Archivo por meses: octubre 2020

Alejandro Mora vuelve a soñar

Alejandro Mora, el fino y elegante novillero plasentino vuelve a soñar y ya mira los horizontes del 2021. De la nueva temporada, tras este paréntesis del ‘20’, donde el toreo ha permanecido amarrado en el andén de la espera por este maldito virus.

Sin embargo, a Alejandro Mora este año se le complicó aún más con una dolorosa lesión en la muñeca derecha que le fue detectada en abril tras ser sometido a una resonancia magnética. Se trata de una Tenosinovitis de Quervain. En un principio se intentó recuperar a través de una rehabilitación por fisioterapia. Pero ante la negativa de una mejoría el doctor don César Casado Pérez le recomendó ser intervenido y e la mañana del viernes pasó por el quirófano del hospital madrileño de La Paz y practicarle una apertura corredera extensora.

Ahora Alejandro Mora, nieto de aquel luchador en todos los caminos del toro llamado José ‘Mirabeleño’ y sobrino del maestro Juan Mora, convertido en uno de los revulsivos de la novillería actual y que ya ha dejado su calidad artística en numerosas plazas, empezará en breve a preparar la nueva campaña. Porque los horizontes del 2021 ya están ahí y su nombre va a ser otra referencia gracias al arte y esencia que atesora.

La huella salmantina de Manolo Granero

El nombre de Manolo Granero ha vuelto  a la pomada de actualidad con motivo del centenario de la celebración de su alternativa, conmemorada hace unos días. Por esa razón, hoy recuperamos algunos parajes de los momentos que vivió en Salamanca, su tierra de adopción y donde se hizo torero. Llegó mediada la segunda década del pasado siglo, en los tiempos que José y Juan escribían una gloriosa época que ha pasado a la historia como la Edad de Oro
En esos años, Manolo Granero se curte en el Campo Charro con otros tres chavales que conmocionaron, taurinamente,  a la afición. Se trata del sevillano Manuel Jiménez ‘Chicuelo’, del jerezano Juan Luis de la Rosa, del madrileño (aunque criado en Salamanca) Eladio Amorós. Los cuatro dieron luz y llenaron toda una época que se vivió con enorme pasión. De hecho, cuando eran anunciados se fletaban trenes especiales  y sus novilladas eran todo un acontecimiento.

Granero, una tarde que actuó en una novillada celebrada en el viejo coso de Tejares. A su derecha el señor Paulino, conocido joyero y admirador del joven.

Manolo Granero, uno de aquellos protagonistas -hijo de una familia bien del valenciano barrio del Pilar-, por sus gestos tan refinados, la exquisita educación y su saber estar, su llegada a la capital del Tormes en el invierno de 1917 no pasó inadvertida. Porque aquel muchacho que cursaba estudios de violín en el Conservatorio de Valencia estaba lejos de quienes pretendían ser torero. Sin embargo pronto hizo cambiar de opinión a todos los ganaderos del Campo Charro y aficionado de la tierra, al ver en él una figura en ciernes.

Estudió violín en el Conservatorio de Valencia y estaba llamada también a ser una eminencia de la música.

Llega a Salamanca acompañado de su tío Paco, un entusiasta aficionado que desde la infancia trata de conducir a Manolito en los terrenos del toro. Lo hacen gracias a la amistad de su tío Paco con un comerciante textil y sastre de Salamanca, don Pedro Sánchez, a quien conocen por Pedro Paños y es conocida su enorme afición taurina. Enseguida, don Pedro Sánchez se convierte en su apoderado y es quien lo conduce a los ganaderías de la tierra, a la primera de todas a las pertenecientes a la familia Pérez-Tabernero, donde enseguida le abren las puertas don Antonio, don Argimiro, del Alipio y don Granciliano pasando semanas enteras en sus fincas. También comienza a acudir a Campo Cerrado, a casa de don Bernabé Cobaleda, donde también se prenda del arte del muchacho el joven ganadero Atanasio Fernández Iglesias, que acababa de contraer matrimonio con Nati,  hija de don Bernabé Cobaleda.

Antes de llegar a la ciudad charra ya había matado una becerrada en Valencia, gracias a la gestión de su tío Paco. Sin embargo, es en el Campo Charro donde se curte y hace torero. Su residencia la tiene en la salmantina calle Zamora donde, casi siempre está con sus inseparable compañeros de vocación, siendo muy querido y pronto empieza a contar con numerosos seguidores. Granero, además, pronto gana más adeptos por su exquisitez humana y la cultura que atesora, además de la avezada calidad artística para el violín, llamado a ser también una eminencia en la música. Ese hace que, incluso, en cierta ocasión fue hasta acompañe a orquestas que actúan en el café Suizo o en el mismo Casino, donde está en la mira de apuestas jovencitas de la sociedad charra, cuando aún es casi un niño, mientras se extiende como un reguero de pólvora su calidad torera y grandes personalidad charras se apasionen por él. Ocurre con el señor Paulino, afamado joyero que tiene su establecimiento comercial en la Plaza Mayor y en uno de su viajes por el extranjero adquiere un precioso violín que le regala a Granero, e torero en ciernes.

Aquel torero-violinista seguía creciendo para coronarse como un rey de la torería, mientras tenía idealizado a Joselito. Tanto que en esos años de novillero, junto a sus compañeros, abarrota las plazas donde son anunciados. Por ejemplo, en cierta ocasión fueron anunciados en Tejares y llegó tal avalancha para presenciar el espectáculo que estuvo a punto de producirse una alteración de orden público a cargo de las miles de personas que se quedaron sin poder acceder al coso. Lo mismo ocurría al anunciarse en Zamora, Toro, Valladolid, Ávila, Cáceres… fletándose hasta trenes especiales. Sirva el ejemplo de una novillada celebrada en Guijuelo, cuyos ecos han llegado a nuestros días, donde Eladio Amorós, Manolo Granero y Juan Luis de la Rosa, frente a reses de Coquilla, causan tal alboroto que durante años se habla de esa tarde en toda la comarca, transmitiéndose el testimonio de padres e hijos con verdadera pasión. ¡Y no se cortó más que una sola oreja!

Pasa el tiempo y el violinista valenciano, ya convertido en la máxima figura de los novilleros decide tomar la alternativa. Y dada su relevancia lo hace en Sevilla, en La Real Maestranza, de manos de Rafael Ortega y de testigo su amigo y compañero de correrías novilleriles Manuel Jiménez Chicuelo. Fue el 28 de septiembre de 1920 y desde ese momento todos comenzaron a augurar que estaba llamado a ser el sucesor de Joselito El Gallo, fallecido de manera trágica unos meses antes en Talavera de la Reina. El toro de la alternativa se llama Doradito, era sardo de capa y pertenecía a la ganadería de Concha y Sierra. Granero brilla y es muy aplaudido.

Es el inicio de una carrera que lo aúpa a la élite y todas las plazas se rifan su presencia, estando presente en los mejores carteles. Hasta que llega el 7 de mayo de 1922 y Granero esanunciado en Madrid, en la plaza de Goya, de la carretera de Aragón con todos de dos hierros: tres del duque de Veragua y otros tres del marqués de Albaserrada para un cartel joven que ha levantado mucha expectación: Juan Luis de la Rosa, Manolo Granero y Marcial Lalanda, que confirma su alternativa. El quinto toro, inscrito con el nombre de Pocapena, cárdeno y bragado, seguramente burriciego, muestra mansedumbre y en terrenos del 2, Granero, se dispuso a entrarle a matar, cerca de las tablas, donde le aprieta el animal, hasta alcanzarle en una tremenda voltereta de la que salió maltrecho y con la ropa rota. Granero había quedado prácticamente sentado, dando la espalda a la barrera. Pocapena vuelve a él para cornearle, metiendo el pitón por su ojo derecho y destrozándole el cráneo contra las tablas. Su rostro era una masa sanguinolenta que logró fotografiar Pepito Fernández Aguayo, aunque nunca desveló aquellas placas.

A la mañana siguiente la noticia se conoce en Salamanca y, los vendedores de periódicos vocean su muerte, en las ediciones vespertinas. Pronto la tristeza se adueña en todos los ambientes taurinos y sociales de la ciudad que tanto lo quería , al igual que en la provincia, tan frecuentada por él para ir a las ganaderías y por haber toreado novilladas en diferentes localidades. De hecho, había manifestado que su ilusión era retirarse a lo sumo en tres y cuatro años, comprar una finca en Salamanca y alternar la residencia en la tierra charra de su adopción y la valenciana de su alma.

Poco días después de la tragedia, la céntrica iglesia de San Esteban acoge una misa por su alma, a la que acude una multitud que ofrece sus condolencias a don Pedro Sánchez, el conocido por Pedro Paños, el comerciante que lo apoderó y ya para siempre vivió, al igual que su familia, con el recuerdo de aquel Manolo que de niño violinista acabó protagonizando una carrera taurina tan breve como gloriosa. Y al que Salamanca lloró como si fuera suyo.

 

 

¡Salvemos la Fiesta!

Nos despertamos este lunes con un ataque frontal a la Tauromaquia. Ahora, nada menos, que por el ministro de Cultura, Rodríguez Uribes, en unas lamentables declaraciones realizada al diario El Mundo, que son más que el reflejo del antitaurinismo de este gobierno comunista que está destrozando a España. De este Gobierno que desde antes de llegar al poder ya dejó ver sus intenciones y que ha aprovechado la lacra de la pandemia para clavar su estilete en el mismo corazón de la Fiesta.

Tristísimo y una vez más se pone en evidencia que la Tauromaquia jamás debió salir de Interior, donde le fue an bien y no el Ministerio de Cultura donde únicamente ha recibido palos y menosprecios desde su llegada.

Hoy, con las declaraciones de Rodríguez Uribes, los aficionados han vuelto a mostrar su indignación. Y también su indefensión, porque nadie es capaz de dar un paso al frente para la defensa del toreo, más que casos aislados. Pero cuando es más necesaria que nunca la unión, otra vez más, cada cual ha remado en las aguas de su interés. Y esto creo una debilidad que aprovechan los enemigos.

Lo malo no son los reiterados ataques que buscan tambalear el arte del toreo, no. Lo malo es que las gentes que viven de ese arte aguantan con los brazos cruzados y en ocasiones poniendo la otra mejilla, ante una campaña que no busca más que erradicar la Tauromaquia.

Es hora de decir basta, de parar tantas tropelías ante esta gentuza que desde las altas instituciones del Gobierno está cercenando todo lo que es España y sus tradiciones. La Tauromaquia es grandiosa y no puede seguir siendo un naufrago en aguas de nadie. Ya es necesaria la acción y olvidarse todos de su interés. El frente común es lo único que la puede salvar y arrinconar a esos comunistas del gobierno que están destrozando al país.

 

 

 

 

 

Francisco Alegre, la personalidad de un torero nuevo

Los escasos rayos que surgen de estos tiempos tan confusos, también dejan atisbar ciertas esperanzas taurinas. Las principales son la hornada de novilleros sin picadores que estos últimos meses han dado tantas alegrías y donde un malagueño, El Moli de Ronda,  se aúpa como líder, hasta ahora, de esta generación.

Salamanca no queda al margen y de esta tierra también ha llegado una enorme sorpresa. Se trata de un mozo ya talludo –aunque tierno toreramente-, pero con personalidad y un arrebato delante la cara del toro que lo hace diferente. Se llama Francisco Alegre y aún está muy poco toreado, pero su personalidad, estoicismo y la verticalidad en su interpretación a nadie ha dejado diferente. De él cuentan maravillas gente de la reputación de Gonzalo Santonja o Domingo Delgado de la Cámara, a quienes cautivó en la novillada presenciada hace unos días en Herrera de Pisuerga.

De momento la noticia es una tremenda alegría. Y la que anima a seguir a este Francisco Alegre, un chaval diferente, afortunadamente con poco técnica (ya se sabe que la técnica mata la inspiración) y unas tremendas ganas de destacar. El chico es hijo de Paco Campos ‘El Lobo’, aquel personaje de novela que fue matador de toros y a nadie dejó inadvertido. Aquel Lobo de la leyenda y la luna ahora observa con felicidad a su hijo Francisco, que de momento ha causado impacto por su personalidad y ese estilo vertical. Porque el nuevo Francisco Alegre, a quien los toros jamás le van a pedir el DNI tiene la frescura y el sabor de los toreros que se hacen por su cuenta.

Y una sugerencia: Si lo ven anunciado, no se lo pierdan.

 

Fidel San Justo, la sabiduría de un veedor

Llegó a Salamanca hace ya muchos años, en los tiempos que era dueño del cielo y de la tierra, sin otra intención que la de ser torero. En su Cantabria natal apenas tenía opciones de desarrollar su carrera y la tierra salmantina le abría numerosas puertas en esos inicios llenos de ilusión. Entonces se plantó a la vera del Tormes para trazar los pilares de su vida torera y protagonizar una digna trayectoria con el nombre artístico de Curro González. Para hablar de su carrera, pero sobre todo de su profesión de veedor, labor donde es toda una referencia quedamos a charlar en la soleada mañana del miércoles en una cafetería de la plaza de San Justo. Allí, a la hora en punto se presenta con sus andares toreros, la tez ennegrecida de los fríos del invierno y sus canas que delatan la sabiduría. Pero, sobre todo, de la parsimonia de quien sabe lo que quiere, mientras toma tranquilamente su café con leche.

 

Fidel, con su mirada vivaracha y su pelo cano bien atusado, apura su café antes de comenzar la entrevista. Después analiza las preguntas y las contesta de manera despaciosa. Delata que le gustan las cosas muy bien hechas.

Fidel, ¿cuándo deja de torear?

En 1982. Ese año toreé mi última corrida en Santoña (Santander). Después he toreado en festivales, pero para matar el gusanillo. Ya estaba a otra cosa.

¿A partir de entonces empieza su carrera como veedor?

Sí, fue al poco tiempo de cortarme la coleta. Entonces Justo Benítez, que es un gran amigo mío y comenzaba a organizar espectáculos taurinos, me llama para que le comprara los erales y novillos para sus festejos, y así comencé.

¿Y en las empresas del primer circuito?

A continuación, porque enseguida me contrata Justo Ojeda para las plazas de Zaragoza y Huesca, y eso fue un poco la carta de presentación.

¿Siempre ha trabajado en exclusividad para las empresas?

No, también he embarcado las corridas de muchos toreros. Son los casos de Roberto Domínguez, Joselito, Ortega Cano, César Rincón, Enrique Ponce, José Tomás…

¿Y para qué empresas ha reseñado toros?

Para muchas. Por ejemplo, trabajé mucho para Paco Gil durante la época que llevaba tantas plazas. También para Balañá y la Casa Matilla, permaneciendo con ellos un total de 8 años. Después estuve con la empresa de Madrid, primero con los Lozano y después con José Antonio Chopera. A José Antonio, además le he visto los toros para otras de sus plazas.

No tiene para aburrirse.

No, afortunadamente, no. Hay que trabajar, que la vida está difícil.

¿Su radio de acción hasta qué puntos de la geografía nacional llega?

Toda Salamanca. Después viajo mucho por Extremadura y La Mancha. Hago todo Badajoz, Cáceres, Madrid, Toledo y Ciudad Real.

Se hartará de hacer kilómetros, ¿no?

Sí, más o menos hago entre 80.000 y 100.000 al año.

No está mal. ¿Quiénes han sido las figuras de su gremio?

Hay gente muy buena, pero por encima de todos los demás hay dos, que son Pablo Lozano y Teodoro Matilla, quienes han sido dos magos del campo y siempre intenté aprender de ellos.

¿En qué época comienza a ver los toros en el campo y a reseñar las corridas?

Siempre en octubre. Para los toros que se van a lidiar en las plazas de primera, por esas fechas empiezo a ir al campo, una vez que la empresa me dice qué ganaderías tiene comprometidas. Después, continuamente hay que ir a verlas y hacerles un seguimiento para estar pendientes de ellas, por si algún toro se queda bajo de hechuras, o por encima y hay que sustituirlo por otro. Porque los toros en un año cambian muchísimo. Pero como te dije ya desde octubre hasta que llega el embarque hay que estar pendiente cada poco tiempo de la corrida. Y no descuidarla.

¿Y en temporada?

Pues ya cuando llega la temporada hay que estar presente en el embarque y ver que están los toros que has reseñado, que no tienen ninguna anomalía y todo discurre según los ha ido viendo. Luego, en la plaza cuando se lidia, si no puedo ir a ver la corrida, porque tengo que estar embarcando, estoy pendiente de ver el resultado, de cómo han salido los toros, si alguno los han rechazado.

Si le rechazan alguno en el reconocimiento previo, ¿qué sucede?

Directamente quieres que te trague la tierra, porque el veedor también se confunde y es el responsable en esos momentos.

¿Qué conocimientos debe tener un buen veedor?

Sobre todo tener muchísima afición. Después conocer muy bien el toro, como también sus encastes. Saber el tipo y la morfología. Pero aun así en esta profesión siempre se está aprendiendo y cada día te sorprendes con algo nuevo que desconocías. Aquí nunca acabas de aprender, siempre te sale algo nuevo y cada día te llevas nuevas sorpresas para darte cuenta que te queda mucho por aprender

¿Qué es lo más bonito del oficio?

Estar cerca del campo en contacto con el toro.

¿Cuántas corridas reseña al año?

Muchas. Durante un montón de años he superado el centenar.

En tantos años de actividad tendrá muchísimas anécdotas, ¿no?

Un montón, pero no me canso de repetir que en este oficio aprendes todos los días y si no, el mejor reflejo es el caso que te voy a contar.

Adelante, cuéntelo.

En cierta ocasión embarcamos una corrida de Dionisio Rodríguez, el de Villavieja, para la Feria de Bilbao y había un toro que yo no lo quería echar de ninguna manera, porque era tan bastote y feo de hechuras que no me ofrecía ninguna confianza. Entonces surge un problema al lastimarse otro toro, que era algo que sucedía mucho en esa ganadería y no queda más remedio que lidiar ese toro. Yo estaba que me quería meter debajo de una mesa por el mal augurio que me daba, porque no lo quería cerca de ninguna manera. Luego, ¿sabes qué ocurrió?

No, ¿qué?

Dio un juego extraordinario y hasta lo premiaron con la vuelta al ruedo, lo toreó José Ortega Cano, que estuvo fenomenal con él y le cortó las dos orejas.

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Dando un giro a la entrevista. En su día me contó el carismático empresario Marcial Villasante (QEPD) una pintoresca anécdota de la aventura de Canarias relacionada con usted. Fue cuando la aventura tocaba a su fin y poco antes de regresar se cortó con una punta. ¿La recuerda?

Claro, hombre, ¡qué tiempos! Nos fuimos a Tenerife con la ruina para tratar de levantar cabeza y vinimos con una peor. La anécdota que te refieres se trata de que yo fui el último en regresar de la expedición para traerme los caballos. Entonces el día antes de embarcar me gasté el poco dinero que me quedaba en cosas y regalos aprovechando que allí es todo tan barato. Por ejemplo, en Canarias, en aquel entonces, el cartón de Winston costaba 12 pesetas, mientras que aquí 80, por lo que compré un montón. Además, los aparatos de radio y esas cosas tenían un precio bajísimo, gastándome en ello lo que quedaba. El día que regresábamos recuerdo que estaba embarcando a los caballos y colocándolos en jaulas en el interior del barco cuando no sé cómo me clavé una punta oxidada que me atravesó el pie. Faltaban únicamente unas horas para zarpar y como el barco tardaba tres días en alcanzar la Península, totalmente desesperado, pensé que si se hacía el viaje cuando llegase a Sevilla me debían cortar la pierna, porque se me habría gangrenado.

¿Y se quedó en Tenerife?

No. Cogí el tabaco y todo lo que había comprado y busqué un taxi. Le explique al taxista lo que me sucedía y le propuse que se quedase con mis cosas y me ayudase. Lo aceptó y fuimos a una farmacia a comprar la vacuna antitetánica, pero con lo que tenía en ‘especias’ no me llegaba, por lo que el hombre debió sacar dinero para pagar tanto la vacuna como al practicante que llamaron para que me la pusiera. Aquel taxista se portó fenomenal y aunque se quedó con todas la cosas que traía, los gastos fueron muchos más. Si no es por él a estas horas estoy con una pata de palo. ¡Menuda ruina nos trajimos de Canarias!

¿Qué opina de la crisis y cómo ha afectado a la Fiesta?

La cosa está fea, peor de lo que parece y no se acaba de ver una salida clara. Son tiempos difíciles porque no podemos olvidar que los toros son un artículo de lujo y con lo que vale tu entrada y la de tu mujer te vas al supermercado y llenas dos veces el carro de la compra. Hay que ser claros en ese aspecto. Después quien vaya a presenciar una corrida de toros lo va a hacer con el cartel redondo y bien rematado. Por eso los abonos de las ferias tienen que redondearse. De todas formas esta temporada va a ser muy importante y la que ‘cante’ el futuro inmediato del toreo.

Bueno, a usted que es una figura de su gremio no le preocupará, porque trabajo no le falta, ¿no?

Sí, me preocupa muchísimo. Principalmente porque como ciudadano no me gusta ver que las listas del paro suben, ni que se cierran fábricas, ni ver que el país va para abajo. A mí me encanta mi trabajo y no tengo día ni noche para él. Además tengo que buscar una seguridad para mi familia, que es lo que más quiero del mundo. Mi hijas me han salido grandes estudiantes y yo luché para que tuvieran estudios y una formación que a mí no me pudieron dar mis padres. Pero también me gusta que mi país vaya para arriba, Porque si las cosas funcionan, todos ganamos.

Referente a las plazas, sobre todo a los concursos, se nota que los empresarios están reacios a hacerse cargo de explotaciones. ¿Es también fruto de la crisis?

Sí, claro y eso es algo que va a cambiar en poco tiempo. Un empresario dentro de nada no va a pujar por una plaza. Sobre todo porque después, si las cosas no salen, lo normal es que se dé un porrazo tan grande que vaya directo a la ruina. Eso va a cambiar.

¿En qué rumbo?

Muchas plazas no tienen otra opción que la búsqueda de la gestión directa y contratar la figura de una gerente. Se van a seguir los mismos pasos que han sido un éxito total en lugares. Un ejemplo de ello es Santander.

Si señor, una feria ejemplar.

Pues claro, en Santander, el Ayuntamiento apostó fuerte por los toros y ahora tienen una de las mejores ferias de España, con llenos diarios y la gente como loca para tener una entrada. Ese modelo lo van a tener que copiar en todos los sitios y en él va a estar parte de la salvación definitiva de la Fiesta.
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Pilares de la ‘nueva’ Fiesta

El 2020 comienza su deseada agonía, mientras toda la sociedad empuja para que ese año tan cruel sea historia soñando con horizontes marcados por la añorada normalidad. Porque este 2020 quedará escrito como la historia de una tristeza. Y en ese laberinto la Fiesta sigue lamiendo tantas heridas como ha provocado la pandemia en sus estructuras hasta dejarla con todas las alarmas rojas encendidas. Envuelta en un bucle de difícil solución, con un futuro lleno de interrogantes, abandonada por las instituciones –en una página lamentable, especialmente la protagonizada por el Gobierno de Madrid- y sin que los propios protagonistas sepan qué camino tomar, mientras muchos esportones se apolillan en el fondo de los armarios y las fotos se tornan sepias.

Pasan los meses y bajo el paraguas de tanta incertidumbre hay una conclusión clara y es que de nuevo ha faltado unión entre los diferentes sectores que integran la Fiesta. Cada cual ha remado en las aguas de su interés y la solidaridad no ha estado presente; mientras tanto el gremio de los ganaderos vive inmerso en una caótica situación que lleva a numerosos componentes de ese colectivo a desertan. Son tiempos oscuros, difíciles e inciertos, cuando casi todo indica que al menos las plazas no podrán abrir en condiciones normales hasta el verano –en caso de llegar la deseada vacuna-. Para entonces, también, llegarán infinidad de dudas y una, la principal, es ver si la gente responderá, porque lo más normal es que las ferias se tengan que reducir el número de espectáculos. Y ahí, para tratar de recuperar aficionado no hay otro camino que buscar calidad y llevar emoción a las plazas. No olvidemos que el escalafón necesita una profunda renovación y por detrás hay una baraja de chavales con un concepto estupendo y que se han ganado un sitio en los mejores carteles. Son los Emilio de Justo, Pablo Aguado, Juan Ortega…

Por lo demás, hay otra cosa clara, no se han sabido sujetar las riendas y encima uno de los pocos empresarios que de verdad echó la pata adelante, como ha sido José María Garzón, se vio criticado por su propio sector en una página lamentable. Una página de envidias y zancadillas tan habituales en este mundillo, pero que ahora se debía haber enterrado y sin embargo, como los viejos fantasmas, volvieron a surgir.

Uno es escéptico ante un mañana que está ahí. Se han criticado muchas cosas cuando se han hecho al revés, como la perdida de tantos valores que han hecho grande al toreo. Y es una pena que un gravísimo error fue tapar los defectos por la vía del triunfalismo (salidas en hombros, indultos…), del que no se han apeado y, especialmente, las figuras siguen aferradas a él. Porque el toreo no son orejas, son sentimientos y emoción, que cuando llegan movilizan a la gente y se llenan las plazas.

Por último, en estos tiempos de confusión, me resulta llamativo (aunque no me sorprende al conocer muy bien la fauna como ‘críticos’ que estuvieron bebiendo de las fuentes del sistema y se mostraron contemplativos con tantas abusos que han mellado el toreo, además de propagandistas de esa lacra del triunfalismo, ahora vayan de duros. ¡Patético!