El sabor añejo de Eugenio de Mora

Aún consternados del tremendo drama de Román con ese tabacazo que nos encogió el corazón y durante varias horas nos tuvo pendientes sobre las alarmantes noticias que llegaban de su estado, este tarde –también con el duro revés de la grave cornada sufrida por Sebastián Ritter- me ha gustado Eugenio de Mora. Más allá de haber cortado una oreja -una de las más serias del actual San Isidro- hay que valorar su actitud, además de ese toreo añejo que ha regalado en el final de la tediosa corrida es una delicia; esa forma de doblarse y de citar, de justar el embroque y de torear con esa cadencia que traen los años. Sin ser una faena rotunda, de esas de enloquecer, al menos lo fue para aficionados.

Fue el mejor toro del encierro, pero también es cierto que en manos más inexpertas se hubiera ido, porque no fue fácil hasta que el toledano le supo tocar las teclas y regalarnos un bellísimo trasteo lleno de poso. Ahí también quedó la evidencia entre la madurez que aportó y la diferencia con los diestros modernos que, en la mayoría de los casos, cuando no pueden practicar ese toreo de dar pases bonitos y deben someter para poder al toro con la técnica de la lidia, son incapaces. Por eso, el trasteo de Eugenio de Mora, pero ha sido para saborearlo y le ha permitido cortar una de las orejas más serias del ciclo. Y ya digo que no fue rotundo, pero sí dejó el sabor en una faena de aficionados.

PD: Mi deseo para la pronta y total recuperación para Gonzalo Caballero, Juan Leal, Luis David Adame, Manuel Escribano, Román y Sebastián Ritter, los toreros heridos en el ciclo madrileño.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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