Alejandro Mora será apoderado por Leandro

En medio de los vaivenes del invierno, mientras aún se siguen rompiendo algunas alianzas profesiones, otra ya sellan el camino del futuro. Camino de esperanza e ilusión por abrirse paso en el siempre difícil y complicado mundo del toreo.

Es el caso de Alejandro Mora, el dinástico novillero de Plasencia que atesora el don del arte, con el vallisoletano Leandro Marcos, ex matador de toros y quien desde hace varios años está metido de lleno en el campo del apoderamiento. Actualmente comparte la labor de dirigir la carrera del colombiano Luis Bolívar, con la nueva ilusión de Alejandro Mora. Y hasta finales de la pasada temporada también dirigió la carrera de David Salvador, hasta que el novillero decidió retirarse.

 

Alejandro junto a su tío, el gran maestro Juan Mora

Nuestras bendiciones a esta nueva pareja que destila torería y ojalá alcancen los puertos propuestos.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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