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El ‘día del toro’ de Buenamadre volverá a tener carteles

Qué hermoso es respirar una bocanada de aire fresco en el mundo del toro y ver proyectos que huelen a pan nuevo recién salido del horno. Surge este artículo  como gracias a la feliz idea de la Federación de Peñas Taurinas de Salamanca y Provincia Helmántica de recuperar una serie de placitas históricas levantadas al pie de las ermitas. Y es que hoy me descubro ante estos aficionados charros que en su amor a la Tauromaquia han demostrado, en estos tiempos que soplan vientos tan poco halagüeños, que la crisis se combate con ideas y a los enemigos se les rebate con las cosas bien hechas. Como este ejemplo de rescatar del pozo del olvido estos cosos tan pintorescos, los mismos que atesoran una un riquísima historia y han sido una de las raíces de nuestra Fiestas, con esas romerías que rendían culto a la Tauromaquia. Desde la misa matinal hasta el festejo taurino y por medio baile y siempre buenas viandas.

Tarde grande en La Ermita de los Remedios. Nada menos que El Viti y Camino torearon ese año (completaron el cartel Andrés Vázquez, Paco Pallarés y José Luis Barrero). A la izquierda de la foto aparece el señor Primi, personaje aragonés instalado en Salamanca que llenó toda una época. Entre los dos maestros, el señor Prudencio García Encinas, afamado veedor de toros; a la izquierda de Camino, el banderillero Valentín Cano ‘Jerte’ y delante el gran peón Antonio Labrador ‘Pinturas’

Me emociona volver a sentir los olés en la vieja y berroqueña placita de la Ermita de los Remedios, por tierras de Buenamadre, en lo que debe ser un acontecimiento se mire por donde se mire. Porque ese lugar que, durante tantos años, acogió un festival de postín ha sido un icono taurino del Campo Charro y la fecha más esperada para la gente. De hecho en la zona se le conoce como el día del toro. Aquel día del toro que siempre tuvo el festival taurino de la tarde –con reses propiedad de algunos de muchos ganaderos cofrades- y donde era frecuente ver a toreros de campanillas, junto a ilusiones locales, invitados por alguno de los muchos ganaderos miembros de la cofradía y organizadores del festejo.

A uno esa noticia le eriza el vello de emoción. Porque aquel fue el banderín de enganche de la afición para mucha gente, entres ellos quien les escribe después de ver allí sus primeros festejos siendo un chavalín y a diestros que compartieron cartel con otros grandiosos que dieron tanta categoría al ‘día del toro’ en la Ermita de Buenamadre. Porque ese ha sido un día grandioso para el toreo charro y no hay más que ver carteles, ya de color sepia, por el paso del tiempo, que tiene inscritos los nombres de Jumillano (muchos años parte activa del festejo por vinculación y vencindad), Victoriano Posada, Julio Aparicio, Antonio Bienvenida, Antoñete, El Viti, Paco Camino, Paquito Pallarés, Juan José, El Niño de la Capea, Julio Robles, Roberto Domínguez, El Yiyo… Y otros muchos que allí escribieron páginas de oro en su biografía, ejemplo de los venezolanos hermanos Girón, que precisamente, cuando actuaron por primera vez en España, lo hicieron en el escenario de ese coso, donde se hicieron aplaudir con su toreo valiente y espectacular. César, poco después rompió a figuras tras una sucesión de triunfos en Barcelona para acabar siendo uno de los ídolos de la Tauromaquia. Y su hermano Curro le fue a la zaga.

Juan José, en tarde de triunfo en el tradicional festival de Las Emita de los Remedios

Junto a las figuras, que mataban un novillo y les servía de entrenamiento en esos inicios de temporada, fueron los toreros de la zona quien mayor protagonismo alcanzaron. De hecho quienes mayor número de paseíllos sumaron han sido, por este orden, Juan José, Julio Robles y Paquito Pallarés (nunca faltó hasta su fatídico accidente, siempre arropado por sus numerosos seguidores). De los diestros de la zona recuerdo una actuación pletórica de Luis Miguel Moro, de Vitigudino, el mismo año que tomó la alternativa donde paseó hasta las criadillas de un bravo torete de Antonio Casasola, frente al que bordó el toreo.

Ahora vuelve un festival que nunca debió perderse, porque es como otra encina del Campo Charro y esa es máxima alegría. Si los chavales de mi época ahí tuvimos un magnífico punto de arranque para ser aficionados, los nuevos volverán a tenerlo gracias a este proyecto tan magnífico que todos debemos aplaudir y apoyar. El nuevo capítulo comienza en una clase práctica de la Escuela de Taurina de Salamanca, un tipo de festejos ideal y que economiza un montón de gastos que harían insalvable su recuperación. Por esa razón es el mejor espectáculo para poder comenzar otra nueva etapa, la que será banderín de enganche a la Fiesta de muchos jóvenes. Y enhorabuena a la Federación de Peñas Taurinas Helmántica, porque a la crisis se combate con ideas y a los enemigos se les rebate con las cosas bien hechas.

Penúltimo festejo celebrado en la plaza de Los Remedios.

El despropósito de los currículum de Sevilla…

Veo al toreo desnortado, con el rumbo perdido y lo peor de todo sin fe en el futuro por parte de un ‘sistema’ caduco y obsoleto que únicamente mira por y para su bolsillo. Las ferias son una sucesión de los mismos con las mismas, con las principales nombres al frente de unas ‘casas’ que entre ellas se lo guisan y se lo comen, sin tener jamás en cuenta la atención del público, quien paga. En esos grupos cerrados es literalmente imposible meter cabeza, además de cortársela al osado que intente sacarla. En esa situación grandes toreros apenas torean y tiene el añadido de no fomentar el futuro con las novilladas. Por eso la Fiesta está atascada y no busquen culpables alrededor.

La gran empresa ya no conoce a los novilleros, ni se interesa por las novedades. Jamás se acerca a ver a los protagonistas del futuro y, ejemplo de ello, es el exigir el envío de currículum para intentar torear ¡en Sevilla!. ¡Como si fueran a presentarse a la Guardia Civil! ¡O a opositar para Correos! Cuando siempre un empresario de Sevilla y su gente conocían a los novilleros que interesaban para hilvanar unos carteles apañados y a la altura de la plaza. Esto está perdido y ocurre en Sevilla, en manos de Ramón Valencia, quien está llevando a La Real Maestranza a las profundidades del desprestigio, tan lejos del esplendor que siempre debió tener. ¿Qué pensaría de ello el viejo Balañá, Manolo Chopera, Emilio Miranda, González Vera, Canorea…? O Baquedano, que en Zaragoza lanzó a Paco Camino. O tantos otros.

Ese ya es el mayor de los ridículos y el claro ejemplo del nulo interés del ‘sistema’ por las bases. Porque jamás se toreó por currículum, sí por méritos y con taurinos que sabían abonar el terreno viendo a los chavales en el campo, en novilladas de pueblos… Pero el problema es que quienes están hoy al frente del ‘sistema’ no son aficionados, ni se preocupan por el futuro; ni les interesa la Fiesta. Solamente quieren el dinero rápido, porque ni ellos mismos confían en el futuro de esta Fiesta. ¡Y es que pedir currículum para torear ya me parece el mayor de los despropósitos!

 

¿Quién se acuerda de los novilleros?

La  bola del mundo de los toros sigue girando a su aire y sin que nadie lime tantas asperezas como alberga. ¡Qué fuerza tiene la Tauromaquia para aguantar tantos vaivenes y continuar tan viva! Ahora, con la ¡temporada española ya en marcha existen esquirlas que traerán pesadillas aunque las elites del toreo sigan empeñadas en echar balones. Y en buscar culpables de los males del toreo a los movimientos antitaurinos o a políticos que se han alzado al Gobierno de Madrid, ambos convertidos hoy en un filón para el ‘sistema’. Fruto de ello es que los intereses de quienes gobiernan la Tauromaquia son los primeros en no querer cambiar y dejar las cosas como están, porque el ‘sistema’ no busca más que la inmediata rentabilidad, aunque la Fiesta no deje de tener fisuras.

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En medio de su particular lodazal hay dolorosas realidades que nadie arregla y enfangan las aguas, hacen mucho daño y no les interesa que la opinión pública conozca la realidad de lo que ocurre. Es el caso de la penosa situación que vive actualmente el mundo de las novilladas, desprotegida por todos los estamentos del sistema. El momento es tan deplorable que se ha convertido en una inmensa criba llena de agujeros de injusticias e ingratitud hacia esos muchachos que se abren paso y nadie les presta la atención necesaria.

En todas las actividades se cuidó la cantera sabedores que en ella estaba el futuro y se mimó, se le enseñó el mejor camino y se regó el tallo de su ilusión para ver florecer el día de mañana. En todas menos en el toreo donde los chavales viven un calvarios más allá de la falta de oportunidades –vergonzoso que numerosos ciclos feriales no programen novillada- y tengan que soportan los cuantiosos gastos que acarrean, sin tener más ayuda que la aportada por la familia o algún padrino al no poder montar novilladas porque los inmensos gastos de burocracia, subalternos, veterinarios, impuestos….

Pero hay demasiados puntos tan oscuros que deberían dar vergüenza y resulta inexplicable que los distintos colectivos, entre ellos la Fundación del Toro de Lidia permanezcan con los brazos cruzados ante una tropelía. Uno de ellos es el ocurrido en las novilladas televisadas con el pastel repartiéndose para todo el mundo excepto para los novilleros, los protagonistas del festejo. Da igual la importancia del ciclo que los novilleros no reciben nada. Ahí, de nuevo, se llevan las gran tajada los picadores y banderilleros –actualmente los únicos que sacan beneficio en los festejos menores-, mientras que a los novilleros además de no tener incentivo alguno encima en la mayoría de los casos liquidación no cubren gastos. Entre otras la plaza madrileña de Las Ventas  les cuesta dinero a los muchachos, porque le pagaban solamente los mínimos y en Madrid con eso se pierde y si el chico es de provincias deben arrimar cuatrocientos o quinientos euros para cubrir el gasto de torear en La Monumental. Eso para que tener una idea de cómo está el mundo de los novilleros, cuando en cualquier época pasada en Madrid les quedaba un dinero limpio que iba a su bolsillo. Desde la vieja empresa de Madrid –Stuick, Jardón, Juanito Martínez-, más tarde Manolo Chopera, luego los Lozano o primeros años de Taurodelta. Y digo primeros, porque en los últimos fue un abuso donde encima debían aguantar las malas caras de aquel José Luis Blanco que llegó a última hora al toreo para hacer el papel de poli malo y protagonizar una labor de nefasto recuerdo.

Mientras tanto el mundo de las novilladas sigue atascado en el peor momento de su historia. Y eso es muy grave para una arte como la Tauromaquia y su futuro, del que no dejan de sangrar su mañana.

Carta desde el cielo (homenaje a Julio Robles)

En la ofrenda floral-homenaje que, anualmente, organiza la Federación de Peñas ‘Helmántica’ coincidiendo con el aniversario de la muerte del maestro Julio Robles, se leyó un artículo ficticio que escribí poco después de su muerte en el desaparecido diario Tribuna de Salamanca, Aquel escrito, que era una carta imaginaria enviada por Robles a sus amigos, ganó un premio literario y también la publiqué en el libro que escribí sobre el malogrado diestro, en 2003. Hoy, tras ser leída por Gonzalo Sánchez García, presidente de Juventud Taurina de Salamanca, numerosos aficionados me la han pedido y por esa razón la publico en esta web.

LA CARTA ES LA SIGUIENTE:

No se si hago bien, o es abusar de lo feliz que soy, pero no me queda más remedio que transmitir mi mensaje de paz y felicidad. Todo como señal de gratitud por el cariño que recibí de vosotros durante mi existencia terrenal, durante los años que disfruté de mi profesión torera y más tarde al quedar postrado para siempre en una silla de ruedas.

Como no podía ser menos, soy muy dichoso al encontrarme con infinidad de amigos. Muchas veces, cuando voy de paseo por los senderos celestiales y saludo a viejos conocidos y aficionados que me llaman torero, no puedo menos que sentir un suspiro de alegría. Así os podréis imaginar que los días transcurren hablando de toros, rodeado por mis compañeros como con ganaderos y aficionados, además de otra gente que he conocido.

Fue especialmente maravilloso el momento de mi entrada. Aquel 14 de enero, a las cinco de la tarde, con todos los toreros dándome una ovación mientras hacía el paseíllo sobre una nube. Por momentos creí soñar cuando observé a Manolete, con su gallardía y seriedad; a Juan Belmonte, a Joselito ‘El Gallo’, también a mi entrañable padrino de la confirmación de alternativa, Antonio Bienvenida, que con su eterna sonrisa explicaba al Papa Negro y a sus hermanos Manolo y Pepote quien era yo. Allí estaban todos en medio de un estado dominado por la paz y serenidad, así hasta que al final del paseíllo, antes del encuentro con San Pedro tuvo su culminación cuando me encontré con mi querida madre a la que abracé con todo cariño y ternura, junto a ella estaba mi sobrino Juan Pablo, el que lloré tanto cuando siendo muy niño emprendió el camino del más allá y ahora era un ángel.

Fueron instantes de apoteosis, luego enseguida se corrió la voz de que había llegado y los días siguientes se sucedieron las sorpresas a medida que llegaban mis amigos. Enseguida vino a visitarme Peñita, mi fiel mozo de espadas, que desde entonces no se ha separado de mí; después Paquirri y El Yiyo, con los que toreé y disfruté por los mundos terrenales. ¡La de cosas que teníamos que decirnos! Con ellos me encontraba en cierta ocasión cuando sonó la puerta y al levantarme para abrir me encuentro al corpachón de Manolo Montoliu, con su capotillo al hombro y su elegante porte. Con Paco, José y Manolo pase la tarde rememorando nuestros años, pues tenía muchísimas cosas que contarle; como sucedió también con José Falcón, otro gran amigo al que traté mucho cuando él vivía en Salamanca y del que admiré su fuerza de voluntad y la simpatía que siempre le caracterizó.

Entrañable fue también el encuentro con don Florentino Díaz Flores, el señor Flores, al que llamo apoderado, porque me ha hecho tal propaganda que ha convencido hasta al mismo San Pedro, que no se casa con nadie, para que se haga seguidor mío que hasta me llama ¡maestro! en vez de Julio. Bueno, pues el señor Flores ahora se ha empeñado en que tenemos que ir al paraíso a torear el toro de San Marcos, no deja de insistir sobre ello en cuanto se tercia la ocasión y, al final, voy a tenerle que hacer caso como siempre, porque se las sabe todas.

Ahora, aunque siempre habló de la profesión, hay veces que me entra la morriña, sobre todo en mayo, por San Isidro, en San Pedro Regalado o en septiembre, cuando llega la feria de Salamanca. Entonces, cuando eso sucede y para matar el gusanillo, mi madre que tanto me conoce me confeccionó un capotillo de seda para lancear a las estrellas y así paso unos ratos fenomenales disfrutando del toreo. El otro día, mientras toreaba de salón escuché que me gritaban ¡olé!, levanté el mentón y vi a mi querido Manolito Escudero que estaba con Agustín Parra ‘Parrita’ ¡casi nadie han sido los dos¡ Escudero seguía con sus bromas de siempre, pero sin perder su categoría, aunque como siempre está empeñado en corregir algún defecto, porque como sabéis Manolo Escudero ha sido de los que mejor ha toreado con el capote. Por cierto que antes, cuando estábamos juntos o venía por casa como me hablaba mucho de Gitanillo de Triana, me lo presentó y quedé entusiasmado. Gitanillo está siempre con Rafael Albaicín y con Cagancho, del que tanto oí hablar a los ganaderos de Salamanca y en especial a Pilarin Coquilla, qué pedazos de toreros en la plaza, que apostura en calle, los tres siempre impresionan. Y es que éste Manolo Escudero sigue siendo igual de fenómeno.

No hará falta deciros que yo por la caza me sentía fascinado. Durante el invierno aprovechaba el descanso taurino para ir de montería y disfrutar del campo; ahora también me gusta pensar en aquel pasado y hablar de tantos momentos en unas esperas que a veces se hacían eternas. Por eso, aquí en el cielo, me he encontrado con muchos compañeros de monterías, pero existe uno muy especial al que admiré en la plaza por su personalidad y valentía. Me refiero a Luis Miguel Dominguín, con quien además tuve el honor de compartir la última tarde que se vistió de luces. Fue en Barcelona y yo no se porqué tuve la intuición de brindarle un toro. Ahora hemos vuelto a sentir esos momentos, aunque con Luis Miguel de lo que más hablamos es de caza, de las amanecidas que compartimos en la sierra de Cazorla o en Alcaraz. Como recuerdo, de vez en cuando imaginariamente apuntamos al lucero del alba, aunque Luis Miguel siempre se empeña en decir que es el número uno, yo no me enfado, lo dejo que sea feliz, él siempre tuvo mucho orgullo, aunque a mí durante un tiempo me pasó igual, pero ya redimí las penas. Como podréis imaginar, aquí no existe la maldad, esas cosas por las que nos pegábamos en la tierra, en esta otra orilla todo es armonía.

Luis Miguel está siempre con su cuñado Antonio Ordóñez, también con Henmingway y con Orson Welles, aunque otras veces se junta con Pablo Picasso, pero como ya digo con quien más disfruta es con su cuñado Ordóñez, al que adora.

Decía antes, que mientras hacía el paseíllo celestial presencié la imagen de Manolete, en la bienvenida de mi llegada, pero desde entonces no lo volví a ver, lo que ciertamente me mosqueaba. Por eso, en una ocasión que me fui de tertulia con Juan Mari Pérez-Tabernero, aproveché para recordarle que, como mi ídolo era Manolete, tenía especial interés en conocerlo. Entonces, Juan Mari que está casi siempre con su padrino de alternativa, Marcial Lalanda, también con Domingo Ortega, El Estudiante y  Antonio Márquez me lo ‘arregló’ y, a la mañana siguiente, mando que me dijeran para acudir en tal momento a tal sitio.

Donde me dijo, allí estaba, inquieto y nervioso, con mucha antelación. Justo antes de llamar, me abren la puerta y lo primero que descubro es otra feliz sorpresa al encontrarme nada menos que con don Atanasio Fernández (cómo será de importante éste hombre que lo seguimos llamando ‘don’), que se encontraba junto a su hijo Bernabé y los hermanos Paco y Salustiano Galache, ganaderos que me conocieron en mis principios. Con ellos departía cuando irrumpió Manolete. ¡Qué impresión! a pesar de haber visto infinidad de fotografías suyas, de vídeos y de lo mucho que me hablaron de él los ganaderos de Salamanca, nada tenía que ver con la elegancia, porte y señorío del que hacía gala.

Nada más saludar a Manolete cumplí otra ilusión, porque nunca pude ocultar que de los que están en esta orilla fue al que más admiré. Como recordaréis quienes estuvisteis en mi casa, en el palco de la plaza había tres grandes fotos en blanco y negro de mi terna ideal: Manolete, El Viti y Julio Robles. Luego, me sorprendí porque le han contado cómo fue mi vida en los ruedos, además me dio las gracias por aquella tarde que fui a la plaza de Linares, poco después del cincuentenario de su muerte a depositar un ramo de claveles blancos justo en el lugar donde ‘Islero’ lo corneó de muerte. Ahora, como nos hemos hecho amigos vamos a quedar más veces para hablar y una tarde también torearemos de salón, para estar preparados por si algún día les da por organizar una corrida, algo de lo que cada vez tengo más esperanza, sobre todo cuando nuestro patrón San Pedro Regalado sale al encuentro y nos jalea: ¡Ole ahí los toreros buenos! Ya sabéis que a los artistas nos gustan los piropos y cuando te dicen eso te creces.

Además, en el próximo cónclave celestial, San Pedro Regalado va a tratar la propuesta de una feria para que toreemos de salón; como es algo especial, el pregón lo va a disertar nada menos que don Juan Belmonte,  que como hacía en la tierra está todo el día rodeado de los intelectuales, como Valle Inclán, Pérez de Ayala, Sebastián Miranda, Díaz Cañabate, Cossío, aunque de vez en cuando llama a Joselito o a su hermano Rafael. No creáis que Belmonte tiene tanto énfasis al toro, lo justo, aunque es un filósofo genial.

En otra ocasión me llamó Juan Luis Fraile, con quien disfruto para que lo acompañara y presentarme a Graciliano Pérez Tabernero, que aunque apenas le interesan los toros, sí al menos se preocupa por saber qué fue de su ganadería. Pasamos con él la tarde y relatamos infinidad de anécdotas. Nos acompañó Felipe Hernández Zaballos y Chema ‘Rodeo’, de Ciudad Rodrigo, que es un gran teórico del toreo, a pesar de que, en ocasiones, sigue empeñado en hacerme rabiar. Con Graciliano disfrutamos de unas horas estupendas, mientras descubrí que se trata de un ganadero con un magnífico concepto de lo que debe ser el toro bravo.

Antes os hablé de Paquirri y de Yiyo. Ahora, dado el mucho trato que tuvimos, nos gusta reunirnos con frecuencia. Así, una tarde hicimos ‘novillos’ y marchamos hasta el paraíso, que está lleno de animales y es precioso, además hay pastores, vaqueros y muchos caballos. Aquel día, cuando llevábamos varias horas caminado sentí un vuelco en mi corazón desde el momento en el que a nuestra vera aparece un toro ‘burraco’, entonces me acordé del capote que me hizo mi madre y sentí rabia no tenerlo allí. Como pensé que sus intenciones eran las de cogerme busqué resguardo, entonces noté una reacción pacífica mientras se acercaba lentamente. Yo me quedé asombrado cuando presenciaba sus ojos humedecidos. ¡Díos mío, si eres ‘Timador’!, dije a viva voz. Y él asintió con su cabeza, mientras se acercaba aún más hasta arrodillarse frente a mí, con su cara empapada por las lágrimas que caían de sus ojos.

Intuí lo que quería y le dije: «No tengo nada que perdonarte, te criaron para ser bravo y vender cara tu vida, cumpliste con tu obligación y desde entonces nuestros nombres van unidos»; a la vez que le decía eso arranqué de una encina un ramón y se lo ofrecí con la mano izquierda, mientras lo comía lentamente empecé a trazar un natural con garbo y naturalidad. Entonces me sentí tan realizado y me di cuenta que todo lo tenía hecho. Después besé a ‘Timador’, él me lamió las manos y lentamente marchó hasta desaparecer de nuestra presencia no sin antes lanzar un largo turreo que me recordó las tardes de tentadero en Campo Cerrado; mientras, alcé la mano y le dije: «Adiós, hasta siempre ‘Timador’, amigo».

Después regresamos al cielo, aunque yo en el camino no dije ni palabra, pues iba nervioso y muy feliz, como flotando en una nube. Al llegar, Paquirri que se había adelantado para dar la noticia, me alzó en hombros y así me paseó durante varias horas. Mientras, la gente salía a la calle y me gritaban: ‘Torero-torero’.

FIN

Gonzalo García, presidente de Juventud Taurina en el momento de leer la carta.

Un paseo nostálgico por Mozarvitos

Al pisar la finca Mozarvitos, después de tantos años, uno recuerda infinidad de vivencias discurridas en esa casa ganadera, símbolo del esplendor perdido del Campo Charro. De aquellos albaydas que tantas alegrías llevaron a los aficionados y un montón de triunfos a las carreras de los toreros. Ahora, el paso del tiempo ha ajado su recuerdo y, en Mozarvitos, la nostalgia se vive en cada rincón, al contemplar los restos de un ayer glorioso. Por eso,  cada zancada, se hace con el respeto y la reverencia que se le guarda a una ganadería que atesoró una grandeza que ha quedado escrita en las páginas sepias de su historia.

Añejos tiempos de rumbo y esplendor en la Salamanca ganadera. La edad de oro del toro charro, cuando embestían hasta los moruchos –dixit Antoñete- y era todo un acontecimiento circular por la carretera de Ciudad Rodrigo para poder contemplar los toros de algunas de las más postinera vacadas, sucediéndose una tras otra.

Una de ellas, la del Marqués de Albayda, que pastaba en Mozarvitos, finca situada al lado de Aldehuela de la Bóveda y donde aún llama la atención la imponente casa palacio levantada sobre un teso, más a la izquierda la plaza de tientas y sobre el fondo un teso dominado por un inmenso encinar con magníficos pastos. Allí, actualmente, pastan varios cientos de cabezas de ganado de carne y mezclada entre ellas la única vaca de casta que quedó en la finca tras la desaparición de la ganadería y que es un símbolo de la casa, el último resquicio de una época gloriosa. Se trata de Naranjita, herrada con el número 500, del guarismo de 1997 y tentada por Julián Guerra en la Navidad de 1998, dando un juego superior. Después, al año siguiente, el nombre del Marqués de Albayda se colgó por última vez de un cartel en la novillada celebrada en Tordesillas, el once de septiembre del 2000, con César de Madrid, Iván Romero y Julio Pedro Saavedra de protagonistas a pié.

A partir de ese momento comenzó la salida del ganado en Mozarvitos, completándose la operación en 2006, al darse carpetazo final y Naranjita ya fue el último recuerdo. Dieciocho años más tarde, Lorenzo Román, el mayoral y actual encargado de la explotación ganadera, tuvo la feliz idea de retentarla y para ello mando avisar a Alberto Escudero, entonces novillero que gozaba de buen ambiente, quien disfrutó tentándola al comprobar que embestía, al igual que la primera vez, de manera superior. Lo mismo ocurrió en el caballo, donde tomó cuatro varas, a cargo de Javier Román, jovencísimo picador hijo de Lorenzo, que se abre camino entre los del castoreño.

Durante muchos años los albaydas no faltaban en las ferias y, con la llegada del invierno, la actividad campera en Mozarvitos era incesante. Previa a los años veinte de la pasada centuria era fija la presencia de Manolo Granero –torero de la casa, del que se conservan numerosos recuerdos-, Manuel Jiménez ‘Chicuelo’, Juan Luis de la Rosa, los hermanos Amorós… Más tarde la frecuentan Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Antonio Márquez… y, ya después de la Guerra Civil, la familia Bienvenida llena varias décadas de amistad con don Antonio Pérez de Herrasti, el viejo marqués que era tan aficionado, siendo habituales en esa finca durante los inviernos. De hecho, en la última reaparición de Antonio Bienvenida en el comienzo de los pasados setenta, junto Luis Miguel Dominguín, pasó una quincena preparándose en Mozarvitos, la misma finca donde los toreros de Salamanca siempre tuvieron su sitio, caso de Victoriano Posada, Jumillano, El Viti, El Niño de la Capea, Julio Robles –que en su preciosa plaza con callejón- mató muchos toros a puerta cerrada en los comienzos de una nueva temporada, Víctor Manuel Martín, Juan José…, junto a otros más.

Durante gran parte de la época de don Antonio, el viejo aristócrata ganadero, tuvo de persona de confianza a un mayoral de ley y miembro de una familia de conocidos hombres de campo natural de Martín del Río. Se trata de Amador Rivas, quien dejo impronta de su conocimientos y allí se desbravaron sus dos hijos –Ángel y Juan Luis- antes de ser excepcionales picadores y brillar en muchas de las mejores cuadrillas. Un día el señor Amador se jubiló y llegó Lorenzo Román –natural de Retortillo que ejercía ese mismo cargo en La Cardenilla-, quien lo ha sido todo en esa casa, donde hasta la tocó ser el enterrador de la vacada tras la parición familiar. Entonces estaba al timón don Alfonso Pérez de Herrasti, quien se hizo cargo de la gestión tras la muerte de don Antonio, quien al igual que el padre fue un excelente ganadero y aficionado, labores que completaba con otras importantes ocupaciones, entre ellas la de presidente de Caja Rural de Salamanca.

Monumento a Mancheguito y libro de la ganadería con las anotaciones referentes al toro.

Volver a pisar sobre la añoranza de Mozarvitos es abrazarse al recuerdo de Mancheguito, que se alzó triunfador en la corrida concurso celebrada en Salamanca el día de San Mateo de 1930 y, para rememorar su grandeza, don Antonio mandó que lo inmortalizaran en bronce  y desde entonces se guarda el legado de su grandeza entre las encinas con su esbeltez e inmensa belleza. Aquella lejana tarde Mancheguito disputó tal honor con toros de Terrones, Juan Encinas, Nemesio Villarroel, Victoriano Angoso y Coquilla, quedando por más de ¡seis mil votos! por encima del segundo, porque era el propio público quien elegía al triunfador. Mancheguito, herrado con el número 84 y parido en 1926 escribió una página gloriosa del Campo Charro, en tiempos de máximo esplendor y cuando los ganaderos hacían las cosas con tanto rumbo. Hoy, junto a Naranjita, son dos dos recuerdos de un ayer nostálgico, cuando estos albaydas nunca faltaban en las ferias de postín, llevando tantas alegrías a los aficionados y dejar un montón de triunfos en las carreras de los toreros.

  ‘Naranjita’, el último símbolo de la ganadería del Marqués de Albayda

 

 

 

 

 

 

 

Vidal ‘Escalera’, un charro ligrimo

Hay días que es mejor no despertar y seguir plácidamente inmerso en el mundo de los sueños, porque los amaneceres nos devuelven a la más cruda realidad. Esta mañana de luna llena, ya bajo las primeras claras que anuncian un nuevo amanecer llamó Rosa, la hija de Vidal Escalera, el del Casino de  Tamames, para dar la peor de las noticias: “Paco, ha muerto mi padre Vidal”. Y en ese momento te quedas sin palabras, pensativo y sin explicarte cómo una persona con tanta vitalidad se ha marchado así de rápido. Un hombre tan carismático, tan empático y amigo de todo el mundo, de tan inmenso corazón y que supo andar con tanta clase por los caminos de la vida.

Se sentirá y mucho su ausencia en Tamames, su pueblo, del que sentía orgullo, porque ser pucherero era algo innato que llevaba a gala. De ahí que fuera un embajador y contribuyese tanto al esplendor gastronómico de Tamames cuando en su restaurante El Casino, que estaba detrás de la iglesia, puso de moda el cocido, el plato tradicional de nuestra tierra y cada semana fueran hasta su casa para cientos de personas a degustar ese delicioso plato. Porque gracias a él, el cocido de Tamames, fue reconocido más allá del ámbito provincial y lo ascendió al olimpo de los manjares. Además no puede quedar al margen su contribución y ayuda a lo que supusiera prestigio para su pueblo, siendo hasta capaz –a principios de los 80- de fundar y presidir un club de fútbol que fue la gran sorpresa de la época en las competiciones provinciales y donde Vidal vivió como nadie sus triunfos. ¡Vamos Tamames! -gritaba desde la banda-.

O su tremenda vinculación taurina que lo llevó a ser amigo de un gran número de toreros. De todos los que conoció -fue muy cercano a Dámaso Gómez, Santiago Martín El Viti y Julio Robles- junto a otros muchos que pasaron por esta tierra y apoyó en todo lo que estuvo en su mano, ejemplo de José Antonio Iniesta, aquel rubiales de Cuenca que se instaló en Tamames y que Vidal quiso como a un hijo, siendo entusiasta presidente de su peña.

Ahora, en los últimos años, su gran pasión era Antonio Grande, el nieto de su compadre Chanote, de San Muñoz y del que no perdió ninguna novillada, da igual que fuera en Sevilla, que en Madrid… que en cualquier punto de España o Francia, porque allí llegaba Vidal Escalera, siempre al lado de su inseparable Rosa, con su aspecto informal, su sombrero para el verano, su chaleco, hablando con unos y con otros, mientras deseaba que Antonio Grande sumase otro triunfo. Y a esa innata afición se sumaban los toros de sus paisanos, los hermanos Juan Luis, Lorenzo, Nicolás y Moisés Fraile, disfrutando como si fueran suyos de los éxitos de sus respectivas ganaderías.

Recibiendo el brindis de Antonio Grande en un festival celebrado en Tamames durante las fiestas de 2016

Hombre ilustrado que cada mañana se leía varios periódicos deleitándose con las columnas de su amigo Alberto Estella, de Antonio Burgos, de Raúl del Pozo y de Alfonso Ussía, era dueño de una filosofía personal que cosechó durante su propia existencia y lo convirtió en un adelantado al tiempo que le tocó vivir, porque estaba al día de todo lo que ocurría y supo ver la realidad. Hasta esta mañana, cuando en medio de los gélidos días de enero, aunque con la esperanza que pronto será historia porque la llegada de las cigüeñas ya anuncian que pronto vendrá una nueva primavera, ha dicho adiós casi por sorpresa. Sin esperarlo y cuando estábamos pendiente de ir a echar un cacho a su casa, regado con una buena charra de vino tinto, para hablar de toros y dedicarle mis últimos libro, con más orgullo aún porque él fue siempre quien tanto insistió en que para firmar en los periódicos debía apear mi nombre real y utilizar el tercer apellido –Cañamero- “que suena mejor, llega más, es muy periodístico  y hasta tiene torería”.

Junto a su inseparable Rosa, su mujer, padres de una familia que siempre estuvo unida y eran su mayor orgullo

Y es que ahora se acumulan los recuerdos desde que esta mañana de luna llena, con las primeras claras anunciando  un nuevo amanecer, llamase su hija Rosa para dar la peor de los noticias, porque su marcha pesará durante mucho tiempos más allá de Tamames y del último confín de la Huebra, de la charrería y de la sierra, gracias esa humanidad y personalidad que lo convirtieron en un personaje único. De esos que de vez en cuanto da esta tierra y dejan un inmenso legado de grandeza. DEP

SU FUNERAL SERÁ MAÑANA SÁBADO, 11 DE ENERO, A LAS 12 HORAS EN LA IGLESIA DE TAMAMES.

¡¡La última entrevista a Julio Robles!!

Al aproximarse el XIX aniversario de la muerte del maestro Julio Robles os regalo la última entrevista que concedió en vida. ¡Se trata de un documento histórico! Tuve el honor de hacérsela en la Navidad de 2001, quince días antes de su llorada muerte. Se publicó, a cinco páginas, en el suplemento dominical del desaparecido diario ‘Tribuna de Salamanca’. Aquí os la dejo:
Robles y Bienvenida

Julio Robles, desde que sufrió la fatídica cogida continúa despertando el interés de todos los aficionados con la misma pasión que en sus tardes gloriosas. Varios años después del percance se añora, cada día más, su brillante pasado por los ruedos como se denota en el tributo y admiración que recibe allá donde acude.

La noche está lluviosa y el matador nos espera en la paz de su hogar de la finca de La Glorieta, donde únicamente se encuentra con la compañía de sus fieles Lisardo y Limo. Nada más llamar enseguida aparece el torero para recibirnos y se le ve contento, animado y feliz; mientras, nos manda acomodar en un salón, espacioso, rodeado de estanterías repletas de trofeos, así como numerosos galardones y distinciones que dan fe de su destacadísima actividad artística.

– Maestro, ¿qué tal le va la vida?

– Bien, muy bien disfrutando de la ganadería, los amigos, la familia y de aquello que no pude hacer durante los años que me dediqué completamente a torear.

 – ¿Sigue pendiente de lo que acontece en la Fiesta?

– Sí, claro. Soy torero y lo seré siempre, hasta que me muera. Soñé con serlo desde que era un niño, tiempos en los que unos jugaban al fútbol, otros a la pelota, pero a mí lo que me gustaba era ir a los mataderos de La Fuente de San Esteban, el pueblo donde vivía, a torear becerras. Desde siempre tuve claro lo que quería ser. 

– ¿Qué le parece el toreo hoy?

– Muy interesante, con una serie de toreros que despiertan la ilusión del público, como Ponce, Caballero, Vicente Barrera y los más jóvenes, caso de José Tomás, que va a más y me encanta; El Juli que tiene mucho arrojo y ambición, también Morante, que es un artista muy completo; Abellán, Eugenio de Mora… Ahora hay una baraja de chavales muy buenos, que se complementan con otros más veteranos casos de Manzanares, Juan Mora o Joselito.

– ¿Cómo han sido sus últimos años?

– Muy positivos, al haber conseguido muchas metas que me propuse desde que sufrí el accidente que me apartó de los ruedos y mermó notablemente mis facultades físicas.

– En 1997 cumplió las bodas de plata como matador de toros. Todo el mundo le homenajeó y aún siguen…

– Sí, he recibido varios homenajes en distintos puntos de España y aún quedan algunos más. También estuve en París con el Club Taurino ‘Claude Popelín’, que tuvo la delicadeza de invitarme con motivo de su cincuenta aniversario. Por otra parte viajé a Londres, gracias a una gentileza del Club Taurino of London, fue un viaje estupendo a esa ciudad tan fascinante y ahora preparo varias cacerías en Sudáfrica.

MD.18.ZARAGOZA,14.01.2001.- Imagen de archivo del diestro Julio Robles, tomada el pasado 14.12.96., presenciando una corrida de toros celebrada en Zaragoza con motivo de la despedida del matador aragonŽs Raœl Aranda. Julio Robles, de 49 a–os de edad, ha fallecido esta tarde en la vl’nica Sant’sima Trinidad de Salamanca, donde fue operado anoche de una perforaci—n de colon. EFE/JAVIER CEBOLLADA/jr ****IMAGEN DE ARCHIVO****

– Cómo cazador también ha vuelto a ‘reaparecer’, ¿no?

– Sí, la caza siempre ha sido un deporte que me ha entusiasmado. En el campo se recobra la paz perdida y se serena el espíritu. Estos años he seguido acudiendo a monterías y hace poco que me decidí a disparar a raíz de hacer un invento que hicimos aquí en casa, gracias a ello he cobrado varias piezas, algo que me ha hecho muy feliz.

 – ¿Qué otras metas ha conseguido?

– Cuando estuve en Toledo me enseñaron a conducir de nuevo, me examiné y logré el carné. Ahora conduzco un coche habilitado. También he vuelto a montar en avión, algo que tardé siete años en poder hacer, pues desde que me trajeron de Francia -después del accidente- a pasar la Navidad a casa, hasta que fui a París no había vuelto a volar y esas cosas siempre gustan.

(Un halo de felicidad alumbra los ojos de Julio Robles al ver que todas las metas se van cumpliendo, aunque en su fueron interno seguro que piensa en una…).

 – ¿Qué espera para el futuro?

– Muchas cosas, una de ellas es que no he descartado es volver a caminar. La medicina realiza grandes avances y a lo mejor algún día… Luego, seguir siendo feliz, desear que los toros respeten a mis compañeros, que haya paz en el mundo y se entierre definitivamente a esa lacra que es el terrorismo que tanto daño hace a los españoles.

– ¿Le gusta el fútbol?

– Sí, claro, me encanta. Mira, ahora cuando habéis llegado estaba viendo el partido del Barcelona. Me gustan los partidos internacionales, que son como los grandes carteles de las ferias. Respecto a los equipos, soy seguidor del Atlético de Madrid, colores con los que siento identificado; además, dentro de poco voy a ir a ver un partido al Vicente Calderón, puorque resulta que Jesús Gil se ha enterado que soy colchonero y me ha enviado una carta diciéndome que el día que quiera lo llame y vaya. Un detalle que le agradezco. Ahora también valoro mucho a mi paisano Vicente del Bosque en el Madrid, que me parece un gran tipo y que trae mucha normalidad a ese mundo. Soy muy seguidor de Del Bosque.

– ¿Qué futbolistas ha seguido con más interés?

– A todos los genios del balón. Cuando era niño a Di Estéfano y a Gento, recuerdo que vivíamos en La Fuente y yo empezaba a trabajar de camarero en un café de la Plaza que regentaba un señor llamado Abilio y si había fútbol me echaba alguna bronca porque andaba despistado y no atendía a los clientes. Lo que te he nombrado fueron unos futbolistas sensacionales. También a los que han destacado, como Juan Gómez ‘Juanito’, que era muy aficionado a los toros, buen amigo y un hombre de mucha casta, al igual que José Antonio Camacho. Luego, ya cuando era torero tuve amistad con los jugadores de la Unión Deportiva Salamanca, equipo del soy muy seguidor, ejemplo de D’Alessandro que era un porterazo, también Sánchez Barrios, Rial, Enrique, Alves, un fenómeno. En los últimos tiempos sigo de cerca el juego de Raúl, que me fascina, y al igual que ocurre con Enrique Ponce, por su edad aún no ha tocado techo.

 – Acaba de recordar su infancia, ¿fue muy bonita?

– Sí, mucho. La pasé en La Fuente de San Esteban al ser destinado a mi padre como secretario del Juzgado. Es un pueblo rodeado de ganaderías y con mucho ambiente taurino durante todo el año. Mis padres querían que estudiase al igual que hizo mi hermano Florindo, pero pronto me di cuenta que aquello no era para mí, así que me puse a trabajar de camarero. En La Fuente, en invierno era frecuente ver a muchos toreros. Recuerdo a Antoñete, Julio Aparicio, Pedrés, los hermanos Girón, José Fuentes, Camino…, además de Curro Vázquez, que por entonces empezaba y fíjate luego lo que hemos toreado juntos y la amistad que tenemos. Pero te decía que allí había un torero que se llamaba Paco Pallarés que fue quien me ayudó en mis principios, además sus padres eran amigos de los míos. Luego, al hablar de la Fuente no me puedo olvidar de Jumillano, que estaba siempre allí al tener la finca muy cerca; de él admiraba mucho su porte y me impresionaba verlo con su Cadillac y la leyenda de figura que tenía, después estuvimos muy unidos.

– Y también Juan José, ¿verdad?

– Sí, te iba a hablar de él ahora. Juan José, un gran torero, con quien fui a la escuela y además somos quintos. Toreamos varias corridas juntos y muchos festivales, pero las carreras de ambos fueron muy diferentes, él arranca muy pronto y con diecisiete años toma la alternativa, pero un accidente de carretera lo frena mucho. También había en La Fuente un banderillero llamado Pepe ‘El Huevero’ que estaba colocado en la cuadrilla de Paco Pallarés, del que siempre estábamos pendiente cuando se marchaba al bar, entonces nos metíamos en su cochera y toreábamos con sus capotes, recuerdo que yo me ponía sus botos camperos y de esa manera anda que no di capotazos allí.

– ¿Hasta qué años fue a la escuela?

– Hasta los catorce años que me puse a trabajar, pero con la idea de torear. En la escuela tuve un maestro que se llamaba don Julio y era un gran hombre, con él aprendí mucho. No veas el primer día que hice novillos y me fui con Juan José a una tienta a Campo Cerrado en la que toreaba Antoñete. Al llegar nos llamó a los dos y antes de tirarnos de las orejas nos dijo: “Venid acá, que ahora va a empezar la corrida y vamos a torear los tres”. Luego, cuando coincidí con don Julio siempre lo saludé de manera entrañable y con mucha gratitud.

– Y Paco Pallarés fue su primer maestro en el toreo, ¿no?

– Sí, Paco Pallarés había sido novillero figura en la época que lo apodera El Pipo e hizo concebir muchas ilusiones. Él fue quien me invitó a un tentadero a Casasola, una finca cercana a La Fuente después de que su hermano Pedro le dijera que yo ‘quería’. A partir de entonces empieza a enseñarme la técnica, a andar en torero, a torear de salón. Fue mi maestro y también quien más tarde habló con Paco Gil, que lo apoderaba a él, para que también se hiciese cargo de mí.

 – Y con Paco Gil arranca podíamos decir que en profesional, ¿no?

– Sí, de la mano de Paco Pallarés toreé varios festejos en los pueblos de la provincia desde que mato el primero novillo en La Fuente de San Esteban, en las fiestas del Corpus; luego, en Villavieja, donde me vestí de luces por primera vez y más sitios como Lumbrales, Sobradillo… Ya con Paco Gil adquirimos compromisos más importantes, organizó magníficamente mi lanzamiento y el debut con caballos, que fue en Lérida, toda la trayectoria de novillero, la alternativa y dos años de matador.

Julio Robles cartel de Villavieja

 – ¿Por esos días sigue residiendo en La Fuente de San Esteban?

– No, un poco antes, mi padre se jubila y entonces, la familia se marcha para Ahigal de los Aceiteros; entonces yo, como ya no quería hacer otra cosa que torear, seguí un tiempo allí, viviendo en casa de Paco Pallarés. Luego, al apoderarme Paco Gil, durante la temporada marcho a Salamanca y después, los inviernos los paso en el pueblo, en Ahigal, donde estoy muy feliz, junto a mis queridos padres y además puedo disfrutar de mi gran pasión por la caza.

 – Es entonces, en la época de novillero, cuando comienza la rivalidad con El Niño de la Capea, ¿fue muy dura?

– Ahora que lo observas desde la distancia sientes nostalgia de aquella lucha, de intentar estar siempre por encima del otro torero charro, porque además, ¿sabes una cosa?, cuando toreaba con Capea me motivaba mucho, casi desde que lo hicimos por primera vez como novilleros sin caballos. Luego, fue a raíz de la primera vez que compartimos un cartel en la feria de Salamanca, todavía de novilleros, cuando la gente empezó a decantarse, unos a un lado, otros al otro; después toreamos muchas más veces juntos, pero fue en Madrid, donde por entonces, poco antes de que tomáramos la alternativa pusimos en dos tardes el cartel de ‘no hay billetes’ y el público ya definitivamente comenzó a dividirse.

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– Luego, hubo años en los que casi ‘corre la sangre’.

– Lo cierto es que nuestra competencia fue muy buena para Salamanca, porque la feria pasó de tener tres o cuatro corridas a alcanzar las diez, como ocurre el último año que toreamos juntos y aquella pasión entre la gente fue muy positiva para la Fiesta. Yo no puedo ocultar que cuando alternaba con Pedro me motivaba y me venía mucho más arriba; no sé, quizás porque quería ser el primero de Salamanca y él toreaba más y triunfaba de manera más constante. Aparte de Salamanca, también compartimos muchos carteles en otras plazas, es más con Pedro ha sido con quien más he toreado.

– Y manteniendo tanta rivalidad, ¿eran amigos?

– Bueno, a lo mejor hubo años, más a menos por 1.985, que había más tensión y menos compadreo lejos de la plaza. Pero luego, a base de tanto torear juntos y rivalizar llegamos a querernos. Para mí Pedro es casi un hermano, un hombre íntegro, cabal y muy de verdad al que quiero mucho y con el que estoy unido en todo, además me ayudó enormemente a ser ganadero.

– Rivalizaron en medio de una generación muy bonita como fue la suya, se sentirá orgulloso de formar parte de ella, ¿no?

– Sí, nosotros recogimos el testigo de toreros tan grandes como Puerta, Camino, El Viti, Ostos, Andrés Vázquez, El Cordobés, Romero, Hernando… Y llegamos en un momento muy difícil con el final del franquismo ya presente y con el personal muy alborotado ante el incierto futuro que se avecinaba. A pesar de que para la mayoría fueron muy complicados los comienzos hubo otros compañeros que pronto se situaron arriba como Capea y Manzanares. Nosotros además toreamos mucho con Paquirri, Palomo, Ángel Teruel…, que eran figuras y a pesar de tener unos años más de antigüedad podían considerarse de nuestra época. Pero fue un tiempo de recuerdo inolvidable con nombres tan entrañables como Paco Ruiz Miguel, José Luis Parada, Manolo Cortés, Dámaso González, Antonio José Galán, José Luis Galloso, José Antonio Campuzano, Ortega Cano, Curro Vázquez, Roberto Domínguez, Raúl Aranda, Miguel Márquez, Paco Alcalde, Esplá…, los mencionados Capea y Manzanares… Fuimos gente que aportamos mucho al toreo y a los que, afortunadamente, cada vez nos están dando el sitio que, a mi entender, nos merecemos. Por otra parte no creo que haya habido otra generación más unida que la nuestra, donde todos somos muy amigos en la calle y estamos muy vinculados unos con otros.

– A varios de ustedes. Es su propio caso, el de Curro Vázquez, el de Roberto Domínguez y el de Ortega Cano, a pesar de ser tan buenos toreros les costó mucho ser figuras, ¿qué ocurrió?

– Circunstancias. En mi caso, el primer año de matador funcioné muy bien; pero enseguida llegó una cornada en Valladolid y nada más recuperarme otra en Valencia que me frenaron mucho, además no sé porqué fallaba en sitios clave, aunque en otros de menos importancia estuviera muy bien. Pero fue en 1.978, con el toro de Lázaro Soria que cuajé en San Isidro, el que dio nuevas alas a mi carrera. A partir de entonces todo fue a más y cada temporada sumaba mayor número de corridas.

Julio Robles Curro Vázquez

– Junto a Domínguez, con quien arranca a la par, al principio, según tengo entendido fue muy amigo e incluso sus correrías juveniles dieron que hablar, luego parece que menos, ¿y ahora?

– Muy bien, pero desde que éramos novilleros sin caballos estábamos todo el día juntos, yo iba mucho a su casa de Cubillas de Santa María, él venía a la mía, pues las trayectorias de ambos, en aquellos años, fueron paralelas; luego, cada uno se centró en lo suyo y ya nos veíamos menos. Pero hemos compartido decenas de carteles y mantenemos buena relación. No se pueden olvidar las anécdotas que hemos tenido, tanto en España como América.

– En su larga andadura de profesional gozó del fervor de los públicos, ¿con cuáles se sintió más identificado?

– Siempre me gustó estar a la altura de las circunstancias y estar a todas, aunque eso es muy difícil, porque un día te pueden fallar los toros; otras, el viento; luego, en ocasiones el ánimo no ser el adecuado. Pero si me tengo que quedar con las plazas que más me quitan el sueño son Madrid, Salamanca y Valladolid, aunque Logroño, Almería y Bilbao también.

– Precisamente los lugares en lo que mayores éxitos cosechó, ¿verdad?

– Bueno, precisamente las plazas que he nombrado siempre gozaron de mi preferencia, pero hay muchas más que también eran muy especiales, como Málaga,  El Puerto, Plasencia…

– ¿Por qué le costó tanto entrar en Sevilla?

– Me costó bastante porque siempre hubo algo que la puso cuesta arriba y fíjate que de novillero cuando me presenté corté una oreja, pero después de matador las veces que acudí las cosas no salieron. Luego, por unas circunstancias o por otras, muchos años quedé fuera de los carteles, pero al final (a Dios gracias) acabé entrando y ahora me hace mucha ilusión cuando los aficionados me recuerdan esas faenas o cuando voy a Sevilla y la gente se para a hablar conmigo y salen a relucir las faenas a los toros de Manolo González.

 – En una ocasión se ‘cayó’ voluntariamente y lo pagó muy caro, ¿qué ocurrió ese día?

– Cambiaron la corrida y avisaron casi sin tiempo. Yo firmé un contrato para matar otra. Pero creo que la condena fue mucho mayor que el ‘delito’, si es que se puede llamar así.

– Después, la Feria de Abril de 1.989, con los toros de Manolo González no se puede olvidar tan fácil, ¡cómo estuvo ese día!

– Aquella fue la temporada más redonda de mi carrera, además tenía la obligación de triunfar en Sevilla, que era mi asignatura pendiente en el toreo y los años antes había triunfado en toda Andalucía. Luego, todo salió en la medida esperada y resultó perfecto. Guardo el recuerdo de ese día como uno de los más bellos de mi carrera, al cumplirse uno de los grandes objetivos que perseguía como torero.

– Aunque le ‘robaran’ la Puerta del Príncipe. Le daría mucha rabia no salir por ella, ¿no?

– Bueno, pero dejé la tarjeta de visita, si fuera en estos días creo que el resultado final hubiera sido otro, pero aquella tarde el presidente no quiso. Aquello ya está olvidado. Queda la satisfacción y el orgullo de lo bien que me sentí en ese marco tan mágico y así me lo reconoció la afición de Sevilla.

Julio Robles

– En Madrid también le privaron de varias puertas grandes, recuerdo el toro de Raboso con el que le obligaron a dar tres vueltas al ruedo, la tarde de los quites de Felipe Bartolomé, al día siguiente de la polémica suspensión por el agua… ¿no es doloroso poder sumar siete u ocho puertas grandes y contar con sólo tres de matador?

– Al principio te fastidia mucho, sobre todo no compensa el esfuerzo tan grande que haces; pero luego, a la larga, al ver el reconocimiento de la gente y la admiración que te dispensa y que te hablan de esas faenas no, porque el reconocimiento quedó escrito para siempre. Y eso nadie, ningún presidente lo puede borrar.

– ¿Cuál era para usted la plaza más difícil?

– Bilbao. Siempre que toreaba allí no dormía. Allí logré además uno de mis primeros éxitos de matador el mismo año de mi alternativa al ser triunfador de la feria.

– En su carrera, al igual que a  Paco Camino le gustaba ser anunciado con toros de Santa Coloma, ¿a qué se debía?

– Es un toro muy pronto, que acude rápido a los engaños, al que hay que hacerle las cosas muy bien. Uno de Santa Coloma bueno es el ideal para hacer el toreo de la manera que lo siento.

– Entre las cosas que le quedaron por hacer hay una que llama la atención, ¿por qué no confirmó en México la alternativa?

– De hecho lo intentamos y cuando me apoderaba Ángel Luis Bienvenida viajamos a México con ese interés, pero pasaban las semanas y el doctor Gaona, el empresario además de no anunciarnos ni se dignó en recibirnos. Así que un día decidimos hacer las maletas y volver a España. Luego tuve varias ofertas, pero tanto Victoriano como yo estimamos que no se adaptaban a nuestras peticiones. Posteriormente, en la última temporada se habló más en serio y mis amigos Curro Rivera y Miguel Espinosa ‘Armillita Chico’ estaban todo el día con la idea de que fuera a confirmar a La México, pero al final el destino no lo quiso. Y ahora fíjate la amistad que tengo con el actual empresario, el doctor Herrerías, que hasta fuimos socios, cuando Victoriano Valencia se presentó para empresario de Las Ventas y estábamos en su misma candidatura.

– En otros puntos de América goza de reconocido cartel, ¿verdad?

– Sí, hasta en el propio México, pero sobre todo en Colombia donde toreé con frecuencia y triunfé muchas veces; también en Lima y en Venezuela. Ya te digo que con la excepción de La México, en América siempre me fue muy bien, además allí tengo grandes amigos y partidarios. Y si no toreé más fue por las circunstancias y el mal momento social que empezaban a atravesar esos países, aunque no tan negativo como los actuales, pues es una pena.

– Volviendo a su persona, no hace mucho fue noticia debido as reaparición en un tentadero, ¿fue muy emocionante?

– Sí, fue en la fiesta del fin de temporada que todos los años celebra Enrique Ponce, en su finca. Por la tarde habíamos estado en la plaza de Jaén, donde estuvo sensacional y cortó cuatro orejas y un rabo. Después, en su casa, junto a José Fuentes, Miguel ‘El Litri’ y varios amigos más, entre ellos el banderillero El Gitano Rubio encerraron unas becerras y lo pasamos muy bien; además Palomita Cuevas se subió al caballo para picar las becerras; entonces, yo vi que podía torear, no sé, pero me sentí con fuerzas. Ya lo había intentado el año pasado en casa de Alipio, pero hasta ese momento no me vi, pues era la ocasión ideal. Lo dije e intentaron convencerme para que desistiera de la idea. Seguí insistiendo hasta que se dieron cuenta de la ilusión que me hacia y lo necesario que era para mí dar aquel paso. Entonces me bajaron a la plaza y me vi de nuevo haciendo el paseíllo, luego, al citar a la becerra me enganchó el primer muletazo, el segundo se lo di a mi gusto, así como el pase de pecho. Sentí una felicidad inenarrable.

– Y sus compañeros le sacaron a hombros, como tantas tardes…

– Sí, fue un momento inolvidable que recordaré siempre. Tenía todos lo vellos en punta, no pude evitar las lágrimas y la emoción.

– Cambiando de asunto, ¿sigue la actualidad política?

– Claro, con mucho interés, como cualquier ciudadano. Me preocupan todos los problemas que afectan a la sociedad, como el paro, la droga, la inmigración ilegal, la inseguridad ciudadana. Además, me impresionó mucho la manifestación celebrada en Bilbao, durante los días que siguieron al asesinato de Miguel Ángel Blanco. Recuerdo algo similar en 1981, a raíz del golpe de Estado que protagonizó Tejero, pero aquella la viví desde la lejanía al encontrarme en América, donde todos los toreros españoles pasamos unas horas angustiosas ante aquel golpe, que para nosotros significaba un retroceso histórico de cuarenta años en un país que empezaba a vivir en Democracia.

– Además protagonizó una incursión en política al ser alcalde electo del pueblo de sus padres, de Ahigal de los Aceiteros, ¿qué recuerdos guarda de esa aventura?

– Muy positivos. Fue en tiempos de UCD y surgió después de que me liaran unos amigos políticos. Permanecí una legislatura en el cargo e hice todo con mucha ilusión y no poco esfuerzo, para que Ahigal, un pueblo lejano y abandonado tuviera menos pobreza y más bienestar. Pero entonces, los medios eran pocos y las necesidades muchas.

– En este salón en el que nos encontramos está presente el legado de su vida profesional y así lo demuestran los numerosos trofeos que adornan sus vitrinas, ¿de qué galardón siente una motivación especial?

– Todos significan mucho, está desde el primer trofeo que conseguí de novillero hasta el último que he recibido. Aquí hay varios trofeos de San Pedro Regalado, de Valladolid; de todas las ferias de América, de San Isidro, en fin, de España entera. Pero hay dos que tienen un significado especial; uno, esa cabeza, que es de un toro de Lázaro Soria que maté en 1978, en Madrid. Le corté una oreja y fue el toro que me encumbró. El otro es ese rabo colgado en la pared, que fue el de mi presentación en Salamanca ante una corrida de Dionisio. Fue una tarde de gran triunfo que abrió muchas puertas y, sobre todo, sirvió para que mucha gente siguiera confiando en mí.

– Salamanca y Robles han sido un binomio inolvidable fundido en pasión, ¿verdad?

– Sí. Me he sentido muy querido y arropado en mi tierra. Además, las temporadas que no llegaba a las cincuenta corridas, esta plaza me servía para volver a recuperar mi crédito ante las empresas. La plaza de Salamanca ha sido decisiva en mi carrera y en la que más a gusto he toreado, junto a la de Madrid, Valladolid y Logroño.

Julio Robles I

 – ¿Sueña con un cartel?

– Juan Belmonte, Manolete, El Viti y Julio Robles.

Precisamente en el palco de la plaza de tientas de su finca, en un lugar preferente, hay tres grandes fotografías de Manolete, El Viti y Julio Robles, el cartel que le hubiera gustado compartir –junto a Belmonte-.

– ¿Qué significa para usted la palabra amor?

– Cuando un ser humano descubre los encantes de otro, se enamora y comparten mutuamente sus encantos.

– ¿Está enamorado ahora?

– Siempre se está enamorado, pero si es la pregunta que tú me haces te diré que sí, que desde hace varios meses estoy enamorado.

– ¿De quién?

– De una mujer maravillosa.

– En su vida ha tenido días muy felices y otros menos, ¿cuáles han sido los peores?

– Mira, el día que murió mi madre fue de intenso dolor. La quería mucho, estaba muy unido a ella y me pareció injusto que una persona tan buena nos abandonada tan joven. Ese día y el de la muerte de mi sobrino Juan Pablo, que era el hijo mayor de mi hermana Candelas y murió ahogado con nueve años fueron los peores y de más triste recuerdo.

– ¿Y el accidente?

– Son otras circunstancias. En este caso después de salvar la vida llega la lucha y el sacrificio por superar la invalidez.

– ¿Guarda rencor a ‘Timador’?

– No, un torero cuando sale a la plaza es consciente que puede perder la vida. Así le sucedió a mis amigos Paquirri y El Yiyo. Yo, al menos continúo aquí, luchando y con las metas que me he marcado para tratar de recuperarme. No le guardo rencor, él cumplió con su obligación y en esa ocasión ganó, que aunque duela decirlo ahí estriba mucha de la grandeza de la Fiesta.

– ¿Antes de su percance sufrió muchas cornadas?

– Un total de ocho, pero todas en mi primera época, hacía años que los toros no me cogían y hubo temporadas enteras en las que ni siquiera me levantaron los pies del suelo.

– Tras Paco Gil tuvo varios apoderados, caso de Ángel Luis Bienvenida, la casa Camará, el dúo Patiño y Berrocal hasta que llega Victoriano Valencia, con el que permaneció más de una década. ¿Qué le aportó Victoriano Valencia?

– Tranquilidad, sosiego, afán de superación y mentalizarme para ser la máxima figura del toreo. La llegada de Victoriano fue decisiva en mi carrera. Él supo negociar carteles dignos de mi toreo, como toros con los que pusiera brillar y defendió muy bien el dinero que debía cobrar. Prueba de la gratitud y amistad que me une a él es que nuestro trato es familiar, tanto con él, como con su mujer e hijos. Además, desde el accidente, cuando ya no pude volver a torear yo lo sigo llamando apoderado y no hago nada, por poca importancia que tenga, sin consultárselo a él. Victoriano Valencia, para mí es mucho más que un apoderado.

Julio Robles Buendía

– Julio, ¿teme a la muerte?

– No, en la vida hay que ser valiente y consciente de todo lo que no acecha. No se puede olvidar que todo ser que nace, también muere. Si hubiera temido a la muerte no hubiera toreado. Ahora sí me lo preguntas por la razón de si me quiero morir, pues ahora mismo no quiero que me llegue.

– Volviendo a su toreo, recuerdo que sus primeros años de matador de toros trajo nuevos aires con su capote, muy prolífico en los más variados quites, luego fue olvidando el repertorio, ¿a qué se debió?

– Los toreros jóvenes tienen que poner un toque de atención y por esa razón yo lucía mucho con el capote, lo que me ayudó mucho al principio. Pero también, en ocasiones abusé tanto que luego, en la faena de muleta, se me quedaban parados, los había exprimido, por eso me centré más en el toreo fundamental de lancear como a mi me gustaba echando el capote adelante y ganando terreno en cada lance para rematar en la boca de riego.

– Eso actualmente casi no se ve.

– Muy poco y es una pena. El toreo de capa es así, además de la importancia que tiene, porque ahí es donde realmente se debe enseñar a embestir al toro.

– ¿Quién le enseñó a torear de capa?

–Pallarés, mi primer maestro. Luego, la constancia y superación, también me corrigió algunos defectos Manolo Escudero, que ha sido uno de los que mejor han toreado de capa de todos los tiempos.

– Hablando de los quites, hubo algunos muy celebrados, como la media de rodillas que interpretó una histórica tarde en Las Ventas, ¿háblenos de ella?

– La observé en una foto de Marcial Lalanda que me llamó mucho la atención y después de ensayarla en el campo, un buen día sentí la necesidad de llevarla a la plaza. Cuando lo hice fue un alboroto, recuerdo que hasta me hice publicidad de ella y sucedió una curiosa anécdota

– ¿Cuál?

– En una comida estábamos el picador El Rubio; Peña, el mozo de espadas y yo tratando de buscar una frase para la foto. No se nos ocurría ninguna. Entonces Peñita creyó conveniente que debía decir: “Se busca otra igual”. Y nos gustó tanto que no hubo más que pensar.

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– Dicen que es alegre, juerguista y jaranero, ¿es cierto?

– Hay que matizar. Si lo dicen para definirme así es mentira. Pero si es para juzgar a algún día, pues a lo mejor. Un torero es una persona joven, con vitalidad y en invierno le gusta divertirse, lo que sucede es que si una noche te ven de copas con los amigos enseguida llega alguno que dice, “anoche estaba Robles de copas” y se empieza a exagerar. A mí me gusta¡ salir, cuando no tenía responsabilidad, pero en temporada me entrenaba varias horas al día y me tiraba semanas enteras sin salir, pues es incompatible una cosa con la otra. Además, yo cuando salía era natural y nunca me tapaba, ni me escondía.

– Ahora es ganadero, ¿qué origen tiene su ganadería?

– Lo que tengo proviene de regalos que en su día me hicieron mis compañeros, para que yo siguiera en contacto con lo que más me ha gustado en la vida, que es el toro. Es mi vida, lo mantengo y lo cuido, como una afición, no como negocio, sino para divertirme y que vengan mis amigos a tentar. Ver el ganado en el campo y tratar de criar un tipo de toro que sirva para que mis compañeros disfruten. Por eso quiero dejar muy claro, y siempre lo digo, “si los novillos no salen como a mí me gustaría el palo es solo para mi, si por el contrario sirven para el triunfo, el éxito es de mis compañeros”.

¿Las sensaciones de torero son diferentes a las de ganadero?

– Sí, siento mucha más preocupación como ganadero que como torero. Ten en cuenta que el torero cuando se enfrenta a un compromiso sabe cómo se encuentra de ánimo y de preparación, por lo que buena parte del éxito está en su mano. Como ganadero pones toda la ilusión en criar al animal, seleccionar, cuidar, elegir lo que tú crees que es lo adecuado, pero dejas al factor suerte un porcentaje muy alto del resultado final. Fíjate en cualquier feria, Madrid por ejemplo. ¿Tu crees que los ganaderos no han elegido con ilusión lo que van a lidiar? y sin embargo fíjate qué pocos toros han dado buen juego.

– ¿Para cuándo veremos toros de su propia selección?

– Este año ya quería tentar un eral o dos, que serían los primeros. Luego, depende del resultado que den ya veremos el camino que se toma; así que todavía no tengo fecha prevista. Pero vamos, que como ya he dicho, esto lo tengo para disfrutar, como afición y gusto personal.

– Mañana será otro día, ¿qué hará en la jornada venidera?

– Me levanto a la doce, leo la prensa y después nos marchamos a Vecinos, donde hemos quedado con Curro Vázquez. Luego, por la tarde iremos a Matilla, a casa de Alipio a disfrutar de un tentadero. Y después ya se verá, el día lo puedes programar, pero a la hora de la verdad, al menos en mi caso, surgen muchas cosas inesperadas.

– Maestro, que pronto alcance los objetivos marcados.

– Muchas gracias, Paquito. Y tú que lo veas.

 

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Los Canelas apagan el horno

El martes será la última hornada de Los Canelas, de la panadería García, después de 67 años al pie del cañón, de casi 25.000 amaneceres llevando sus exquisiteces a tantas casas de La Fuente de San Esteban y de otros pueblos de alrededor, gracias a ese pan que gozó de tanto prestigio y acabó siendo otro símbolo de La Fuente. Ahora Manolo y Martín, junto a sus esposas, Cande y Pili, en lo más alto del prestigio, dicen adiós y apagarán para siempre su horno con los ojos empañados en las lágrimas de la nostalgia.

 

Con su adiós, este fin de año se tiñe de nostalgia y ya nadie volverá a decir “voy a comprar el pan donde la señora Isi”, o “donde Manolo y Martín”, o “a casa de Los Canelas”. Porque Los Canelas han sido su nombre de guerra, heredado por los hijos de su padre, aquel José García Cuesta, el inolvidable Pepe Canela, todo un personaje que falleció todavía joven y dejó impronta de su simpatía, don para las relaciones públicas, servicialidad y además fue un gran aficionado a la Tauromaquia, protector de maletillas y amigo de los toreros que pasaban los inviernos en esta zona.

                 El señor Pepe Canela e Isi, su esposa, fundadores del negocio.

Marchó demasiado pronto el señor Pepe Canela y eso obligó a sus hijos -bajo la mirada de la señora Isi, su madre, que fue el alma del negocio hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 2017 y ya nonagenaria- a coger las riendas desde temprana edad y marcar una época donde el crecimiento ya fue constante, con mayor número de clientes cada día. Se modernizaron las instalaciones, hicieron cursos de pastelería y pronto gozó de tanto nombre al convertirse en una de las mejores pastelerías de la provincia. A la que cada jornada acudía gente de numerosos lugares para adquirir sus delicatesen, al igual que ocurría con sus hornazos, de tan reconocida calidad que incluso han sido objeto de reportajes en medios nacionales.

 

La señora Isi junto a sus hijos, Martín y Manolo, continuadores del negocio y que ahora se jubilan,

A ellos y a su panadería los recuerdo desde que tengo uso de razón. Porque son gente de bien que supo levantar un gran negocio, de los que marcan el devenir de un pueblo y contribuyen a su esplendor, junto al trato al cliente y ese saber estar del que siempre hicieron gala. De ellos es uno de mis recuerdos más lejanos de la infancia, aún vivo entre las nieblas que pueblan los almacenes de la memoria, en un accidente de tráfico ocurrido en el paraje de El Cruce a los dos hermanos y, tras el choque, al asomarte observar cómo la carretera quedó llena de panes al salir  despedidos tras impactar la furgoneta con un camión. Después de aquella furgoneta Citroën –con su llegada definitivamente se colgaron las aguaderas utilizadas para desplazar el pan más allá del pueblo, primero en un mulo y después en el trasportín de la bicicleta- llegó una Siata blanca que conducía Martín y después vendrían otras muchas para ofrecer ese magnífico servicio que siempre fue un estandarte de su actividad comercial.

Ahora cierran. Después el tiempo seguirá pasando de manera inexorable y a las futuras generaciones de esa comarca les dirán que en La Fuente hubo una panadería y pastelería de postín, tan buena como la mejor de la capital. La que echa el cierre y ya muy lejana queda aquella madrugada del año 1952 cuando el señor Pepe Canela encendía el horno para poner en marcha un negocio que ha sido un símbolo del Campo Charro. El mismo que en la mañana del 31, sus hijos Manolo y Martín, apagarán por última vez con los ojos empañados en las lágrimas de la nostalgia.

 

 

Aguado no es Frasquito

Los agoreros llevan meses ninguneando a Pablo Aguado, quitándole méritos y reduciendo su carrera a flor de un día, más aún desde su fracaso en las plazas americanas. De todas formas es algo implícito en este mundillo el destruir genios, ningunear a genios y aplaudir a mediocres. Ocurre en los toros y en la vida. Ya dijo el reconocido filósofo Ortega y Gasset que para conocer el estado del país había que asomarse a una plaza de toros.

La Fiesta debe estar de enhorabuena de contar con genio como Pablo Aguado. El grandioso torero sevillano que ya llevaba mucho tiempo anunciando que atesoraba el don de la grandeza y había dejado su tarjeta de visita en muchos lugares -en Valencia por Fallas estuvo sensacional- y el 10 de mayo, en su Sevilla del alma protagonizó la tarde más gloriosa de la pasada temporada –junto a la excepcional de Paco Ureña en las corridas generales de Bilbao-. Y aquella de Sevilla llegó otra mágica en Madrid, frente a un Montalvo al que pinchó tras un sensacional trasteo y varias más, ejemplo de Huelva donde la gente aún torea por la calle para recordarlo. Porque Aguado tiene una interpretación que para los relojes, de lo despacio que torea, del arte que atesora y con ese crujió de los elegidos que sale del alma y debe hacerse esperar, porque si lo repite todos los días entonces se vuelve monótono.

Eso sí, aquella corrida de Jandilla en la Feria de Abril quedará en los anales de la historia y dentro de muchos años se continuará hablando de ella, al igual que otras muchas faenas que ha protagonizado este genio. Un torero que la única cruz que se le acecha a su carrera es que, quizás, le han sobrado ocho o diez festejos, porque al romper a figura la gente ha tenido la sensación que se buscaba hacer caja con rapidez. Pero quitando ese lunar es un genio. Y desde luego que es no Frasquito, ni nada parecido.

El novillero toledano Frasquito, en la novillada de Sevilla que revolucionó el toreo

Y recuerdo a Frasquito por el ninguneo que se ha instalado en contra de Pablo Aguado. Quien que para muchos es algo así como aquel Frasquito que revolucionó su toreó tras un enorme éxito el 17 de abril de 1948 en La Real Maestranza y su estrella se apagó en pocos meses, tras sufrir dos cornadas consecutivas. Aquel toledano llamado Francisco Sánchez y apodado como Frasquito, irrumpió con su estilo amanoletado cuando España aún lloraba la trágica muerte del coloso cordobés. Cuentan de esa tarde que don José Florés Cámara, el apoderado de Manuel Rodríguez Manolete, se encontraba en su casa de Sevilla, sin haber ido a la novillada que se celebraba en Sevilla en señal de luto, cuando al caer la tarde recibió la visita de Pavón, un simpático de mozos de espadas, quien llegaba algo sofocado  y bastante emocionado para decirle nada que se acerca a él: “Don Jozé no ze vaya usté  a moleztá pol lo que le voy a desí, pué ze lo dirán maz. Hoy ha zalio un zhavar que atorea en la mizma línea que Manolete, pero quisá… ¿cómo le diré? … entoavía mejó.

Entonces Cámara, sentado en un sillón orejero y vestido de luto, se limitó a decirle: “Pavón tú zabez de ezto y supongo que debe habe eztao enolme eze muzhazho pa que estéz azin de emocionao… veremoz zi ez capá de zegui toreando como lo ha hezho hoy y termina toreando como Manué”.

Semanas más tarde y con toda España hablando del fenómeno Frasquito fue anunciado en Córdoba, en la vieja plaza de Los Tejares y allí marchó media Sevilla, el todo Madrid taurino, junto a un montón de aficionados que llenaron el coso, quedándose sin poder entrar mucha gente. Esa tarde, la fatalidad se cruzó con Frasquito que sufrió una gravísimo cornada. Pero fue aún la sufrida varias semanas después en Bilbao que lo tuvo al borde de la muerte y varios meses fuera de las plazas. Ahí se acabó Frasquito y marchó a México donde tomó una alternativa, ya sin ningún cartel y se instaló para siempre allí, donde puso en marcha un restaurante en el Distrito Federal que frecuentaban los taurinos españoles y siempre eran recibidos por Frasquito con su generosidad y saber estar. Porque Frasquito siempre fue un hombre muy querido, aunque flor de un día. Y flor de un día no es Pablo Aguado, quien viene a la Fiesta para seguir dando muchos días de grandeza.

 

 

 

¿Y una guerrilla con José Tomás y Talavante?

Cuando El Cordobés y Palomo Linares, orquestados por los Lozano y respaldados por Emilio Romero al frente del diario Pueblo, se enfrentaron a las élites empresariales en su llamada guerrilla, temblaron los cimientos del toreo. Lejos de las ferias se fueron por provincias toreando, muchas veces, en portátiles, con un telonero por delante. Aquel inventó acabó fracasado y volvieron a la normalidad, más que nada por el saldo de ganado que lidiaban y becerros mochos que acabaron encrespando al público y la entonces prensa independiente. Sin embargo, la guerrilla –aún con tantas goteras-, puso a cavilar a las empresas y durante los años siguientes, aunque El Cordobés se retiró en 1971 y volvió en 1979.

Hoy, con este llamado sistema que ha convertido a los toreros en funcionarios de sus actividades y que torea quien está a su lado, independiente de sus méritos, la Fiesta necesita otra guerrilla. Un particular golpe de estado para acabar con sus arcaicas estructuras y abra la venta del aire fresco, porque es necesaria una innovación y guerreros que tumben este sistema, tan caduco y dañino con ideas que lo saquen del atolladero del habitual sota, caballo y rey de todas las ferias.

Y plantar cara no es fácil. Más cuando llamadas figuras se prestan a seguir el juego al ir bien arropadas; sin olvidar a Morante, refugiado en la casa Matilla en una decisión a la que ha faltado listeza; aunque a nadie sorprende, porque la carrera de Morante –siendo como es un torero genial- ha sido la peor llevada de mucho tiempo y bien podía haberse mirado en el espejo de Curro Romero. De ese Curro que amortizó tan bien su paso por el toreo, cuando después de dar muchos tubos se encontró al gran Manolo Cisneros, quien lo dejó rico. Y el problema de Morante es que jamás encontró a un Manolo Cisneros para rentabilizarlo y darle toda su categoría.

Y con esas mimbres ¡si quisieran! el futuro del toreo lo tendrían José Tomás y Talavante, que ya anuncia su vuelta,  ambos con munición suficiente para tumbar al sistema. Con arte y torería sobrada para mover a las masas y poner en el paredón a quien han indigestado a la Fiesta. ¿Se imaginan diez o quince corridas de los dos? Soñar es gratis, pero pondrían patas arriba y se ventilarí la Tauromaquia. El problema es que José Tomás nunca ha dado el paso adelante, teniendo en su mano todo. Pero ahora con un socio de travesía como Alejandro Talavante, un torero genial, sería muy distinto. Llegaría un feliz terremoto y el torero escribiría un capítulo glorioso poniendo a todos en su sitio. Ojalá esta idea no se quedase en un sueño, porque significaría lo más grande que ocurriría en el toreo en muchas décadas.