Archivo por meses: septiembre 2018

El bello sino del modesto

Llegaba Juan del Álamo a la feria de su tierra envuelto en un mar de dudas. La temporada no se ha encarrillado como hubiera sido menester, su nombre ha quedado apeado de los grandes ciclos, para quedar reducido al círculo de las plazas menores, junto a un inicial cambio de apoderamiento que tampoco ha dado la inyección que buscaba en su carrera. Con esas mimbres hacía falta un golpe de efecto y cuando ya está casi deshojada la temporada el lugar apropiado era en casa, donde la empresa lo había acartelado con dos figuras. Con Morante y Manzanares, que aunque estén lejos de su mejor momento no dejan de ser dos toreros que con su glamour y tronío convierten en clavelera a una tarde de toros. Aunque ir con esas llamadas tiene sus pros y contras por el toro que buscan y las vueltas que dan a las corridas que se anuncia, algo ocurrido en esta de Vellosino donde previamente hubo que mover tantos animales para al final salir un encierro desigual y sospechoso de pitones, blando y también con mucha falta de raza –excepto el terceo-, que precisamente es lo que buscan las figuras. ¡El que no moleste! ¡Ay si hubiera casta que limpia iba a ver!

Y cuando más suerte necesitaba Juan del Álamo la encontró en Tinajero, su primero, un astado de buena presencia, que buscó el chiquero de salida y el diestro, muy decidido fue a por él, para recibirlo con tres lances muy jaleados y una media de rodillas, cerca de la boca de riego que llevó el entusiasmó. Fue un toro de público al que recibió, de nuevo, con ambas rodillas en tierra en el inicio de la labor emotiva y decidida, donde el tándem toro y torero fue a más. Hubo series largas, unas más templadas -las menos- y otras más rápidas, porque a Juan del Álamo se le veía un exceso de prisas por triunfar y faltó esa parsimonia necesaria y tan torera de hacer las cosas despacio. Mucho mejor estuvo sobre la diestra, donde llegó a la gente que estuvo muy con él por su ambición y ganas. La pena que no matase a al primera para disfrutar de la dulce emoción de saborear una vuelta al ruedo con las dos orejas de ese buen Vellosino, que acabó siendo el bello sino del modesto. Aún así paseo un trofeo la unánime aceptación de un público muy a favor del paisano.

Faltaba que rematar para poder salir en volandas, que era la aspiración y lo merecía. Y de toriles salió el cierra plaza, con más kilos que el resto, ligeramente destartalado y que manseó también en esos primeros momentos. De nuevo volvió un Del Álamo entregado, con mucha hambre y necesidad, con tan desmedida entrega que hasta puso banderillas y rozó el percance al perder la cara y ser arrollada en tablas. Ya con la muleta y, a paso de legionario, toreó con soltura sobre la diestra, que era donde estaba el pitón bueno del toro y rápido empezaron a sonar los sones de Nerva. Intentó cambiar de mano y al quedársele corto optó por rematar, por lo que recuperó al diestra y también la colaboración de un público que no se cansó de aplaudir su entrega. Y de premiarlo con otra oreja, a pesar de atravesársele el descabello.

Morante volvía a Salamanca en esta atípica temporada, donde el planteamiento de evitar televisión no ha tenido reflejo a la hora de llenar las plazas y donde el ‘no’ toro que busca para su interpretación deja tanto que desear. En La Glorieta fue otro capítulo más y aunque el público estuvo con él y trató de jalearlo a la mínima, la verdad que nada tuvo importancia ante ese primero tan descastado y falto de raza que embestía andado y donde Morante intentó componer la figura, pero sin que hubiera realmente emoción alguna más que en los apasionados ‘istas’. Tampoco nada destacable fue la faena que realizó a su segundo, donde firmó tres verónicas que fueron lo mejor de su haber. Fue su tarjeta de presentación en una plaza donde ya hace tiempo pasa de largo en sus triunfos. Lejos queda ya aquel año que cuajó dos toros del Pilar y durante aquel invierno toreábamos de salón recreando un momento memorable. Pero aunque la historia agrande las leyendas, ahora la realidad es otra y Morante, de quien nadie discute que es un genio del toreo, anda muy lejos de tanto como se le espera.

Otro que justificó su mal año es Manzanares. Todo se limitó a un par de verónicas en su primero y al contundente uso con la espada que lo ha salvado de tantas broncas. Lo demás nada, porque Salamanca ha sido otro escaparte de su actual momento que muestra a un torero abúlico y aburrido.

Y la tarde ‘co-estrella’ acabó con la decpeción de las llamadas figuras que son incapaces de llenar y con Juan del Álamo por la Puerta del Toro. Fue el bello sino del modesto, que además jugaba en casa.

————————————-FICHA DE LA CORRIDA———————————–

Viernes, 14. Toros de Vellosino, desiguales de presentación y de juego, sospechosos de pitones. Bajos de raza, excepto el tercero, con mucha clase y aplaudido en el arrastre.

Morante de la Puebla: Ovación con saludos tras aviso y división de opiniones.

José María Manzanares: Silencio y palmas.

Juan del Álamo: Oreja y oreja.

Cuadrillas: En el tercero se desmonteró Jarocho y fue muy aplaudido el picador Curro Sánchez tras un gran puyazo a ese mismo toro. El Suso bregó con maestría y buen oficio el lote de Manzanares.

Entrada: Tres cuartos de entrada en tarde entoldada y bochornosa.

 

 

 

 

Quién es más anti: ¿El Juli o Pablo Iglesias?

Colgaba anoche un aficionado en las redes sociales la pregunta sobre quién era más antitaurino, si El Juli o Pablo Iglesias. Polémica pregunta justo el día que el político podemita planteaba un referéndum para acabar con la Tauromaquia, en un nuevo ataque de las corrientes de extrema izquierda contra las tradiciones de España. Y horas después del nuevo atentado de Julián López ‘El Juli’ a la dignidad y grandeza de la Fiesta, ahora con la impresentable corrida que exigió en Logroño y acabó en escándalo. En ese Logroño, siempre tan querido, que actualmente se hunde en el fango de las miserias taurinas desde que perdió aquel toro serio e íntegro que marcó época para abrir la puerta de la tremenda lacra del afeitado. Lacra abanderada principalmente por El Juli, quien con sus ‘juliadas’ está haciendo más daño que nadie a la Fiesta. No olvidemos que de su mano llegó el afeitado sistemático a la capital riojana, donde antes era impensable que se lidiase un toro manipulado. Pero El Juli se aprovechó del desaguisado existente en el traslado de la vieja y torerísima Manzanera a la actual de La Ribera, un tauródromo sin encanto y donde los taurinos han campado a sus anchas, con las ‘juliadas’ tan habituales. La última la de ayer, donde además la víctima fue Diego Urdiales, en su esperada oportunidad para refrendar ante sus paisanos el éxito de Bilbao y recuperar un sitio en las ferias gracias a la exquisitez de su toreo. Y es que El Juli, con sus ‘juliadas’ se ha llevado por delante a mucha gente. Lo mismo hizo con otra plaza de tradición tan seria y rigurosa, la de Bilbao. Ocurrió hace unos quince años, a raíz de que la Junta se puso en manos de su padre y comenzó el verdadero declive, donde las antes prestigiosas e íntegras ‘corridas generales’, han desembocado en la estampa, ya tristemente  familiar, del afeitado, además de haber echado a la gente con una nefasta gestión que ha dejado en jaque el futuro de la Fiesta en la capital vizcaína.

Sin embargo, aunque El Juli ha sido incapaz de poner el freno, afortunadamente, la gente no es tonta –como él la trata- y ha comenzado la hartura contra sus ataques a la seriedad de la Fiesta. Más allá de los grandes escándalos protagonizados en la temporada de su veinte aniversario de la alternativa, con abusos propios de juzgado, hoy muchos aficionados, e incluso seguidores suyos, han dicho basta ya, tras vivirse tantas situaciones donde ha estado a punto de provocar un escándalo público. Y también aquí tiene gran parte la autoridad, porque cuando llegan a los corrales sus impresentables ‘corridas’ automáticamente hay que rechazarlas. Y si es necesario se suspende el festejo, pero el reglamento y la ley son para ponerlos en práctica para la defensa del aficionado, no al servicio de seguir cavando la fosa en la Tauromaquia. Esa fosa donde El Juli ha cavado tanto que ya la gente se pregunta quién es más antitaurino, si él o Pablo Iglesias.

Adiós a un símbolo de La Glorieta

Hasta el pasado año, una tradición de los festejos taurinos en Salamanca lo constituía el arrastre. El tiro de mulillas, siempre fiel en los espectáculos programados en La Glorieta y que desempeñaron durante casi ocho décadas, con eficacia y buen hacer, los miembros de una familia de la ciudad conocidos como Los Cacharreros. Los mismos que prolongaron su hacer durante cuatro generaciones formando parte de la estampa habitual en las tardes de toros. En tan largo periodo de tiempo fueron familiares para todos los aficionados, porque ya antes de la Guerra Civil, se responsabilizaron del arrastre al ser contratados por Eduardo Pagés, durante la época que ejerció de empresario en La Glorieta, gracias a la recomendación del señor Arenas, un publicista local que era el gerente y persona de máxima confianza en la ciudad de aquel colosal gestor taurino. Después siguieron su labor con don Pablo Chopera, para continuar con Manolo y sus primos los Choperitas, José Antonio y Javier, hasta el pasado septiembre que definitivamente se vieron obligados a desenjaezar las mulillas. Entonces, ya las cosas no eran igual y cada año, a la llegada de septiembre era un tremendo batallar para defender su legitimidad y su orgullo. Nada que ver con los tiempos de Manolo Chopera y los Choperitas, quienes siempre le dieron la categoría que supo ganarse esta familia que blasonó su vida con la honradez, el buen trato, su amor a la tierra y a la Fiesta Nacional.

Hoy es injusta la página de ingratitud escrita por la actual empresa contra alguien que ha sido un símbolo de La Glorieta. Contra una familia conocida como Los Cacharreros, ejemplar en todo y quien, a lo largo de ocho décadas, formó parte de una estampa habitual en el coso charro. Ahora, con su mulillas definitivamente desenjaezadas, la Salamanca taurina ha perdido una de sus identidades. Que es lo mismo que si a la Salamanca monumental le roban la Torre del Clavero.

 

¿Insulto o indulto?

De repente el presidente sacó el pañuelo naranja para indultar al primer toro y se organizó una tremenda bronca. Casi un San Quintín. Parecían las dos ‘Españas’; los del si y los del no, mientras el palco era increpado con una enorme pitada y Ferrera, entre barreras, se mostraba feliz por haber cuajado al toro, pero incrédulo ante los acontecimientos que vivía. Fue gran pena ver a ‘Liricoso’ –el toro indultado, cuajado, serio y muy aplaudido de salida- regresar a los corrales entre un riada de protestas. En cierto modo injusto que un toro que, momentos antes, había emocionado a la plaza haciendo el avión por el pitón izquierdo merecía la atronadora ovación de la vuelta al ruedo y estar hablando de él en todas las tertulias de este invierno. Pero no, porque ahí don Ramón Sánchez Miguel, el presidente, quiso jugar a ‘poli’ bueno para contentar y no ver la realidad, que no era otra que guardar bien guardado el pañuelo naranja del indulto y después de que su matador acabase con él sacar el azul de la vuelta al ruedo, con los dos blancos de las orejas que se había ganado Antonio Ferrera como premio a una importantísima faena, a su torería y la tremenda clase de sus naturales. Eso era lo justo y lo que debería haber ocurrido.

Provocar ese indulto al final acabó siendo un insulto a la honestidad y dignidad de la Fiesta, a la búsqueda de un triunfalismo que es el peor de los caminos que puede tomar la Fiesta y tanto se está impulsando desde dentro. Porque jamás se debe indultar a un toro que toma un puyazo al encuentro y, además, se defiende de la suerte de varas, sin apretar, ni tener después otra opción de llevarlo al caballo para contrastar realmente su bravura. Por eso la acción de indultarlo ha sido un insulto a la dignidad y grandeza de la Tauromaquia.

PUEDES LEER  EL RESTO DE LA CRÓNICA EN ESTE ENLACE:

https://salamancartvaldia.es/not/189424/indulto-o-insulto/

 

 

¡Viva La Huebra!

Rompió el paseíllo a la hora en punto y las ilusiones estaban inmaculadas en los tres chavales, dos de casa y un mexicano. En esos momentos y los anteriores nadie se explicaba el motivo de dejar fuera a Manuel Diosleguarde, quien por lógica era el componente ideal para haber confeccionado un trío charro sobre las arenas de La Glorieta. Con ese Diosleguarde que salda sus actuaciones con triunfos convertidos en golpes en la mesa de la reivindicación. Pero son las cosas del toreo y sus intereses. Luego, a medida que la tarde fue cayendo el toro repartió los sitios para dejar a Antonio Grande en el de auténtico protagonista gracias al legítimo triunfo que supo ganar.

Volvía David Salvador sediento de un triunfo ante sus seguidores, amigos y aficionados. Necesitaba un éxito que revalorizase su carrera y con él poner a todos de acuerdo, pero ya se sabe aquello de el hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone, porque en su lote no tuvo opción de redondear un triunfo grande cuando más falta hace. Rabioso de ira en su segundo, tras ver cómo su primero no transmitía por la falta de fuerzas y el segundo enseguida empezó a defenderse, se tiró a matar sin espada en un acto de coraje y de fe. De torero. De garra –aunque en alguna ocasión pecó de abulia-. Al final se marchó andando, con la cara cariacontecida porque era la ocasión adecuada para salir en hombros y quedar situado para el año que viene el la ‘pol’ de su escalafón. Pero, ¡ojo!, no nos equivoquemos que este tipo de toreros hay que saber esperarlos y darle su tiempo; sobre ellos no van las prisas –ni falta que hacen-. No hay más que ver tantos maestros que necesitaron años y años hasta cuajarse -¡bien cerquita los hay!-. Por eso, David merece el respeto de quien hay que esperar, porque tiene la moneda del buen toreo y el don del clasicismo. Y algún día, más pronto que tarde, llegará.

Fue el día de Antonio Grande, al igual que ocurrió el pasado año en la novillada. Y no es causalidad, ni mucho menos porque estamos ante un chaval de tremendas condiciones, de empaque y ambición, de inteligencia y de portento. Llegó desde San Muñoz, ese bello pueblo del Campo Charro bañado por el Huebra y cuna de grandes aficionados, entre ellos su abuelo, el inolvidable Chanote, que fue un hombre con rumbo y señorío que se distinguió como taurino y roblista –de hecho en su bar habitualmente colgaban fotos del maestro Julio Robles que le regalaba-. Y Antonio Grande, para gloria de los suyos y esperanzas torera local, que es otro nuevo botón charro a la esperanza, salió a recibir a su primero con bellas verónicas; ahí, aunque el torete perdió varias veces las manos el chaval mostró oficio y buen hacer, sobresaliendo sobre el resto una serie arrebatada y ligada sobre la diestra que fue el culmen de su trasteo. Después, en la lotería del sorteo, a sus manos fue el de mejor calidad –el quinto- y lo aprovechó de principio a final. Porque los mejores toros deben ir a manos de buenos toreros. Lo recibió con un racimo de magníficas verónicas ganando terreno para rematar con una media cerca de la boca de riego. Lo llevó al caballo con un bonito galleo, muy jaleado. Con la muleta destacó ante un novillo colorado y de armónica cuerna, enclasado y que humilló a sus telas. Muy bien en el toreo en redondo sobre la diestra, con un Antonio Grande muy solvente y en ocasiones hasta artista. También al natural, llevándolo largo y rematando muy bien hasta atrás. Cuajó una faena larga, bien estructurada, dando los tiempos y provocando los olés que tuvo el enorme remate con cuatro grandiosos naturales, que fueron carteles de toros para matar de estocada hasta la bola. Dos orejas legítimas y de ley que le abrieron de par en par la Puerta del Toro y lo convierten en el primer triunfador de la feria. Y mucho más importante en un seria promesa, porque en La Huebra se puede estar cociendo un gran torero. Ojalá lo consiga y que el inolvidable Chanote se emocione muchas tardes desde su palco celestial cuando se reúna con su admirado Julio Robles para ver torear a su nieto Antonio Grande.

Por el compincheo de la nueva empresa, de corazón azteca llegó Diego San Román en un sitio que debió ser para Manuel Diosleguarde. El chaval atesora oficio y conocimientos, también experiencia al manejar el capote, que lo hace con soltura y suficiencia. Su primero se rajó y el segundo, el sobrero, que le dio una espeluznante voltereta al comenzar la faena de muleta, también se vino abajo enseguida, mostrándose él decidido sin más.

Al final y rodeado de chavales de su pueblo, de alumnos de la escuela taurina y de aficionados, a Antonio Grande, el triunfador del día y protagonista del primer aldabonazo, lo sacaron en hombros y su cara era el verdadero espejo de la felicidad.

—————————————FICHA DEL FESTEJO———————————————

Ganadería: Se lidiaron novillos de José Cruz, el tercero fue devuelto y se corrió turno, saltando en sexto lugar un sobrero del hierro titular. Novillada desigual y floja excepto el 5º, de gran clase.

David Salvador: Ovación con saludos y ovación con saludos tras aviso.

Antonio Grande: Oreja tra aviso y dos orejas.

Diego San Román: Ovación con saludos en ambos.

Entrada: Un tercio de plaza en tarde veraniega.

Cuadrillas: Se desmonteró Jesús Fernández  tras parear al cuarto.

¡Aquellas ferias de Valladolid!

El dicho “vamos a los toros a Valladolid” dejó hace tiempo perdió protagonismo en las conversaciones de aficionados. Hubo alguna excepción, como hace dos años con la doble comparecencia de José Tomás, o algún caso puntual que arrastró al público -más público que aficionados- al coso del Paseo de Zorilla. Porque hace años que la feria taurina de Pucela perdió la personalidad imprimida por el maestro Emilio Ortuño ‘Jumillano’, quien lograba centrar la atención taurina de septiembre en la vera del Pisuerga, sin quedarse atrás de Salamanca en el esplendor de pasadas décadas de los setenta y ochenta cuando la capital charra vibraba de pasión en su particular edad de oro taurina gracias a El Viti, El Niño de la Capea y Julio Robles. Entonces el ciclo de Valladolid tenía tronío, variedad de toreros, de ganaderías y era además una plaza de grandes acontecimientos. Ejemplo de ello es que un día de septiembre de 1979 en esas arenas dijo adiós Santiago Martín ‘El Viti’, para nacer la leyenda del más grande de los maestros que parió la vieja Castilla. Tres años más tarde hizo lo mismo el grandioso Paco Camino.

Hoy poco queda del esplendoroso Valladolid. El de las mañanas de ferias con excepcional ambiente en el viejo ‘Conde Ansúrez’, o en el ‘Lucense’; más tarde en el ‘Meliá Parque’, en cuya explanada esperaban aparcadas las furgonetas de las cuadrillas rodeadas de aficionados que hacían tertulias sobre el festejo de la tarde. Da igual que fuera la corrida del Conde de la Corte, la de Molero, la del Raboso…; que torease Paula –habitual en Valladolid- o un cartel estrella con Antoñete, Domínguez o Robles porque el ambiente era de excepción. Más que ninguna tarde la que acartelaba las corridas de los banderilleros con Esplá, Mendes, El Soro o Morenito que llamaban el ‘salvaferias’ porque casi siempre colocaba el ‘no hay billetes’, tan diferente del actual ‘mataferias’ que suele llegar allá donde mete la mano Matilla –el ciclo de Valladolid lleva su firma, aunque haya sido organizado por Manolo Chopera-.

Entonces Valladolid ofrecía una gran feria. De postín. Ni por asomo se lidiaba una corrida como la del jueves de Vellosinono y acababa ahí porque más allá de San Mateo estaba el añadido de las corridas de San Pedro Regalado –la llamada ‘feria chica’ de mayo-, sin olvidar los festejos nocturnos de verano organizados por Jumillano y la colaboración del eficaz Arsenio Álvarez, que fueron una auténtica oportunidad para los nuevos toreros. En esa época, una cálida noche de 1974 llegó Luis Francisco Esplá, un chavalín alicantino que formó la marimorena al cortar cuatro orejas y dos rabos, el mismo premio logrado la semana siguiente para ponerlo en el candelero de todos los taurinos. Entonces no había móviles y faltaban años para la llegada de las nuevas tecnologías, pero el boca a boca hacía milagros entre la gente del toro.

Hoy, Valladolid, también ha matado los festejos de la ‘oportunidad’ porque los taurinos dicen que sin subvención es imposible programarlos. Triste de un espectáculo que deba vivir de la subvención y quienes lo manejan sean incapaces de buscar argumentos para atraer al público al sembrar la semilla de la afición. Triste de esta Fiesta regida por gentes que solo buscan llevárselo rápido y no hacen planes de futuro, seguramente porque no creen en él.

La capital del Pisuerga cierra mañana otra feria más, la misma que ha llenado más páginas por lo malo que por lo bueno. Sobre el papel en el ciclo han faltado importantes toreros que, injustamente, fueron excluidos y más que nada de lo que más se ha hablado ha sido del escándalo de la corrida de Vellosino que llevó Morante debajo del brazo y fue una tomadura de pelo a Valladolid, a sus tradición y su historia. Depués y esto se escribe en letras grandes el gran acontecimiento ha sido la definitiva irrupción de Emilio de Justo con un triunfo de verdad, con las armas de la pureza, a una corrida del Pilar que, definitivamente le ha abierto todas las puertas de las ferias. Además lo convierte en el toreo más ‘goloso’ de este invierno para todos los apoderados y aquí esperemos que el de Torrejoncillo tenga sensatez y no se deje llevar con tantos cantos de sirena como va a escuchar -que recuerde a Urdiales cuando se fue con la FIT-. Y en el pedestal no puede faltar ese Roca Rey que es el gran revulsivo del toreo, el que ha llegado con la escoba y merece todos los honores. El que pone firmes a las figuras y las está destronando. Valladolid, como no podía ser menos, también se rindió a él.

Me encantaría volver a escuchar aquello de “vamos a los toros a Valladolid”, pero ahora mismo lo veo difícil y complicado, porque poco a poco es otra feria que se está perdiendo por la cloaca del desinterés y la falta de una afición digna y exigente.

COLETILLA FINAL: En estos días escribiré algún artículo de Albacete, que esa es una feria modelo en todo. Una feria que debe ser el escaparate de todas las demás. Con ciclos como el manchego la Fiesta tiene futuro.

 

 

Emilio de Justo, ¡ese no es tu camino!

El torero de Torrejoncillo nos había vuelto a enamorar a los aficionados con la pureza de su interpretación ante el toro de verdad, con su buen hacer en la suerte suprema y ese poso que trae la madurez, así como las ganas para aprovechar la oportunidad después de tantos años de espera en el banquillo de la paciencia. Tiempos donde nadie más que él mismo creía en sus condiciones cuando todos le habían dado la espalda y su nombre no estaba ni en la agenda, ni en la imaginación, de los empresarios.

Salvado de las llamas del olvido en Francia, su temporada era un acontecimiento y una alegría cuando volvía a repetirse la noticia de un nuevo triunfo y casi siempre con ganaderías exigentes, lejos del medio toro y afeitado de las figuras. A nadie escapaba que el definitivo golpe en la mesa estaba a punto de llegar y no era más que esperar. Y fue ayer, miércoles, en Valladolid, en corrida televisada donde dio un señor zambombazo ante la corrida que envió Moisés Fraile desde los campos charros de Tamames. Fue la tarde que puso de acuerdo a todos tras verle cuajar deliciosamente a su segundo toro con capote, muleta y espada. Siempre con temple, con gusto y mucha verdad en su hacer. Además de ser un torero muy natural, lejos de tantas gesticulaciones –que son un atentado a la liturgia del toreo- de triste moda en los últimos años.

De Valladolid y su feria, Emilio de Justo salió lanzado, acaparó todos los titulares de los medios nacionales y su nombre quedó escrito a lo grande en la plaza del Paseo de Zorrilla. Indiscutible triunfador y de testigo toda el mundo taurino que lo siguió a través de la televisión –a pesar de tantas bobadas como dicen los comentaristas-. Sin embargo, como a Adán y Eva, el ‘sistema’ le tendió una manzana. Mejor una golosina envenenada, al ofrecerle la sustitución de esta tarde por Cayetano, en la corrida de Vellosino –escasita y muy sospechosa de cuerna, como no podía ser menos- y al apoderado, como había un buen dinero, aceptó. Otra vez más se equivocó al irse al dinero fácil, en vez de pensar en el futuro que ya lo está viviendo, en la categoría de su torero, en lo gozalón que está y en que ya tiene abierta la puerta de las ferias que se ha ganado con la dignidad del toro de verdad. Por eso era innecesario mezclarse en esa corridita ‘preparada’ para Morante, Manzanares y Cayetano –a quien sustituyó-, en un sitio que no era para él. Porque él ha tenido una dignidad, una vergüenza y una categoría que estaba en las antípodas de la dictadura de las figuras con el torito que lidian en provincias. Y ahí no está el sitio de este torero llamado Emilio de Justo que está escribiendo su nombre con la tinta de la verdad y de la pureza.

Por eso hoy Valladolid -independiente de su resultado artíctico- se ha producido una mancha en la carrera de Emilio de Justo. Ha sido un borrón que no debe volver a producirse para alguien que, como él, viene aireando la bandera de la dignidad, pues no debe volver a mezclarse con los chanchullos de las figuras, cuando su camino está al otro lado del río, en la orilla de la verdad y del toro.

¡30 años de aquel rabo del Capea!

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Se retiró El Niño de la Capea y durante la feria de septiembre de 1988, todo el mundo taurino miraba a Salamanca. Aquel catorce de septiembre quien era algo en la Tauromaquia acudió al coso charro para disfrutar de una de las jornadas más gloriosas de su historia torera. Se marchaba El Niño de la Capea con el sello de primera figura, el respeto de sus compañeros y la admiración del público en el escenario de una temporada redonda tras brillar en Sevilla, en la gesta madrileña de los ‘victorinos’, en Málaga se lleva de calle la feria, al igual que en Bilbao, mientras que en otras muchas plazas deja su sello, sin olvidar Linares, donde corta un rabo en un trasteo considerado de los mejores que se han realizado en la plaza de Santa Margarita.

Se marchaba como siempre han soñado en irse los toreros, en lo más alto, cuando se espera la llamada de las empresas para exigir honorarios. De la misma manera que unos años antes lo había hecho Diego Puerta. Cuando era rico y con una fortuna amasada. Con todo a su favor y en una edad pletórica, pero había llegado el momento de decir adiós. Para la gran ocasión elige Salamanca. Esa Salamanca suya en la que tanto costaba entrar y la que varias veces lo despidió con broncas cuando llegaba a la feria con el éxito y el reconocimiento de su carrera. La Salamanca exigente donde sufrió dos gravísimas cornadas cuando se arrimaba para demostrar que a él nadie le había regalado nada. Y era figura por méritos propios.

Aquella tarde de septiembre de 1988, soleada y ventosa -días antes toreó por última vez con Robles y recibió un emotivo brindis del malogrado torero, con capeistas y roblistas fundiendo por primera vez el corazón y sentimientos-, dijo adiós en medio de una corrida memorable, con la reventa por las nubes y con miles de aficionados llegados de Madrid, Bilbao, Málaga, Lisboa, Barcelona o incluso México y Venezuela abarrotando La Glorieta. De gente que admiró a Pedro ‘El Capea’ y venía a tributarle su admiración en el momento de la retirada. Viejos maestros como Marcial Lalanda, Luis Miguel, Manolo Escudero, Paco Camino, Julio Aparicio, Fermín Murillo, Andrés Vázquez… no se perdieron el acontecimiento de la época. Ni los mejores aficionados. Ni tan siquiera los jugadores del Real Madrid, el equipo que siempre siguió y donde contaba con tan buenos amigos que estuvieron presentes en su despedida, como Camacho, Gallego, Michel…, con quienes antes de la corrida posó en el hotel Regio, donde instaló su cuartel general esa tarde y recibió a tanta gente que hasta la carretera nacional de Madrid, que entonces pasaba por allí, sufre un atasco.

Esa tarde torea con El Litri y José Luis Ramos, que toma la alternativa frente a una corrida de santacolomeña de Joaquín Buendía. Tarde de emociones, de brindis y de lágrimas presentes en las mejillas de muchos aficionados. Pero también del magnífico toreo  realizado por El Niño de la Capea a ‘Borrascoso’ tras llevarlo a los terrenos de sol, al estar más resguardado del viento, para cortarle un rabo, dar tres vueltas al ruedo -la segunda y tercera con su fiel El Brujo, que también se corta la coleta- y salir por la puerta grande entre gritos de: “No te vayas” en una de las tardes más memorables de la historia taurina charra. La que dentro de unos días, el catorce de septiembre, alcanzará el treinta aniversario. ¡Y parece que fue ayer!

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¡Salven a Tendido Cero!

La TVE española hace tiempo que dio de lado a los toros y las cámaras desaparecieron de las plazas, olvidándose de la Fiesta y de los grandes acontecimiento de la temporada. Lejos quedan los años que se televisaban numerosos festejos y las voces de Matías Prats, José Joaquín Gordillo o Fernando Fernández Román se hicieron familiares para el aficionado. De entonces quedan tardes memorables que alimentaron la ilusión de nuevos aficionados, como la inolvidable ‘corrida del siglo’, que concluyó con la apoteósica salida en hombros de la terna –Ruiz Miguel, Esplá y Palomar-, junto al ganadero, el viejo Victorino Martín. Por medio muchísimas más en una época que se vivía la jornada con nerviosismo esperando la hora de encender la tele y disfrutar del festejo, muchos de los cuales han quedado grabados en las despensas del recuerdo.

Ahora, como reducto de un esplendor donde cualquier tiempo pasado fue mejor, únicamente sigue en la programación ‘Tendido Cero’, que aunque sea un espacio con el formato anticuado y, en ocasiones, demasiado adicto a dar jabón en vez de vivir la realidad, al menos es el último eslabón en la televisión pública. Y cuenta con millones de seguidores que esperan al mediodía del sábado para estar al tanto de lo ocurrido en las plazas. Y es que ahora, visto lo visto, con los antecedentes que existen y las garras antitaurinas manejando el timón de TVE hay que encender las alarmas para salvarlo.

Vivimos días donde desayunamos con la noticia de ver cómo caen rostros históricos de la tele pública, al igual que se eliminan de sus parrillas programas ajenos al interés de sus nuevos rectores, quienes no tratan más que poner el Ente al servicio de su interés. A nada escapa que la Tauromaquia está en la diana de Podemos y de esa izquierda radical que habla de Democracia y solamente se dedica a prohibir. Al igual que la administradora única de TVE, la veterana Rosa María Mateo, quien en sus años jóvenes era aficionada para desertar posteriormente y ponerse al otro lado de la trinchera, quien ha sido rescatada de la jubilación para desempeñar el triste papel de firmar despidos de quienes un día fueron sus compañeros –Jesús Álvarez, Inés Ballester, Jenaro Castro, Cárdenas…-. Y de podar los programas que no interesan a los podemitas para hacer de TVE su escaparate publicitario.

Con esos antecedentes ha llegado el momento de poner manos a la obra y evitar dolorosas sorpresas. Es el momento de actuar la Fundaciónm junto al resto de colectivos para empezar a trabajar, entre ellos las asociaciones profesiones, que aquí es donde deben echar ímpetu y no en el reciente ridículo que protagonizaron al pretender eliminar a la presidenta de Málaga. Vaya por delante que la gente del toreo suele ser confiada y sigue adelante pensando en que nunca ocurrirá nada. Ahí tenemos el caso de Barcelona, donde no actuaron hasta que estaba sentenciada. O el actual en una plaza de máxima categoría, Bilbao, donde a pesar de la evidente crisis que se ha adueñado nadie es capaz de poner el cascabel el gato. Por esa razón ahora es el momento de salir al paso para que ‘Tendido Cero’ no acabe formando parte del ayer de TVE.

No olvidemos que la actual izquierda radical, llena de complejos y de odios, olvida la historia y desconoce la enorme vinculación de la Tauromaquia con esa tendencia política. Sirva el ejemplo que llegó tras la legalización del PCE, con la celebración de varios festivales programados con la finalidad de sufragar fondos interviniendo en ellos Antoñete o José Luis Parada. Tampoco debemos olvidar que durante los duros e interminables años del franquismo ese mismo PCE se mantuvo con dinero que llegaba de los hermanos Domingo y Pepe Dominguín, quienes nunca dejaron al histórico partido de la hoz y el martillo.

Y es que ahora, con los vientos revueltos, es el momento de moverse para evitar que sigan podando a la Tauromaquia.