Antonio Peláez, un ganadero con pureza

La presente fue la última entrevista que concedió Antonio Peláez Lamamie de Clairac. Se publicó en la desaparecida edición de papel del diario Tribuna de Salamanca, el 27 de febrero de 2007, un año antes de fallecer. A sugerencia de varios lectores la devolvemos a la actualidad dada la inmensa categoría del protagonista.

Acude a la cita puntual, con su habitual porte del jersey colocado a percha sobre los hombros y saludando a todo el mundo, porque cuando Antonio Peláez Lamamie de Clairac llega a los sitios, el personal se alegra y disfruta de su presencia.

Hombre extrovertido y de gran personalidad es una de las leyendas ganaderas del Campo Charro, a pesar de que los nuevos sistemas comerciales y las actuales modas que imperan en el toreo han mellado su ánimo de seguir en la brecha, pero no su afición, que la lleva en su alma. Sigue con su eterno vicio de fumar, pero ahora también se ha modernizado, algo que sorprende al crítico.

¿Ya no fuma aquellos cigarros de picadura que hacía a mano?

No, ya llevo unos años que no, pero sobre todo porque no encuentro labores. Ya ni en Cuba, ni en Canarias las hay. Ahora, toda la picadura la dedican para hacer puros.

Entonces se ahorrará mucho en camisas, pues veo que ya no las tiene ‘taladradas’ con las quemaduras que se hacía, ¿no?

Sí, ahora es más cómodo. Antes cuando se hacían a mano y se caía alguna hebra prendida enseguida se agujereaban la camisa y el pantalón y ahora, con estos ‘Habanos’ no pasa nada, pero a mí me gustaban más los de antes, los que había que hacer a mano.

Claro, era más típico y además un arte. Pero vamos al grano, ¿cómo ve ahora el toreo?

Regular, sólo regular.

¿No le da pena no estar ya en la pomada?

Sí, la verdad es que sí. Se echa de menos, pero qué le vamos a hacer, la vida ha venido así y las circunstancias lo obligaron.

¿A las plazas sigue acudiendo como aficionado?

Claro, claro. Tengo el abono de la plaza de Madrid, aunque en los últimos años casi no voy, porque en ese mes estoy siempre de saneamiento. Pero no me pierdo nunca la Feria de Bilbao, ni las novilladas de Arnedo. Ni cuando hay festejos por aquí, además de casi todos los de televisión.

¿Por qué hace unos años decidió desprenderse de casi toda su ganadería, a pesar de tener tan buen nombre para dejar únicamente una parte simbólica?

Por muchas cosas, el toreo ha cambiado, apenas hay formalidad, por otro lado, con la moda actual, es muy difícil vender los toros de nuestro encaste. También porque ya se ha perdido el criterio que debe haber en este mundo, como el que tenían los viejos taurinos, que decían una palabra y ésa iba a misa; además, a mí no me gusta afeitar un toro, siempre lo he llevado muy mal y me ponía negro si alguien me lo exigía, además de decirle claramente que no.

¿Nunca afeitó?

Tengo una anécdota de ello. Cuando El Cordobés decidió continuar en los ruedos tras amagar en 1967 que se retiraba y hacer que acudieran todos los empresarios a su finca de Villalobillos para suplicarle que rectificara en su decisión –pues sería una ruina para todos–, que fue donde se firmó el pacto de la almohada, entonces decide torear y se anuncia con tres corridas en Barcelona, una de Atanasio, otra nuestra y otra que ahora no recuerdo.

¿Y qué pasó?

Entonces, Rafael ‘Gallito’, que era quien embarcaba las corridas del Cordobés, dijo que había que afeitar la corrida entera. Mi tío Leopoldo se puso en su sitio y le dijo que no, ellos que sí; así un tiempo y cada poco había que ir a la central de Aldehuela para hablar por teléfono, que era de aquellos de manivela, porque entonces no los había en las casas. Así pasó el tiempo hasta que mi tío Leopoldo se citó en Madrid con don Pedro Balañá y al final le exigían que afeitara dos. La corrida se lidió en Barcelona y toreó Mondeño y otro torero. Fue una gran corrida donde El Cordobés y Mondeño cortaron una oreja. Fui a verla y recuerdo que entonces se acababa de inaugurar el ‘puente aéreo’.

¿Trató mucho a El Cordobés?

Vino a casa varias veces al campo, a tentar y recuerdo que un día, después de la merienda salió al jardín a coger unos pardales para explicarnos cómo los comía en sus tiempos de caninez. Por cierto, el primer año de matador de toros llegó con un coche nuevo que acababa de estrenar y enseguida se fue a casa del mayoral para darle un montón de juguetes a sus hijos, como gratitud a que le habían dado de comer en sus tiempos de privaciones.

¿A su entender, fue bueno El Cordobés para la Fiesta?

Llegó en un momento de crisis muy parecido al actual y El Pipo gestionó muy bien su carrera. Movió más gente que nadie y en aquel tiempo, la Fiesta despertó, porque todo el mundo comenzó a interesarse por ella cuando estaba en un momento muy crítico.

Me hablaba antes de Barcelona, qué pena ver la actual crisis, ¿verdad?

Pena no, lo siguient. Allí hubo una gran afición y un magnífico empresario como fue don Pedro Balañá Espinós. Fue muy bueno y tuvo dos plazas en pleno funcionamiento; además, cuando veía a un novillero triunfar, al domingo lo repetía. Y así siempre. Después, su hijo Pedro también sirvió y fue válido, además era un hombre de una gran memoria, pero sus hijos se han empeñado en enterrar la larga tradición taurina de esa ciudad y el toreo debe reaccionar. Por otro lado, fíjate ahora, que programan un buen cartel y la gente responde.

(Con Antonio Peláez hablamos de la Fiesta en medio de una magnífica tertulia celebrado en el Mesón de la Aldehuela de la Bóveda. Son las primeras horas de la tarde y en el salón comen varios ganaderos-toreros, ejemplo de Guillermo Marín Gómez de Liaño y Javier Clemares; después llega Andrés Sánchez, que ha estado cazando en Castillejo de Huebra con Jesús Cobaleda. Más tarde, tras el café montamos en su vehículo y viajamos hasta La Moral de Castro, la finca ‘madre’ de los Clairac, para ver los restos de lo que fue una ganadería señera, la que conserva lo más puro de Parladé, adquirido a través de Gamero Cívico. Y de la que ahora queda un retazo sentimental.

¿Y de las palabras que ha pronunciado tan duras contra el toreo de la ministra Narbona?

Pues mira, han sido muy buenas y positivas a la larga. Todo el mundo ha hablado y para nadie han pasado inadvertidas, lo que traerá consigo que los taurinos, por una vez, se unan para defender su pan.

¿Quiénes son los culpables de que la Fiesta no viva su mejor época?

Los ganaderos con todas las consecuencias. Se ha buscado un toro para vender y han destrozado la ganadería. Además se ha disparatado todo, pues el que antes vendía 3 ó cuatro corridas, ahora tiene 14 ó 15 y donde antes había 150 vacas ahora hay 600. Como veras, eso no procede. Ni tiene razón de ser. También son los responsables de eliminar la casta, cuando quien debe adaptarse al toro es el torero y no el ganadero a las exigencias del torero de moda.

Fíjese, Antonio, que hay ganaderos como los Lozano, que tienen más de 1.000 vacas de vientre u otros como Núñez del Cuvillo que lidian más de 30 corridas.

Una bestialidad que no tiene pies ni cabeza. Los Lozano hicieron la ganadería con un sobrero de Raboso, que le ligó muy bien y ahí arrancaron. Pero ¿tú crees que en 20 años se puede alcanzar el número de cabezas que tienen ahora?

Ni mucho menos.

Claro, que no. Ahí hay montado un ‘popurri’ a la fuerza.

¿Y qué más?

También la llegada numerosa de gente, como constructores, ejecutivos… que tienen mucho dinero y se hacen ganaderos para buscar un escaparate social ha sido muy dañina para el toreo. No tienen afición, ni nada y les importa un pito la seriedad que debe tener un ganadero, además de estar en manos de los taurinos, por lo que al ganadero de verdad le hacen mucho daño. Además, hay cosas, como el libro de registro de nacimientos que está fuera de razón.

Hablaba de los llamados ‘nuevos ricos’, que además acuden todos en tropa a comprarle a Juan Pedro Domecq.

Sí, además Juan Pedro Domecq y Enrique Martín Arranz han sido los dos personajes más siniestros del toreo en la época reciente. Los dos han hecho mucho daño.

Juan Pedro Domecq con su ganadería parece el milagro bíblico de los panes y los peces, al tener vacas y sementales para vender a todos.

Sí, la proliferación de sangre Domecq ha hecho mucho daño a encastes históricos. Es el ejemplo de Saltillo, Santa Coloma… que se han quedado sin mercado y con un futuro muy complicado. Claro, algunos históricos ganaderos de Santa Coloma, como los ‘Dionisios’ o ahora es el caso de Javier Pérez-Tabernero se deshacen de ese encaste. Si es que hay que entender que ahora, como está el toreo, uno se tiene que aburrir a la fuerza y yo los entiendo.

¿Usted ve arreglo para que vuelva a ser como en otros tiempos?

No, cuando se da un paso adelante, para bien o para mal es muy difícil volver sobre los caminos perdidos. O cuando se quiere humanizar algo y darle otro aire es muy difícil. Ahora, los toreros se han acostumbrado a un toro que no les moleste y entonces volver a torear uno con casta, es imposible.

Es una canallada para la historia de la Fiesta que haya ganaderos que críen toros únicamente para la muleta y que ¡no molesten!

Eso ha sido muy dañino para el toreo. Fíjate que en la época de Espartaco se marginaron a muchas ganaderías porque le molestaban y no las volvían a torear más. Es que es muy gorda que un torero, con su técnica y su arte, tenga que defenderse y triunfar con un toro bravo y ahora los quieren que no molesten.

¿Cuál ha sido su ganadero preferido?

Los que han defendido su encaste y han sido fieles a sus ideas, como los ‘dionisios’, de Villavieja de Yeltes; Luis Fraile, con los ‘gracilianos’; Felipe Hernández Zaballos, con los ‘saltillos’… por ponerte unos ejemplos. Y también con sus virtudes y defectos, Victorino Martín, pues supo venderlo todo y le servía igual el bueno que el malo. Pero ahora, Victorino, en el último tiempo, ya me gusta menos la forma que tiene de funcionar.

¿Conoció al viejo Graciliano?

Era muy pequeño, pero fue un ganadero muy importante en Salamanca y la prueba está en lo mucho que hizo y el buen recuerdo que ha quedado de él.

¿Su torero preferido?

Antonio Ordóñez, no tengo ninguna duda.

¿Y de los salmantinos?

El Viti y después Julio Robles, que cuando encontraba los terrenos del toro toreó como nadie y con diferencia fue el mejor de su época.

(En ese momento, observamos la fotografía de Julio Robles toreando a ‘Cigarro’, el toro del Puerto de San Lorenzo que desorejó en Madrid en el verano de 1983 -junto a Antoñete y Manzanares, en tarde de ‘no hay billetes’-; entonces, Antonio Peláez hace una clara apreciación: «fíjate lo despacio y lo bien que lo lleva toreado, y cómo embiste el toro que en esa foto está con las cuatro patas en el aire»).

¿Y ninguno más?

Sí, pero siempre hay que saber valorar al torero viendo el toro que tiene delante. Por cierto me gustaría hacer una especificación, de los de antes, de mi época, de los que yo llegué a ver, me encantó Emilio ‘Jumillano’, que los traía toreados desde muy largo, pues echaba la muleta muy adelante, siendo tan alto. Emilio estuvo un momento en el toreo y casi no tenía afición, pero no veas qué bien toreaba. Luego, de esa época también era Dámaso Gómez, pero él no se dio importancia y por eso, no le han dado la que él se merecía. Pero fue otro torero importantísimo. Si Dámaso Gómez surge en los 90 hubiera sido un Enrique Ponce, pues tenía mucho dominio y veía muy bien los toros.

Y de épocas más recientes, ¿quién le ha interesado?

César Rincón. Un gran torero, sobre todo en su primera época, cuando salió varias veces a hombros en la plaza de Madrid, corridas que en su mayoría vi en directo y estuvo sensacional, como cuando citaba de largo, le daba al toro los terrenos, cogía muy bien las distancias. Fíjate, Rincón confirmó con una corrida nuestra cuando no lo conocía nadie; entonces, unos días antes estuvo en casa tentando, pero como no funcionó se marchó a Colombia y tardó varios años en regresar. Cuando lo hizo triunfó a lo grande.

De los de ahora, ¿quién?

Ponce tiene mucha técnica, pero a mí me gustan más cosas, como que haya más emoción y las faenas más intensas y de menos tiempo, también con más profundidad. Y por cierto, tengo mucho interés con Domingo López Chaves.

No me extraña, pues el de Ledesma ha tenido mucho mérito.

Mucho y siempre dando la cara, con una afición desmedida y queriendo ser torero. Su momento es un premio a su tesón. Yo lo he seguido muy de cerca y no me sorprende su éxito.

Tiene mucho mérito, ¿a que sí?

Hombre, tiene el revés que en las corridas duras queda poco dinero. El ‘parné’ gordo está en las que torean Ponce, El Juli. Pero va a sacar una buena tajada.

Ahora que llega la época de tentaderos, el Campo Charro vive sus días más intensos, ¿disfruta del invierno?

Claro, el tentadero es una labor muy importante en la finca. Ahora viene mucho por casa López Chaves, pero por aquí han pasado numerosos toreros. El secreto de una ganadería está en la selección.

¿Toreó usted en el campo?

No, yo no toreé.

¿Guardará infinidad de recuerdos del campo?

Claro, tanto de nuestra casa, como de otras. Por ejemplo, cuando iba donde Manolo Sánchez Cobaleda, otro ganadero inolvidable. Venía a la Aldehuela a caballo y aquí me cogían en el coche que venía Arruza y Gago, su apoderado. Recuerdo mucho a Carlos Arruza, aquí en Salamanca, también a los hermanos Girón. Fíjate que un día, en un tentadero en nuestra casa, el viejo Balañá vio a César Girón y allí le ofreció su presentación de novillero en Barcelona, donde arrancó con mucha fuerza tras un gran triunfo.

¿Qué más gente le marcó?

Mucha más, como mi tío Leopoldo, un hombre muy serio y estricto. Luego, fíjate que tenía amistad con muchos toreros; le pasaba al revés que a mí, que siendo más sociable, no conozco a casi nadie. De los de ahora, únicamente a López Chaves.

(La tarde cae y llega la hora de la marcha, pero queda pendiente otra visita a La Moral, para continuar hablando con un hombre de la calidad de Antonio Peláez, que es un lujo).

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “Antonio Peláez, un ganadero con pureza

  1. ¡Qué personaje más comprometido, bueno, llano y acogedor!. Es una de las primeras personas que me enseñaron a amar el mundo de los toros. Y ¡cómo fumaba!. Recuerdo que en una de las charlas organizadas por la Peña la Verónica hubo que dejarle fumar cigarrillo tras cigarrillo, pues si no se marchaba, mientras con su voz recia y grave nos iba mostrando los entresijos de su actividad ganadera.
    Dos Antonios, uno Antonio Peláez y otro Antonio Honorato, me arrimaron a ese ascua de la afición. La foto se la hice yo mismo en Toro.
    Gracias Paco, por recordarnos a este hombre, todo un símbolo de «Lamamié de Clairac»

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