios de La Glorieta- es soberano y está en toda la razón de abroncar o aplaudir. Su primero, de insultante cara, embistió de manera cansina a su capote antes de mandar que lo castigasen duramente en el caballo y después cortó en banderillas. Muy apagado llegó a la muleta y Ponce lo sobó tratando de engolosinarlo a las telas, dejándolo ir y venir, sin agobiarlo, lo que acabó por aburrir a la gente. Puso fin con unos doblones cargados de torería que le supusieron una oreja, aunque la oreja de carácter totalmente pueblerina concedida porque parte del público era festivo. Tampoco hubo nada reseñable en su segundo, que se arrancó con codicia a su capote. Brindó al público antes de comenzar doblándose con él en el tercio e inmediatamente coger la pañosa sobre la diestra para rematar una serie ante un toro que, enseguida, se apagó para buscar el chiquero y escarbar. Ahí intentó redondear un éxito por poncinas, pero la gente ya solo quería que lo matase, algo que acabó convertido en un quinario.

            El Juli, el otro fracaso de la tarde, se mostró sin frescura y demasiado mecánico, aún así firmó un bello inicio de faena a su primero, un toro muy parado, al que provocó las embestidas logrando los momentos más intensos en dos redondos ligados. Muy afanoso también en torear para fuera. El quinto, que lo brindó al público, también estuvo entregado en un trasteo rubricado en los medios, sometiendo al toro en series largas y de mano baja, aunque sin romper. En profesional que se dice en la jerga y algo que está siempre tan reñido con el arte, porque es abusar de la técnica y ya se sabe que en el toreo la técnica, es la madre del aburrimiento y asesina de la inspiración. Luego a la hora de matar volvió a insultar a la pureza con ese horroroso ‘julipie’ que debería ser sancionado por deshonrar la pureza del toreo. Por si fuera poco se le fue la mano y todo quedó en un infame estoconazo que hizo guardia, antes de una casi entera.

Y la tarde fue de Roca Rey. Del sol que ha venido de Perú para alumbrar las oscuridades del toreo y se mostró rotundo de principio a final. Su primero se enceló con el caballo del que salió con el pitón derecho partido y al que realizó un gran quite que fue el primer toque de atención de todo lo que vendría después. Porque ya todo fue delicioso desde el mismo momento que inició el trasteo por ceñidos estatuarios en el preámbulo de un faenón ante un toro de bondades y nobleza. Inmejorables sus series sobre la diestra que con largura, empaque, mano baja y profundidad. No acabó de estar a la misma altura al natural, donde al toro le costaba mucho más, por lo que limeño, con su torrente de frescura y ambición, tras unos pases cambiados que devolvieron el fervor recuperó la muleta en la diestra para poner a todos de acuerdo. ¡Y gustándose! No faltó el afarolado, junto a la rúbricas de unas ajustadísimas bernadinas. ¡Colosal! Igual premio logró en el sexto –que brindó al gran Toni Sánchez -un profesional de la comunicación charro que estuvo a sus órdenes-, aunque la faena no tuvo tanta enjundia, pero la tarde ya iba embalada y la gente loca por él, sobre todo en los parones. Y en esa personalidad tan arrebatadora, junto al valor que lo han aupado hasta el trono del toreo, a quien llegó desde el reino de los incas para iluminar una Fiesta que se apagaba.

———————FICHA DE LA CORRIDA———————-

Domingo, 16. Ganadería. Se lidiaron toros cinco de Garcigrande y uno de Domingo Hernández (el cuarto), desiguales de presentación y de juego. Destacó el lidiado el tercer lugar, herrado con el número 1 e inscrito con el nombre Capitán, que fue premiado con la vuelta al ruedo.

Enrique Ponce: Oreja y ovación con dos avisos.

Julián López ‘El Juli’: Ovación con saludos tras aviso y silencio tras aviso.

Andrés Roca Rey: Dos orejas tras aviso y dos orejas.

Ambiente: Lleno en tarde bochornosa.

 

El león de Ledesma vuelve a rugir

Abrió el portón de cuadrillas a la hora en punto y la barrera de capotes de Juan Carlos Martín Aparicio también estaba vacía, ausente de un gran aficionado y de un escritor taurino que se aferra a la vida en su finca de Fuenterroble, desde donde se asoma a la ventana para emocionarse con las puesta de sol de su querido Campo Charro. Allí se apoya en la mesa rebobinando tantos recuerdos de una vida donde plasmó la Fiesta con deleite, al igual que lo supo hacer con nuestras tradiciones charras. Quien cantó a mayorales, vaqueros o pigorros. O quien plasmó la belleza del toro con la pasión de un aficionado digno y siempre cabal para saber ver como pocos los los misterios que encierra una corrida. Ese Juan Carlos, que tanto echamos de menos y que cualquier día de estos iré a visitar para decirle que tenía razón en tantas cosas que predijo sobre los nublados de nuestra Fiesta.

Ahora, cuando la gente del campo ya espera el final de la feria y mira a las cielos esperando que las deseadas aguas que atemperen la tierra y traigan otro lujo de otoñada, porque a estas alturas ya no ‘mela’ la bellota, Juan Carlos Martín Aparicio, el querido Juan Carlos, espera desde su trono de Fuenterroble y rodeado de sus apuntes saber qué ha ocurrido en su plaza de La Glorieta. Y cómo han embestido las corridas, donde seguro que se llevaría un alegrón por su amigo Juan Ignacio, el de Montalvo. Porque a estas alturas, cuando ya se ha regresado de la trinchera de la lucha, únicamente ya sólo alimentan las alegrías.

Mientras su barrera de capotes está vacía, pero muy presente la maestría y amistad, con la pena de ver cómo la gente no acaba de engancharse a la feria, comenzó la corrida con El Puerto de San Lorenzo de protagonista y un cartel muy de botica –porque había de todo- con la ilusión de volver a ver otra vez a López Chaves, el ledesmino que se supo ganar el respeto y volvía para conmemorar el veinte aniversario de alternativa, en un homenaje compartido por Juan José Padilla. Por ese Padilla –que pasó de ser el ciclón de Jerez al pirata- y anda estos meses besando las arenas de todas las plazas para anunciar que cuelga el chispeante de luces. Como si fuera un ‘pura sangre’, que ya ha exprimido al máximo una carrera herrada a sangre y valor.

Llegó con su aspecto decimonónico, el ritual de seriedad y buscando salir airoso de su última tarde en Salamanca, con un público muy entregado a él y un montón de chavales jaleándole sus movimientos, aunque realmente el actual Padilla esté tan lejos de sus mejores tiempos. Y mal ha estado en su primero, un toro cuajado que salió suelto y al final pudo meterlo en el capote para darle cuatro verónicas y una media, antes de llevarlo a caballo donde se despachó con un puyazo. Con ese monopuyazo, que ya es habitual en una tierra que cría tantos toros en sus provincia y, sin embargo, su afición desconoce cómo se mide la bravura, ni es capaz de exigir una segunda y necesaria vara, además de tener una autoridad vendida al triunfalismo. Cambiado el tercio y dejando a sus hombres banderillear cogió la muleta y enseguida sufrió una seria colada por el pitón derecho; a partir de ahí, Padilla, desconfiado y sin entregarse, pronto desistió y se fue a por la espada.

En el cuarto no logró entusiasmar hasta un quite, realizado tras sacar al toro del caballo, al que se había arrancado con alegría. En ese sí clavó banderillas y aunque marró en el primer par se lució en el segundo y un tercero al violín, ya con la gente muy entregada. Tras brindar al público comenzó su faena de rodillas, junto a las tablas para mostrarse animoso y con ganas en un trasteo decoroso a un toro noble, aunque un tanto frío al principio, mientras la gente estaba mas pendiente de los adornos y desplantes que del toreo fundamental. Lo premiaron con una oreja y hasta le pidieron la segunda, pero el presidente, en esta ocasión, supo sujetar las riendas de la equidad.

Era un día muy especial para López Chaves, aquel león de Ledesma que tanto rugió y regresaba al escenario que lo vio triunfar numerosas tardes y, además de la recordada alternativa. Al final se alzó en protagonista y lo hizo con mucha verdad. En su primero firmó una faena larga, marcada por la decisión y el poso de la veteranía, con mucho sitio y tiempos acompasados en la grata sorpresa del reencuentro. El quinto, que era el sobrero al ser devuelto el titular, López Chaves brindó al público un trasteo basado en la decisión ante un toro de poca condición y que embistió con un molesto calamocheo. Por eso hubo de tragarle en una larga faena donde estuvo muy por encima de las pocas condiciones del toro.

Y el garbanzo negro del cartel fue Luis David Adame, quien frente al tercero –un toro más escurrido de carnes, bizco del pitón izquierdo y de capa salpicada- lo cogió sin consecuencias formándose una capea y donde el toro, que fue llevado hacia un burladero a punta de capote, desarmó varias tablas en un derrote. Repuesto Adame volvió, aunque sin lograr entusiasmar en un largo trasteo que no convenció. Y tampoco en el ‘cierra plaza’, muy bien presentado, pero con escasa fuerza, donde estuvo a merced de la condición del toro.

Y con el éxito de López Chaves que lo sacaban en volandas ya con las primeras sombras del crespúsculo anunciando la noche salmantina, abandonamos La Glorieta, donde antes volvimos a observar la barrera vacía del gran Juan Carlos Martín Aparicio, un amigo por quien brindamos para que vuelva a seguir enseñando su maestría.

 

———————FICHA DE LA CORRIDA———————-

 

Ganadería. Se lidiaron toros del Puerto de San Lorenzo, el quinto fue sustituido por uno de la ganadería titular. En general de buena presencia, con romana –bajó el lidiado en tercer lugar, más escurrido-, escasos de fuerzas y faltos de raza, excepto el segundo y cuarto, más encastados.

Juan José Padilla: Silencio y oreja tras aviso.

Domingo López Chaves: Oreja y oreja tras aviso.

Luis David Adame: Silencio y silencio.

Ambiente: Media entrada en tarde veraniega. Antes de comenzar el festejo, López Chaves fue agasajado en el XX aniversario de su alternativa y Padilla fue obligado a saludar.

Cuadrillas: El Legionario realizó una gran suerte de varas al segundo.

 

Berkeley ensucia las tardes de toros

Hace veinticinco años la plaza de toros de La Glorieta de Salamanca alcanzaba su centenario. Por aquellos tiempos la organización del ciclo era rotativa, dos años para Manolo Chopera con su empresa Martínez Flamarique y los otros dos para los hermanos José Antonio y Javier Chopera, los Choperitas, denominados comercialmente Martínez Uranga, ambos donostiarras, pero muy afines a la provincia, donde eran propietarios de fincas y gozaban de amistades. Con ambos al timón se vivió la edad de oro de la feria charra y lo más granado de las figuras tenía una cita en septiembre en Salamanca, cierto es que con Manolo Chopera -se preocupaba más por el toro y siempre fue el primero que abría la puerta y el último en marcharse. Los Choperitas era Javier –un gran señor- y José Antonio –un bont vivant con su afición marinera-, pero contaban con un buen equipo, al igual que su primo Manolo.

Uno mira el transcurrir del tiempo y queda perplejo de la velocidad que se deshojan los años, dejando el poso, la experiencia y veteranía de quien ya ha vivido tanto. Por aquel entonces, para solemnizar el centenario, se llevó a cabo una enorme restauración en la plaza quela llevó a su declaración de BIC, con categoría de monumento, además de eliminarse la publicidad estática que cubría los palcos de gradas y andanadas. De esa forma durante casi dos décadas, La Glorieta, se pudo disfrutar con toda su belleza.

Últimamente ha regresado la publicidad, siempre más discreta y hasta aquí se comprende. Porque en la Fiesta haya que buscar recursos ajenos, en este caso publicitarios, al igual que ocurre en todos los deportes y mayoría de los espectáculos. Sin embargo, en ocasiones, en esa publicidad es engañosa acaban dándote gato por liebre al venderte realmente lo contrario. Es el caso de Berkeley, la multinacional australiana que pretende poner en marcha minas de uranio y oferta en sus campañas publicitarias trabajo y prosperidad, cuando la realidad es que el futuro que traerá –aunque cada día está más lejos de ser realidad su asesino proyecto- es justo lo contrario: destrucción, desertización, cáncer y muerte. Serán empleos efímeros para unos pocos de años y dejar después esta tierra convertida en un solar envenenado.

Y eso no es lo más grave. Lo peor es que esas minas matarán el hábitat del toro bravo, la dehesa. De hecho, si ese proyecto de Retortillo prosperase, a bote pronto, quedarían afectadas un montón de ganaderías de bravo, las situadas en un radio en torno a unos cuarenta y cinco kilómetros del lugar de la extracción y del almacén de elementos radiactivos, que si echan la cuenta observarán que son la mayoría de las asentadas en la provincia.

Por cierto, ayer en Salamanca se celebró un acto de la Unión de Criadores de Toros para hablar de un asunto tan llamativo como ‘Toro sostenible’, que analiza su futuro en el turismo, la gastronomía, al igual que su hábitat en la dehesa… Sin embargo allí nadie planteó el grave problema que se avecina para esta tierra y su ganadería brava. Porque ahora mismo los ganaderos, junto a sus diferentes grupos, ya tenían que estar posicionados en contra de esa barbaridad.

Y es que hay que decir quién es esa empresa que tanto se publicita, cuando su realidad es que, en poco tiempo, acabará en con el elemento primordial de la Fiesta y con un icono del Campo Charro, el toro bravo. Y aunque el dinero sea muy goloso estas situaciones hay que pensarlas y no tragar con todo, porque en este caso se  está firmando el adiós de la dehesa. ¿Se imaginan que Bildu patrocina una publicación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado? ¿O que Sito Miñanco fuera el presidente de los damnificados por la droga? ¿O que un bodega tenga el mecenazgo de una asociación de alcohólicos? Pues lo mismo.

Al menos los piensos y los tractores que lucía La Glorieta antes de 1993 eran herramientas para la labor del campo. Sin embargo, no lo olvidemos, Berkeley viene a arrasar el Campo Charro y su zona ganadera. Que es muy distinto.