¡Aquellas ferias de Jerez!

Jerez es otra plaza empeñada en arrojar la llave de su prestigio al fondo de Guadalete. Lo hace su empresario Matilla, especialista en estos desórdenes, tras sumar años de desdichas en la gestión. De dar la espalda a una afición harta y que ya empieza a desertar ante la falta de seriedad en los carteles, de rigor empresarial, de fomento del futuro –algo que a Matilla le suena a chino-. A Jerez no le hacen falta populismo en la política para mellar su enorme tradición taurina, solamente la pésima gestión de Matilla está haciendo el resto.

Ahora, su última tomadura de pelo es la nueva versión de la Feria del Caballo, con unos carteles sin pizca de ilusión en el particular sota, caballo y rey establecido por el sistema, sin novillada para cultivar el mañana y la inexplicable reaparición de Paquirri (Rivera Ordóñez), un lastre para un coso de tanta solera e historia. Matilla se vuelve a reír de ese sabia afición con uno carteles sin peso, ni formas, ni identidad. Y la gravísima decisión de avalar la vuelta de Paquirri, quien se marchó, por segunda vez, ya cuando el sol torero ya había secado todas sus ramas. Quien se marchó despidiéndose en una tourné que no fue más que la particular recogida de los últimos dineros y ahora, sin pudor, vuelve. Vuelve de la mano de Matilla, el mayor enemigo de la Fiesta y avalado por Morante de la Puebla y El Juli, tan culpables como el empresario.

Siempre se respetaron las reapariciones, que fue algo muy torero y las habido gloriosas, pero jamás la de Paquirri, tras aquella segunda marcha de hace solamente dos años, quien vuelve por segunda vez para seguir apoyando la caída de Jerez a los infiernos taurinos.

 ¡Quién la ha visto y quién la ve a la Feria del Caballo! Enorme pena ver cómo ese ciclo que gozó de tanto señorío y acarteló a los mejores toreros de cada momento ha entrado en la barrena del desprestigio. Ese Jerez, cuna de grandes casas ganaderas, de los Domecq, de los Bohórquez, de los Osborne… O de Rafael de Paula, ese gitano parido a ritmo de bulerías en el barrio de Santiago y ha sido de los genios más grandes hasta ser capaz de inspirar a Bergamín en su Música callada del toreo. Y si tuvo ganaderos de relumbrón y un torero de leyenda, en Jerez encendió las luces la grandeza del toreo a caballo con aquella corrida dedicada al arte del rejoneo que llenaba los tendidos de su plaza de glamour, gracias a ese labor desarrollada por don Álvaro Domecq y que supo heredar su hijo, extendida más tarde a los Bohórquez.

Porque esa feria fue grandiosa y de máxima categoría con sus dos o tres corridas y la tarde de rejones, junto a la novillada. Y en años que se programó novillada se hizo porque a lo largo de la temporada el coso abría las puertas muchas tardes para albergar espectáculos meno res, novilladas picadas y económicas. Muy lejos del actual tiempo, donde el empresario Matilla no cesa en su empeño de arrojar la llave de su prestigio al fondo de Guadalete.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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