Pinto, el de la tele

Cuando el otoño pliega su paraíso de colores para abrir el gélido portón del invierno, José Pinto, nos deja huérfanos de su talento. A partir de ahora las tardes no volverán a ser igual sin la presencia de este hombretón de Casillas de Flores que se ganó a todos por su sabiduría, por su señorío y por un símbolo de esta Salamanca rural y abandonada. Especialmente el partido de Ciudad Rodrigo, al que ha vuelto a poner  en el mapa convirtiéndose, por su compromiso, en su mejor embajador. Ahora se va y el aullido de Los Lobos ya se escucha melancólico con su adiós aflorando las lágrimas en millones de hogares, resignados a perder a quien, además de un símbolo de la tele, se ganó a todos por su personalidad. Porque  es un tío cabal, noble y con señorío. Un personaje enamorado de su tierra y desde que se abrazó a la fama en los concursos televisivos pasó a ser Pinto, el de Tele. Yo no era ni José Pinto; ni Pinto, el de Casillas. Desde entonces cuando se lo encontraban las gentes de Ciudad Rodrigo y su socampana, de La Raya o El Rebollar, del Alto Águeda o las tierras de Azaba, del Campo del Yeltes o el Abadengo… comentan: mira es Pinto, el de la tele. Y enseguida van a saludarlo y de paso dejar la instantánea de ese recuerdo con un selfie. ¡La de miles y miles de fotos que se han sacado con él en estos meses!

Pero por encima de la popularidad, del tesoro de su sabiduría, de ser un personaje, lo más grande es que ha sabido mantener los mismos aires de siempre, con su vida abrazada a la nobleza. Siempre dispuesto a ayudar, a colaborar a quien se lo pide y a comprometerse. Y muy especialmente a darle un empujón a una provincia marcada por el envejecimiento y la alarmante despoblación. Y eso es una inmensa deuda moral y afectiva que siempre tendremos con él. Porque charros como él son quienes mejor abonan la besana de esta tierra para que siga vida mientras aireéa con orgullo su bandera por todo el mundo.

Por eso hoy esta tarde plomiza, cuando ya el otoño pliega su paraíso de colores, nos descubrimos ante Pinto, el de la tele. Justo en el momento que deja huérfana a España de su talento, pero jamás nos cansaremos de agradecer a quien ha sido todo un embajador para demostrar que la Salamanca rural sigue viva.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

2 comentarios en “Pinto, el de la tele

  1. Con el fallecimiento de JOSÉ PINTO,me acordé de tu artículo,lo he vuelto a leer,un gran hombre y apoyando todas las causas, ahora si nos ha dejado huérfanos.D.E.P

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