Los Canelas apagan el horno

El martes será la última hornada de Los Canelas, de la panadería García, después de 67 años al pie del cañón, de casi 25.000 amaneceres llevando sus exquisiteces a tantas casas de La Fuente de San Esteban y de otros pueblos de alrededor, gracias a ese pan que gozó de tanto prestigio y acabó siendo otro símbolo de La Fuente. Ahora Manolo y Martín, junto a sus esposas, Cande y Pili, en lo más alto del prestigio, dicen adiós y apagarán para siempre su horno con los ojos empañados en las lágrimas de la nostalgia.

 

Con su adiós, este fin de año se tiñe de nostalgia y ya nadie volverá a decir «voy a comprar el pan donde la señora Isi», o «donde Manolo y Martín», o «a casa de Los Canelas». Porque Los Canelas han sido su nombre de guerra, heredado por los hijos de su padre, aquel José García Cuesta, el inolvidable Pepe Canela, todo un personaje que falleció todavía joven y dejó impronta de su simpatía, don para las relaciones públicas, servicialidad y además fue un gran aficionado a la Tauromaquia, protector de maletillas y amigo de los toreros que pasaban los inviernos en esta zona.

                 El señor Pepe Canela e Isi, su esposa, fundadores del negocio.

Marchó demasiado pronto el señor Pepe Canela y eso obligó a sus hijos -bajo la mirada de la señora Isi, su madre, que fue el alma del negocio hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 2017 y ya nonagenaria- a coger las riendas desde temprana edad y marcar una época donde el crecimiento ya fue constante, con mayor número de clientes cada día. Se modernizaron las instalaciones, hicieron cursos de pastelería y pronto gozó de tanto nombre al convertirse en una de las mejores pastelerías de la provincia. A la que cada jornada acudía gente de numerosos lugares para adquirir sus delicatesen, al igual que ocurría con sus hornazos, de tan reconocida calidad que incluso han sido objeto de reportajes en medios nacionales.

 

La señora Isi junto a sus hijos, Martín y Manolo, continuadores del negocio y que ahora se jubilan,

A ellos y a su panadería los recuerdo desde que tengo uso de razón. Porque son gente de bien que supo levantar un gran negocio, de los que marcan el devenir de un pueblo y contribuyen a su esplendor, junto al trato al cliente y ese saber estar del que siempre hicieron gala. De ellos es uno de mis recuerdos más lejanos de la infancia, aún vivo entre las nieblas que pueblan los almacenes de la memoria, en un accidente de tráfico ocurrido en el paraje de El Cruce a los dos hermanos y, tras el choque, al asomarte observar cómo la carretera quedó llena de panes al salir  despedidos tras impactar la furgoneta con un camión. Después de aquella furgoneta Citroën –con su llegada definitivamente se colgaron las aguaderas utilizadas para desplazar el pan más allá del pueblo, primero en un mulo y después en el trasportín de la bicicleta- llegó una Siata blanca que conducía Martín y después vendrían otras muchas para ofrecer ese magnífico servicio que siempre fue un estandarte de su actividad comercial.

Ahora cierran. Después el tiempo seguirá pasando de manera inexorable y a las futuras generaciones de esa comarca les dirán que en La Fuente hubo una panadería y pastelería de postín, tan buena como la mejor de la capital. La que echa el cierre y ya muy lejana queda aquella madrugada del año 1952 cuando el señor Pepe Canela encendía el horno para poner en marcha un negocio que ha sido un símbolo del Campo Charro. El mismo que en la mañana del 31, sus hijos Manolo y Martín, apagarán por última vez con los ojos empañados en las lágrimas de la nostalgia.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

13 comentarios en “Los Canelas apagan el horno

  1. Todos sus clientes tenemos un nudo en la garganta.. Que hasta nos impide decirle nada… ORGULLOSOS DE cerrar por todo lo alto.llenos de clientes y amigos.

  2. Triste es que se cierre un comercio en un pueblo, sin posibilidades de un relevo generacional en la zona, poco a poco, el pueblo va perdiendo vida sin ser capaz de reemplazarla. No es que España esté vaciada, es que la estamos vaciando, casi por necesidad. Durante este año, en Castilla y León, han cerrado más de 3.600 negocios. En Vitigudino, hace poco desaparecieron dos establecimientos con más de 100 años de servicios al público, uno la imprenta y otro una tienda de ultramarinos que tenía el servicio de Gas Butano.

  3. Madre mía! Y cierran ese negocio histórico y funcionando bien‍♂️‍♂️ se llama España despoblada pero nadie hace nada x solucionar cuando hay muchas medidas para corregirlo y para ayudar al medio rural. Me apena mucho, era una visita obligada a por pan, magdalenas… En fin, que triste para la gente que amamos los pueblos

  4. Muchas gracias por todo lo que nos habéis dado durante tantos años. Que disfrutéis de un merecidísimo descanso. Qué madrugones. Que está nueva etapa sea muy placentera.

  5. Acabo de hablar con mi tía Pili, y me he quedado tranquilo porque les he visto bien,.. por fin pueden descansar.
    Cuando los demás estábamos de vacaciones, navidades, semana santa, lunes aguas, verano, fines de semana…ellos no tenían vacaciones.
    Para mí se ha cerrado algo más que una panadería. Este cierre da carpetazo a gran parte de los recuerdos que acumulo en mi memoria de Fuentes.
    He tenido la suerte de que Martín y Pili fueran mis tíos, y eso me ha permitido disfrutar de cosas muy ricas… no sólo en forma de viandas, sino también de recuerdos.
    Cuando mi primo Carlos y yo éramos pequeños, para nosotros era casi una aventura épica poder acompañar a mi tío Martín a repartir, en su furgón repleto de alimentos y pan que hacían de tienda móvil, a pueblos que ni si quiera yo sabía que existían.
    Todavía recuerdo el olor a pan reciente que impregnaba todo el furgón. Me encantaba subirme en el furgón e ir disfrutando del campo charro, del que todavía hoy, cuando vuelvo a Fuentes me abunda la emoción.
    He entrado en esa panadería, incluso cuando no sabía ni caminar, y siempre salí de ella con algo en la mano, bien porque iba a comprar los encargos que me hacían mis padres, mis tíos, mis abuelas, bien porque la visita era de cortesía, y mi tía Pili siempre me obsequiaba con una pasta, o una rosquilla.
    Siempre que entraba en la tienda, lo primero que miraba era si quedaban «raquetas». Es verdad que había manjares más exquisitos (hornazos, empanadas, empanadillas, rosquillas, pastas y otros dulces, PASTELES!!!), pero mi debilidad, mi kriptonita, eran las raquetas (bocatto di cardinale). Eso es lo que más me duele perder.. ja ja… hoy todavía le he llegado a preguntar a mi tía si se pueden reproducir en casa, y me ha dicho que no..:(.
    Son muchos recuerdos…. en casa de mis abuelas nunca faltaba una bolsa de rosquillas o de perronillas, o de moritos (siempre me ha llamado la atención esta denominación)…que cuando volvíamos de fiesta a primera horas de la mañana, siempre fueron el avituallamiento previo a encontrar la piltra.
    Las veces que he ido con mi primo Jesús Miguel, después de salir de la piscina, a la tienda de la plaza a buscar unas empanadillas de atún. Lo que daríamos porque nuestros hijos pudieran repetir aquella ceremonia, que era fraternal.
    Aún resuena en mi cabeza el claxon de la furgoneta que mi tío Martín hacia tocar en los cruces de Fuentes, y que era el mismo toque de corneta que cuando llegábamos a Buenamadre o a Pelayo, mi tío hacía sonar para avisar de su llegada.
    La cantidad de veces que he ido a merendar a la poza o a Retortillo, con mis tíos y mis primos, y nunca faltaba una tortilla de patata y una empanada de atún. Aún sigo yendo con la bici, menos de lo que quisiera, y siempre me acuerdo de aquellas meriendas.
    Con este cierre, nos dejamos atrás una parte importante de Fuentes. Ya se me hacía extraño entrar en la tienda y no ver a Isi, pero ahora, cuando vuelva a Fuentes y vea la tienda cerrada seguro que voy a sentir un ligero estremecimiento.
    Manolo, Cande, Martín, Pili disfrutad de vuestro descanso que bien merecido es.
    Muchos besos y muchos abrazos.
    Pepe.

  6. Grandes trabajadores , profesionales y de un trato súper agradable aparte de sus buenos productos . A disfrutar de la jubilación que tan bien merecida la tenéis . Mucha suerte y felicidades .

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