El Cruce, la añoranza de un entrañable mesón taurino

Por tierras de La Fuente, al lado de la antigua carretera de Portugal, el viejo mesón El Cruce, que ha sido una de las casas de comidas más señoriales de la provincia, parece un barco atracado en la dársena de la crisis y el olvido, azotado por la incertidumbre y a merced de los vientos de la vida.

Desde hace dos años, con sus puertas cerradas y los fríos letreros de se vende, se alquila han ajado el brillo con el que logró tanta fama cuando desde hace más de un siglo, bajo el nombre de Parador de Elías (el nombre inicial antes de ser conocido como El Cruce, por razones obvias), se convirtió en una referencia hostelera provincial. Y desde entonces ha sido lugar de paso de gentes de la zona, quienes compartían barra con camioneros que iban a Portugal y hacían un alto en el camino, con turistas europeos (en la época que Europa estaba tan lejos), con viajeros que esperaban el coche de línea de Salamanca; con ferroviarios que iban a tomar un chato cuando finalizaban el turno. Y tantos otros entre los que tienen un puesto de honor los toreros.

Coincidiendo con el esplendor ganadero del Campo Charro la torería andante tuvo su lugar de referencia en El Cruce, por cuyas puertas, un día entró el ilustre maestro Juan Belmonte y con su estampa jorobada pisó ese lugar con ocasión de una visita a Villoria de Buenamadre. También Manolete lo hizo muchas veces al venir de Hernandinos a tentar a casa de Atanasio. Después llegaron mitos como Antonio Ordóñez o Luis Miguel,  sin olvidar a El Cordobés. Y junto a ellos, todos los grandes, sin faltar uno solo, con un apartado especial para las figuras de Salamanca y aquí Jumillano, El Viti, Paco Pallarés, Juan José y Julio Robles (quien además fue camarero de El Cruce) eran fieles clientes de esa casa.

Se amontonan los recuerdos El Cruce, lugar emblemático y unido a la vida del columnista más allá de los vínculos de vecindad. Porque ese rincón era un poco la prolongación de la casa. Y lo era en cualquiera de los bares en los que estaba dividido, los dos originales y con una decoración, acorde con el entorno, que rompió moldes. Ejemplo de ello era la cafetería con cierto sabor inglés o la taberna montaraz con el sello charro en sus paredes y una chimenea que era un primor, donde al calor de sus brasas se despertaron numerosas ilusiones, se cerraron infinidad de tratos y se hablaron de muchas confidencias.

Desde entonces queda una larga etapa de prestigio gracias a sus fogones, famosos en media Europa por la calidad de sus guisos, junto a una barra bien surtida, que siempre era atendida con cortesía y amistad. Porque era una referencia de calidad en la que durante más de tres décadas y hasta que se jubiló marcó señorío Abdón Montejo Nito, el mesonero torero que tenía tan buena mano izquierda para lidiar con todo el mundo y convertirse en un extraordinario profesional que logró hacer del Cruce un emblema hostelero de la charrería. Porque Nito (al jubilarse comenzó a hacer aguas ese negocio) sabía utilizar tan bien el temple que consiguió tanto reconocimiento detrás de la barra como en sus años mozos, cuando abandonó su Santis natal para convertirse en la promesa taurina de esta tierra.

Hace años, por falta de tacto de quienes imponen el progreso olvidándose de la tradición y han facilitado eso que ahora llaman la España Vaciada, desapareció el mesón La Rad. Después, sin cesar el goteo, ha ido ocurriendo lo mismo con la mayoría de los viejos establecimientos. Y otro ejemplo llegó hace dos años, cuando prácticamente quedó escrito el réquiem del Cruce, el viejo mesón de la carretera de Portugal que hace más de 100 años abrió sus puertas como Parador de Elías. El mismo que espera su final en medio de la impotencia, de la misma manera que se mira a un barco atracado en la dársena del olvido y a merced de los vientos de la vida.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

10 comentarios en “El Cruce, la añoranza de un entrañable mesón taurino

  1. Mil veces o más habré parado en El Cruce, tan cerca de Campocerrado. Aparte de con otras muchísimas personas, comimos allí una vez un jovencísimo Paquirri, que ya se había comprado un Mercedes pero no tenía aún carnet, y su apoderado. Ya ha llovido, no agusto de todos, desde entonces.

  2. Cuántos aficionados hemos disfrutado de su comedor y ambiente. Era santo y seña del campo charro. Los tiempos no siempre cambian para bien.

  3. De camino a Madrid, pasé una noche aqui, dormi en el Hostal de enfrente y cené en El Cruce, en el comedor fotos de El Viti y otros toreros.

  4. Y dicen los políticos que «piensan» soluciones para este grandisimo problema y mientras «piensan»….se cierran consultorios médicos se reducen bancos y cajeros , cuando la mayoría de las personas que habitan en estos pueblos son muy muy mayores y estan obligados a tener una cuenta para cobrar la pension, no hay casi cobertura para las nuevas tecnologías …en fin una serie de despropósitos , fáciles de solucionar , con buena intencion y sin perder tanto tiempo en » pensar»

  5. Es doloroso ver un sitio tan emblemático en la zona,con tantos años de historia, cerrado.
    No obstante es más doloroso las carencias más básicas, aumentadas en los pueblos limítrofes y dependientes de Fuentes.

  6. Recuerdo ver a matar en la plaza de enfrente unos toros a Manuel Caballero y después cenar en El Cruce, nunca vi comer tanto a un tío como a Caballero. Una pena, es leyenda del toro.

  7. Lumbre, manto, tocinito, gente del toro. Gratos recuerdos. Nito, y el último Ángel siempre con su ambiente taurino en pleno corazón del campo charro, cuanto lo echamos de menos.

  8. Es una pena ver la que fue mi casa así, pero estoy tan orgullosa de la familia que ha trabajado tanto por que fuera lo que muy bien dice Paco que fue!!! Uno de mis recuerdos es que en mi casa también nos recogía el autobús a todos los niños de «El Cruce» para ir al colegio, mi padre nos tenía siempre bien calentito el bar chico.

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