Archivo por meses: diciembre 2019

La Navidad más triste del Campo Charro

Aquella mañana, lejana en el tiempo y de perpetuo recuerdo, los rayos del sol vencieron pronto a la escarcha de la noche anterior. Era el jueves, veintiuno de diciembre de 1978, con la felicidad reinando en el ambiente y las guirnaldas anunciando ya las venideras jornadas navideñas, cuyas vacaciones comenzaban ese mismo día en la mayoría de los centros educativos de España. También en el Colegio Público Comarcal ‘Nuestra Señora de los Remedios’, de La Fuente de San Esteban, al que entonces asistían cerca de setecientos alumnos procedentes de las localidades vecinas del Campo Charro enmarcadas en las tierras del Yeltes y el Huebra. Por lo tanto iba a ser un día de despedida y de tomar buena nota de los deberes escolares para no perder el hábito del estudio en la larga quincena de asueto que se avecinaba.

Quien esto escribe era otro alumno de aquel colegio -en el que cursó la totalidad de la EGB- y como residente en El Cruce, barrio situado en los extrarradios de La Fuente, también utilizaba el transporte escolar, al igual que el resto de los chicos de ese barrio, aunque en este caso nuestro autobús era el que realizaba la ruta de Sepulcro Hilario, Cabrillas y Santa Olalla de Yeltes. Sin embargo, esa mañana en la espera, que solía ser breve, llamó la atención un Land Rover –de chasis corto- de la Guardia Civil que enfilaba con rapidez dirección Salamanca con la señal luminosa y acústica. Y al momento seguía los mismos pasos un benemérito Dyan-6, que era el vehículo oficial del teniente de línea destinado en La Fuente. A pesar de la aparatosidad de las sirenas pensamos que se trataría del accidente de tráfico de algún portugués en la antigua Nacional-620, tan habituales en esas fechas vacacionales y donde dejaron su vida sobre el asfalto tantos hermanos lusitanos.

Sin embargo, una vez llegados al colegio, empezaron a notarse rarezas. Con los alumnos en el aula esperando a unos profesores que no llegaban y permanecían reunidos en dirección; además faltaba el autobús que desplazaba a los compañeros de Carrascalejo, La Sagrada, San Muñoz, Ardonsillero, Muñoz y Boadilla, que solía llegar el último. Transcurrían los minutos y el nerviosismo se adueñaba al observar coches que entraban en el patio del colegio y  enseguida salían a toda velocidad, mientras empezaba a correrse la noticia de que el autobús que faltaba había sufrido un grave accidente al ser arrollado por una locomotora en el paso a nivel de Muñoz, pero en esos instantes las noticias eran confusas. Más tarde, alrededor de las diez y media, entraron en el aula de 6-B –a la que pertenecía- dos maestras, doña Conchi Vicente y doña Mari Carmen Carrasco –grandísimas personas y profesoras-, con el rostro lloroso, al ser ya conocedoras del inmenso drama, para comunicar la trágica noticia y preguntar qué alumnos de esa clase eran de los pueblos afectados. Después ya todo fue un sin vivir, con la emoción dominando a los alumnos, muchos de los cuales fueron a recogerlos sus padres, quienes al enterarse de la noticia, emprendieron marcha hasta el colegio de La Fuente de San Esteban.

En medio de la turbación marché caminando para casa, e impresionado por el ambiente, al llegar a mi altura, paró su motocicleta un joven rubio, completamente compungido, que me preguntó si no viajaban escolares de Martín de Yeltes en el autobús de la tragedia; le dije que no y, con lágrimas en los ojos, comentó que venía del lugar del accidente y era horrible el espectáculo que acaba de presenciar. Aquel joven rubio, a quien rápido reconocí, era el boxeador Manolo Carrasco, de Martín de Yeltes, en esos días flamante campeón de Europa de los pesos mosca y quien más tarde cambió los cuadriláteros por el uniforme de policía local en San Sebastián. La tensión se palpaba a cada momento porque en apenas tres kilómetros y medio se vivía la tragedia más grande que conoció el Campo Charro en el siglo XX, con decenas de niños muertos a lo largo de la vía férrea, mientras los supervivientes eran atendidos por don Jacinto de la Vega, el médico de la Fuente; don Ceferino Turrión, galeno de Boadilla; don Manuel Almaraz, de San Muñoz y el conocido ATS don Antonio Díez, quienes tantas vidas salvaron sobre los raíles, ayudados por voluntarios. Todo en un escenario dantesco, de muerte y sangre, mientras llegaban padres de los niños afectados, encontrándose muchos de ellos con el cadáver de sus hijos, que los recogieron para llevarlo hasta su casa, porque entonces la legislación era muy distinta a la actual, dándose el caso de un hombre de La Sagrada que trasladó los restos de sus tres hijos hasta el hogar familiar. Mientras tanto, los heridos eran evacuados a los hospitales de Salamanca en coches particulares por la gente de la zona, porque en aquellos años no existían las emergencias médicas -excepto Cruz Roja que disponía de un viejo Citröen C-8– y fueron los lugareños de Muñoz, La Fuente, Boadilla…, de forma anónima y con la única misión de ayudar, quienes rubricaron una hermosa lección de solidaridad.

Enseguida las principales radios interrumpieron sus emisiones para dar la noticia, que inicialmente confirmaba la muerte de veintiocho niños –cifra que al día siguiente aumentó en uno más-, junto con un adulto de La Sagrada que viajaba para recoger su coche en el taller de Seat que Serafín Fiz poseía en El Cruce de  La Fuente de San Esteban. Con el dolor empañando las entrañas del Campo Charro, aquella jornada prendió una tristeza que sigue viva entre esas gentes y pueblos que vieron perder a toda una generación. Y desde entonces vio cómo se apagaban los alegres gritos de los niños corriendo por sus calles.

Esa tarde todos los medios se centraron en la tragedia de Muñoz y la Reina Sofía viajó a Salamanca para visitar, en los hospitales Clínico y Virgen de la Vega, a los heridos. A los supervivientes de aquel gravísimo percance producido al ser arrollado un autobús Setra Seida por una locomotora de Renfe que circulaba en solitario camino del depósito de Salamanca después de arrastrar, horas antes, el Sudex desde Medina del Campo a Fuentes de Oñoro y cuyo maquinista, que inicialmente resultó ileso, murió a los pocos meses como consecuencia del choque emocional producido por las consecuencias del accidente. Por su parte, el autobús era conducido por Chan, un chófer muy querido por todos los escolares gracias a su carisma y simpatía, además de tener un enorme parecido a Johhan Cruyff, que entones era el ídolo de la chavalería.

Al día siguiente se celebraron los entierros, con el llanto presente en las multitudinarias manifestaciones entre las encinas camino del camposanto, todas ellas marcadas por el dolor de padres que veían su vida rota. Y el funeral de Estado, celebrado el inmediato sábado en la abarrotada iglesia de La Fuente de San Esteban en una misa concelebrada por los obispos don Demetrio Mansilla -de Ciudad Rodrigo- y don Mauro Rubio –de Salamanca-, junto a decenas de sacerdotes y la presencia de los ministros de Transportes –Salvador Sánchez Terán-, de Cultura –Pío Cabanillas- y de Educación –Íñigo Cavero-, además de de la totalidad de autoridades provinciales.

Fueron las navidades más tristes. Las que enlutaron al Campo Charro para dejar una herida que jamás volvió a cicatrizar. Acabadas las Fiestas, el ocho de enero volvió a abrir sus puertas del Colegio ‘Nuestra Señora de los Remedios’ en un regreso a las aulas marcado por la angustia al ver los pupitres vacíos de compañeros que jamás volverían, dejando para siempre sellado su nombre al de una tragedia. Varios meses después, la Reina Sofía recibió a los supervivientes en una recepción celebrada en el madrileño Palacio de Oriente, interesándose por unos chicos que después continuaron sus estudios en colegios privados de Salamanca, excepto algunos que siguieron en La Fuente.

El tiempo pasó y esas heridas jamás dejaron de sangrar, teniendo que ocurrir esa tragedia para ver que en Muñoz levantasen un paso a nivel superior sobre la vía. O se construyesen más dotaciones en el colegio. Hace varios años y a iniciativa del inquieto Félix Torres, de Muñoz, se acondicionó un espacio público como recuerdo colocándose cinco grandes piedras graníticas, que eran restos del derribo de la vieja escuela, como homenaje a los cinco pueblos que perdieron a sus niños. Además, Félix Torres, cada año organizaba una ofrenda floral en el lugar del accidente que pagaba de su bolsillo como perpetuo recuerdo.

Nada volvió a ser igual desde aquella soleada mañana de hace cuarenta años, cuando la alegría de las guirnaldas se tornó en el negro del luto por una generación perdida.

PD: A modo de anécdota informaré que la locomotora del accidente, una máquina de la serie 321 –conocidas en los ámbitos ferroviarios por la 2100-, con matrícula UIC 2148, tras el percance fue llevada a reparar a los talleres de Renfe en Fuencarral. Durante los años siguientes apenas se utilizó por lo que debido a su buen estado no fue desguazada y hoy permanece en activo, testimoniando a aquella maravillosa generación de locomotoras. Con base en la madrileña estación-museo de Delicias hace recorridos para trenes turísticos.

 

 

 

¡A San Isidro que no lo amputen!

Corren malos vientos poco favorables en la gestión taurina de Las Ventas, después de que durante años lleven jugando con su temporada y también con la feria de San Isidro, salvada la gestión del último año por la proliferación de éxitos. Porque ni políticos, ni gestores han sabido encontrar la tecla mágica que tanto han buscado y es frecuente que sorprendan con  ideas peregrinas, carentes de lógica. Se juega demasiado con Las Ventas, que si la cierran por obras, la explotación para actividades extrataurinas marginación de la utilidad para la que fue concebida… O dejarla en manos de empresarios ajenos del mundo taurino para pagar algún favor político.

 

Ahora, el último bochorno es pretender eliminar los lunes de la programación de San Isidro, del Santo Labrador. ¡En qué cabeza cabe! Es pretender guillotinar la grandeza y el esplendor de una feria y hacerlo desde el desconocimiento. Porque la historia de San Isidro está llena de lunes gloriosos, de triunfos legítimos, de faenas para el recuerdo, de inolvidables titulares. Taurinamente, el lunes, es una jornada muy esperada después del fin de semana, días que el aficionado se desparrama e incluso cede a los amigos sus abonos. Por eso, los lunes taurinos de San Isidro gozan de una glamour especial y jamás se deben perder. Aunque también es cierto que Simón Casas empezó a programar novilladas sin interés en esa jornada, en lo que fue una jugada astuta que ahora tiene las consecuencias que analizamos.

El problema es que Las Ventas está en manos de gentes que ignora su historia y grandeza, desconociendo esas jornadas que, históricamente, tantas páginas para enmarcar se han escrito en San Isidro. Lo hacen gentes sin capacidad y lo peor es que la afición, en su mayoría, no actúa y se deja llevar por la zozobra en una barca sin timón. Ignoran que si empiezan con los lunes, no tardarán en hacerlo con los martes y no es más que otra manera de cercenar el ciclo.

La solución a San Isidro es reducirlo en unos cuantos festejos y evitar unos cuantos carteles de relleno, pero jamás esta idea de echarle la tijera a los lunes. Porque quien piensa así lo hace desde el desconocimiento del ciclo y de la afición. San Isidro los días que sean deben ser continuados y seguidos, jamás amputados. Porque la amputación es el principio del final.

 

 

Gracias, querido Jorge D’Alessandro

Querido Jorge: En este día de emociones solamente te digo que toda felicidad que vivas es poca. Porque tu felicidad es la de toda Salamanca y de los seguidores de aquella Unión de la que fuiste estandarte y, al igual que El Cid, sigue ganado batallas después de muerta.

Aunque por el trabajo no pude estar esta mañana en el madrileño IFEMA en uno de los momentos más importantes de tu vida deportiva, sí estuvo allí mi alma y mi corazón. Me fastidió no acudir y más en algo tan importante para tí, que nunca me has fallado, pero sabes que la disciplina de un trabajo es como un entrenamiento, algo sagrado y al que nunca se puede faltar. Y hoy he sido más dealesandrista que nunca, que ya es decir. Además no veas qué orgullo en la ciudad donde la gente no hablaba de otra cosa. Y todos con la grandeza de lo que supones, de lo que quieres a Salamanca y de lo que significas para la inolvidable Unión y para las gentes de esta ciudad en la que tantos aplausos lograste, de la que son tus hijos y tus nietos. Esa Salamanca de la que hiciste tuya la canción del genial Rafael Farina. Porque tu, querido Jorge, fuiste por todos los campos con un botón charro prendido en tu corazón.

Y causando admiración, tuteando al Madrid, al Barcelona y a todos los grandes. Siendo el temor de Cruyff, de Quini, de Santillana, de Satrústegui… de magníficos delanteros que sabían la dificultad de marcar un gol contigo en el marco. Y tantas tardes memorables, con aquellos partidos en el viejo Atocha, donde la gente disfrutaba porque el espectáculo estaba en ti y en Arconada -que aprovechó para felicitarte en este día tan especial y decir que además de un porterazo eres una gran persona-. O en San Mamés con el Chopo Iribar, en ese San Mamés donde una vez…. O aquel día que se puso en pie todo el Santiago Bernabéu para tributarte una de las emociones más bonitas que se han visto en una cancha tras el recital de paradas que protagonizaste y al finalizar los jugadores del Real Madrid te dieron la enhorabuena y Pirri, el gran Pirri, después de darte un abrazo dijo que la Unión tiene a un genio bajo los palos. Y en todos los demás estadios dejaste tu impronta, porque fuiste la figura de una época de oro que además sembraste tanta humanidad.

Y reflejaba aquella vez de San Mamés cuando parecía que se truncaba tu carrera y todos los niños lloramos de pena ante nuestro ídolo roto. Pero tu que eras capaz de vencer todas las leyes de la física en el siguiente partido de la segunda vuelta, de nuevo contra el Bilbao, ya estabas ahí para volver a regalar tanta gloria a tu querida Unión. ¡Cuántos recuerdos, querido Jorge!

Hoy, cuando los medios han empezado a rebotar la fotografía del momento que recoges el premio he vuelto a ser aquel niño del que eras ídolo. Aquel niño que pasaba tan inquieto la jornada del sábado a la espera de la llegada del domingo para ir el Hemántico, acompañado de su padre y jalear a esa Unión donde tú eres el rey. Porque en esa Salamaca de nuestra infancia los niños queríamos ser D’Alessandro. Aquel D’Alessandro que hoy ha recibido el tributo de los Zamora ganados sobre las canchas y lo más importante, ha dado los dos títulos más grandes que logró esa Unión que, como El Cid, sigue ganando batallas después de muerta.

Gracias por todo, Jorge y por ser como eres.

PD. No puedo olvidar en esta distinción a Ángel Martín y su blog Desde mi grada vieja, que ha hecho posible esta bonita realidad. Mi admiración a Ángel, amigo, del querido pueblo charro de La Sagrada y médico en Albacete que siempre vive con tanto ardor el recuerdo de su querida Unión. Gracias Ángel.

 

El señor Manolo, añorado alcalde de La Fuente

Estas vísperas de Navidad, ya a punto de deshojar el calendario que dejará al 2019 en los anales de la historia, ha fallecido en su casa de Madrid, ya centenario, don Manuel Andrés Sánchez Martín. El señor Manolo el de la fábrica, que aunque nacido en la cercana villa de Tamames fue un fuenteño de pro desde muy joven, al instalarse en La Fuente tras matrimoniar con una hija del emprendedor Ángel Montero, quien en la primera década del siglo XX –exactamente en 1909- puso en marcha una fábrica de harinas, llamada Santa Inés, que se mantuvo en activo hasta finales de esa centuria (cerró en agosto de 1996). La boda llevó al señor Manolo a La Fuente y ahí se ganó a todos por su buen hacer, logrando enseguida la confianza de su familia política y pasando bien pronto a dirigir la fábrica. Bajo su timón se mantuvo al cien por cien hasta el último día y eso que, por entonces, las grandes harineras punteras en tecnología (Carbajo, de Zamora o Villafranquina, en Arévalo), se habían hecho con casi todo el mercado, condenando a las viejas harineras a echar el cierre.

La presencia del señor Manolo a nadie pasó inadvertida. Era un caballero y a todo el mundo trataba por igual, además de demandar tanta mano de obra para su afamada industria agroalimentaria, colocándola en un privilegiado lugar. Por otro lado supo implicarse y estuvo allá donde se le pidió ayuda o colaboración, hasta que en 1979, ya con más de sesenta años, dejó su nombre escrito para la historia de esa localidad. Aquel año se celebraron las primeras elecciones municipales de la Democracia y se alzó victoriosa su lista de UCD. Le tocó sustituir al señor Andrés Martínez, histórico alcalde durante más de dos décadas y un hombre dinámico, entregado a la labor y que también labró una profunda huella. Aún así, el señor Andrés, en las primeras elecciones democráticas para elegir los ayuntamientos, estuvo tocado por varias formaciones políticas, pero prefirió descansar y dejar paso libre sabedor que su labor ya estaba hecha y plenamente reconocida.

En los ilusionantes comicios de 1979, recién estrenada la Democracia, se presentaron varias candidaturas y se alzó victoriosa la de UCD, el partido de Adolfo Suárez, gracias al hacer de Alberto Estella, de Jesús Esperabé de Arteaga, de Manuel Delgado Sánchez-Arjona, de Vidal García Tabernero Orive, quienes confiaron plenamente en el prestigio, talante y capacidad de Manuel Andrés Sánchez Martín. Del señor Manolo, que entonces dejó de ser el de la fabrica y la gente empezó a llamarlo Manolo el alcalde, quien puso toda la entrega y el afán por mejorar la vida de sus paisanos y apostar por La Fuente como una de las cabezas del Campo Charro.

Desde entonces luchó mucho por el pueblo y lo primero fue tender la mano a los candidatos de otras listas, a quienes ofreció áreas y responsabilidades municipales, algunas muy importantes, porque entendía que la prosperidad estaba en navegar todos en la misma dirección, siempre bajo el lema la unión hace la fuerza. Y ahí estuvo el éxito de su único mandato. De un mandato de cuatro años donde fue capaz de frenar la emigración construyendo un barrio de 100 viviendas sociales que se adjudicaron rápidamente, muchas de ellas a jóvenes parejas de localidades vecinas que, por la facilidad ofrecida, se instalaron en La Fuente y aumentó notablemente el censo. Aquella fue su gran labor y la que permitió que esa localidad, a día de hoy, tenga una digna población. De no ser por ese barrio de nueva construcción, actualmente estaría muy reducida. Gracias a su buen hacer, el Instituto Municipal de Bachillerato fue una realidad para que los jóvenes de esa comarca pudieran estudiar el BUP completo, con el gran ahorro que suponía para las familias.

Suya fue también la idea de crear un polígono industrial en la zona del Raso, algo que estaba muy avanzado en 1983 y no continuó una vez que abandonó la alcaldía, al igual que estuvo muy cerca de lograr que La Fuente tuviera un gran mercado de ganados, proyectos que después quedaron abandonados en los cajones del olvido. También fue importantísima la labor desarrollada cuando llegaron las primeras noticias del cierre del Tren del Duero (Vía de Barca), ya con el PSOE en el gobierno central. Desde años supo ver que ese tesoro no podía morir y la defendió antes de oficializarse su cierre, con no pocos viajes Madrid para reunirse con mandatarios de RENFE y buscar alternativas. Años después de su retirada de la política, cuando lo saludaba algún paisano y le recordaba su magnífica gestión, siempre comentaba que la gran rémora de La Fuente fue no llevar adelante el polígono industrial y tampoco defender más la viabilidad de ese histórica ferrocarril que partía en la localidad.

Durante su legislatura se arreglaron la mayoría de las calles, se sustituyeron las viejas bombillas por lámparas de vapor de mercurio y dio solución al gravísimo problema del agua que padecía la localidad, gracias al sondeo realizado en Boadilla. También, algo fundamental, se preocupó mucho de las pedanías, de Boadilla, Muñoz y Santa Olalla para que estuvieran integradas y no abandonadas. En su etapa de alcalde trataba de invitar a la gente para que asistiera a los plenos, que como es lógico se celebraban por las noches, porque tanto él como el resto de los concejales eran trabajadores, a años luz la llegada de los políticos profesionales. Y todo con los medios tan precarios de la época, pero supo buscar fondos y recursos para hacer infinidad de mejoras, contribuyendo también su labor de Diputado Provincial, donde tanto bien hizo para el Campo Charro.

Tras protagonizar cuatro intensos años, el señor Manolo, que ya fue el alcalde para la posteridad, dejó un imperecedero recuerdo entre el vecindario de La Fuente, al igual que entre sus compañeros de UCD, entre las gentes del PSOE y del resto de formaciones. Sencillamente porque fue un gran mandatario que trató a todo el mundo por igual. El mismo que, centenario, acaba de decir adiós en las vísperas de Navidad y ya a punto de deshojar el calendario que dejará al 2019 en los anales de la historia. Como historia viva del Campo Charro y de La Fuente de San Esteban será para siempre el señor Manolo

 

Julio Robles, genio y figura

En plena explosión de la época que el ‘sistema’ -y quienes con él laboran- están empeñados en vender la actual Fiesta bajo el paraguas del triunfalismo, perdiendo el respeto al triunfo legítimo, hoy me apetece recordar una anécdota de quien fue mi torero de cabecera. Del inolvidable Julio Robles. Genio y figura.

Sucedió en Las Ventas, el día de la confirmación de la alternativa. Esa tarde, con Antonio Bienvenida de padrino y Palomo Linares de testigo, al finalizar el tercio de banderillas los toreros se dirigían al callejón, mientras Julio tomaba estoque y muleta para dirigirse a saludar a la presidencia y observó como Bienvenida saludaba a amigos. Entonces Julio, estático, permaneció bajo el palco presidencial durante unos segundos parado, sin que nadie se explicase porqué no pedía el permiso.

Bienvenida seguía saludando por dentro del ruedo a gente de la barrera, hasta que Julio ya se dirige a él para decirle: Cuando usted quiera… se tapa, maestro. Una vez que Antonio Bienvenida entró por la tronera del burladero al callejón, Julio Robles pidió permiso a la presidencia y comenzó su faena.

Así era Julio. Sincero y trasparente, además de un torero colosal.

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