¡Huérfanos del festival de Salamanca!

Hace ya años que el festival de Las Hermanitas de los Pobres cantó su réquiem. Esa tarde de San Juan de Sahagún fue la fecha más taurina de Salamanca, la que congregaba a lo más granado de la torería para colaborar en esa obra benéfica. La que sirvió para que muchos de nosotros, siendo aún niños, presenciáramos los primeros festejos con El Viti, Camino, Puerta… junto a otros torerazos que, ya retirados, descolgaban el traje corto para regalarnos lo mejor de su torería y hurgar en la nostalgia de la afición.

¡Qué grandeza tuvo el festival de Salamanca! Si, así lo llamaban los aficionados del resto del país, porque gozó de tanto importancia, que fue el mejor de su época; por encima del de Navidad que organizaba Balaña, en Barcelona al final de temporada; del de Chinchón, bajo la mano del viejo Julio Aparicio; del de Medina de Rioseco, con Ángel Peralta al timón. El charro tuvo tanto sabor y color que sirvió para que se escribieran muchas de las páginas más bonitas de la historia de La Glorieta, siempre con algún miembro de la familia Pérez-Tabernero al frente. Desde el viejo Alipio, más tarde su sobrino Juan Mari, a continuación su hijo Juan Ignacio, para pasar el testigo a Alipio Pérez-Tabernero Martín.

Fueron muchos lo momentos señeros en su larga historia. Inolvidable en una de las ediciones con unos lances de Gitanillo de Triana que hicieron pellizcarse a una afición emocionada y, como tantas veces escribió el inolvidable Alfonso Hortal ‘Don Lance’, no se explica como no quedó un azulejo perpetuando aquel monumento del arte a la verónica. Días destacados en la agenda de Santiago Martín ‘El Viti’, quien siempre reservaba esa fecha entre sus grandes compromisos para comparecer en esa causa tan solidaria de su tierra. Y con El Viti llegaban sus compañeros para satisfacción máxima de la afición charra. O después El Niño de la Capea y Julio Robles, habituales casi dos décadas y llenando de torería la plaza. Además, El Niño de la Capea, en el momento de empezar a brillar como ganadero en esa tarde logra sus primeros éxitos que lo catapultan como ganadero de éxito estando aún en activo. Fue a raíz de aquellos festivales históricos en los que lidió a ‘Pesetero’ y, después’, a ‘Espiguito’, ambos indultados por Ortega Cano.

Y un día el festival se acabó con un canto del cisne de lujo. Fue con el inolvidable Julio Robles de ganadero, quien trajo a varios de sus compañeros –Dámaso, Manzanares, Curro Vázquez, Miguel ‘Armillita’…- para regalar una bonita tarde llena de nostalgia, sin que nadie quisiéramos reconocer que se estaba cerrando una página histórica en Salamanca y también en la torería. Era el entierro del que fue ‘el festival de Salamanca’, el que alimentó la vocación taurina de decenas de chavales.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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