¡A San Isidro que no lo amputen!

Corren malos vientos poco favorables en la gestión taurina de Las Ventas, después de que durante años lleven jugando con su temporada y también con la feria de San Isidro, salvada la gestión del último año por la proliferación de éxitos. Porque ni políticos, ni gestores han sabido encontrar la tecla mágica que tanto han buscado y es frecuente que sorprendan con  ideas peregrinas, carentes de lógica. Se juega demasiado con Las Ventas, que si la cierran por obras, la explotación para actividades extrataurinas marginación de la utilidad para la que fue concebida… O dejarla en manos de empresarios ajenos del mundo taurino para pagar algún favor político.

 

Ahora, el último bochorno es pretender eliminar los lunes de la programación de San Isidro, del Santo Labrador. ¡En qué cabeza cabe! Es pretender guillotinar la grandeza y el esplendor de una feria y hacerlo desde el desconocimiento. Porque la historia de San Isidro está llena de lunes gloriosos, de triunfos legítimos, de faenas para el recuerdo, de inolvidables titulares. Taurinamente, el lunes, es una jornada muy esperada después del fin de semana, días que el aficionado se desparrama e incluso cede a los amigos sus abonos. Por eso, los lunes taurinos de San Isidro gozan de una glamour especial y jamás se deben perder. Aunque también es cierto que Simón Casas empezó a programar novilladas sin interés en esa jornada, en lo que fue una jugada astuta que ahora tiene las consecuencias que analizamos.

El problema es que Las Ventas está en manos de gentes que ignora su historia y grandeza, desconociendo esas jornadas que, históricamente, tantas páginas para enmarcar se han escrito en San Isidro. Lo hacen gentes sin capacidad y lo peor es que la afición, en su mayoría, no actúa y se deja llevar por la zozobra en una barca sin timón. Ignoran que si empiezan con los lunes, no tardarán en hacerlo con los martes y no es más que otra manera de cercenar el ciclo.

La solución a San Isidro es reducirlo en unos cuantos festejos y evitar unos cuantos carteles de relleno, pero jamás esta idea de echarle la tijera a los lunes. Porque quien piensa así lo hace desde el desconocimiento del ciclo y de la afición. San Isidro los días que sean deben ser continuados y seguidos, jamás amputados. Porque la amputación es el principio del final.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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