La subida a la luna y los toros

El 20 de julio de 1969, que era domingo, se programaron un buen número de festejos en España y Francia. Aún faltaban unos días para la llegada de agosto, pero en esa época las plazas de la catalana Costa Brava vivían sus mejores años y esa tarde dominical se celebraron corridas en San Feliú de Guixols, Gerona, Olot… también las vecinas Barcelona –entonces con Las Arenas aún en activo junto a La Monumental- y Tarragona, donde en esa ocasión Miguel Márquez, un huracán entonces, ha triunfado a los grande.

Precisamente, ese domingo, las cuadrillas hacen el paseíllo destocadas y se guardó un minuto de silencio a la memoria del peón Manuel Fuentes Bejarano, quien encontró la muerte en Vitoria el anterior 18 de julio –fecha que entonces se celebraban numerosos festejos patrióticos para realzar el llamado Levantamiento- tras ser herido de gravedad por un toro de Arjona y fallecer horas después. El peón Fuentes Bejarano, hermano del antiguo espada Luis y que estaba enrolado en la cuadrilla de Joaquín Bernardo, contaba con la edad de 51 años en el momento del percance.

Con la tristeza que se vive entre los toreros cuando fallece alguno de los suyos, la vida seguía y la propia Fiesta también, porque la tragedia que llega cuando alguien pierde la vida en las arenas forma parte de la gloria. Y aquel domingo, al finalizar los festejos, la mayoría de los diestros, junto a sus gentes de confianza, cenaron en paz y alargaron la sobremesa hasta primeras horas de la madrugada, cuando se colocaron delante e la televisión para presenciar el histórico momento anunciado de la llegada del hombre a la luna. Entonces cada cual tomó posesión allá donde estuvo bien con su cuadrilla, amigos, familiares…

 

Uno de esos ejemplos ocurrió en el hotel Fénix, de Palma de Mallorca, donde el maestro Santiago Martín ‘El Viti’ –quien ha toreado la tarde antes en el Coliseum Balear junto a Ordóñez y a Marismeño, frente a reses de María Teresa Oliveira- , no pierde detalle. Santiago Martín, acompañado por Carmen García Cobaleda, su joven esposa, con la que ha contraído matrimonio el invierno anterior y por su fiel amigo Guillermo Sureda, el brillante periodista mallorquín, a quien también acompaña su esposa, queda impresionado del hecho histórico, que sigue a través de la pequeña pantalla en blanco y negro de la época, mientras Jesús Hermida, con su inconfundible voz, retransmite esos momentos grabados para la perpetuidad en las despensas del recuerdo para todo aquel que los vivió.

– Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad. (Histórica frase pronunciada por Neil Arstromg, el primer hombre en pisar la superficie lunar nada más descender del Apolo XI).

Meses más tarde, los astronautas protagonistas de la hazaña, –Arsmtrong, Kelvin y Aldrin– convertidos en los personajes más célebres del mundo, viajan a España dentro de una gira que realizan por Europa y entre los actos que protagonizan uno es el encuentro con conocidos toreros. Se trataba de Antonio Bienvenida, Paco Camino y El Viti, quienes le regalan un vestido de torear y después posan a su lado. Fue un encuentro marcado por la simpatía y del que surgieron varias anécdotas, especialmente por la admiración que aguardaban, sin reserva alguna, los astronautas a la valentía de los toreros, a quienes tratan como a unos superhombres. Además, uno de ellos, Aldrin, se interesa mucho por la Fiesta, arte del que se declara admirador, contándoles que ha presenciado varias corridas en las plazas mexicana de México DF y de Tijuana; entre los espadas que aplaudió se encuentra Santiago Martín ‘El Viti’, a quien se lo hace saber.

Durante los días de la esa estancia en España, Arstromg, Kelvin y Aldrin además del encuentro con las figuras nombradas, al domingo siguiente y acompañados del embajador de EEUU, acuden a La Monumental de Barcelona, donde son recibidos como estrellas por un público que los aplaude y por los propios toreros, quienes les brindan sus toros.

 

Esa tarde del 20 también es sangrienta para Curro Vázquez, que cae herido de gravedad en la alcarreña Guadalajara. Curro Vázquez forma una ilusionante pareja novilleril junto a Antonio Porras, a quienes apodera el pintoresco Rafael Sánchez ‘El Pipo’, siempre con los eslogan publicitarios que inventa para sus toreros y hacen furor. También ese domingo hay otro novillero que toma la alternativa y lo hace nada menos que en Las Ventas. Se trata de Sebastián Martín ‘Chanito’, del pueblo salmantino de Martín de Yeltes. Chanito, que ha triunfado varias veces en Las Ventas, dueño de un toreo sobrio y seco, haciéndose matador, horas antes del histórico momento en el que Neil Arstromg desciende del Apolo X para poner su pie en suelo lunar, de manos de Andrés Hernando, quien le cede el toro ‘Vergonzoso’, de Emilio Arroyo, ante la presencia de Pedrín Benjumea. De la labor del nuevo torero charro, la prensa dijo: “Tomó la alternativa el espada salmantino Sebastián Martín ‘Chanito’ –otro S. M.- que guarda cierta semejanza en lo físico y en lo artístico con el grande de Vitigudino”.

Otro torero nuevo, también de Salamanca, es Juan José, quien ese domingo vivía uno de los días más felices en su carrera taurina al triunfar en la plaza francesa de Dax, con cuatro orejas para su esportón de los éxitos. Una vez finalizada la corrida se desplaza a San Sebastián y presencia el histórico hecho en el hotel María Cristina, de San Sebastián.

Otro torero de Salamanca que esa tarde ha triunfado es Paco Pallares, que lo ha hecho en la nueva plaza de toros Ávila y ha salido en volandas junto a José Falcón, el portugués afincado en Salamanca. Ambos son muy amigos y esa noche quedan en Salamanca para cenar en el restaurante El Candil y después presencian la subida a la luna en la cafetería del Hotel Monterrey, propiedad de Paco Gil, entonces apoderado de Paco Pallarés. A Pallarés lo acompaña un chaval paisano suyo, seco y fibroso, de rostro aguileño, que empieza sus pasos de becerrista. Ese muchacho que, andando el tiempo, con el nombre de Julio Robles, sería figura del toreo presencia junto a su maestro y Falcón la llegada del hombre a la luna.

Junto a aquel Julio Robles, que se inicia por los pueblos de la provincia, también lo hace otro chaval avispado y con ganas de comerse el mundo llamado Pedro Gutiérrez Moya, anuncia como El Niño de la Capea y esa tarde ha toreado en Fuentesaúco (Zamora), con el triunfo como algo habitual en su carrera. El Niño de la Capea también observará admirado esas históricas horas en un bar de su barrio donde un grupo de seguidores le han montado su primera peña.

El mundo del toro lo vivió como un enorme acontecimiento y todos estuvieron pendientes, aunque sin dejar de lado el dolor que produce una muerte en el ruedo, como ocurrió al malogrado banderillero Manuel Fuentes Bejarano, que esa misma mañana recibió tierra en el cementerio madrileño de La Almudena.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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