Archivo por meses: mayo 2019

Madrid volverá a aplaudir a S. M. ‘El Viti’

El maestro Santiago Martín ‘El Viti’ vuelve a Madrid para recoger el tributo de la admiración. Para volver a ser, como tantas y tantas veces, protagonista en esa cátedra del toreo que le vio dictar numerosas lecciones de temple durante su magisterio artístico de las décadas de los sesenta y setenta. Ahora, con sus ochenta años de toros y de vida, con la añoranza de su brillantísima trayectoria y siempre como gran señor del toreo, regresa a Madrid en la que será una mañana de emociones. Rodeado de un amplio número de compañeros, de aficionados castizos y todo el vitismo en pleno, que ese día volverá a lucir sus mejores galas, Madrid reverenciará en el escenario de la Feria de San Isidro a quien fue un torero de culto de Las Ventas gracias a su temple y solemnidad, a quien fue capaz de convertirse en leyenda mucho antes de colgar el vestido de luces. A un símbolo de España. A Salamanca vestida de luces.

En Las Ventas fue la tercera plaza que mayor número de corridas sumó en su etapa de matador. La mismo que lo vio hacerse matador aquel inolvidable trece de mayo de 1961 y donde después sumaría cincuenta y cinco paseíllos más, hasta aquel veinticuatro de mayo de 1979 que torea su última corrida en la Monumental de la calle de Alcalá; fue una de Torrrestrella con Paquirri, quien protagonizó su más destacada actuación en esas arenas frente a ‘Buenasuerte’, y Palomo Linares, que resultó herido de gravedad. Aquel día, El Viti, de rosa y oro y ya con la sienes plateadas dictó su última lección frente a la cátedra cortando una legítima oreja y cerrar la última página de un libro glorioso. Madrid fue un faro en su trayectoria tanto en cantidad, como en calidad. Solamente superan en paseíllo a Madrid, Barcelona, ¡cuánta añoranza!, donde fue un torero fetiche y Palma, con tanto cartel que hasta lo llamaban ‘el torero de la isla’, término acuñado por su amigo y siempre vitista Guillermo Sureda, el prestigioso periodista balear. Sin embargo Madrid sirvió para alimentar su leyenda con tanta grandeza y consideración; ahí, en Las Ventas, el nombre de Santiago Martín El Viti fue la referencia de una época de excelentes toreros, de una época de oro en el toreo, de un tiempo que ha quedado guardado en algunos de los legajos de oro de la Fiesta.

Más allá de las 14 puertas grandes que logró en Las Ventas –junto a dos anteriores de novillero-, que a fin de cuentas solamente son números, lo importante es la huella torera y humana dejada por El Viti en la Tauromaquia al ser uno de los toreros más grandes de la historia y un pilar fundamental en la esa lujosa década de los sesenta donde tantos y tan buenos toreros rivalizaron en los carteles –con Puerta y Camino formó la inolvidable santísima trinidad de los ruedos-, El Viti es un modelo de apoyo a la Fiesta.

Ahora, el jueves 30 de mayo, Madrid volverá a vestirse de gala para honrar a quien fue un torero de leyenda y siempre un señor de los ruedos.

José Luis Gonçalves, un torero roto y olvidado

El torero portugués -de nacencia angoleña- José Luis Gonçalves lleva casi seis años en estado vegetal. En horrible situación tras sufrir un accidente y con nulas posibilidades de salir adelante al ir limando el tiempo la esperanza inicial por recuperarse. Postrado, inerte, en un hospital de Casçais han transcurrido cuarenta y dos meses desde que un accidente truncó su vida y la información sobre él llega con cuentagotas. Pero ninguna oculta la realidad del drama que asola al entorno de este torero que se hizo matador en la feria de Badajoz de 1994, de manos del maestro Juan Mora y con Finito de testigo.

No cayó en las arenas al igual que otros, pero no por ello hay que olvidar a este diestro que tuvo días gloriosos en España en su época de novillero. Sobre todo el impacto causado en su presentación en Las Ventas -el seis de septiembre de 1992-, recogida de la siguiente forma por el maestro Joaquín Vidal en las páginas taurinas de El País:

Debutó en Las Ventas un torero que lanceaba a la verónica con hondura rondeña, ceñia chicuelinas con parsimonia sevillana, adornaba sus faenas con pinturería trianera, ¡y es de Angola! Torero angoleño de color. Un color más próximo a Cagancho que a Morenito de Maracay, o mejor sería decir que a Angel Santa Cruz -aquel valiente torero negro portugués-, pues esta es más adecuada referencia, por razones de origen y de raza. Quizá fuera su pelo azabache bien repeinado con gomina y tiralíneas, quizá el sentimiento que ponía al ejecutar las suertes, lo que hacía recordar al gitano Cagancho y su moreno de verde luna. Y puede que sea una compara ción sacrílega para la mística de la fiesta, pero uno vio así al debutante José Luis Gonçalves, natural de Luanda según datos que facilitan sus biógrafos, cuando se centraba con los no villos y les hacía el toreo profundo

Por entonces tuvo su cumbre para llegar con fuerza a la alternativa. A partir de ese momento su estrella se apagó y fue reduciendo sus actuaciones a su país, para formar pareja artística con Rui Bento, gerente del coso de Campo Pequeno. Sin llegar a apartarse de su mundo del toro -era profesor de escuela taurina- se buscó la vida en el mundo de la moda y la televisión, donde le llegó este percance que lo ha dejado convertido en un vegetal. Aferrado a la vida a una máquina, pero con la desazón de un cerebro que no emite señales.

Hoy, ante la dureza de su situación hay que echar una mano a este simpático y querido torero portugués, bien sea tratando de organizar un festival o de un reconocimiento. De hacer algo para los suyos tengan más medios para cuidarlo. Y esa medida hay que motivarla por parte de esa familia taurina que siempre ha sido tan solidaria con el caído. Por esa razón ahora toca ayudar a José Luis Gonçalves, roto en un hospital de Cascais y en las antípodas de aquellos días que nos enamoró su toreo.

 000_7699

Antonio Ferrera, ¡qué ganas de aplaudirte!

Admirado Antonio Ferrera:

Escribo estas notas minutos después de ver salir por la puerta grande de Madrid a tu amigo Miguel Ángel Perera; a tu paisano, que ha defendido su sitio de figura para demostrar a la gran empresa, al llamado sistema que deben seguir contando con él en los carteles de las ferias. Porque además ahora están nerviosos porque acaban de brotar con tanta fuerza dos torerazos que se han ganado un sitio de postín, el cacereño Emilio de Justo y el sevillano Pablo Aguado, que debe refrendar su colosal tarde en Sevilla para protagonizar una nueva época en la Fiesta y dar el vuelvo tan necesario. Aunque el mundo empresarial sigue a lo suyo y mirando para otro lugar, como ocurrió el domingo en Valladolid donde Matilla –ese que dicen ser tan listo e ignoro dónde se lo verán- se rió literalmente de la clientela lidiando un indigno saldo que fue un atentado a la grandeza de la Fiesta. Cuando más falta hace demostrar que se deben hacer las cosas bien y mimar al público para que siga yendo a las plazas. Porque si a esta Fiesta le quitamos la emoción no es nada; y la emoción llega del riesgo de ver a un hombre jugarse la vida enfrente a un toro bravo e íntegro de pitones. No esa nueva matillada. Y tú que para ganarte tu sitio te has ganado un sitio con corridas tan serias lo sabes de sobra.

Mientras llegó el martes y a mediodía cuando andábamos ya metidos con las apostillas previas a la subida del telón de San Isidro corrió tu nombre como un reguero de pólvora por las redes sociales y los medios lanzaron la noticia, con la cautela que merece y el respeto que te has sabido ganar como toreo. Pero aquí ya sabemos que esta sociedad es tan amiga de opinar y hablar, más si el asunto se sale de cotidiano, por eso preferí no hablar, ni escribir. Y lo hago ahora, pasados unos días para mostrar tanta admiración como siento por ti y lo mucho que te he valorado. Desde aquel Ferrera de los inicios con tanta prisa para triunfar, a aquel otro que descubrimos una tarde de feria en Salamanca al cuajar un toro en unas líneas tan ortodoxas que a todos nos sorprendieron; o el del Pamplona, que cortó una rabo tras sufrir un palizón y acabaste con el pantalón de un monosabio.

Pero lo mejor llegó tras ese parón que vino al lesionarte un brazo en la plaza balear de Muro; ahí fue el Ferrera templado, artístico, inspirado y siempre con tanta torería, ¡cuántas tardes emocionado al tendido! Y me alegré aún más cuando desde meses antes de descolgar el vestido de luces ese genio del toreo llamado Juan Mora, que tantos os admiráis mutuamente, jamás se cansaba de alabar tus virtudes y decir que eras un elegido para honrar con arte y grandeza nuestra Fiesta. Y eso comprobamos en la vuelta prodigiosa con las grandes tardes de Sevilla, de Madrid, de tantas plazas. O de ese Montalvo que indultaste en Salamanca la pasada feria y te sirvió para llevarte la admiración de la afición charra.

Por eso te hiciste acreedor del premio Excelencia del Toreo, de Glorieta Digital, que únicamente galardona a maestros que son espejo y fuente para beber las nuevas generaciones. En aquella gala arropado por la Salamanca taurina hablaste con tanto cariño del arte que representas con tanta verdad, nada más que tu querido amigo y compañero Javier Castaño te entregó la distinción. Y luego hasta te emocionaste con las bellísimas palabras que te dedicó Juan Mora.

Por eso y por tantas cosas buenas que has regalado estos años. Por tanto como nos queda que aplaudirte y dedicarte crónicas que te has sabido ganar ya estamos deseando verte en San Isidro para recibirte con la mayor de las ovaciones antes de desgranar toda tu añeja torería  para gloria y grandeza de nuestra Fiesta. Te lo mereces y gracias por ser tan gran torero

 

Y la emoción se hizo presente…

Presentamos Aquella mañana de diciembre y la emoción se hizo presente entre el medio millar de personas que abarrotaban el precioso patio renancentista del Palacio de Figueroa, sede del Casino de Salamanca.

Era el homenaje perpetuo a los treinta niños y un adulto que se fueron tras el brutal accidente escolar ocurrido en el paso a nivel de Muñoz. Han transcurrido cuatro décadas desde la tragedia y esas heridas jamás cicatrizarán, dejando una huella que marcó definitivamente al Campo Charro con un antes y un después. Era el respeto a todos ellos y a las gentes de una comarca que, en la mañana más difícil, protagonizaron una histórica pagina más humana al dejar todas las labores para ayudar a los heridos en las labores de evacuación.

A todos ellos se homenajea en sus páginas, principal motivo de esta obra, junto al recuerdo eterno a esos niños que, con su marcha, dejaron para siempre desolado el futuro de sus pueblos.

El acto, de desbordada emoción, contó con decenas de supervivientes, de padres, de amigos… de infinidad de personajes de la sociedad salmantina asistieron a un acto que deja la huella de esos días y donde Jaime Royo-Villanova, entonces gobernador civil de Salamanca  y prologuista de la obra emocionó a todos con sus palabras dedicadas a la historia de esta tragedia.

AQUÍ OS PASO ENLACES DE DISTINTOS MEDIOS QUE SE HAN HECHO ECO DE LA PRESENTACIÓN:

https://salamancartvaldia.es/not/206368/paco-canamero-memoria-aquella-manana-diciembre-munoz/?fbclid=IwAR1fBfwQXTQiEzo–ilY8Dn7ixo4TkL2B3lNqU76VTYDFwhCE9acDcYBp1w

https://www.noticiascyl.com/salamanca/cultura-salamanca/2019/04/11/aquella-manana-de-diciembre-canamero-exalta-la-solidaridad-del-campo-charro/?fbclid=IwAR3PF_Ff69qEQroupslOD55-ChSpMYDzlQGed8Kwvs7BB0O0ToZgGRxRELU

https://www.salamanca24horas.com/texto-diario/mostrar/1379848/obra-paco-canamero-rememora-ocurrio-fuente-san-esteban-aquella-manana-diciembre

https://salamancartvaldia.es/not/205490/paco-canamero-narra-aquella-manana-diciembre-tragedia-munoz/

https://salamancabuenasnoticias.com/2019/04/08/el-casino-de-salamanca-recuerda-aquella-manana-de-diciembre/

A ellos se une la gratitud al diario ABC, a Radio Salamanca, a Onda Cero… por su difusión del acto literario. Y Casino de Salamanca por abrirnos siempre sus puertas.

Fotos: Carmen Borrero

 

 

Resucitó Currito de la Cruz

Continúa la enorme resaca taurina que trajo el faenón de Pablo Aguado en la Feria de Abril para escribir un antes y después en esta temporada de 2019. Seguramente el que ha abierto una nueva época del toreo y debe coronarle como nuevo rey de la escuela sevillana para dejar al veterano Morante –leyenda en activo- en situación de emérito y desde ahí seguir regalándonos el azahar de esa torería que siempre se espera de él,  junto a sus detalles, ¡asombrosos su toreo de capa en su primera actuación y el inicio de faena! Por cierto, de Morante no interesa esta nueva versión de torero afanoso que pretende ser ahora, ya de viejo; el que ahora llega con larguísimas faenas, tan lejos de su habitual brevedad y que incluso escucha avisos sin haber ido aún a por la espada. Morante es o no es; con faenas donde se escuchen los cascabeles de su grandeza o bronca, que siempre ha sido algo muy torero; jamás afanarse en el  je, je, je… Porque una bronca también es grandeza.

En este serial abrileño ya ha consagrado a Pablo Aguado, quien atesora el don de la mejor torería sevillana; el que resucita a Chicuelo, Pepín, Pepe Luis y regala aromas de la mejor época de Romero. Quien ha logrado que el mismo Currito de la Cruz vuelva a reaparecer. Si, aquel grandioso Pepín Martín Vázquez que tantas vocaciones taurinas despertó en la famosa película que protagonizó en la postguerra y fue un enorme éxito taquillero en tiempos de hambruna y de pan negro, con las heridas del dolor aún sangrando en una España desolada; en días del NODO y donde el toreo era la única vía de escape para lograr fama, dinero y prestigio social. Después los tiempos cambiaron, pero el mito de Pepín Martín Vázquez en su estelar papel en Currito de la Cruz siempre ha estado ahí desempolvado entre los viejos aficionados. Hasta ahora que lo ha resucitado Pablo Aguado, ese chico que ya se ha coronado rey de la torería sevillana y es el Currito de la Cruz en versión 2.0. ¡Estoy deseando ver un cartel de cuatro toreros con Juan Mora, Diego Urdiales, Emilio de Justo y Pablo Aguado!

No era nuevo que Aguado podía destapar las esencias de su grandeza. En las pasadas Fallas asombró, también lo ha hecho en Madrid y en otras plazas, sin olvidar su etapa de novillero adornada con un racimo de faenas para enmarcar. Pero el aldabonazo ha llegado en Sevilla, su Sevilla del alma; la que deseaba buscar otro ídolo para rivalizar con ese Morante que había sido su última pasión; con ese Morante que, ante el triunfo de Aguado, regaló adornos y torería para cincelar un bronce e inspiró a los pintores con tanta genialidad. Fue tal el aldabonazo de Aguado que Roca Rey, arrollador hasta ahora, se vio desbordado por ese torrente de torería que llevó tantas emociones a la Maestranza y hasta quienes estaban detrás de las televisiones aplaudían con locura una obra de arte para el recuerdo. Y hasta volvió a cargar el depósito de la pasión de tantos como nos ahogábamos en esta Fiesta monótona y aburrida que derivó en estos últimos años por mor de un ‘sistema’ caduco que únicamente programaba a los mismos toreros con las mismas ganaderías (¡buff, miedo dio ver la euforia de Simón Casas y aquel abrazo al final de la corrida!).

Eso sí, el triunfo fue legítimo y abrió una nueva época del toreo, pero lo que no es legítimo es presentar una corrida de Jandilla tan afeitada, con toros saliendo de los chiqueros vergonzosamente masacrados de pitones. Ese fue el punto negro e imperdonable, que no se puede para por alta; porque el triunfo debe llegar bajo el riesgo y toda la seriedad que trae una tarde de toros.

 

 

Pepe ‘El Güevero’, en su adiós a la vida

Fue el último superviviente de una época que hace tiempo quedó teñida de color sepia, siendo uno de los socios más longevos del particular club de los toreros bohemios que protagonizaron una época de sueños e ilusiones. De cuando el decorado de la vida apenas tenía otros escenarios más allá del toro.

Su pasión tuvo un culpable, nada menos que Manolete, quien cambió su vida tras verlo torear en el campo e hizo que ya solo tuviera sueños, aunque tampoco tardaría en nublarse la ilusión de lograr el éxito. Después fue banderillero de mil festejos alternando plazas de talanqueras con las grandes ferias, hasta que un día, ya con el pelo encanecido, el tiempo fundió sus luces de plata. Mientras, también fue empresario de plazas de La Ribera, de Lumbrales, de Villavieja o de otros lugares donde los veteranos aficionados recuerdan sus andanzas empresariales. Eran tiempos de palangana y palanganero en fondas impregnadas por el olor a faria y el tintorro. De ilusiones que se iban marchitando y de hombres con guayabera blanca que llegaban bajo promesas de grandeza.

Pepe El Güevero encontró en el toro, como tantos muchachos de la postguerra, la vía de escape para redimirse de la dureza. En esa España, rota y llena de hambruna, una tarde de invierno se entera que Manolete tentaba en Campo Cerrado. Y allí se dirige para presenciar un acontecimiento que acabaría cambiando el sino de su vida. Desde aquel día ya sus pasos quedan marcados por Manolete, que le impresionó aún más cuando, tímidamente, intercambió unas palabras con él –las pocas que se podía y más entonces-. De ese momento quedó el tesoro de un autógrafo que conservó a lo largo de su vida. Un autógrafo firmado en una época donde no había ni bolígrafos, únicamente la solidaridad con el muchacho de algún pudiente que observó la escena y prestó su pluma. Aquella rubrica fue el más preciado de los miles de tesoros que tenía Pepe El Güevero.

Tras años de capeas y de tratar de buscar una oportunidad, el tiempo pasó y durante largos años el toreo comenzó a quedar lejos, hasta que a principios de los sesenta surge en su pueblo Paco Pallarés, quien deslumbra desde becerrista gracias a su pellizco y toreo elegante, Entonces, Pepe El Güevero cambia de vida –trabajaba en La Casera- para enrolarse de banderillero en la cuadrilla de su paisano. A su lado vive una gran época que le abre otra vez las puertas de la Fiesta, su vida e ilusión y de la que guarda infinidad de recuerdos en los que fueron sus mejores años, “tuvo en sus manos las llaves del Banco de España”, responde si le preguntan por aquel finísimo torero de La Fuente.

Al lado de Pallarés conoce a gente de la talla de Rafael Sánchez El Pipo, en la época que apoderaba a novilleros con condiciones, “este va a ser mejor que Manolete y Pepe Luis”, decía un entusiasmado Pipo si alguien le preguntaba por alguno de sus toreros. Con El Pipo ejerce labores de representante y secretario, especialmente en la época que llegan sus toreros al Campo Charro, de quienes se preocupa para que tengan allanado el camino. Luego, en temporada, si había ocasión, El Güevero, actuaba con ellos. Y así lo hizo con Curro Vázquez, con Antonio Porras o también, en alguna ocasión, con José Fuentes -¡Linares nos los quitó, Linares nos los devuelve!-. Por medio con otro paisano, con Juan José, coincidiendo con la época más brillante del diestro, que es apoderado por Manolo Lozano. Más tarde también toreó varias veces con Julio Robles; eran los  inicios del grandioso torero de quien El Güevero ya siempre fue tan amigo y seguidor. También fue muy amigo de Emilio Ortuño Jumillano y guardaba máxima admiración por El Viti y El Niño de la Capea.

Paco Pallarés fue muy debilidad y le encantaba recordar los años que pasó a su lado.

En esos y en todos los momentos, como un viejo guerrero, Pepe siempre volvía al encuentro de sus orígenes. Y de cada viaje llegaba con carteles antiguos que valen un dineral, o también de los más pintorescos objetos relacionados con la Tauromaquia que deja siempre arrinconados. Además, poco a poco, fue adquiriendo valiosos coches de caballos, los mismos que un día prestó para una exposición en Ciudad Rodrigo, donde permanecieron un tiempo y después, cuando quiso ir a recogerlos, le ocurrió igual que a Manolo Escobar, que se los había robado.

Ajeno a barullos, pasota social y viejo lobo solitario, hasta hace pocos meses, cada tarde encaminaba sus pasos a la calefacción del bar Las Palmeras, donde pasaba las horas muertas observando ya únicamente el vaivén de quien iba o venía, porque ni tan siquiera tomaba ya sus famosos perros (manera que tenía de denominar al chato de vino blanco) que los había cambiado por vasitos de leche. Y allí, hasta hace un par de años esperaba en su calendario particular el día de emprender viaje a sus ferias habituales de Valencia, Sevilla, San Isidro…. O más adelante, ya pasado el ecuador del verano, la Semana Grande de San Sebastián. Entonces, el día de la marcha y siguiente su rutina habitual, sin despedirse de nadie y con el único equipaje de la ilusión, marchaba a la estación para tomar el tren –cuando aún paraban los trenes en su pueblo- y subirse camino de Donosti. Allí, a la vera del Cantábrico y bajo el alocado vuelo de las gaviotas, con su jersey de lana y una camisa, casi siempre del año de maricastaño, cada mañana gustaba de pasear su soledad por la Parte Vieja en busca de sueños que nunca volvieron y donde en no pocas veces coincidió con algún paisano que lo paraba y se marchaban a tomar un perro a La Cepa o Casa Alcalde.

Porque ha sido un hombre que gozó de fervor entre el paisanaje y hasta le dedicaron un pasodoble que aún cantan algunas cuadrillas durante las fiestas del Corpus: “Pepe ‘Güevero’ y olé/ Pepe ‘Güevero’ y olé”. Un pasodoble que fue obra del muy popular Gerardo, el mayor de los autobuseros hermanos Martín en un particular homenaje al pintoresco Pepe El Güevero, quien esta madrugada nos ha dejado y fue el último superviviente de una época que ya murió.

En los inicios de Paco Pallarés, en un festival que toreó con Antonio de Jesús en el hospital salmantino de Los Montalvos.

 

Emilio de Justo, una brisa de viento fresco

Hacía tiempo que no disfrutábamos con una Feria de Sevilla con parajes de tanto interés. Un ciclo donde quedan perpetuados varios momentos en las retinas de los recuerdos. Ahí nos queda la exquisitez del toreo de capa de Morante, junto a los ayudados por bajo en la apertura de la faena de muleta; la enorme faena de Roca Rey al Núñez del Cuvillo que cerró la corrida la viernes y que de no ser por el saldo de Puerta del Príncipe al Juli del día anterior -no quito elogios en su segunda faena-, ahora mismo, con seguridad, estaríamos hablando de un rabo. Pero en ese conjunto de delicias hay alguien que destaca con nombre propio por su verdad, pureza, valor y torería. Es Emilio de Justo, el artista de Torrejoncillo con su toreo de seda y oro.

¡Qué gozada ayer frente a los Victorinos! Lujazo de toreo de principio a final, con sus andares y poso impregnando de torería una tarde donde maravilló con sus lances de capa y más tarde, con la franela en la zurda, fue un acontecimiento siempre con los toques precisos y las muñecas rotas para dejar muerta la muleta y regalarnos los mejores naturales de la temporada, los que provocan esos olés que salen del alma y recargan los depósito de la pasión. Los que muestran toda la grandeza del arte de torear mientras los flecos de la muleta barrían parsimoniosamente el dorado albero de La Maestranza. Fue un canto a la pureza protagonizado por un extremeño que se ha ganado un sitio legítimo en los carteles de postín. Porque jamás se puede prescindir de quien es ha traído la brisa fresca del mejor toreo y quien es un banderín de enganche para que se apunten nuevos aficionados, porque la interpretación de Emilio de Justo es la que define con letras de oro el significado del arte de torear. Y este año cuando alguien pregunte qué es el toreo no habrá más que poner esos naturales a ese encastado Victorino sabedor de lo que dejaba detrás y donde el de Torrejoncillo fue capaz de emocionarnos, porque las mejores páginas de la Tauromaquia siempre las han escrito toreros de este corte.

Como este Emilio de Justo quien el dos de junio protagonizará, junto a  ese lujo de maestro llamado Juan Mora, la que puede y debe ser la gran corrida de la temporada con un mano a mano para soñar, con toros del Pilar, en la histórica Cáceres. Una tarde que puede escribir las líneas más brillantes de 2019.